Don Enrique.
Me encontré, después de muchos años, con un amigo coetáneo con el cual cada vez que conversábamos terminábamos peleando, fíjese.
Claro, porque resulta que este amigo, del cual no pienso revelar su nombre para no satisfacer esas curiosidades insanas que os invaden, me hacía rabiar con sus fantasías sobre la actualidad, sobre la política, sobre cualquier cosa... y terminábamos peleando, fíjese.
Y no ha cambiado nada este jetón.
¿Saben ustedes con qué plasta me salió ahora?
Se puso a hablar de los secuestros tan recurrentes que, hoy por hoy, nos ventilan en las noticias y se puso a hacer recuerdos de don Enrique Lafourcade... ¿lo recuerdan ustedes?... y me decía que en un libro que escribió que se llamaba El Gran Taimado, contaba don Enrique que en un país imaginario manejado por un tirano que era militar, se le había ocurrido al tirano el investigar a todos los ciudadanos para, según él, controlar las disidencias a su gobierno de facto.
Y para estos efectos, llamó a uno de sus militares subalternos genuflexos (como diría don Guillermo Blanco, no don Enrique) y le ordenó crear un cuerpo de inteligencia represivo.
.- Pero para esto, necesito recursos, pues- le dijo el militar subalterno genuflexo.
.- No hay recursos- le espetó el tirano- inteligéncieselos usted mismo.
Y me contaba mi amigo que decía don Enrique en su libro, que a partir de dicha orden, comenzaron a ser ofrecidos servicios de seguridad orientados a los gerentes y agentes de los bancos de aquél país imaginario manejado por el tirano que era militar, servicios que dichos gerentes y agentes rechazaron porque, decían, -si estamos en un país manejado por militares, ¿para qué vamos a querer más seguridad todavía?
Y me contaba mi amigo que decía don Enrique en su libro, que a partir de dichas negativas, comenzaron a aparecer asaltos a numerosas sucursales bancarias en el mentado país, de manera que en un corto tiempo, todos los bancos contrataron empresas de seguridad, empresas que eran de propiedad del militar subalterno genuflexo y que le reportaron grandes ganancias con las cuales pudo financiar la labor que le había encomendado el tirano que era militar.
.- ¿Y qué tiene que ver este cuento de un libro que es una fantasía con los secuestros? le espeté.
.- Pues... tiene que ver porque parece que la cosa se está repitiendo, pero con actores diferentes- me respondió, fíjese.
.- ¿Pero cómo?
¿Saben ustedes cuál fue su reacción ante mi enojo?... se quedó callado y cuando me despedí dijo por lo bajo:
.- ¡Qué lástima que se haya muerto don Enrique!
¿Se imaginan ustedes?... con este tipo de gente no se llega a ningún lado...
... ¡Qué lástima, sí!...
Claro, porque resulta que este amigo, del cual no pienso revelar su nombre para no satisfacer esas curiosidades insanas que os invaden, me hacía rabiar con sus fantasías sobre la actualidad, sobre la política, sobre cualquier cosa... y terminábamos peleando, fíjese.
Y no ha cambiado nada este jetón.
¿Saben ustedes con qué plasta me salió ahora?
Se puso a hablar de los secuestros tan recurrentes que, hoy por hoy, nos ventilan en las noticias y se puso a hacer recuerdos de don Enrique Lafourcade... ¿lo recuerdan ustedes?... y me decía que en un libro que escribió que se llamaba El Gran Taimado, contaba don Enrique que en un país imaginario manejado por un tirano que era militar, se le había ocurrido al tirano el investigar a todos los ciudadanos para, según él, controlar las disidencias a su gobierno de facto.
Y para estos efectos, llamó a uno de sus militares subalternos genuflexos (como diría don Guillermo Blanco, no don Enrique) y le ordenó crear un cuerpo de inteligencia represivo.
.- Pero para esto, necesito recursos, pues- le dijo el militar subalterno genuflexo.
.- No hay recursos- le espetó el tirano- inteligéncieselos usted mismo.
Y me contaba mi amigo que decía don Enrique en su libro, que a partir de dicha orden, comenzaron a ser ofrecidos servicios de seguridad orientados a los gerentes y agentes de los bancos de aquél país imaginario manejado por el tirano que era militar, servicios que dichos gerentes y agentes rechazaron porque, decían, -si estamos en un país manejado por militares, ¿para qué vamos a querer más seguridad todavía?
Y me contaba mi amigo que decía don Enrique en su libro, que a partir de dichas negativas, comenzaron a aparecer asaltos a numerosas sucursales bancarias en el mentado país, de manera que en un corto tiempo, todos los bancos contrataron empresas de seguridad, empresas que eran de propiedad del militar subalterno genuflexo y que le reportaron grandes ganancias con las cuales pudo financiar la labor que le había encomendado el tirano que era militar.
.- ¿Y qué tiene que ver este cuento de un libro que es una fantasía con los secuestros? le espeté.
.- Pues... tiene que ver porque parece que la cosa se está repitiendo, pero con actores diferentes- me respondió, fíjese.
.- ¿Pero cómo?
Página 2
.- Claro, fíjate que se comenta de manera muy confidencial, que desde hace algún tiempo se le han estado ofreciendo servicios de guardaespaldas a ejecutivos y a personas de alto nivel en el país, servicios que han sido rechazados- me dijo y ahí yo no aguanté más y lo reté y le dije que no había cambiado nada y que hasta ahí no más llegaba la conversación y que se fuera a la misma mierda con sus locuras.
¿Saben ustedes cuál fue su reacción ante mi enojo?... se quedó callado y cuando me despedí dijo por lo bajo:
.- ¡Qué lástima que se haya muerto don Enrique!
¿Se imaginan ustedes?... con este tipo de gente no se llega a ningún lado...
... ¡Qué lástima, sí!...
10
Cargando comentarios...