No querías ya volar
querías permanecer entre rejas esclavas,
querías cubrir mis ojos con tus pupilas gastadas.
No querías ya más que descubra tus lágrimas
y fui hacia tí con pupilas de espanto
pero te habité como una paloma mensajera.
Con la olvidada señal de un murmurllo antiguo,
de un rumor oceánico, te pedía perdón por
encender tu oleaje desvanecido.
En adelgazadas migajas de antiguas sonrisas,
con estrategias usadas para embestir molinos,
en desvestidas secuencias me puse a tus pies.
Pero no sé si fuiste cruel, si bastó mi entrega,
pues siempre inclinabas tu fisonomía  triste y
tapabas irónicos pensamientos o enmudecías
en lugar de multiplicar las palabas...
Hoy, sobre el ojo ciclópeo del Universo me detengo
y te veo.
Y aunque tu cabeza de muñeca caiga de lado
ansiosamente te amo.
No sé si aún crees que soy Judas o un verdugo.
Un borrón que tapa las penas enclava tu decisión
de amar.
Por eso me inclino y escribo este poema:
tal vez tu rostro de hielo que congela mi sangre
 se vuelva tibieza.
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