Problemas de la vida real
Puede uno vivir en los sueños hasta que se le hace bajar a la tierra; pero también si uno se lo toma todo a pecho como si en el mínimo detalle le fuera la vida, ésta, que no se olvida de poner a cada quien en su lugar, le obliga a aprender que tampoco consiste en eso, que hay que dejarse llevar, que no se puede pretender la perfección porque cada día es único y aguarda picos y baches. 
A veces me toca aprender a estar atenta, a no dormirme en los laureles porque se me escapan oportunidades para crecer y, cuando me quedo con la lección a fuego en mis sienes y no concilio el sueño pensando en cómo mejorar, acontece un suceso que me frena, que me demuestra que la perfección no existe, que desaconseja los extremos, que hace que me relaje y baje los humos.
Y entonces me siento tan desconcertada, ¿Para qué me dijiste tú puedes, persigue, si cuando lo tocaba con los dedos rebentaste la burbuja que me sostenía haciéndome caer de nuevo al suelo?Se me hace imposible andar siempre cuesta arriba sin dos minutos de descanso porque el tiempo no para y el karma no duerme, y lo que pides recibes sin previo aviso.
Y cómo aliviar el peso de la existencia si ni se me antoja una ínfima idea de qué forma fluir con ella. Llanto y desorden amparan mi sangre mientras la inexperta juventud me acompañe para enmendar errores contínuamente hasta grabar las soluciones en mi inconsciente por inercia.
Y el día que todo acabe gritará mi ausencia que se arrepiente de no haber sido salvaje cuando tenía todo a mi alcance, que la muerte todo arrebata, que en realidad no había nada que aprender, porque lo mismo queda al final para el que dejó sus años en superarse y aquel que gastó el tiempo en gozar. 
Aprenderé la lección que ya sé en teoría cuando la experimente en la práctica, igual que todo lo que se nos dice que nos conviene e ignoramos hasta que metemos la pata hasta el fondo en el barro.
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