Si un misterio desaparece detrás de otro misterio,
si ninguna expectativa alcanza,
ni siquiera una que te deje vislumbrar
las flores del duraznero,
o a una serpiente tentadora desde su trono,
y si vas por ahí, por ese camino sin retorno
como si nada sucediese en el sideral espacio,
que vibra y desbroza malezas tristes
que anuda la calma- esclavitud de nada-,
y si acaso este nuevo día es noche alumbrada
y en sendos cielos, rosado y negro,
halles espíritus benignos en colinas verdes
o un perro malditamente extraviado que
ociqueando soslaye la muerte diez mil veces,
y  que mordiente te indignes por las trampas
del descaro y por la saña amenaces con
puños de furia, con la hiel de repente desatada,
y cuando te juzgues o cuando sin piedad
te juzguen y desfallezcas subiendo escaleras
o vayas con pasos sin rumbo, con pasos
tan largos, tan silenciosos como la cruz negada,
o cuando tu silueta se dibuje por sí misma,
solitaria en la amarga sombra de la penumbra,
iras segura, debatiendo con la frente en alto
aquel lugar de las sonrisas enmudecidas,
adonde caes sobre espejos hechos trizas,
con tu rostro angelical arrasado por las llamas.
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