Un Intento de Redención
 
Jesús Prato
 
Infinidades de puntos blancos, débiles, intermitentes, en medio de un mar inalcanzable, negro, azulado en su más profunda sutileza, resplandecían, allá arriba donde había tornado a mirar azorado Dodge, respirando hondo, soltando bruscamente el aire como en un suspiro de pocas esperanzas, envuelto en una mezcla de emociones sombrías, sin paz.
 
-¡Mía, el cielo está despejado!- gritó sin bajar la mirada, como para, en un intento de desesperación, animar sus propias esperanzas, aunque había sido para Mía aquella observación, que desde adentro de la enorme casa no se daría por enterada de ésa noticia si no se había asomado desde una de sus altas ventanas. Dodge tocó el timbre tres veces más, con rapidez, prolongando el último tono ronco, eléctrico del mismo como para expresar la urgencia que tenía de ser atendido.
 
-¡Un momento!- ésa era la voz de Mía, que traspasando las paredes del edificio, recorriendo pasillos, y llegando a los oídos de Dodge llegó a ser distorsionada, a tal punto que cualquiera hubiera podido decir que un espectro hablaba. La puerta se abrió bruscamente, Mía la traspasó como un rayo, mirando rápidamente a Dodge, la cerró tras sí, y en seguida se dejó caer a los brazos de él a manera de saludo. El abrazo no se prolongó deshaciéndose en caricias o besos, se separaron, se tomaron de la mano, y caminaron sin hablar un buen trecho, hasta que, cuando estaban a punto de terminar de recorrer la sombría calle del prestigioso urbanismo cruzándose con la avenida, Dodge abrió la mano derecha sacudiéndola al lado de su impaciente rostro como gesto desesperado, y rabioso a la vez, encogió los labios apretándolos contra las encías descubriendo sus apretados y amarillentos dientes, gruñó sin arrugar la nariz aguileña, abrió los ojos mucho más de lo corriente, y comunicó enardecido consigo mismo cerrando el puño:
 
-¡Se me ha quedado la billetera!-
 
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-¿Iremos en taxi?-preguntó Mía-no importa, yo lo pagaré.- Esperaron en la esquina de la calle unos dos minutos, y de pronto una explosión hace que la pareja mire a sus espaldas, una gigantesca llamarada se desprendía de en medio de la que era la casa de Dodge. Él al verlo se alarmó con espanto, ¿qué hubiera sido de él si se hubiera regresado a buscar su billetera?, un taxi se acercaba cuando se acordó de que estaba esperándolo para salir de allí, tomó a Mía de la mano, con señas de desesperada huida hizo que se detuviera el auto, entró al mismo y se dirigió al conductor:
 
-¡Sáquenos lejos de aquí pronto!, ¡acelere hombre!- el conductor miró el rostro de Dodge por el retrovisor interno convenciéndose de que aquel estaba en problemas, apretó el acelerador entonces e hizo rugir los cauchos sobre el pavimento aguda y ligeramente. Mía quedó mirando desde la ventanilla del auto la columna de humo que todavía resplandecía desde la casa de Dodge, y volteó la mirada a éste un tanto horrorizada.
 
-¿Qué sucede?- su voz débil visiblemente afectada por el sobresalto y el temor.
 
-Me estaban acechando- le respondió Dodge- los del gobierno, hace más de una semana.- ante el silencio de Mía que trataba de entender el asunto, se volvió al conductor y le indicó el sitio a donde debía llevarlos, pidiéndole que no dejara de apretar el acelerador. Así llamaron la atención de la policía por exceder un tanto su velocidad, ésta les detuvo un momento cuando ya faltaba poco para llegar a su destino, sin embargo no se detuvieron por mucho tiempo, y luego de una amonestación, seguida de sufridas excusas y disculpas por parte del conductor, reanudaron la marcha.
 
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-No puedo creer la suerte que tengo-dijo Dodge como al aire durante el corto resto de camino, para después dirigirse a Mía sonriente del alivio- no nos han pedido nuestra identificación- efectivamente se la había guardado en la billetera, no hubiera podido responder ante las interrogaciones de la autoridad. Mía no correspondió al sentimiento de Dodge, seguía dando muestras de estar asustada. Cuando se alejaron de la ciudad definitivamente, la carretera se extendía derecha, sin más curvas, hasta que se detuvieron en medio de un paisaje semidesértico, Mía pagó al taxista, y el mismo luego se alejó regresándose a la ciudad, dejando a la pareja sola en medio de la aparente nada. Dodge volvió a tomar a Mía de la mano, guiándola hacia adentro de la arenal, hacia un superficial surco en la tierra que se adelantaba hasta perderse en el horizonte, que estaba vacío.
 
-¿Caminaremos mucho?- susurró Mía
 
-Veinte kilómetros aproximadamente-Mía, dejando de mirar a Dodge al escucharle, adoptó un aire de resignación con su silencio. Cuando ya toda señal de automóviles y luces de ciudad se desvanecía en el horizonte opuesto a sus pasos, descubrieron en medio de la ya rematada obscuridad una cerca de púas de alambre que delimitaba un campo vasto pero visible en su extensión, y detrás de la misma, una improvisada cabaña que daba la impresión de estar a punto de desplomarse sobre sus cuatro ángulos. Dodge extendió la mano sobre la alambrada y sacando un poste de hierro de la tierra, abría paso en medio de la misma. Se acercaron a la cabaña, la puerta tenía un candado pequeño, Dodge sacó una llave y lo abrió forcejeando un poco, luego con algo de precaución y ojo avizor empujó la rechinante puerta, miró adentro con la mano izquierda extendida hacia Mía, la mano abierta para indicarle que esperara tras él, pasaron unos segundos, y luego se internó en la boca negra de la entrada. Mía vio luego desde afuera cómo un largo pasillo que se extendía hasta el patio trasero se iluminaba de una luz amarillenta.
 
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-¡Mía, ven!- exclamó Dodge desde allá. La madera chilló bajo sus pies no más ella cruzó el umbral, mientras caminaba hacia la luz, descubrió una sala a su derecha, de frente una cocina, y dos cuartos más adelante. Un pequeño cobertizo, y luego la tierra blanda y cobriza nuevamente. Una lámpara enorme sostenida con un largo poste de madera iluminaba aquel sitio, una masa de sábanas blancas ocultaba algo puntiagudo y de más de catorce metros de altura frente a Mía. Dodge se acercó desde aquel objeto desconocido, tomándole la mano a Mía, pero ésta vez con toda solemnidad, con delicadeza sublime, despacio, y le dijo con voz orgullosa, emocionada:
 
-Acá están diez años de trabajo sin descanso- le hizo caminar hasta aquel enorme bulto tapado, y jalando de un cordel, atado de un sistema de poleas, hizo correrse toda aquella cantidad de tela, descubriendo algo extraordinario. Encendidos los ojos ahora de asombro, Mía se llevó ambas manos a la boca soltando a Dodge que se inclinaba ahora con los brazos extendidos hacia la formidable máquina como un presentador de teatro con ambos brazos extendidos hacia la misma, un cohete de metálico color gris, de suaves líneas, brillante superficie, de una sola ventanilla opaca, pero su aparente simplicidad sólo se mostraba en su exterior.
 
-¡Entonces a éso se debían tantas noches de ausencia de tu casa!, tanto tiempo de aislamiento entre los dos, tantas excusas para tu fría conducta para conmigo- hablo a viva voz Mía.
 
-Así es mía, ya podrás excusarme, tenía necesidad de ser absolutamente discreto-
 
-Lo entiendo-
 
-Bueno, no podemos perder nada de tiempo- Dodge caminó hasta el cohete, pulsó un botón oculto en medio de la superficie perfectamente lisa del mismo, y se descubrió mecánicamente un agujero en la base, entró y al salir llevaba en la mano unas ropas de color azul oscuro.-Aquí está lo que usaremos, póntelo pronto- le entregó a Mía, y ella corrió a una de las habitaciones de la cabaña, regresando luego vestida de un traje completamente cerrado hasta el cuello, Dodge se había cambiado allí donde estaba.
 
-Es hora- dijo él señalándole a mía la entrada del cohete con la palma abierta. -¿Te despediste bien de tus padres?-
 
-Sí, no creo que me extrañen- tras la respuesta llena de melancolía de Mía un bramido como el de muchos autos deteniéndose, frenando, patinando se hizo escuchar por todos los ángulos del sitio, Dodge hizo caso de su instinto.
 
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-¡Los del gobierno!-exclamaba a voz alarmada pero baja- ¿pero cómo supieron...?, no hay remedio- con su última frase tomaba a Mía de la mano, ésta última ya aterrorizada por lo que oía, entonces la condujo al interior de la cabaña. Un vocerío tremendo se alzó alrededor, luego la quietud del suspenso, los pasos en la arena, la oscuridad en la cabaña, sólo el pasillo de la misma iluminado.
 
-¡¿Dodge?!, ¡¿Estás allí?!- Dodge escuchaba aquella voz que surgía desde la entrada ahora totalmente contrariado, no sabía todavía qué hacer, oculto con Mía en la habitación del fondo-estás rodeado, será mejor que te entregues-
 
-¡Estoy peligrosamente armado Numb!- dijo Dodge al haber reconocido a su perseguidor, era lo único que se le había ocurrido decir-¡Será mejor que no se acerquen o los agujereo, yo no tiro por juego!- Numb se contuvo unos instantes, al parecer reconoció una desventaja de su parte y dijo finalmente, decidido a esperar a que saliera Dodge:
 
-¡Entonces de aquí no saldrás vivo!- un ligero crujir se hizo notar en la parte posterior, se acercaban por aquella entrada.
 
-¿Porqué te persiguen?- preguntó temblorosa Mía.
 
-No quieren que nuestro proyecto se haga realidad- contesto Dodge imitando la baja y silenciosa voz de Mía.
 
-¿Cuál es su razón? Deberían estar agradecidos-
 
-Mía hay cosas que no sabes, sólo te diré que el mal existe en todas partes- aquellas últimas palabras despertaron una intriga insufrible en el corazón de Mía.-Escucha con atención Mía,- dijo luego tomándola de los hombros, mirándole a los ojos verdes con intensidad- tal vez Dios quería que así fuera, tú sola irás al Edén y cumplirás la misión por los dos-
 
-Pero Dodge, yo no sé nada, no sé como manejar el cohete, eres tú el genio...- entonces Dodge le dió un beso apasionado en la boca.
 
-El manual está internamente establecido en el sistema, sólo tienes que saber encenderlo, el botón naranja, luego inicia la secuencia de despegue con la palanca roja, ¿entiendes?, la totalidad del futuro de la humanidad depende de ti Mía, el cielo sigue despejado- dicho esto Dodge salió de la habitación con las manos en alto, lentamente, dejando a Mía con una lágrima en la mejilla donde le había él acariciado suavemente cuando dijo, 'el cielo sigue despejado'.
 
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-Muy bien Dodge- dijo Numb cuando le vio cruzar la entrada de la habitación mientras estaba asomado, agachado con el arma preparada desde la entrada, le apuntó desde allí con el revolver- eso es, ahora no te muevas- detrás de Dodge aparecieron dos hombres vestidos de traje negro igual que Numb, uno de ellos le apuntaba con una escopeta, el otro con un revolver sacó unas esposas, y le tomó los brazos a Dodge para aprisionarle sin demora, después le empujó hacia la entrada, Mía los vio alejarse entre sollozos. Numb hablaba pero su voz ya no podía distinguirse, sólo algunas palabras como 'plan indebido' o 'desafiándonos' llegaban a los oídos de Mía, quien esperó todavía en la habitación, los pasos en la arena, uno que otro grito cargado de órdenes, los motores de dos autos encendiéndose, rugiendo, el sonido de los cauchos atravesando el desierto, allí Mía se asomo desde la entrada, percibió que todavía no estaba sola, cuatro autos negros estaban estacionados fuera de la alambrada con las luces encendidas, varios hombres de negro armados custodiaban aquel camino, se alejó para dirigirse al cohete, se asomó con precaución desde el pasillo, nadie, corrió al cohete, entró, se topó con una azulada cabina, iluminada con luces rectangulares blancas, pegadas a las esquinas, y un sin fin de botones, palancas y perillas, buscó el botón para cerrar la entrada, se le ocurrió tantear los lados de la misma, se topó con un botón negro pegado al lado izquierdo, sobre la superficie interna, al pulsarlo se deslizó la pequeña puerta, quedó encerrada, sobre uno de los dos asientos que había, comenzó a buscar el botón naranja, a un lado de ella, a la derecha, bajo una pequeña tapa trasparente estaba, abrió la tapa, apretó el botón, y un holograma saltó desde una pantalla en frente de ella, algo comenzó a vibrar por dentro del cohete, un sonido como el encendido de un computador gigante, primero grave, luego volviéndose agudo lentamente, también un bramido, como un viento asolador. Pronto llamaría la atención de los del gobierno, debía despegar, buscó la palanca roja, al lado del botón naranja, jaló de ella, y una voz robótica se hizo escuchar: 'iniciando secuencia de despegue, treinta segundos para el despegue', un cronómetro se dibujó en medio del holograma, el conteo en reversa había iniciado, 'confirme paso de combustible', un botón amarillo se iluminó en un panel arriba de Mía, la intuición hizo que lo apretara. 'Paso de combustible confirmado', una fuerte explosión en la base del cohete, seguida de un tembloroso y constante rugir se hizo notar. 'diez, nueve, ocho...' al terminar el conteo se intensificó la llamarada sonora del cohete, lentamente se levantó, disparos lejanos se escucharon, algunos chocaron contra la superficie del cohete, pero no causaron daños. La sensación de movimiento empujó a Mía contra el asiento con fuerza, el cohete comenzó a temblar descontroladamente, tanteó por el asiento, al encontrar cinturones de seguridad se los colocó inmediatamente, al retirarse el cronómetro en cero del holograma se dibujó un globo terráqueo con una línea saliendo del mismo, y un título sobre él que decía 'trayectoria de cohete, 43m,44m,45m...'. Cuando Mía se dio cuenta de que habían ya traspasado la atmósfera por el holograma, el cohete había dejado de temblar, se quitó los cinturones, y mirando hacia arriba observó que la cabina se prolongaba hasta la punta del mismo, la ventanilla a un lado. La gravedad había desaparecido, flotando hacia arriba se asomó afuera, la tierra, azulada, opaca, el continente americano descubierto, los rayos oblicuos del sol escondido detrás, fijos sobre su superficie. Al regresarse al asiento se quedó observando el holograma, debajo del globo terráqueo cuatro títulos, 'secuencia siguiente', 'secuencia especial', 'sistema', 'apagar', un presentimiento le hizo poner la mano sobre el título 'sistema', éste retrocedió ligeramente, y el globo terráqueo fue sustituido junto a todo lo demás por una lista. En medio de la misma había un título: 'manual de sistema', sin rodeos al leerlo puso su mano sobre el mismo, entonces el globo terráqueo volvió, pero ésta vez se iluminaba de un matiz rojo debajo del mismo la opción 'secuencia siguiente', sin dudar puso su mano sobre éste título, en una secuencia ordenada comenzaban a iluminarse botones, palancas, perillas del mismo resplandor rojo, y ella seguía las mudas instrucciones. La voz robótica volvió: 'secuencia iniciada, apagando motores principales, motores de plasma encendidos, use el protector iónico...' una cubierta trasparente de un material especial apareció desde atrás del asiento, cubriéndolo al pasar por encima de éste, tapándolo, de la cubierta se desprendió una luz azulada, como una aurora, rodeando toda la cabina. El cohete, volviéndose a estremecer con el tiempo se iluminó en su punta de una luz dorada, casi blanca, superando la velocidad de la luz se alejaba de la tierra cada vez más, hasta que ésta sólo era un punto blanco más en el vasto mar negro, hasta que desapareció. Aproximadamente ocho días después el cohete se detuvo apagándose, pequeños propulsores de aire pegados al fino revestimiento del mismo lo hicieron voltearse hasta quedar con su punta del lado totalmente contrario. 'Reencendiendo motores de plasma', la voz robótica anunciaba un nuevo movimiento del cohete, que lleno de un fuego cegador en su base volvía hacia la tierra. Ocho días más, el motor se apagaba lentamente, hasta que cuando el cohete llegaba a traspasar la atmósfera de la tierra se apagó totalmente. La cubierta del asiento de Mía se retiraba a su vez que la anterior luz azulada, 'Prepárese para el aterrizaje, encendiendo motores segundarios...', la gravedad volvía lentamente, del cohete se desplegaron dos alas metálicas, enderezándose, planeó sobre un continente enorme, vacío, desértico a excepción de su lado oriental hacia donde se dirigían, allá el cohete se desplomó, dejando una larga estela de desolación en medio de un bosque.  Los asientos quedaron boca arriba, Mía supo que debía salir, al sacarse los cinturones pulsó el botón negro, abierta la puerta salió por un lateral del cohete, miró al rededor, un sin fin de árboles todos de no más de tres metros, cubiertos de toda clase de frutos desconocidos, de todos los colores, arbustos, plantas rastreras, enredaderas, no había nada que no tuviese fruto alguno excepto la hierba verde que se extendía como fondo sin terminar. Era el día séptimo, sábado, el primer sábado de la historia de la creación, en el Edén, por la mañana, Mía había logrado viajar en el tiempo hacia el pasado más primitivo. Al mirar a su alrededor, sonrisa en los labios, extasiada, Mía se adentró primero caminando, entretanto desprendía una que otra fruta agachándose a los pequeños matorrales, después trotando, luego de haberse detenido por un instante, a lo lejos había escuchado un raudal de agua. Finalmente se detuvo de nuevo, jadeando, miraba a alguien caminando en medio de la arboleda, una mujer desnuda, alegre, hablaba con un tono de jocosidad, con alguien más que Mía no alcanzaba a ver, en un lenguaje que no podía traducir. Se agachó detrás de un árbol cercano, atenta, se volvió a asomar, allí estaba, Eva, la primera mujer de la humanidad, ella calló, la voz de un hombre respondió, terminando en una exclamación risueña. Mía no cabía de asombro ante la belleza de aquel ser, se le quedó mirando con tanta atención que se le quedaron los labios entreabiertos, Eva se alejaba, entretanto miraba al suelo, hacia su derecha, como prestando atención al hombre que le seguía hablando a sus espaldas, Eva desapareció entre dos espesos árboles, Mía se levantó, apurada miró a todas partes buscando que nadie lograra verle, y le siguió. Cuando volvió a encontrarle vio que se volteaba de vez en cuando, entonces se veía obligada a ocultarse rápidamente, afortunadamente no se dejó descubrir, finalmente aquella se detuvo en un claro del bosque, en medio del cuál había otro árbol, totalmente diferente, de un fruto azulado, el árbol de la ciencia del bien y del mal. En la escena apareció un animal, de cuatro patas, con la forma de un dragón en miniatura, éste se acercó a Eva, y abriendo la boca emitió un rugido, seguido de un gruñir constante, a ratos prolongado como palabras, como estructurado en el mismo idioma de Eva. Eva le respondía al animal, cuando terminó de hablar, el animal le volvió a rugir dentro de lo que parecían otras palabras, y luego se alejó, volteando la cabeza de vez en cuando, como despidiéndose, entonces Eva quedaba pensativa, mirando hacia al árbol por un tiempo, hasta que después de una meditación al parecer profunda, alargó el brazo para tomar uno de los frutos del mismo. El miedo había paralizado a Mía hasta entonces, pero se alarmó aún más cuando vio que la humanidad estaba en peligro de quedar maldecida nuevamente, decidida se levantó de detrás de la arboleda, corrió hacia Eva, y gritó:
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-¡Alto!, ¡no lo hagas!- Eva se volteó sobresaltada, tenía uno de los frutos del árbol en su mano- ¡Arroja eso!- pero Eva no le entendía, hasta que se le acercó, y le quitó el objeto de la prohibición de Dios. Eva se sintió maltratada, había encogido los brazos al verse así arrebatada, murmuró algunas palabras entre asustada e indignada. Mía tiró el fruto, y lo pisoteó hasta que lo hizo desaparecer en pedazos en medio de la hierba. Al alzar la mirada seria, le señaló el árbol a Eva, luego en expresión prohibitiva alzó el índice, moviéndolo de un lado a otro, meneando a su vez la cabeza, y también señaló arriba, subiendo y bajando el brazo. Eva no había entendido, pero presintiendo lo que le querían decir, se alejó aún los brazos retraídos, jugando con su abundante cabello, caminando hacia el río, volviéndose para vigilar si le seguían. Mía sonrió triunfante. Unos pasos rápidos sobre la hierba se hicieron escuchar tras ella, se iba a voltear, pero no le dio tiempo, unos fuertes brazos la aprisionaron, tapándole la boca, y la voz de alguien comenzó a ser susurrada a su oído, una voz conocida: Numb.
 
-¿Creíste que redimirías tan fácilmente a la humanidad?-le decía- ¿no pensaste en las consecuencias de tus actos?, perdiste tu tiempo, despídete de tu mundo- un crujir metálico, y luego algo frío y sólido en la sien, un segundo hombre se apresuraba delante de Mía a tomar dos de los frutos del árbol de la ciencia del bien y del mal dirigiéndose luego hacia el río, perdiéndose en medio del bosque, ella al sentir el revolver cerró los ojos, preparándose para el funesto impacto. Tres tiros sonaron detrás de ellos, uno de ellos le dio en la pierna izquierda a Numb, por detrás del muslo, éste soltando un quejido rápidamente soltó a Mía, volteándose con el arma apuntando hacia la espesa arboleda, llevándose la otra mano a la herida, no vio a nadie, entonces volteando a Mía, le miró con un rostro amenazador como tratando de comunicar con sus expresiones una silenciosa amenaza, llevaba un traje igual al de Mía, pero de color grisáceo.
 
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-¡No!- exclamó alguien desde donde habían salido los disparos, acompañado éste grito de nuevas detonaciones que fueron a dar a los pies de Numb, quien había alzado el revolver, viéndose en peligro lanzó dos tiros y salió corriendo hacia el oriente, Mía se desplomó en el suelo; se descubrió Dodge -envejecido unos cuarenta años más- corriendo hacia Mía, apuntando hacia donde Numb se había internado desapareciendo, cuatro tiros detrás de él. Mía no le reconoció al principio, por éso cuando Dodge se le acercó, se arrastró torpemente hacia atrás.
 
-Mía, no tengas miedo.- dijo Dodge, extendiendo la mano derecha hacia Mía, con una voz quebrada por el llanto.
 
-¿Quién eres?- la voz debilitada de Mía turbó a Dodge.
 
-Soy yo, Dodge, si me vez así es porque viajé oculto en el cohete que Numb hizo sin el protector iónico- Mía tomó la mano de Dodge, todavía mirándole a la cara de setenta años con poca confianza, el pelo emblanquecido, hasta que se detuvo en la nariz aguileña, convenciéndose definitivamente que era él quien se había arrodillado a su lado, entonces le abrazó desde el suelo.
 
-Pensé que te perdería para siempre- le dijo Dodge aliviado repentinamente.
 
-Y yo creí que no volvería a verte- le respondió Mía, temblorosa de la alegría.
 
-¡Ya está!, vamos al árbol de la vida, quedarás curada totalmente-
 
-¡No, Dodge!, no conviene, ése árbol está prohibido para nosotros- Dodge comprendiendo que no iba a convencerla se quedó a su lado, manchado su traje espacial gris con el rojo oscuro de la sangre de Mía.-vete,-le rogó Mía señalando el bosque- si dejas que aquel hombre coma del árbol él sí vivirá para siempre, no lo permitas- Dodge al oírla se puso pálido de miedo, no sabía qué decisión tomar-¡Vete!- insistió Mía, ahora también entre sollozos- ¡No importa lo que pase conmigo!, ya no puedes hacer nada por mí-, Dodge se iba a levantar para cargar a Mía en sus brazos, pero ella le agarro el hombro, se acercó a él, y le dio un beso triste en los labios- cuando veas a las estrellas- le dijo- como me enseñaste, estarás viendo al pasado, yo seré tu pasado ahora, no me olvides, búscame en el cielo- Dodge quedó desconcertado, le iba a decir que la buscaría en el futuro, pero ella tenía razón, había sido su principal presente, pero se iba a convertir pronto en un pasado paralelo, la vio morir entonces allí mismo sin atreverse a hablarle más. Se levantó pues, corrió hacia el árbol de la vida, pero ya era demasiado tarde, Numb ya no estaba allí, su rastro en la hierba le delataba, se dirigía hacia el cohete que él había construido con ayuda de los planos de Dodge, así que éste último siguió el rastro, hasta que éste se cruzaba con otro rastro que cambiaba de rumbo hacia el centro del Edén, cambiando de camino decidió seguir ése otro rastro, y se consiguió con su propio cohete.
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-Voy a arreglar todo ésto- dijo, pronto entró en la máquina, cerró la puerta tras sí, y jaló de una palanca morada en el panel de la cabina, tomando asiento, y colocándose los cinturones de seguridad. 'Iniciando nueva secuencia de despegue', la voz robótica precedió a las alas metálicas del cohete retrayéndose, un pie mecánico se desprendió de la superficie lisa del cohete que daba al suelo, enderezándolo, cuando ya estaba apuntando al cielo los motores se encendieron, y un rugido se escuchó a lo lejos: el otro cohete ya había despegado. 'diez, nueve, ocho...', el conteo en el cohete de Dodge finalizó, despegando dejó atrás el Edén, y se enfiló hacia el espacio, hacia el futuro. Habiendo hecho algunos cálculos detuvo el cohete, luego lo hizo voltearse, para quedar apuntando hacia la tierra, allí reanudó su viaje, trece días en total habían transcurrido cuando se encontró cruzando el continente americano, su destino, la antigua cabaña, allí aterrizó. Era de día, aproximadamente las dos de la tarde, diez años antes del primer viaje hacia el pasado. Dodge se bajó del cohete corriendo, había puesto una secuencia en el mismo que causaría su destrucción en no menos de tres minutos, dedujo que la explosión resultante sería tal que destrozaría la cabaña y todo lo que se encontrase a unos aproximados cuatrocientos metros a la redonda. Entró a la cabaña, encontró ropa en una de sus habitaciones, se cambió, y salió apresuradamente hacia la carretera cruzando el alambrado. Tres horas más tarde se hallaba frente a su casa, tocó el timbre.
 
-Espero no haber llegado demasiado tarde- se dijo, había preguntado la fecha y la hora en la calle, sus recuerdos le llevaron al momento en que hablaba por teléfono con su antiguo maestro de física teórica sobre su proyecto, lamentó haber sido tan poco discreto, tal vez la gente del gobierno se hallaba monitoreando aquella llamada. Abrieron la puerta, se vio a sí mismo asombrado, el otro Dodge frunció el ceño, luego de un análisis visual finalmente habló:
 
-¿Serás algún hermano mío?-
 
-No Dodge,- respondió el Dodge del presente – soy tú mismo, después de haber viajado en el tiempo hacia el Edén, vengo a prevenirte sobre tu viaje.- El otro Dodge, al sopesar la situación le hizo señas a su otro yo de que entrase a la casa.
 
-¡Entra!, ¿nadie te sigue?-
 
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-No, tienes suerte, o eso espero- el Dodge del presente entró a la casa, y ambos se sentaron en la sala, enmudecidos por un tiempo, observándose el uno al otro, hasta que el Dodge del pasado preguntó:
 
-¿Cuál es tu prevención?-
 
-Los de la simiente de la serpiente te seguirán, Mía morirá a manos de uno de ellos, éste irá tras el árbol de la vida, harás que el jefe del mal viva para siempre- El Dodge del pasado comprendió rápidamente.
 
-¿Has conocido al jefe?, ¿puedes decirme quién es?- pero el Dodge del presente, presintiendo una eterna espiral de venganza en contra de su familia no quiso responder aquella pregunta, sólo dijo:
 
-¿Qué importa?, no te conviene verte envuelto en ése peligroso mundo, conserva tu presente, no se te ocurra hacer mención de la máquina a nadie, ni emprendas nunca el proyecto, ¿le dijiste al profesor?-
 
-Sí, es el único que sabe-
 
-No le hables más, desaparece de su vida-
 
-Pero, y tú, ¿te darás por vencido?, ¿porqué no te adelantas a los pasos del enemigo y sencillamente ocultamos mejor el proyecto?, ¿no te gustaría que trabajáramos juntos?-
 
-No es posible, los del gobierno ya deben saber lo que planeas, además, la cabaña a quedado destruida, allí yacen los restos de la máquina del tiempo que pensabas construir, aquello llamará la atención, te aconsejo que cuanto antes salgas del país, irán en búsqueda de tus pasos en muy poco tiempo, aunque conmigo tardaron al menos diez años- Una pausa silenciosa abrumó a ambos en pensamientos sombríos. Al ver que su otro yo quedaba avisado, el Dodge del presente se levantó.
 
-Debo irme, los vecinos van a preguntarse porqué hay dos Dodge merodeando por ahí-
 
-Tienes razón, puedes salir, la puerta está abierta- El Dodge del presente extendió la mano a su otro yo, se estrecharon la mano y el primero dijo:
 
-Espero que me hagas caso, si no vendré yo mismo a matarte, no pienso vivir pensando que Mía corre peligro en manos del tiempo-
 
-Pero Mía ha muerto, no has podido cuidarla- replicó desafiante el Dodge del pasado.
 
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-Tú sálvala... espero que no le digas nada de ésto- dicho ésto con voz autoritaria, el Dodge del presente se fue, abrumado, sabía que debía finalmente desaparecer para siempre de la vida de Mía. Pero dos días más tarde una noticia llegó a los oídos del Dodge del presente, una bomba había estallado en el Chersy 34. Se pudieron hallar los restos de la víctima irreconocible, sin embargo siendo la casa de Dodge, todos dedujeron su muerte. Hasta que él apareció en casa de Mía, por la noche del mismo día.
 
-¡Mía, sal pronto!- había tocado el timbre pero la redoblada urgencia le había hecho gritar. Su voz retumbó por el urbanismo, la gente al oírlo sin tardar se asomó por sus ventanas, algunos se atrevieron a salir a la calle pero al verlo tan agitado no quisieron preguntarle nada, además quedaron asombrados al ver un muerto de pie. Un súbito recuerdo estremecía a Dodge, había mirado al cielo, entonces volvió a gritar:
 
-¡Mía, el cielo está despejado!- y la puerta se abrió.
 
-¿Dodge?, ¿estás bien?, ¿sí eres tú?, ¡Dodge!- pronto se hecho a sus brazos -pensé que habías muerto- su voz debilitada por un sollozo- todo el mundo me había dicho que eras tú el que yacía en medio de las cenizas de tu casa-
 
-Tranquila- respondió Dodge conmovido- estoy bien, pero tenemos que irnos, ahora te cuento porqué, pronto haz una maleta-
 
-¿Nos vamos hoy?, pero habíamos quedado en que para mañana en la tarde saldríamos a México en un avión.-En ése país precisamente había pensado Dodge para su fuga, entonces se le vino algo a la mente y sentenciosamente respondió a Mía:
 
-Cambio de planes Mía, cambio de planes, ¿te despediste bien de tus padres?-
 
-Sí, les dije que me iba a vivir contigo a México-
 
-Bien, nunca les reveles dónde estamos realmente, ni a ellos ni a nadie, luego te explico-
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