Ese murmullo manifiesto
en el fuego consumido,
que distrae la soledad
de mis noches y es ligero
aleteo de alondra es de tu
voz que siempre de mi escapa.
Ese murmullo etéreo de flores
y brisa trasvasada entre
pedestales y antiguas casas,
es de tu voz que apacigua
la mañana.
Ese murmullo que amanece
con el sol y acaricia con su
savia es de tu voz que
nunca se cansa.
Ese sedoso murmullo
que a mis labios rescata
y diligente se agiganta,
que trepa montañas,
que desciende hondonadas,
es el eco de tu voz, amada.
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