VICIO
Solo introducirlo en la boca bastaba para encender esta llama que me consumía todas las tardes. Ubicados los dos allí, donde estábamos tan sobrios y a la vez tan exhaustos de esta ansiedad, de este negro derroche, de este enfrentar la vida, desde donde solo se ven lágrimas, besos abaratados, músicas de letras que parecen expresiones del Daimon.
Cauteloso me voy metiendo entre tus senos o cruzo tu lado superior del pantalón buscando ese consuelo que me hace diferente y extrañamente codiciado.
Me sumerjo en tus labios, en esas succiones que van dejándome poseído de ese fuego que me lleva a los límites de mi corta existencia.
Me contagias tu saliva, me permeas con ese delicado sabor a ti, que no sé si morirme por la llama o por ese aliento de licor barato que me hace desear no volver a caer nunca más en los juegos de tus labios.
Me acaricias sin reparo, friccionas mi estructura lisa y te complaces en mi aroma, que desde hace tantos años es tu locura y fascinación. No dejaste que nada te separara de mí, eres fiel y me complazco en que seas eternamente mío. Desde donde mi fuego te llame acudes y nunca dudas en estar en ese silencioso momento que para ti es eterno a mi lado.
Mi polvo producto de esta encendida succión, cae por todos los lugares donde los dos nos compenetramos. A hurtadillas huyes de la oficina y te dispones a buscarme. Eres un perro fiel, un enano extraviado de los cuentos que se aflige lejos de la compañía de su amada princesa.
Hoy nuevamente te he visto consumar esta relación que se me antoja dominante: yo te domino, te poseo, te hago mío, te eternizo en mi marca, en mi juego semiótico, en mi anagrama y en mi léxico. Fuera de mí estás perdido, no cumples los deseos, te extasías en pensamientos que te distan de todos, te ríes, pero realmente lloras como un psicópata enloquecido por mi amor. No te dictamino salud fuera de mí, aunque todos te digan que te estoy matando, que te estoy enviciando, que estás loco si te dejas manejar por mí, que lo sepan todos: Yo soy tu amo, tú eres mi esclavo.
No eres, ni serás el único en mi vida. Hace muchos años, cuando aún no me conocías investí a un pobre emigrante de un lugar desconocido. Lo sometí de tal manera que murió producto del cáncer de mi posesión. Nunca lo obligué a que se aniquilara por mis besos, él quiso morir entregado a mi veneno y en un lapsus de locura y de ansiedad, un día lo hallaron muerto y yo seguí mi rumbo, buscando hasta encontrarte.
Estoy ahora completamente seguro que hasta que no estés enfermo de amor por mí, y sometido a mí no descansaré tranquilo. Por eso cada día te envicio más, te limito más… te poseo más.
Fúmame otra vez, que mi humo, esa capa negra que introduces en tu cuerpo es el veneno que me une a ti en una muerte eterna donde nadie ni el tiempo nos puede distanciar.
Cauteloso me voy metiendo entre tus senos o cruzo tu lado superior del pantalón buscando ese consuelo que me hace diferente y extrañamente codiciado.
Me sumerjo en tus labios, en esas succiones que van dejándome poseído de ese fuego que me lleva a los límites de mi corta existencia.
Me contagias tu saliva, me permeas con ese delicado sabor a ti, que no sé si morirme por la llama o por ese aliento de licor barato que me hace desear no volver a caer nunca más en los juegos de tus labios.
Me acaricias sin reparo, friccionas mi estructura lisa y te complaces en mi aroma, que desde hace tantos años es tu locura y fascinación. No dejaste que nada te separara de mí, eres fiel y me complazco en que seas eternamente mío. Desde donde mi fuego te llame acudes y nunca dudas en estar en ese silencioso momento que para ti es eterno a mi lado.
Mi polvo producto de esta encendida succión, cae por todos los lugares donde los dos nos compenetramos. A hurtadillas huyes de la oficina y te dispones a buscarme. Eres un perro fiel, un enano extraviado de los cuentos que se aflige lejos de la compañía de su amada princesa.
Hoy nuevamente te he visto consumar esta relación que se me antoja dominante: yo te domino, te poseo, te hago mío, te eternizo en mi marca, en mi juego semiótico, en mi anagrama y en mi léxico. Fuera de mí estás perdido, no cumples los deseos, te extasías en pensamientos que te distan de todos, te ríes, pero realmente lloras como un psicópata enloquecido por mi amor. No te dictamino salud fuera de mí, aunque todos te digan que te estoy matando, que te estoy enviciando, que estás loco si te dejas manejar por mí, que lo sepan todos: Yo soy tu amo, tú eres mi esclavo.
No eres, ni serás el único en mi vida. Hace muchos años, cuando aún no me conocías investí a un pobre emigrante de un lugar desconocido. Lo sometí de tal manera que murió producto del cáncer de mi posesión. Nunca lo obligué a que se aniquilara por mis besos, él quiso morir entregado a mi veneno y en un lapsus de locura y de ansiedad, un día lo hallaron muerto y yo seguí mi rumbo, buscando hasta encontrarte.
Estoy ahora completamente seguro que hasta que no estés enfermo de amor por mí, y sometido a mí no descansaré tranquilo. Por eso cada día te envicio más, te limito más… te poseo más.
Fúmame otra vez, que mi humo, esa capa negra que introduces en tu cuerpo es el veneno que me une a ti en una muerte eterna donde nadie ni el tiempo nos puede distanciar.
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