Así resonaban en las celdas del convento Agustino, las palabras del Prior al hermano que iba a transitar. Sin más tapujos, sin más miramientos que la del enfermo.
Una tormentosa noche, el Prior tuvo que dar la noticia a un fray. Sólo la luz de los relámpagos y el candil iluminaban sus apagados y suplicantes ojos. Horroroso verlos a plena luz del día.
Convento, noche, tormenta, oscuridad y muerte se entremezclaron con el miedo
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