¿Cómo les va, mis queridos alumnos? ¿Siguen porros? ¿O algo se ha cambiado desde nuestra última clase? No me mientan pues, recuerden que los tengo a todos identificados.
Hoy vamos a conversar sobre calores latentes, evaporaciones y transpiraciones; también nos vamos a dar una vueltecita corta por algún sandial, pero no para comer sandillas (como dicen en nuestro campo chileno), sino que para demostrar nuestras afirmaciones.
Lo primero que vamos a recordar es que, si al agua (y a otros elementos también) se le aplica o se le quita calor, ésta cambia de estado. Si se le aplica calor, el hielo pasa a líquido y el líquido pasa a vapor y viceversa.
Cada vez que el agua cambia de estado líquido a vapor, necesita calor, y ese calor lo extrae de sus proximidades, el sol, el vaso o el aire circundante, etc.; mientras se está produciendo el cambio de estado (de líquido a vapor) la temperatura permanece constante y la cantidad de calor que recibe el agua por unidad de masa es lo que los físicos llaman “calor de evaporación”, o de vaporización, o calor latente.
Esto lo estudió muy cuidadosamente nuestra madre natura y dotó al cuerpo humano, como medida de protección contra el calor, de la tan desprestigiada capacidad de transpirar. En efecto, el cuerpo humano no puede pasar de ciertos límites de temperatura y para ello, cuando es menester, transpira para enfriar y alejar el peligro. La zona más peligrosa frente al calor es la cabeza, el cerebro no puede ser expuesto a temperaturas excesivas, por lo cual lo primero que nos ocurre frente al calor es que transpiramos comenzando desde nuestra cabeza; luego vienen las zonas axilares y las zonas de las ingles; estas zonas son el lugar por donde pasan las venas que llevan la sangre de retorno, luego, enfriarán como veremos, el flujo de sangre. Por esta razón es que transpiramos en dichas zonas; desgraciadamente, nos preocupamos mucho de los efectos de la sudoración como olores, humedades, etc. sin que reparemos en que es una forma de protección contra los calores.
A esta alturas, me imagino que más de alguno de mis queridos e interesados alumnos se estará preguntado de qué manera enfría el sudor al cuerpo, no creo que no se le haya ocurrido la pregunta a nadie, lo que puede ser es que no se atreve a hacerla de pura timidez, lo cual es comprensible.
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Pues bien, cuando transpiramos (el sudor es un noventa por ciento agua más algunas sales e impurezas del organismo), el agua quiere evaporarse de inmediato porque se encuentra en un entorno caluroso y entra en una especie de vorágine evaporativa que requiere sacar rápidamente calor del entorno, enfriando la piel y ésta a su vez enfría la sangre y nos protege.
Os habréis dado cuenta que los deportistas (especialmente hoy, los tenistas) se secan el sudor con una toalla. ¡Error! Si se secan el sudor, no están combatiendo el calor, sino que lo están incrementando. Esto parece que lo sabía muy bien el Chino Ríos, porque cuando jugaba, llamaba la atención que no recurría a la toalla, sino que dejaba que el sudor lo bañara, a menos que le molestara los ojos. También lo saben en el campo, ya que para enfriar una sandía, la cubren con un paño mojado con agua que es cambiado antes de que se seque y la dejan al sol. Es increíble, pero la sandía se enfría.
Espero que estos conceptos les hayan sido, primero de interés (que es lo más difícil) y segundo, de utilidad para el diario vivir. ¡Ojo con los desodorantes! No hay que usar antisudorales sino desodorantes; los antisudorales evitan la transpiración  y colaboran con dañar nuestro hermoso cuerpo, los desodorantes eliminan los olores pero no evitan transpirar. Y ojo con la sandía, porque si no cambian el paño antes de que se seque, se va a calentar y me van a tratar de mentiroso.
Una mención especial para el Creador o para Natura, nos dotó de la sudoración con dos objetivos: evitar los calores y desintoxicar el cuerpo.
 
¡Una maravilla!
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