Estados Unidos y Fanatismos.
Mirando las increíbles noticias que nos trae el modernismo de la época actual, entre publicidades forzadas e intentos seductores para dirigir nuestras preferencias de consumo o de tipo político, nos sorprendemos cada vez más, de la locura y el fanatismo que despliega el presidente de la nación del norte de América.
¿Será legítimo hablar de fanatismo al referirse a los Estados Unidos? Veamos.
Si analizamos la historia de los últimos años, difícilmente encontraremos un ridículo más grande que el que nos están mostrando en el país del norte. Un energúmeno que se ha lucido durante más de una década burlándose de todo lo establecido en materia de relaciones internacionales, de relaciones internas y de relaciones personales, ya sea con el medio político (algunos de su propio partido no lo soportan) como con los medios de comunicación y con la justicia.
En realidad, para resolver las controversias con la justicia, se dedicó primero, a nombrar jueces en muchos juzgados durante su primer mandato, que pensó que le serían fieles en el futuro. Y desgraciadamente tenía razón.
Este mono con navaja, se negó de manera casi infantil a reconocer que perdió las elecciones del año 2020 y provocó situaciones que en cualquiera otra circunstancia y con cualquier otro actor, habrían desembocado en cárcel; hoy está despidiendo a todos aquellos que osen opinar distinto de él e incluso está tomando decisiones peligrosas en el plano militar; se negó a hacerle caso a los expertos en salud frente a la pandemia que sobrepasó el millón de víctimas y nadie, absolutamente nadie, es capaz de frenarlo.
¿Por qué la sociedad de este país no le pidió ni le pide cuentas? ¿Cómo es posible que en la mayor democracia del planeta no exista la herramienta para detener locuras como las de este señor?
La explicación, mis queridos lectores, la encontramos solamente a la luz del fanatismo. El problema de Trump en los Estados Unidos no es Trump solamente; el problema Trump lo constituyen los mismos norteamericanos que creen en sus felonías porque tienen su mente cerrada a otras alternativas, porque son una de las sociedades más polarizadas del planeta.
¡Pero ya se va a ir! exclaman esperanzados muchos; tal vez se vaya, pero lo que nos tiene que preocupar no es que esta persona abandone o no la presidencia, lo preocupante es que hay un cincuenta por ciento de la gente de ese país que apoyaron y seguirán apoyando a éste u otro mono con su navaja.
Tal vez se me dirá que de esos más de setenta millones de personas que votaron por él, una gran cantidad no son extremistas como él; es verdad, pero… ¿cuántos de ellos serán iguales o más radicales en sus pensamientos? ¿Cuántos de ellos no están para nada dispuestos a colaborar para cambiar el estado de las cosas sino que, todo lo contrario, le apoyan y empujan para que siga dejando a todo un país en el más soberano ridículo?
¿Cuántos de ellos no están dispuestos a que su país retorne a relaciones más colaborativas con el resto del mundo, a que reconozca el fenómeno del cambio climático, como una urgencia de primerísima prioridad o a que colabore con la OMS, o que desista de su obsesión arancelaria?
¿Cuántos están dispuestos a aplanar las escandalosas desigualdades raciales que los bañan desde los tiempos de la esclavitud?
No tenemos que olvidarnos que estamos hablando de una sociedad que casi borró del mapa a los pueblos originarios de esas tierras a punta de balas y de matarles el alimento; no tenemos que olvidarnos que estamos hablando de una sociedad que hizo de la esclavitud la base de sus riquezas actuales mediante el sometimiento de un pueblo sustraído de sus raíces ancestrales de manera violenta, de una sociedad que todavía segrega por el color de la piel.
La polarización, léase el fanatismo, están insertados en la primera democracia del planeta y erradicarla será cada día más difícil; ahora solo nos queda sentarnos a observar los acontecimientos por venir y, lo más lamentable, a cerrar los ojitos porque muchos de esos acontecimientos nos están afectando a nosotros, a nuestro hijos y desgraciadamente, también afectarán a nuestros nietos y a su descendencia.
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