Hasta luego
No teníamos palabras para lo nuestro.
Solo una forma de mirarse
que no necesitaba nombrarse.
La distancia hizo su trabajo despacio.
Cada uno fue hacia donde tenía que ir,
y aquello quedó sin romperse,
entero,
como la luz dentro de una habitación cerrada.
Sentí que algo cambiaba de lugar.
No supe qué.
Supe que era tuyo.
Después llegó la noticia
y entendí que no habías muerto:
habías llegado.
Desde entonces,
cuando el recuerdo se vuelve lágrima
y la ausencia parece llenar la noche,
no pienso en despedidas.
Pienso en una puerta entreabierta.
Pienso en la forma invisible
que tienen algunas almas de quedarse.
Y, muy bajito,
como quien reconoce una presencia,
digo:
hasta luego.
Antonio Portillo Spínola©️
50




Cargando comentarios...