Cruces en el desierto
Las almas retroceden en llamas,
persignada
la imperiosa guerrra reitera su feroz
cometido,
los involucrados se funden a lo efímero,
funden sus cuerpos con peligrosas ráfagas ,
funden sus oídos con bombas y metrallas,
con la música zumbadora que acerca al
otro mundo.
En el repiqueteo ensordecedor que destripa
¿alguien se apiadará del que llora sin pausa?
La levedad del ser asiste a todas las cobardías,
y en ese páramo del descaro deviene la
experiencia atroz, infamante, la moralidad
chamuscada, los rostros de piedras.
La sensación animal del vértigo fue atrapada.
Cuerpos mercenarios en pesada marcha,
hollan la arena y sobre esa pesadez solitaria
menoscabada, ya sin nombre, los gemidos
son el rito inintelegible.
Pero escucha bien, por favor escucha:
Esos involuntarios asesinos estan malditos
y lo saben.
Una vez vieron cielos azules y el rumor
del mar fue excelso.
Una vez se prosternaron ante las flores
maravillosas.
Una vez tuvieron piedad y amaron,
una vez pesaron la primer tristeza.
Pero al volverse locos de furores
sus hijos se avergonzaron,
inútiles ruegos lanzaron sus madres
y sus padres temblaron.
Ellos volvieron amarrados al timón de la
verguenza o de la insanía.
Y mientras en aquel desierto rojo
el cielo se ha vuelto índigo
las estrellas se fueron a otro mundo.
persignada
la imperiosa guerrra reitera su feroz
cometido,
los involucrados se funden a lo efímero,
funden sus cuerpos con peligrosas ráfagas ,
funden sus oídos con bombas y metrallas,
con la música zumbadora que acerca al
otro mundo.
En el repiqueteo ensordecedor que destripa
¿alguien se apiadará del que llora sin pausa?
La levedad del ser asiste a todas las cobardías,
y en ese páramo del descaro deviene la
experiencia atroz, infamante, la moralidad
chamuscada, los rostros de piedras.
La sensación animal del vértigo fue atrapada.
Cuerpos mercenarios en pesada marcha,
hollan la arena y sobre esa pesadez solitaria
menoscabada, ya sin nombre, los gemidos
son el rito inintelegible.
Pero escucha bien, por favor escucha:
Esos involuntarios asesinos estan malditos
y lo saben.
Una vez vieron cielos azules y el rumor
del mar fue excelso.
Una vez se prosternaron ante las flores
maravillosas.
Una vez tuvieron piedad y amaron,
una vez pesaron la primer tristeza.
Pero al volverse locos de furores
sus hijos se avergonzaron,
inútiles ruegos lanzaron sus madres
y sus padres temblaron.
Ellos volvieron amarrados al timón de la
verguenza o de la insanía.
Y mientras en aquel desierto rojo
el cielo se ha vuelto índigo
las estrellas se fueron a otro mundo.
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