El Trono Invisible
El Trono Invisible
Capítulo I
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Soy un narrador omnisciente desde éste momento. Hablaré tal como habla cierto griego culto y famoso, me expresaré como nuestro queridísimo poeta Homero al tratar de opinar que soy de condición renuente frente a la idea de aceptar ser un dios, prefiero ‘ser siervo en el campo de cualquier labrador sin caudal’, por aquello de que la muerte hace las cosas de la vida más emocionantes dándole el valor merecido. Imagino cómo sería vivir como un inmortal. Si me convirtiera en uno, disfrutaría todos los placeres de la vida sin importarme nada, sin tomar medidas, y sin detenerme a pensar. Pero esto sólo sería al principio porque lentamente perdería aquella emoción primera y luego empezaría a sufrir algo llamado aburrimiento.
Pero describiré esto de manera científica: El mecanismo simple por el que los animales alteran sus niveles de sensibilidad (sus umbrales de respuesta), y que puede en último término ayudarnos a explicar la motivación, es lo que se llama habituación. Fenómeno opuesto a la sensibilización (los umbrales necesarios para provocar una respuesta son cada vez menores), es esencialmente una conducta de aburrimiento: la presentación repetida del mismo estímulo lo hace ineficaz, causando una disminución de la intensidad o frecuencia, e incluso la desaparición de la respuesta. En pocas palabras, lo que se ha llamado habituación, término reciente usado por los biólogos y filósofos de La Academia en la madre Atenas, es sencillamente aburrimiento. Tal vez el entendido leyendo estas líneas creerá que estoy rebajando al ser humano a un animal, pero desgraciadamente no veo mucha diferencia. Por lo tanto al ‘habituarme’ a los placeres poco a poco perdería la sensibilidad, y al final ya no sabría lo que es el suave y arrullador soplido del aire fresco de la mañana, o el cálido suceso de un beso, o el dulce sabor de la miel cuando recorra mi garganta. No sentiría nada, y cuando llegase ese momento sería igual a la muerte, pero seguiría vivo para sufrirlo eternamente.
Pero aún no hablaré de mí en detalle, voy a contar una historia, no sé si ficticia o real, planeo dejarla a las futuras generaciones de hombres, cuyos pensamientos ayuden al progreso de la humanidad y a la búsqueda de la verdad; depende de los pensamientos de otros respecto a la realidad o fantasía de éste relato, así son las historias, se vuelven reales gracias a que otros lo creen así, se vuelven irreales si se quiere que sea así, sólo basta la influencia del pensamiento para convertir algo en falso o verdadero, lamentablemente ésa es la sociedad que va aflorando, influenciada por las creencias propias. Yo opino esto: nuestra vida no es real, sólo somos parte de una idea, de algo efímero, de un cuento o de una historia oculta. En tiempos remotos un desafortunado muchacho nació en Tebas, aquí en medio de Grecia, la grande en su tiempo (no sé si lo políticos de ahora aún la consideren así), cuando se empezaba a usar el bronce para elaborar colosales estatuas, y en el momento en el que los Epígonos, con sus arcos entesados y flechas envenenadas, planeaban una venganza contra la ciudad. El rey Eteocles había muerto a espada antes de ello, y no recuerdo quién fue el sucesor -o sucesores- del trono, de todos modos yo lamento la suerte de aquel pueblo, si hubiese estado en las manos de un rey tan renombrado, o en otras mejores, nada malo hubiese ocurrido. Cuando el muchacho, llamado Crátilo, cumplió siete años, la ciudad fue asediada, prendida en llamas y saqueada, en eso sus padres intentaron huir con él y su pequeña hermana de tres años al norte, pero eran perseguidos por uno de los mejores rastreadores de los Epígonos, un guerrero astuto llamado Diomedes, por ello pasaron por muchas pruebas y corrieron durante mucho tiempo.
Finalmente se dieron cuenta de que ya no podían seguir: el cansancio de noches enteras sin dormir, sufriendo el hambre y la miseria de ser fugitivos, hizo que la hermana de Crátilo tristemente muriera enferma de algo extraño en los pulmones, por ello sus padres desistieron y se entregaron a Diomedes dejando escondido a su último hijo en un lugar desconocido por mi hasta hoy. Diomedes mató a los padres del niño despiadadamente, y por asegurarse de no dejar existir ningún remanente de Tebas en el futuro, se aseguró de buscar más allá, hasta Delfos, por eso Crátilo tuvo que seguir huyendo, y por poco lo alcanzaron. Tiempo después Diomedes renunció a su búsqueda, convencido de que su venganza y la de sus hermanos, ya había sido consumada. El pequeño Crátilo al no darse cuenta de ello siguió siempre huyendo, empujado por el miedo como cuando una ola es empujada por el viento de una tormenta. Estuvo perdido, y parece algo inexplicable pero hasta donde yo sé, la fuerza de su miedo lo llevo hasta el monte Olimpo.
Luego se detuvo una despejada mañana en la sima de aquel lugar de los dioses, (y nadie sabe cómo llegó hasta allá), con la horrible imagen de sus recuerdos, acechado por el miedo de que quizás lo seguirían hasta el fin del mundo. Entonces hizo lo que había visto hacer a sus padres en momentos de angustia y clamó al ‘dios de dioses’ recitando de memoria el siguiente ruego:
-¡Zeus!, ¡Gran señor del cielo!, ¡Acudid con vuestra espada de fuego y haced llover sobre mis enemigos que me siguen hasta Hades!, ¿Dónde está vuestro brazo cual columna se levanta para tapar al sol con las nubes?, ¡necesito ser cubierto por vuestra égida, y guiado por la majestuosa águila feroz!-
Gritó con todas sus fuerzas varias veces los mismos versos, hasta dormirse de cansancio y dolor. Y empezó a soñar, pero él no lo sabía, así creyó estar nuevamente despierto, entonces sus ojos vieron a Zeus- en el sueño- el cual estaba en su forma humana, y el cual le hablo con voz de trueno:
-¡No debéis temer!, vuestro llanto me ha conmovido, he escuchado vuestra súplica, he aquí os salvo. -
En ése momento el dios alzó sus manos hacia el cielo del Olimpo, y de las nubes surgió el águila feroz, gigantesca y poderosa ave cuyas inmensas alas despejaron el cielo, levantando la nieve, descubriendo el monte, y aterrizó en la cima replegándolas para no tapar el sol, siendo tan enorme como un dragón. Crátilo aún no podía creer lo que veía (y de hecho no tenía por qué creer siendo todo ello un sueño, aunque no lo supiera).
-Subid, ella os llevará a donde vive hoy Hestia, para que seáis criado como los dioses y podáis tener protección, y recordad siempre que cuando seáis ya hombre deberéis abandonarla para que hagáis vuestra propia vida, una vida de agradecimiento y culto a los dioses. – Decía Zeus.
Atónito, el niño no podía pronunciar palabra, así haciendo caso, y viendo que la increíble ave de broncíneas garras inclinaba su cabeza para poder recogerlo, él se asió y trepó por el inmenso cuello hasta llegar a su dorso. Al voltear al suelo Zeus había desaparecido e inmediatamente el águila alzo el vuelo, muy estrepitoso, por poco derriba los collados. Y así emprendió uno de los viajes más extraños de su vida, irreal en todo el sentido de la palabra, también incierto y misterioso.
Capítulo II
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Todo principio de historia suele ser simple, pero el principio de todas las cosas también fue pequeño y progresivo, además estoy convencido de que las cosas pequeñas hacen las cosas grandes, por eso los detalles más pequeños de nuestras vidas son lo más importante para llegar a encontrar la felicidad. Cada vez, al reconsiderar la idea de los dioses estoy además seguro de que ellos no pudieran tener el privilegio de darle valor a las cosas pequeñas, pues su poder sería tan grande que nunca se saciarían de conseguir más y más para sí mismos. Los griegos devotos me llamarán atrevido y que ni respeto a los dioses, ni soy agradecido. Se equivocan, respeto la idea de los dioses, respeto sus creencias, jamás me opondré de forma violenta, y sin embargo no creo en ellos. Los dioses no existen. Por ello para probarlo me decidí a contar ésta historia y proseguiré ahora con un famoso pensamiento de Aristóteles sobre la ética, no lo diré exactamente como él lo dijo, lo diré con mis propias palabras: Todos los seres humanos anhelamos la ‘felicidad’, es decir, una realización activa y comprometida de nuestras capacidades innatas, aunque este objetivo puede ser alcanzado por muchos caminos.
Durante el vuelo del águila feroz, el niño, Crátilo, mirando hacia atrás, se fijó cómo se alejaban lentamente del monte Olimpo, y vuelta su mirada veía de lejos ciertas planicies regulares y el paisaje montañoso en el fondo, y vívido por sus colores, de la gran Delfos. El viento pasaba por las alas del águila haciéndose fuerte con el paso del tiempo, con la fuerza de un huracán, y como en un baile rítmico el animal subía y bajaba su cuerpo, aprovechando el aire ascendente, para volar más y más alto. Pronto el niño se vio por encima de todas las nubes, tan alto, que se podía ver arriba la extensión de las estrellas -aunque el sol estuviera en su cenit-, junto al negro vacío del espacio infinito, mezclado con el azul claro del cielo de aquel día, por los bordes, formando una cúpula misteriosa la cual revelaba los secretos del universo y la redondez de la tierra. De repente el águila bajó la mirada, luego, como cuando el águila caza, inclinó todo su cuerpo hacia abajo recogiendo las alas, para precipitarse como si fuera al abismo, entonces aceleró a tal punto su velocidad que su pico se encendía en llamas a su alrededor por la fricción de la atmósfera como cuando cae un cometa, Crátilo aterrorizado pensó en soltarse para liberarse de la caída inminente, pero se contuvo y se enganchó con toda su fuerza, y súbitamente, cuando estaban a punto de desplomarse en el suelo fértil de una viña, el águila abrió sus alas haciendo golpear con violencia el aire debajo de su plumaje, para volver a ascender, derribando todo a su paso a causa de la presión generada en la superficie. Quedó asolada la viña, unas cuantas casas, y las murallas de piedra de la aldea por donde pasaron desaparecieron.
Luego, estando enseguida en el cielo, pasaron por la región donde se forma el granizo, Crátilo observó con marcada curiosidad todos aquellos cristales congelados flotando sinuosamente entre las nubes, unos eran muy pequeños como un limón silvestre, y otros eran tan grandes como montañas enteras. Al momento el águila se agitó, aceleró el vuelo con desesperación, parecía huir de algo maligno, y Crátilo escuchó una voz diciéndole al oído:
-No miréis atrás, no miréis atrás. – Pero como la naturaleza del ser humano está guiada por la curiosidad, fue como si no hubiese escuchado nada, y se inclinó hacia un lado para poder ver lo que no debía. Una espantosa figura animal con forma de serpiente alada, montada por un deforme fantasma negro con una espada luminosa en la mano los venía siguiendo, la bestia que venía con aquel fantasma empezó a despedir fuego por la boca durante la persecución, las llamaradas se extendían por todo el cielo como inflamadas por un poder invisible, hasta finalmente alcanzar a quemar una de las alas de la gran ave la cuál empezó a caer junto con el niño, Crátilo se soltó y sintió mucho miedo, por ende cerró los ojos, después, sintió que alguien lo sostenía de los hombros, al querer abrir los ojos nuevamente, escuchó la anterior voz extraña:
-No abráis más los ojos hasta que yo diga para que no muráis, soy Hermes, no temáis, estáis a salvo en mis manos.-
Entonces Crátilo apretó más sus párpados, escuchó un grito espeluznante como de un guerrero furioso, sintió que lo sacudían en dos o tres ocasiones, y en un momento de calma el aire helado pasaba a través de sus mejillas, por ello dedujo que estaba otra vez volando derechamente.
-Os tengo. No abráis los ojos aún. – Dijo Hermes. – Ya casi llegaremos, os llevaré con Deméter.-
La rebeldía suele ser causa de muchos males en algunas ocasiones, aunque en otras produce bien, lo sé porque yo soy rebelde, y el muchacho de quien hablo en ésta historia era un rebelde nato; Crátilo sintiéndose ya seguro y movido por la curiosidad quiso ver con todas sus ganas lo que sucedía, por eso atrevidamente entreabrió uno de sus ojos para poder vislumbrar el camino, dejó de sentir aquellas frías manos, sintió un vacío enorme en el estómago, luego se sintió levemente mareado, y cuando abrió totalmente los ojos se encontró en el monte Olimpo pero se dio cuenta de que iba en caída libre, y que se despeñaba desde su cima, hasta el profundo abismo de sus montañas.
-¡No!, ¡No!, ¡No! -gritaba mientras caía, pensaba ver ya su propio fin, pero en realidad era un final falso, pues como cuando alguien está a punto de despertarse de una pesadilla, empezó a sudar copiosamente, a respirar muy agitado, y justo antes de caer al despiadado suelo, sintió un puñal en el corazón; abrió sus ojos despertando del sueño y se halló recostado en el mismo lugar donde comenzó todo. Al poco tiempo de reaccionar, de incorporarse a la realidad, Crátilo se dio un respiro, llevándose las manos al pecho, pues del susto le quedó doliendo mucho, y miró que al parecer, se había quedado dormido durante todo el día, pues ya empezaba a oscurecer. Dicen algunos de los sabios que un hombre comienza a pensar cuando alcanza la madurez de su edad, pero yo no considero a la madurez como algo inherente a la edad, sino tiene que ver con las experiencias vividas del hombre, aquí pues, sé que somos superiores a los animales, porque sabemos que tenemos algo llamado por todos moral.
A pesar de lo que ya he dicho sobre nuestro personaje, éste era un pequeño muy precoz, inteligente, comprendía cosas tales que un hombre promedio entendería sólo al llegar a avanzada edad. Cuando un niño como Crátilo debía estar jugando con lodo, o hurgándose la nariz, (no digo que todos los niños sean así) se dedicaba a leer y a escuchar a los sabios, además estaba muy bien educado por sus padres en matemática, en filosofía, en biología y en la historia, debido a ello a su corta edad pudo pensar con criterio propio desde aquel difícil momento de su vida. Reflexionó sobre aquella extraña visión observada en sueños, sobre cómo la cadena de sucesos lo llevaron hasta ése punto, y sobre qué debía hacer después. En un momento llegó a la conclusión de que tal vez se estaba volviendo loco por aquellas visiones, pero después se convenció de que un verdadero loco nunca se preguntaría ‘¿estoy loco?’, pues el tal no lo asumirá. Luego llegó otra conclusión sobre la posible realidad de todo aquello, tal vez lo soñado por él era señal de la protección divina. Pero al pasar por un periodo de pensamientos complicados asaeteándole, entendió que no sabría nada hasta comprobarlo. Se puso de pié y parecía comenzar de nuevo su vida cuando dio sus primeros pasos hacia la ladera de la montaña. El ambiente se agitó, algo llamó su atención, y vio algo moviéndose entre los árboles desde la base de la montaña; era Hermes, ascendía flotando en el aire lanzando gritos pronunciando el nombre del muchacho:
-¡Crátilo!, ¡Crátilo! ¿Estáis bien?, os dije que no abrierais los ojos por poco os pierdo, pero ya que estáis aquí aprovechemos de ir hacia la morada de Hestia- Hermes extendió su mano al muchacho, pero Crátilo sin tomarla lo miró con algo de desconfianza y le dijo:
-Pensé que erais sólo un sueño, ¿eréis real?, ¿o mi imaginación?-
-No os preocupéis, soy tan real como el sol que sale todas las mañanas, ahora venid, tomad mi mano, y vamos que se acaba el tiempo- dijo Hermes.
-¿A dónde iremos?- preguntó de nuevo Crátilo sin moverse.
-Bueno,-dijo el mensajero dios vacilante -iba a llevaros a Deméter para que estuvierais a salvo, pero creo que ya no será necesario, si nos vamos ahora, podremos escapar de las garras de Hades, pues al no vernos aquí, perderá el rastro, ahora no hagáis tantas preguntas que nos vamos a la habitación secreta de Hestia. –
-¡No me iré hasta que entienda qué pasa!,-dijo el muchacho en alta voz- ¿Por qué nos persigue Hades?-
-¡Valla que sois un niño testarudo!,-replicó Hermes- os dije que no tenemos mucho tiempo para responder preguntas ahora, pero ya que así lo queréis, os diré que en el momento en que volabais con águila feroz, ése terco animal, (de vuestro mismo carácter por cierto) se dispuso a interrumpir el flujo del canto de mi flauta, el cual era para el invierno, con el viento que produjeron sus alas al batirse, para que Perséfone no fuera atraída como siempre al abismo; después que se le dijo que nunca volara tan alto de Olimpo hacia Esparta en ésta época del año, y por ello, el invierno será retrasado, Perséfone no estará con Hades, y Hades ahora está muy furioso. – cuando Hermes aún hablaba, se empezó a descubrir un extraño fenómeno en el cielo: desde el horizonte se formaban extrañas líneas de fuego, empezaron a cubrir toda la esfera del firmamento de un resplandor rojizo, extendiéndose desde el sur hacia el norte y Hermes dijo:
-¡Vámonos ya, tomad mi mano pronto! ¡Hades arribó a este mundo, viene por nosotros!- Un ruido parecido al de un trueno invadió el ambiente, el viento soplaba fuertemente, la oscuridad cubrió el horizonte desde el este, el sol parecía correr despavorido hacia el oeste por la rapidez con que se ocultaba, y las llamas seguían alumbrando el firmamento. Aún con todo lo que Crátilo veía hizo más preguntas sin tomar la mano de Hermes:
-¿Por qué Hermes, tenéis que atraer a Perséfone?, ¿ella no estaba obligada a ir al mundo subterráneo desde que comió de lo que comen los muertos?- Hermes se mostró asombrado diciendo:
-¿Cómo sabéis tanto de las historias de los dioses siendo tan pequeño?, ahora sabéis la verdad, estoy de parte de Hades, así como estoy de parte de mi padre, y de ambos saco provecho, pero de los asuntos de los dioses no deben saber los mortales.- Crátilo enojado le dio la espalda, y siguió el camino que llevaba antes hacia el valle diciendo:
-Entonces no quiero irme, no quiero seguiros pues no os creo, no sois digno de confianza, y no tengo miedo, puedo irme a mi casa sólo.- al decir éstas palabras Hermes desapareció, junto con las señales del cielo, el fuego, y todo el alboroto de pronto cesó. Crátilo sin inmutarse, siguió caminando, pero siguió pensando en adelante qué eran aquellas extrañas visiones, y por alguna singularidad del destino empezó a llover a cántaros sobre aquella altura. Con la presencia de la lluvia, también vino la noche, junto con el extraño sonido de una flauta, ésta parecía provenir de varios lugares a la vez, pero aún así el niño no se detuvo a indagar sobre ello, siguió caminando, y cada vez se oía con más claridad el canto misterioso y dulce de aquella flauta. El niño empezó a correr entre tanto la lluvia iba aumentando a su vez, y corrió con vasto vigor, logró llegar casi a la falda del monte, buscando un refugio donde protegerse. La flauta cesó de percibirse, y como por una obra mágica apareció una cueva donde podía refugiarse; a través de la neblina formada por la lluvia, el niño pudo ver la entrada de la misma, era tan grande como la boca abierta de un legendario titán, por dentro sombría como la misma noche, por fuera tenebrosa, producía además un eco proveniente del sonido del agua cayendo a su entrada, ésta le daba un misticismo elevado, y entró pues, despacio, obligado por el frío.
Capítulo III
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Su paso hacia la cueva fue cauteloso en extremo, motivado por el miedo dominante en ése momento al encontrase sólo en la obscuridad, pero la necesidad de un refugio era acuciante, al seguir adelante el ruido de la poderosa lluvia afuera lentamente fue disminuyendo a su paso mientras el telón sombrío de aquel lugar empezaba a tragárselo, fue perdiendo luego el sentido de orientación, alzó sus manos para ver si tentando lograba guiar su camino, hasta con el tiempo acostumbrar sus ojos a la densa tiniebla, y llegó a un lugar de la cueva que poseía un tragaluz natural por donde en ése momento lo único distinguible era el agua de la lluvia entrar precipitadamente formando una delgada cascada. A los lados de aquella pequeña caída de agua el niño pudo ver dos entradas, una a la derecha y otra a la izquierda, idénticas como dos ojos. En éste instante el niño debía tomar una elección, tenía varias opciones: o se devolvía a las cercanías de la entrada de la cueva corriendo el peligro de sufrir demasiado por el frío, o de ser devorado por alguna mala fiera; o se internaba más a la cueva buscando calor y protección metiéndose por una de las dos oquedades, arriesgándose a perderse, o a caer en una almena natural de las que poseen frecuentemente las cuevas de dicha clase.
Después de pensarlo un momento decidió internarse en la gruta por el lado izquierdo del camino. La vida del hombre se define por las decisiones tomadas; para explicarlo mejor, lo llamado ‘identidad’ se alcanza a lo largo de la existencia, se forma a su tiempo hasta llegar a la perfección de la esencia que poseen éstas elecciones, tales pueden llegar a ser buenas o malas dependiendo de la fortaleza y de la conciencia del individuo. Alguien es bueno si toma las decisiones correctas orientadas hacia ésa idea, alguien es malo si toma las elecciones indicadas para cumplir con dicha característica. Pero tratando de hacer el bien se comete equivocaciones por falta de madurez, y por la ignorancia; por algo pienso que es más fácil hacer el mal que hacer el bien, fácil es ser flojo, difícil es levantarse con el sol de la mañana hacia la faena. La decisión requiere de voluntad, éste último valor es como el oro en gracia y precio. Crátilo tomó la decisión correcta según mi punto de vista porque gracias a ésa decisión que tomó en la caverna logro sobrevivir. Después de haber entrado por el orificio, caminó durante un largo rato palpando las toscas paredes de la gruta, pudiendo ver entonces a lo lejos un leve resplandor dorado, para llegar a la luz debía seguir caminando a lo largo de un túnel estrecho, llegando a una desviación, hacia su izquierda, y entonces pudiendo ver mejor todo a su alrededor por aquella luz, siguió caminando a la misma. Cuando estuvo a punto de pasar la esquina, percibió un extraño movimiento en el suelo, miró fijamente, y observó el suelo cubierto de alacranes, escarabajos, serpientes, y toda clase de animales desagradables y venenosos, pero tenía el deseo de llegar hasta la luz, con una destreza increíble, propia de los cuerpos ligeros de los niños, corrió hasta lograr inclinarse, trepando con los pies sobre uno de los lados de la pared para lograr pasar por encima del peligroso mar de animales, y al llegar al otro lado siguió corriendo, doblando por la curva; súbitamente una puerta corrediza de piedra se cerró de arriba a abajo tras él, y al detenerse vio al fondo de una cámara rocosa sin salida, una fogata.
Aquellos animales que se había encontrado antes no estaban allí por casualidad, quizás habían sido colocados como trampa para resguardar el tesoro escondido en ése lugar, pero era poco probable, la puerta sí había estado allí desde siglos con tal fin. Esa era una antiquísima mina de plata, durante la era de los antepasados griegos había sido descubierta por nativos del Olimpo y sus alrededores. El descubrimiento de la plata tenía un gran valor en esos pasados momentos de la historia de los griegos, pues constituyó la base del progreso de nuestra civilización. El pequeño de todas formas lo ignoraba, estaba terriblemente asustado por el encuentro con las abominables alimañas, tenía una sensación de piquiña por todo el cuerpo, las sentía caminar por el cuello, por la espalda, por su pelo, estaba realmente traumado. Logró después superarlo cuando se acercó más a la fogata. Se sentó a un lado de la misma para calentarse, y se fijó a su alrededor observando cómo las paredes brillaban como cargadas de rocas de escarcha argéntea. Aquellas formaciones llamaron su atención e interesado recorrió con la mirada cada esquina de las paredes, cuando vio algo espectacular: la formación de plata de una parte del muro había cristalizado de forma peculiar formando una perfecta superficie lisa sin un atisbo de irregularidades en la misma haciendo un espejo, reflejando con claridad todo lo que tenía en frente de si, y sin ninguna señal de opacidad. Entonces, Crátilo, llamado por la curiosidad, se levantó a mirar más de cerca, al hallarse frente al espejo natural se encontró a sí mismo y detalló su propia figura.
Vio al niño que era tal como era: de ojos marrones interesantes, delineados por un halo negro, de una cara redonda soñadora, no obstante ya de por sí muy varonil, de pelo castaño obscuro, de hombros angostos por la niñez pero firmes, y de una piel pálida, casi como la nieve. Él no era de espíritu vanidoso, era más bien humilde, sincero consigo mismo, se aceptaba tal como era, además estoy seguro de que aunque fuese de otra manera físicamente, se aceptaría como fuera, pues no osaba de compararse con nadie, y así, pienso, es la mayoría de los niños. Seguía mirándose como hipnotizado por el momento curioso que se presentaba, se le escapó un pequeñísimo suspiro a causa de la actitud contemplativa, pensó en las posibilidades disponibles para salir de la cueva, entonces se movió hacia la puerta de piedra, quería ver si tenía alguna rendija que le permitiese tratar de alzarla, pero por ser pesada quedó fijada al suelo cuando calló, y el piso estaba además formado por una arenisca fina de plata. Agachándose un poco puso las manos sobre la puerta empujándola hacia arriba para ver si podía levantarla aunque fuese un poco, pero no tenía suficiente fuerza para hacer ello.
Finalmente se resignó devolviéndose a la fogata, esperando alguna idea de cómo salir de la cueva. Pasó mucho tiempo desde entonces, el suficiente para quedarse dormido otra vez y empezar a soñar. En la nueva visión se vio de pié ante un paisaje espectacular, en una llanura verde, poseía al fondo una arboleda de cipreses rojos por el verano, en una mañana nublada, exhibiendo al sol en una de las esquinas del horizonte boscoso, opacado por los grises nimbos, cargados de una lluvia desaforada. Cerca de él había un león mítico de ojos rojos brillantes como el carbón encendido, con melena y cola de fuego, el cual se le acercó pasivamente como saludándolo. Crátilo en el sueño extendió la mano hacia el león para acariciarlo, al tocar su melena no se quemó, la sintió y la palpó, para él era como tocar las suaves hebras del cabello de una mujer, aunque su parecer era como de altas llamas de un fuego rojizo, después el león se alejó, primero lentamente, luego acelerando su majestuoso andar, hasta correr por la extensa llanura en dirección al bosque, dejando estelas de fuego por el camino, llenando de humo y cenizas el aire. El niño intrigado lo observó internarse en el bosque perdiéndose de su vista, entonces dejaba de llover. Repentinamente el bosque se incendió de adentro hacia afuera con violencia, el niño se asombró, y más aún cuando el fuego empezó a consumir todo a su paso atravesando la planicie, dirigiéndose a él muy rápidamente.
Con el tiempo el fuego llegó muy cerca, Crátilo corrió por ende para escapar de las llamas, y mientras se daba la vuelta para huir despertó. Se puso de pié para respirar un poco. Su sueño lo dejó nuevamente pensativo, aunque al rato olvidándolo, se volvió a concentrar en cómo salir de la cueva. Esto lo llevó a ir de nuevo hacia el espejo, encontrándose al otro Crátilo. En ése instante ocurrió algo asombroso, sus ojos en el espejo quedaron fijos en él mismo, empezó a sentir con ello que alguien más lo miraba, sintió un escalofrío en los brazos erizándole mucho, y se turbó. Sus ojos en el espejo empezaron a obscurecerse lentamente, mientras seguía inmóvil. Cuando dirigía sus manos hacia su rostro para tocarlo, la figura en el espejo aún permaneció quieta, mirándolo a él, el espejo ya no lo reflejaba a él mismo, alguien más idéntico a él lo observaba. Su corazón empezó a latir con fuerza, probó a mover sus brazos de un lado a otro para ver si estaba alucinando, y para ver si en realidad aquella figura de sí mismo que lo miraba aún con más seriedad era real, y en efecto nada se reflejó en el espejo, ya para él no era un espejo sino una ventana a otro mundo. Entonces el niño del espejo le habló:
-Todo lo que vemos no es realidad, sino ilusión. Os decís en vuestro pensamiento: ‘soy Crátilo’ pero en verdad no sabéis quién sois aún. - Crátilo no podía responder palabra pues estaba atónito.
-Crátilo, – prosiguió el niño del espejo – ¿qué es para vuestro juicio un espejo? – Crátilo no sabía si debía responder a la extrovertida pregunta, pero en un espacio de tiempo dij0 en respuesta:
-Es algo que sirve para ver nuestro reflejo-
- ¿Veis cuál es el problema?, - dijo el del espejo - me imagino que sí. Todos estamos engañados en éste mundo de apariencias, en donde confiamos en un espejo para saber cómo somos externamente, pero en realidad la única manera de conocernos es a través de la conciencia espiritual. –Lentamente el niño en el espejo acercó su mano hacia Crátilo, ello se veía asombroso pues parecía una ilusión espectacular el momento en que la mano salía del espejo materializándose en el espacio mientras lo atravesaba.
- Crátilo, - habló el del espejo – ahora tomad mi mano, entrad, al mundo real - Crátilo le tomó la mano aunque estaba muy confundido. Cuando le sujetó, los ojos del niño del espejo se volvieron ya totalmente negros, su semblante se demudó completamente, y su piel palideció secándose luego como la de un muerto. Crátilo se puso nervioso, quería soltarse pero el otro niño no lo dejaba, así que hizo fuerza, y más fuerza, hasta llegar a poner los pies en la pared, pero el obscuro niño del espejo seguía firme sosteniéndolo, y jaló a Crátilo hacia el mismo, introduciéndolo completamente en él de un tirón. Dejando la cueva, Crátilo se vio flotando en un negro vacío, en eso se sintió caer, miró hacia abajo pero no veía nada, sintió mucho frío, la temperatura de su cuerpo lo hizo temblar. Seguía descendiendo, el aire pasaba a través de su cuerpo con rapidez, dándole una idea de la velocidad con que bajaba, entonces de repente vio a lo lejos, en lo que parecía el fondo del vacío, un lago con bordes altos como los de un pozo, enorme, hecho de aguas subterráneas que fluían a través de un río ubicado en uno de sus extremos, iluminado por varias antorchas clavadas a las paredes en otra cueva mucho más grande. Se preparó para caer, balanceando sus piernas y brazos para poder llegar de forma segura al agua como le había enseñado su audaz madre, hasta sumergirse en un pequeño mar de resplandor verde cristalino, como suelen ser las aguas de manantial. Cayó muy hondo, pero nadó, y al rato trepó llegando a las orillas rocosas y elevadas del pozo.
Temblando y entre jadeos caminó hacia la luz de las antorchas, al voltear vio un puente de madera estrecho el cual cruzaba el ancho extenso del lago, y llevaba a una entrada pequeña y angosta en una de las paredes del otro lado. Caminó hacia el puente, y cuand0 estaba a la mitad del mismo, vio de lejos una barca pequeña desde el río que terminaba en el pozo. En la barca estaba recostado Hermes, pescando con una pequeña red de hilos dorados, mientras silbaba con sosiego. La barca iba muy lentamente acercándose hacia el puente, cuando ya estaba a corta distancia, Hermes dejó de silbar, agarró uno de los remos para detener la barca apoyándose en un escollo, alzó la mirada, y dijo:
-¿Dónde estabais pequeño?, pensé que ya no os encontraría, por un momento os perdisteis.-
-¿Qué aspiráis de mi?, ¿Por qué me perseguís?, ¡dejadme! – respondió Crátilo.
-¡Pero si estoy para ayudaros! – Dijo Hermes mientras colocaba el remo en la barca – no os preocupéis que yo estaré siempre para protegeros, y para guiaros al camino correcto para que cumpláis el propósito de vuestra vida.
-¡Yo sólo quiero ir a casa!-exclamó el pequeño.
-¡Pues no podéis si no aceptáis mi ayuda!,-advirtió el mensajero dios-tenéis que confiar en mí, ¿No os dais cuenta de que sólo quiero ser vuestro amigo?, además siento que es mi papel entre los dioses, soy Hermes ¿no lo sabéis ya?, el mensajero compasivo, el que guía a los perdidos, el astuto servidor, aunque a veces sirva al colérico de Hades, pero no lo hago de corazón, sólo por mi obligación de ser un dios neutral. Además dejadme deciros que en realidad no podéis regresar a vuestra casa, porque desde que llegaron los epígonos, en Tebas no quedó nada en pié, no hay nada vivo allá, y ya no hay casa a dónde regresar.-
En eso Crátilo se conmovió profundamente por aquellas palabras sobre su hogar empezando a llorar, entonces Hermes soltó la red de pescar, flotó desde la barca hacia el puente, y enjugó las lágrimas del niño para tratar de consolarlo.
-Estáis a salvo conmigo, no lloréis más y sed valiente – le dijo a Crátilo mientras lo abrazaba estando empapado y frío por haber caído en el manantial – ya os he dicho, yo os protegeré.
-Quiero ver a mis padres, además extraño mucho a mi hermanita.- dijo Crátilo entre sollozos mientras se dejaba desplomar lentamente hacia el suelo junto con Hermes hasta que ambos quedaron de rodillas.
Hermes dejó de abrazar al niño tomándolo por los hombros, y al mirarlo fijamente a los ojos le preguntó:
-¿En verdad aspiráis ver de nuevo a vuestra familia?-
-Sí – respondió Crátilo sin dudar.
-¡Pues no lloréis más mi amigo!, y prestad atención a lo que os enseñaré, para que en verdad podáis ver de nuevo a vuestros seres queridos. – Le dijo Hermes con claro entusiasmo mientras se levantaba y flotaba de regreso a la barca. – Enjugad bien vuestras lágrimas para que podáis ver bien, dejaos de quejaros por un momento, y animaos para que alcancéis entender lo que os mostraré, preguntad ahora si tenéis dudas.-
Crátilo se interesó, hizo caso a las palabras del dios, y miró con atención poniéndose de pié para apoyarse en la barandal del puente, mientras Hermes tomaba la red de pescar recostándose de nuevo en la barca como estaba antes.
-Hay una historia sobre vuestra persona pequeño, que ha estado oculta desde el inicio de los tiempos, una profecía, que hablaba sobre el día en que llegaría aquel que rompiera para siempre la separación que hay entre los vivos y los muertos, y que los convertiría a todos en dioses eternos que vivieran por siempre en armonía y eterna paz. Allí se acabará el sufrimiento, las guerras, las enfermedades, la muerte, y todo aquello malo desaparecerá. Sois el elegido.-
Mientras hablaba algo se agitó en el agua, Hermes se percató, recogió y alzó con fuerza la red, y a través de la misma se vio colgando y agitándose un gran pez dorado como el oro puro, el cual colocó dentro de un saco que había en la barca, volviendo a lanzar la red como para seguir pescando.
-Por ésa razón debéis ser valiente como dije antes,- prosiguió Hermes – si anheláis ver a vuestra familia, debéis primero cumplir con vuestra misión, debéis vencer a Hades, y matar a todas sus criaturas horripilantes empezando con Cerbero.-
-¿Pero cómo, si apenas tengo siete años?, además, Zeus dijo que debía ir a vivir con Hestia.- replicó Crátilo. Hermes viéndose un poco defraudado por el escepticismo del niño dijo:
-Zeus no sabía aún si en realidad erais el niño de la profecía, pues ésta decía que al tiempo señalado un niño de siete años encontraría la entrada al inframundo, introduciéndose por el espejo secreto. Así que no desesperéis muchacho, todo tiene solución, y las profecías que se han dicho sobre vuestras hazañas no han sido en vano y son ciertas, aunque fuereis como un bebé recién nacido lograréis cumplir vuestro propósito con la ayuda que proviene del Olimpo–Hermes tomando la red y enrollándola se alzó de la barca flotando, para entregársela a Crátilo– Debes pescar un favor de los dioses.-
-¿Un favor? – preguntó Crátilo.
-Sí,-afirmó el mensajero dios- los favores de los dioses son aquellos que se consiguen a veces cuando ellos consideran importante vuestra existencia, pero también se consiguen en éste lago a través de ésa red mágica que tenéis ahora en las manos, y se encuentran alojados en unos singulares peces dorados. Para conseguir un favor de los dioses, deberéis pescarlo sin buscar ayuda, no podéis robar los favores de otros, deberéis aceptar cualquiera que sea el favor que consigáis, pues no es además, lo que queráis pedir sino lo que os haya tocado en suerte, y se os concederá un solo favor.-
Crátilo, creyendo en las palabras de Hermes, con la red en sus manos caminó por el puente para devolverse a la orilla del manantial mientras Hermes lo seguía, se sentó en el borde del mismo junto con él, luego se inclinó y tiró la dorada red extendiéndola a cierta distancia.
-¿Y qué clase de favor llegaré a conseguir?-preguntó Crátilo
-No lo sé.-respondió Hermes-Pero tal vez consigáis que Zeus os dé algún poder del cielo, o que Poseidón os dé algún atributo sobre el mar, o quizás Atenea os dé su sabiduría, aún no lo sabremos.-
En ése instante, un lobo gris apareció por la entrada que estaba del otro lado del puente, cuando Hermes le vio, se mostró asustado, se levantó y le dijo a Crátilo quien también veía aquel lobo:
-Debo irme ya, no puedo seguir aquí.-
-¡Pero dijisteis que me ayudaríais!, ¡no me dejéis aquí solo por favor!- le imploró Crátilo.
-Lo siento amigo mío, pero las circunstancias cambiarán por el momento, adiós- dijo Hermes mientras se alejaba, flotando, elevándose sobre el puente y tomando el camino de las aguas por la entrada del río.
-¡Esperad, no sé qué debo hacer!- le gritaba Crátilo.
-¡Tranquilo, no os olvidéis de sacar la moneda de plata de la boca del pez y tragárosla!, ¡ah!, ¡Y buscad pronto a Caronte, o si no os perderéis!; ¡y otra cosa!, ¡la única manera de matar a Cerbero es cortando sus tres cabezas y dando luego una puñalada a su corazón! ¡No lo olvidéis!, ¡adiós!-le respondió Hermes desde lejos.
Crátilo volteó a mirar al lobo, pero ya había desaparecido, y se halló otra vez completamente solo en aquella lúgubre cueva. Siguió pescando, sabiendo que no tenía otra cosa qué hacer. Pasó un largo rato esperando atrapar algo, pero no sucedió nada. Una difuminada luz verdosa invadía la oscuridad de la cueva, ésta luz provenía del reflejo del agua, la cual estaba siendo iluminada por las teas encendidas antes mencionadas, pero aquel resplandor empezaba a intensificarse lentamente. Esto llamó la atención del niño, entonces observó la superficie de las aguas del manantial, y comenzó a dibujarse de la nada una inscripción brillante de un color verde esmeralda en la que figuraban estas palabras: “La felicidad es una ilusión”. Crátilo leyó la inscripción en voz alta, la misma se borro lentamente apagándose su viso, y del mismo lugar de donde apareció el mensaje saltó un pez dorado que nadó directamente hacia la red.
Crátilo perdió de vista al pez por un momento cuando éste se sumergió, al espacio de un poco más de tiempo pudo ver al mismo ésta vez empujando con fuerza la red en todas direcciones viéndose atrapado, y con mucha fuerza, por lo que el niño se levantó para resistir. El pez halaba fuertemente, el niño estuvo a punto de caer, pero finalmente se esforzó y pudo más sacándolo del agua. Luego de recoger la red rápidamente tomó con la mano al hermoso y brillante pez dorado; mientras aún se retorcía en su mano, metió la otra en la boca del mismo, para buscar la moneda mencionada por Hermes, sintió algo frío y sólido y deduciendo que era la moneda, sacó el objeto. Efectivamente era una moneda de plata, brillante y bien pulida. En ambos lados de la moneda había una leyenda en letras griegas que rodeaban el sello de un guerrero con una armadura completa sosteniendo en su mano izquierda un escudo el cuál descansaba en el suelo, y alzando una espada con la otra mano. Las inscripciones en el metálico decían lo siguiente: “Al violento dios Ares”. Sin darle mucha importancia el niño devolvió al pez al agua, puso la moneda en su boca para tragársela, y para su asombro la moneda se desmoronó en su garganta. Cuando terminó de tragársela empezaron a dolerle las extremidades, se sintió mareado, las manos y los pies empezaron a crecerle inexplicablemente, sus hombros se volvieron más robustos, su cuello empezó a estirarse un poco más, su cara se volvía más rústica, todo esto con dolor, empezó lentamente a transformarse todo su cuerpo tomando la forma de un fuerte guerrero mientras su ropa se desgarraba por el crecimiento de sus miembros; Crátilo se desplomó en el suelo y no se levantó hasta cuando el dolor cesó.
Al mirarse las poderosas manos, los anchos brazos, las robustas piernas, se fijó en que todo en él había cambiado –externamente pues internamente no cambió- se asomó por la orilla del pozo para ver su figura reflejada, pero no se encontró consigo mismo –el niño que era- sino con un hombre completamente formado, de fiera complexión, con un rostro de buen parecer, casi como el de un león listo para pelear. Empezó a admirar el tamaño de sus músculos haciendo poses como las de Heracles, su cabello había crecido hasta llegarle a los hombros, también le había crecido barba, su estatura era intimidante, su calzado le quedó pequeño por eso tuvo que quitárselo. Entonces empezó a reírse a carcajadas y con una voz gruesa, estremecedora como la de un trueno gritó:
-¡Gracias Hermes, ahora sé cómo vencer a Cerbero!-. Las paredes de la cueva retumbaron, y se escuchó el eco de su nueva voz largamente. Recordó buscar a Caronte para no perderse, y entonces caminó por el puente hacia la entrada de la otra orilla.
Capítulo IV
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Al cruzar la entrada natural de la gruta se encontró con un mar de lava ardiente, en donde había varias islas de rocas derretidas humeantes que servían de paso, y al fondo una serie de caminos y pasadizos esculpidos en la roca conduciendo a lo desconocido, por donde fluía también aquel fuego rojo. Empezó a recorrer las calientes galerías, estuvo largo rato caminando, el calor lo sofocaba, cuando ya sentía sus pies quemándose había recorrido tanto espacio de terreno que tal vez estaba a punto de llegar a la base de algún volcán, pero fue allí donde observó que estaba perdido y ya no reconocía el camino de vuelta. Siguió adelante para ver hasta dónde llegaba -no tenía opción- mientras se encontraba con un espeluznante cráneo fósil de algún animal extraño, al parecer un toro, o alguna bestia legendaria, y así se encontró más y más señales de muerte, una calavera por un lado, un par de fémures por el otro, una vértebra gigante después, huesos y más huesos, aquel lugar empezó a parecer más una tumba. El sitio empezó a temblar como si algo enorme se moviera por ahí, se escucharon unos terribles ladridos como de una jauría de lobos feroces que se acercaba a Crátilo, -éste debe de ser Cerbero- decía éste para sí mismo. Empezó a huir de aquel espantoso estruendo, y mientras corría empezó a encontrarse pedazos de escudos, corazas, yelmos, y espadas regadas por doquier como signo de las antiguas batallas libradas contra el monstruo, por ello pensó en agarrar alguna arma en cuanto tuviera oportunidad para poder luchar contra la bestia, finalmente, allá en un pequeño montículo rodeado de lava había clavada una enorme y espectacular espada que le llamó la atención. Ya se escuchaba cerca al animal, Crátilo corrió desesperado hacia la espada saltando el mar de lava que había alrededor de aquella colina, cuando llegó la agarró de la empuñadura, pero no vio que estaba tan caliente que ya despedía el rojo vivo característico del hierro fundido y se quemó las manos, no obstante, no muy lejos del arma había un par de guanteletes de bronce muy vistosos, los agarró y se los puso para protegerse, así inmediatamente intentó sacar el arma de donde estaba clavada hasta la mitad.
Del otro lado apareció Cerbero, Crátilo cuando lo vio se espantó sobremanera y con razón. La bestia (como ha sido descrita infinidad de veces por los poetas de Grecia) era un deforme perro que tenía tres cabezas, con enormes colmillos del tamaño de dagas, sus lenguas eran como de serpiente, sus cuellos apresados por grilletes y pedazos de cadenas rotas daba señales de haberse escapado del lazo de Hades por alguna razón, sus hombros, y sus patas estaban cubiertos de sangre, tenía una serpiente en lugar de cola, sus ojos resplandecían con un fulgor rojo, y su tamaño era descomunal. El gruñido de Cerbero era tan terrible que podía infundir temor incluso en los dioses guerreros del Olimpo, corrió hacia Crátilo mientras rugía y ladraba, mientras él estaba aún forcejeando con la espada y más todavía al ver a la bestia encontrarle. Puso toda su fuerza, finalmente algo se quebró en la base de aquella pequeña colina, la misma empezaba a resquebrajarse de lado a lado desde la espada, permitiendo que pudiera sacarla finalmente. Cuando la sacó se mostró el fuego mezclado con el rojo encendido de la hoja y su hermosa hechura, daba señas al parecer de haber sido forjada por Hefesto. La bestia venía ya muy cerca, Crátilo empezó a correr con la espada en alto dando el grito de guerra aprendido de su valiente padre amenazando a la bestia.
En un instante ambos ya estaban tan cerca como para hacerse daño, Crátilo lanzó una cuchillada sobre una de las cabezas de la bestia dejándole una herida profunda, pero no pudo cortarla, sólo hizo que el monstruo se enfureciera más, debía de huir, se internó por el laberinto candente del lugar, tratando de despistar a Cerbero, y finalmente encontró un angosto pasadizo, logrando escapar temporalmente, ya que la bestia no podía pasar por su descomunal tamaño por aquél camino. Crátilo buscó la manera de sorprender a Cerbero tendiéndole una emboscada, así que se alejó por otro lado para encontrarle desprevenido, mientras todo el lugar seguía retumbando por los pasos y ladridos del monstruo quién lo empezaba a buscar también. De repente se hizo un silencio aterrador, Crátilo se detuvo a escuchar su propia respiración, empezó a mirar a su alrededor sin conseguir ver o percibir algo, lo único que alcanzaba a oír era el burbujeo de los ríos de lava. Siguió caminando lentamente, algo crujió a sus espaldas, y cuando volteó vio a Cerbero acechándole.
Cerbero le atacó con una de sus cabezas, pero Crátilo se defendió empuñando la espada con fuerza clavándola en su garganta, el monstruo respondió entonces con su última cabeza mordiendo a Crátilo en la pierna izquierda, entonces Crátilo desesperado, con sus propias manos agarró las fauces de Cerbero, abriéndolas por completo retirándolas de su pierna con fuerza sobrehumana, y luego sin soltarle empezó a darle tirones hasta que sorprendentemente le arrancó aquella cabeza a la bestia. Cerbero aún seguía vivo, sus otras dos cabezas sólo estaban heridas, Crátilo, recordando que debía cortárselas todas, buscó su espada ésta aún seguía colgando de uno de los cuellos de la bestia, Cerbero saltaba como un caballo cuando es aguijoneado exageradamente con la intención de aplastar a Crátilo, pero Crátilo pudo esquivarle recuperando su arma y rodeándole; en eso se encontró con la cola de Cerbero, una serpiente con la apariencia temible de un venenoso basilisco que lo atacó tratando de morderle, pero Crátilo blandiendo la afilada hoja, logró pues cercenar la terrible efigie, aunque aún se movía en el suelo, Cerbero se dio la vuelta para seguir intentando dañar a Crátilo, que estaba ocupado tratando de huir de la serpiente, se abalanzó contra él, Crátilo se percató de la agresión, esquivando nuevamente al monstruo se colocó a un lado, alzó el acero lo más que pudo y le quitó otra cabeza. Después Crátilo se acerco a Cerbero un poco más para cortarle su última cabeza, alzó nuevamente la espada y ésta vez lo logró. Cerbero aún seguía vivo, totalmente desorientado buscaba a Crátilo para herirlo con sus garras, Crátilo sólo debía atravesarle el corazón, cuidándose de los feroces zarpazos del monstruo se puso enfrente de Cerbero y corriendo hacia él dirigiendo la espada hacia su pecho se la clavó en su corazón hasta la empuñadura. La terrible criatura se tumbó al suelo, retorciéndose violentamente, luego dejándose de mover, murió. Todo había sucedido demasiado rápido para Crátilo, y con mucha violencia, haciendo que no viera su pierna izquierda, tan destrozada, que la movía con dificultad. Tanta era la conmoción, ni siquiera sentía dolor. En un momento retornó su calma viendo a Cerbero despedazado en el suelo, sin embargo aún se sentía inseguro. Recordó entonces a la cola de Cerbero, miró a su alrededor buscando a la serpiente pero había desaparecido. Aún seguía en peligro, se movió hacia el cuerpo sin vida de Cerbero para recobrar su espada, y cuando apenas fue a dar el primer paso sintió un dolor punzante en la pierna, haciéndole caer al suelo. Mientras sufría, varios pensamientos le vinieron a su mente. Viendo a su alrededor y asimilando lo que había pasado, recordó que sólo era un niño, o solía serlo, entonces no pudiendo soportar el dolor de su pierna rompió a llorar con desconsuelo. Entre sollozos intentó levantarse a pesar del dolor, dando unos cuantos tumbos calló otra vez al suelo, donde se quedó acostado boca abajo ahogado en el suelo arenoso.
Éste momento era particularmente difícil para el muchacho, pues fue como quitarse un velo de los ojos que no le permitía ver la realidad. Todo por lo que había pasado hasta ése momento era para él una grandiosa aventura, nada más, estaba participando de algo muy grande para él, pero no lo había entendido. Yo sé hoy que Crátilo vivía una nueva etapa de su madurez, aunque muy prematura, pero ya ocurría un cambio importante en su interior. Sus pensamientos lo llevaron a recordar su propio reflejo, proyectado en aquel extraño portal por el cual había ingresado a ése mundo implacable, llegando a compararlo con el hombre que vio reflejado en el lago donde usó el favor de los dioses, reflexionando que tal vez no merecía ser ‘el elegido’, y aún no estaba listo para lo que fuese que esto significara. En sólo esos pocos momentos de angustia, ya no sólo pensaba con criterio propio. Ya no era un guerrero en apariencia, sino internamente también, al meditar. De todas formas se sentía inseguro todavía de poder lograr todo aquello que debía supuestamente lograr. Yo pienso ahora que tal vez un verdadero hombre no lo es sólo por lo fiero que sea en batalla, o por tener mucha fuerza, o ser muy violento, lo es más bien por el valor de levantarse, por tener la suficiente voluntad. Se alzó entonces para seguir adelante y ver lo que le depararía el destino.
No se podía detener en aquél lugar puesto que moriría asfixiado de calor, tomó la espada sacándola del cuerpo de la bestia, para usarla como bastón, y empezó a andar. De lejos pudo observar los ríos de lava terminando en un precipicio, si caminaba exactamente del lado contrario regresaría por donde había entrado, según sus conjeturas. Mientras veía los ríos de magma cayendo por el despeñadero observó la sombra de una mujer caminando por el orillo del mismo, por encima del fuego. La mujer se le acercó, y las llamas iluminaron su hermoso rostro, era Atenea. Llevaba en su mano su lanza, portaba su égida, y mostraba su vistoso casco llevándolo alzado sobre su rostro, adornado con dos grifos mirándose entre ellos, y vestida con la larga y blanca túnica de la castidad. La diosa lo miró compasiva. Dando un largo suspiro ella dijo:
-¿Hasta cuándo los hombres serán tercos?, me pregunto si alguno de éstos días podrá existir alguien que le dé la importancia que se merece al consejo y a la inteligencia, amantes esposos que le dieron todo lo que tienen hoy día los mortales, pues los hijos de éstas deidades siempre serán la abundancia, la paz, y la salud. Pero todos desprecian un consejo en estos tiempos creyendo en su propia sabiduría, la cuál es tan corta que no pasa de sus propias narices. Crátilo, comparando vuestra presente figura con vuestro anterior rostro infantil, ¿a caso no os da vergüenza lamentar lo que los dioses han querido hacer con vuestra vida desde que nacisteis, eligiendo el lugar y la hora en que sucederían éstas cosas para fomentar el sosiego eterno del mundo en el que vivís?, ¿Cómo os sentís ahora Crátilo?, ¿Podéis estar seguro de vuestros pasos?- Crátilo estaba absorto con sus palabras fuertes, vehementes, sabiendo a quién tenía enfrente, se puso nervioso al no poder contestar con una sola palabra las preguntas que le hacía la diosa la cual se había detenido para escuchar sus respuestas.
-Respondedme, Crátilo-prosiguió la diosa- si apetecéis aprender la verdadera sabiduría, decidme, ¿Qué pensáis de vuestro propio ser?-
-Yo creo que,-habló Crátilo de forma tímida- tal vez soy un cobarde.
-Exactamente,-replicó la conocida por ser sabia- habéis proferido honestamente, pues sabéis que vuestro valiente padre antes de morir os mandó a que nunca retrocedierais en una pelea, fue una enseñanza que os dejó como su única herencia, la cual al principio de vuestra lucha contra vuestro primer obstáculo pusisteis en práctica, pero decidme ahora ¿cómo os sentisteis cuando no retrocedisteis en el momento en el que Cerbero os encontró?-
-Me sentí muy poderoso, en realidad no sé cómo explicarlo-Murmuró Crátilo.
-Así es porque en ése momento yo sostuve vuestros brazos, afirmé vuestras piernas, os di entereza, pero en realidad el que corrió con valentía contra Cerbero fue vuestra propia fuerza, vuestra confianza, al haber recordado a vuestro padre en ése instante sentisteis su apoyo, lo sé porque observé vuestra mente en todo momento, de todas formas, ¿sabríais explicar por qué habéis terminado herido, y tan cerca de la muerte?-Crátilo permaneció de nuevo en silencio, se sentía contrariado, clavó sus ojos en el suelo por un rato, luego dijo con voz quebrada:
-No lo sé-
-Pues dejadme deciros que por un momento dejasteis de confiar en vuestra fuerza, no porque halláis retrocedido, pues no lo habéis hecho en realidad, sino porque habéis dudado, y por ello estáis así. Pero no hablo de vuestra pierna Crátilo, sino de vuestro espíritu, estáis herido por dentro. Por fuera vencisteis a Cerbero, por dentro estáis derrotado, esto no debería ser así.- Crátilo se dio cuenta de que el razonamiento de la diosa era justo, se sintió aún más avergonzado, sintió ganas de llorar, pero pensando en que ya era un hombre gracias a los dioses, se contuvo.
-Crátilo,-prosiguió Atenea- dejadme deciros que os he hablado duramente por vuestro bien, no por que quiera ahora ser vuestra enemiga, escuchad mi voz que ahora dulcificaré y calmaos. ¿Creéis que no sé cómo os sentís pequeño?, sé que aún no sois totalmente un hombre por dentro, aunque ya lo seáis por fuera gracias a Ares, que accedió a aprender una valiosa lección con esto que os está ocurriendo. Ares no tiene corazón, vive gozándose de la violencia, de la brutalidad, es un traicionero, sin embargo sigue siendo hijo de Zeus, y por más que sea despreciado tiene derecho a cambiar. Sólo necesita aprender que un guerrero puede también tener sentimientos y ser como un niño en ocasiones; él se cree invencible pero no se da cuenta de lo ciego que está, un verdadero guerrero se vuelve invencible cuando lucha por una razón, cuando tiene un motivo poderoso, un buen motivo para pelear, en cambio quien hace guerras sólo por hacerlas es vencido fácilmente en algún momento por aquel que si tiene justas razones. Sois, Crátilo, la contraparte de él, para esto habéis nacido, para liberar a las almas perdidas, para vencer todo mal, para enseñarle a Ares que un niño puede también pelear, sin ser sanguinario de corazón, sin amar la violencia, sin tener que fomentar el terror, y el miedo, manteniendo la justicia, la lealtad y la pureza, todo esto es posible aunque suene a ironía. Sois ahora otro dios, pero aún seréis un mortal para que probéis en su totalidad que en verdad valéis oro. Aún os quedan muchas batallas que librar, ésta ultima que habéis tenido con Cerbero ha sido apenas el primer paso de un viaje largo, por eso no podéis equivocaros nunca más en nada grande ni pequeño si pretendéis lograr ser el héroe que debéis ser, tenéis que jurarlo por vuestra familia, no debéis dudar nunca más ¿lo haréis Crátilo?-Crátilo inmediatamente se puso de rodillas ante la diosa, inclinando su rostro, en señal de respeto y le dijo:
-Yo lo juro por mis padres, y por mi hermana, no volveré a dudar, pelearé por ellos. Os doy gracias gran señora por haberme ayudado a vencer a Cerbero-
-No fui yo en realidad-replicó Atenea- recordad, fuisteis fuerte cuando la causa por la cual seguís vivo llegó a tu corazón, siempre estaré cerca para ayudaros, os lo juraré ahora por mi lugar en el Olimpo, así que debéis formar vuestro corazón, renovar vuestra mente y vuestro espíritu. Se acercan momentos aún más difíciles, podéis utilizar esa espada, ya que aguardaba ser encontrada desde hacía siglos y os servirá de ayuda, pero no olvidéis que con ella o sin ella podréis vencer lo que sea si no dudáis, regresad al lago Mnemósine, el lugar por donde llegasteis, y seguid la corriente del río que visteis sin desviaros por sus vertientes más pequeñas, así encontraréis a Caronte, para que él os guíe por el inframundo, pues él os llevará a que veáis a vuestros padres y a vuestra hermana, y os dará vuestra próxima misión, y no dudéis nunca Crátilo, hasta pronto- De los pies de la diosa se levanto una fina y blanca polvareda que la cubrió por completo, y la hizo transformarse en un mochuelo pardo, que al emprender el vuelo se dirigió exactamente hacia la dirección que Crátilo había pensado en tomar para devolverse al legendario pozo o lago Mnemósine donde pescó el favor de los dioses. Para él fue difícil caminar de vuelta con la pierna herida, estuvo un largo rato andando a orillas de los ríos de lava. Crátilo caminó lo suficiente como para encontrarse con el cadáver de Cerbero dos veces, había andado en círculos. Había perdido el rastro de Atenea, entonces se le ocurrió llamarla para que le guiase de nuevo.
-¡Atenea dónde estáis!, ¡me he perdido, ayudadme!; ¡Atenea, venid ahora!- gritaba Crátilo, y así lo hizo muchas veces pero por alguna razón la diosa no apareció en ningún momento. Se tuvo que armar de más valor, estaba cansado, tenía mucha sed y hambre, tanto tiempo estuvo a la deriva desde antes de llegar al inframundo, ya el calor le debilitaba. Intentó reanudar su camino, anduvo por las galerías perdido por más tiempo aún, cada vez con más lentitud por la fatiga de caminar con una sola pierna apoyado en su espada, cuando en un momento escuchó algo arrastrándose por el suelo en algún sitio. Se puso alerta pensando en qué sería lo que le esperaba, la cola de Cerbero vino a ser preocupación, ésta aún seguía con vida, el pánico lo invadió ésa vez viéndose imposibilitado de poder pelear, e intentó huir para encontrar la salida lo más pronto posible evitando encontrase con la serpiente. Mientras cojeaba aprisa se tropezó y cayó; desafortunadamente la serpiente lo encontró y se dirigió a él. Crátilo se intentó levantar, pero ya era demasiado tarde, la serpiente ya estaba enrolándose en su cuerpo para asfixiarle, intentó alzar la espada para defenderse pero la serpiente ya lo apretaba, no se podía casi mover. Asfixiado y cuando estuvo a punto de resignarse Crátilo se acordó de las palabras de la diosa, entonces recuperó el ánimo, e hizo toda la fuerza que pudo apretando sus brazos en contra de la serpiente. –Pude arrancarle una cabeza a Cerbero con mis propias manos, puedo hacer lo que sea- pensó Crátilo, y luego logró destruir a la serpiente desgarrándola como si fuera una vieja cuerda de cáñamo, lográndose zafar; en seguida agarró su arma y terminó con el basilisco atravesando su cabeza desde un costado, detrás de sus ojos. Poniéndose de pié, siguió caminado un poco más hasta divisar al fin la entrada al pozo, cruzándola se encontró nuevamente a Atenea en su forma de lechuza posada en un balaustral del pasadero de madera, e introduciéndose en la mente de Crátilo, habló diciéndole:
-Sumergid vuestra pierna herida en el agua- después se fue volando por encima del lago verticalmente tomando curiosamente el camino que conducía hacia la superficie, donde estaba el espejo de donde había caído Crátilo. Él hizo caso a la diosa, cruzó el puente, luego caminó hasta el orillo del pozo, trepó como pudo para bajar y acercarse al agua, y sumergió su pierna. Cuando la sacó se había regenerado por completo quedando sin cicatriz y completamente sana (pudo haber bebido de aquel pozo para saciar su sed pero no lo hizo por temor). Contento de esto volvió a subir a la orilla del pozo con la intención de seguir el camino por donde había entrado anteriormente Hermes con la pequeña barca (la cual seguía allí), según Atenea era el camino hacia Caronte. Crátilo pensó en tomar la barca para cruzar el río, pero aún tenía la espada encendida al rojo vivo, con el fuego de llamas inextinguibles, temiendo la posibilidad de incendiar el endeble transporte, se le ocurrió que si metía la espada en el agua, tal vez apagaría el fuego de su hoja.
Cuando la metió al agua, la espada seguía encendida, aguardó y soportó el vapor caliente subiendo de la misma por un momento. El tiempo pasaba, se empezó a intranquilizar, la espada seguía calentando el agua hasta hacerla bullir exageradamente. Luego la sacó para ver si había hecho algún progreso, pero la espada seguía incandescente como antes, parecía no haber remedio al problema. Tomó la decisión de llevar siempre la espada en su mano sin apoyarla en la barca, para remar con un solo brazo hasta llegar a Caronte imaginando corto el viaje. Se lanzó al lago para poder alcanzar la barca, tomó uno de los remos emprendiendo su camino, notando que solamente en la cueva del lago había antorchas y estaba a punto de adentrarse en la obscuridad del río subterráneo, y alzó la espada ardiente para poder ver con claridad. Empezó a escuchar voces, llantos, largos lamentos y gritos, parecían provenir de las paredes de la gruta del ancho río, Crátilo trató de ver de dónde provenía tal bullicio, pero no veía nada, más adelante lo olvidó, porque no lo pudo escuchar más, en realidad él se hallaba posteriormente en un sector del inframundo poco poblado por los espíritus.
Había arañas de gran tamaño y de toda clase colgando del techo, algunas de ellas se vieron atraídas por el brillo de la espada, entraban en la barca, y Crátilo las espantaba dando cuchilladas de un lado a otro sin tocar la barca; una de ellas trepó en su espalda, él espantado intentó quitársela, soltando el remo, y cuando al fin se la quitó de encima, se asomó al agua para ver si era posible alcanzarlo, pero no pudo distraerse porque seguían bajando del techo más de esos molestos animales, él además temía que fuesen venenosos, según los relatos que había escuchado sobre tales criaturas del inframundo. Tomó el otro remo, mientras se cuidaba con la espada, hasta que llegó a un punto en el camino donde desaparecieron los arácnidos. Llegó a una sección del río, en donde se hallaba una pequeña isla en medio de la corriente, y allí había un hermoso, gigantesco y frondoso árbol de álamo blanco, iluminado por un halo de luz pálido casi vertical, parecía provenir de algún agujero del subterráneo por el cual se internaba la luz del sol, pero sin existir alguna oquedad siendo de noche en aquel momento en la superficie, no era posible dicho fenómeno. Cuando él se fijo un poco más, el árbol parecía mover sus ramas sin haber ni un poco de aire por esas galerías, y lo hacía graciosamente como estando en medio de un baile ritual.
Cuando la barca pasó al lado del árbol se escuchó la voz suave y muy hermosa de alguna mujer, que parecía venir del álamo, era como un susurro suave, un canto tímido en donde no se distinguían palabras, Crátilo seguía remando, -¿Quién está allí?, ¿Sois Atenea?- preguntó Crátilo para ver si alguien le respondía, mientras aún se escuchaba aquel extraño canto, quiso considerar mejor si la voz en verdad venía del árbol, por ello acercó la barca a la orilla de aquella pequeña isla, se bajó y camino hasta llegar al álamo. Puso su oreja en la corteza de aquel hermoso árbol para oír mejor, cuando de repente una risita inocente se escuchó.
-No, no hagáis eso, ji ji ji ji ji, me hacéis cosquillas- dijo la vocecita femenina desde el árbol a lo que Crátilo reaccionó retirándose de inmediato asombrado. – ¿Quién sois?-preguntó la voz-, ¿un dios?, traté de hipnotizaros con mi canto pero no ocurrió nada.- Crátilo respondió:
-Me llamo Crátilo, y no, no soy un dios, todavía. ¿Quién sois?, ¿estáis atrapada en éste árbol?, ¿qué cosa sois?-
-Mi nombre es Leuce,- respondió la hermosísima voz - soy la ninfa de los bosques, y de toda la naturaleza, soy especial en gran manera. Antes libre como las gaviotas del mar y ninfa del océano, ahora mi vida depende de éste álamo.-
-Pero, ¿Qué fue lo que os aconteció?-preguntó Crátilo intrigado.
-Ah, es una triste historia que quisiera olvidar-dijo la voz que ahora se volvía taciturna.
-¿Podré tal vez ayudaros?- Indagó Crátilo.
-No lo sé creo que es imposible, de todas formas os contaré mi historia, pero ¿prometéis no decírselo a nadie?- solicitó el árbol parlante.
-Lo prometo Leuce- dijo Crátilo solemne.
-Muy bien-dijo la ninfa encantada- si queréis recostaros a mis pies, o mejor dicho, a mis raíces, os lo permito, pues ésta historia es un poco larga.- Crátilo con expresión curiosa en su rostro se sentó a la sombra de aquel árbol- En los tiempos jóvenes de la edad de Oro- prosiguió la ninfa -, yo vagaba libre por la naturaleza, como decía, sin preocupaciones, mi hermosura según yo recuerdo, era grande en extremo, nadie competía con mi belleza. Un día me perdí en los verdes campos de Arcadia, buscando la primigenia flor de lirio, de la cual existen todas las demás flores de su especie, y la que representaba mi pureza. Quería cortarla y ponerla en mi cabello, para darle más honor e importancia, y quería convertirme en su guardiana. Cuando la conseguí no sabía que me encontraba cerca del río Estigia, y que por allí me espiaba Hades. Él se enamoró de mí. Estaba obsesionado, pero yo no le correspondí, entonces quiso poseerme a la fuerza. Y lo hizo, me despojó de mi virginidad, de mi pureza, me maltrató en extremo, y la legendaria flor de lirio, que ahora estaba manchada de la sangre de mis entrañas, quedó en sus manos, él la escondió para ocultar su crimen. Perséfone se dio cuenta de lo acontecido, y cuando estaba en mi vergüenza, llorando mi tragedia, ella me trajo hasta acá. En aquel momento le dije que deseaba la muerte, pero lo dije sin pensarlo, en verdad no quería morir, aunque me sentía destrozada. Entonces sus celos, y su rabia hicieron que pensara en convertirme en lo que veis, para que no pudiera ser objeto del deseo de su esposo. Y aquí he yacido, durante más de cien años, o tal vez siglos, en realidad no sé. He perdido la noción del tiempo, ojalá pudierais ayudarme.-
-En verdad es muy triste vuestra historia,- dijo Crátilo maravillado - ¿Pero cómo os ayudaré?, no sé en realidad que debo hacer ni a quién debo acudir. Decís que es imposible ¿no?-
-Eso es lo que yo creo,- replicó Leuce- pero en realidad, sí existe una forma de sacarme de ésta soledad-
-¿Cuál es?, decídmelo- dijo Crátilo que ante nada podía guardar su curiosidad.
-Pero antes, explicadme lo que dijisteis antes,- exigió la voz- ¿Qué es eso de que ‘todavía’ no sois un dios, acaso lo seréis?, ¿Quién sois en verdad?-
-Pero esa es otra historia larga- respondió Crátilo mostrando molestia en su semblante.
-No hay problema, deseo escucharla, de todas formas yo os prometo que no me moveré de aquí, ji ji ji- Respondió la ninfa en tono divertido.
-En realidad es una historia que ni yo mismo comprendo- dijo entonces Crátilo -, hace poco la ciudad donde vivía, Tebas, fue invadida, mis padres y yo huimos, yo tenía además una hermanita pequeña, de tres años solamente, era la única familia que conocía. Murieron…-Crátilo hizo una pausa enfática conteniendo el nudo de su garganta para no romper a llorar.
-Oh, en verdad lo siento- dijo la ninfa, y así Crátilo prosiguió con su relato contándole a ella todos los detalles de lo que le había acontecido. Cuando finalizó de contarlo todo, Leuce con voz impresionada y conmovida le dijo:
-Sí que habéis sufrido mucho, pero sabed esto, pienso que no ha sido en vano, porque conozco la profecía que hablaba sobre aquel salvador que vendría a liberar a los muertos. Realmente sois la persona indicada para cumplir la profecía. Os admiro por ser tan valiente-
-Gracias- respondió Crátilo sonriendo- Entonces, ¿qué es lo que debo hacer para liberaros?-
-Es algo muy difícil,-señaló Leuce- pero ahora conociéndoos mejor, sé que podréis lograrlo. La única manera de romper con el hechizo que me hizo Perséfone, es consiguiendo la flor de Lirio que había tomado de los jardines pasivos de Arcadia, y poniéndola de nuevo en mi cabello, es decir, en la copa del árbol en el que fui transformada, purificándola antes con las aguas del río Lete, el río del olvido. Hades la escondió según yo sé en la morada de Bridela, la más grande araña del inframundo, que vive junto con sus hijas cerca de aquí en un lugar que desconozco.-
-Creo que hace un momento pasé por allí sin darme cuenta- dijo Crátilo.
-¡Qué bueno!,-gritó la ninfa- estamos cerca de la solución, pero dejadme deciros que eso no es todo Crátilo, deberéis tener mucho cuidado porque el camino a Bridela está lleno de trampas y laberintos que puso Hades para evitar que los que intentaran liberarme pudieran obtener la flor.-
-Tendré cuidado, ahora esperadme, que voy ya mismo a buscarla- dijo Crátilo mientras se dirigió a la barca con el fin de encontrar a Bridela.
-Que tengáis buena suerte, y que Atenea os acompañe- dijo la Ninfa despidiéndose de Crátilo agitando una de sus ramas. Crátilo empezó a remar volteando la barca para regresar al lugar donde se había encontrado a las arañas, pensando en que obviamente encontraría por allí el camino a Bridela. Cuando llegó a aquél punto, revisó con cuidado cada palmo del sitio para cerciorarse de la existencia de algún pasaje, o entrada pequeña que pasara por desapercibido la primera vez que estuvo por allí. Con su espada encendida iluminaba cada rincón del sitio, aunque las arañas lo molestaron de nuevo tratando de llegar a él. Vio en un lugar entre el techo y la pared de un lado de la gruta una telaraña descomunal, y detrás de la misma un hoyo mediano en donde había un arácnido más grande que los que había visto. No le prestó mucha atención, siguió buscando, y se sintió frustrado pues no encontró ningún otro pasadizo. Cuando pasó de regreso en la barca por dicho sitio, pensó en descubrir si ése era el acceso hacia Bridela. Tuvo que acercarse a la rocosa pared de la gruta para luego con mucha dificultar trepar por ella hasta llegar al techo. Con su espada quitó las telarañas que tapaban la entrada al hoyo, prendiéndolas todas en llamas hasta consumirlas. Crátilo se introdujo por el hoyo, y luego vio que el mismo conducía a otra galería. –Por fin, un pasadizo- pensó. Se metió lentamente por el alto hueco, para evitar caerse de cabeza desde el techo, y sosteniéndose con dificultad con su espada pudo trepar hasta el suelo de la otra galería. Caminó a través de la oscuridad por el lugar, y se encontró con una singular piedra redonda que al parecer tapaba la entrada a otro corredor más, y que poseía una inscripción en su centro que decía lo siguiente: “Si queréis a Bridela encontrar, un acertijo debéis resolver, cosa propuesta a reyes y sabios, sin poderse contestar, pues es pregunta para mucho meditar, y sólo un sabio podrá comprender. ¿Qué cosa es la felicidad?”, Crátilo se dio cuenta de la difícil prueba que tenía delante, ésa era una pregunta muy profunda. Se sentó en una roca que tenía cerca, clavó su espada en el suelo para descansar de ella, se quitó los guantes de bronce colocándolos a un lado, puso su puño izquierdo entreabierto sobre su mentón apoyando su codo sobre su muslo derecho, recordando con trauma la fractura que sufrió su otra pierna por Cerbero, y adoptó la posición de un pensador, o de un poeta meditando en las líneas de alguna obra literaria imaginaria. Su cabeza empezó a inclinarse, por la melancolía que comenzaba a formarse en su corazón por estar en un lugar tan lleno de tinieblas y soledad como lo es el inframundo, aunque estaba apenas en una de sus entradas sin saberlo bien. Una serpiente pequeña vagaba por allí, al parecer habían cortado su cola por lo que se movía toscamente como un gusano de seda. Crátilo fijó su mirada en la serpiente verdosa, y miró más allá los ojos de Medusa convirtiéndose en piedra desde ése momento, quedando como una solemne estatua erigida por algún artesano habilidoso para expresar sentimientos, ilustrando los hábitos del espíritu de los hombres.
Estando petrificado era como si hubiese dejado de existir repentinamente, eso es lo que pasa normalmente con aquél que es tocado por el poder de la legendaria Medusa, la cual vagaba sin cabeza por el inframundo según la lógica que dan a entender las historias de los dioses (aunque haya miles de versiones diferentes todas son hechas de la misma sustancia). Transcurrieron tres días y tres noches según el tiempo medido en la superficie donde se puede ver la luz del sol, hasta que el dios Apolo se conmovió y decidió tener su parte en la historia que estoy describiendo celosamente, ayudando a Crátilo a salir del trance en que se hallaba, de una forma espectacular. Por tanto cuando Crátilo despertó, para él esos tres días sólo representaron el corto tiempo que hay en un pestañeo, observó al dios sentado a su izquierda en el suelo con una lira en sus manos, jugando con vagas notas como para apagar el silencio, y vio a su derecha una réplica de sí mismo un poco tosca tallada en piedra con la misma figura de un ser humano en posición de meditación, posición que había adoptado momentos antes de que viera una de las peligrosas hebras del cabello de la Gorgona mortal y a su rostro.
Apolo, dejando de tocar su arpa la hizo desaparecer de sus manos, luego poniéndose en pie, entonó el fragmento de una singular oda que rezaba así:
-Vuestros ojos no se cierran /y sacan a la lumbre la sapiencia, /Crátilo, cuando aduran/ vuestros brazos la conciencia/ y del solapo hogar, todos lamentan.- Se acercó más a Crátilo para extenderle la mano levantándolo y diciéndole además lo siguiente:
-Sois libre ahora, por poco se apagan las luces de la esperanza que aguardaba por vuestra disposición. Las sombras no pueden de todas formas con la fuerza de la constancia.- En eso Crátilo cobrando ánimo preguntó:
-¿Que me ha sucedido?, ¿y, por qué está esa estatua de mí allí?-
-Hades quiso parar vuestro andar, poniendo tropiezo en este lugar, -decía el dios- pues él sabía que pronto vendríais a rescatar a la doncella perdida, la del océano, que convertida en árbol cuidaba ahora su nueva profesión de ser la ninfa de todas las cosas del mundo natural. Se sirvió de la cabeza de Medusa cortando además sus hebras de serpiente, esparciéndolas por ésta entrada para que fueseis convertido en piedra para siempre o envenenado, pero no pensó que yo te apoyaba pues yo soy el escritor de vuestras venturas, de vuestro destino, el labrador. Yo profeticé sobre vuestra llegada y ahora no permitiré que sucumbáis y no cumpláis con vuestra misión. Así que miré en vuestra condición de piedra la solución a vuestro problema, me dispuse a labrar una estatua igualando vuestra figura, para usar de mi artificio de engañar a la muerte colocándoos luego encima las gotas de sangre que de Medusa sirven de medicina y antídoto en vez de veneno cortante. Ahora continuad que seguiré vigilándoos como lo hice desde que entrasteis en batalla con Cerbero, no temáis cuando me veáis, sabed que estoy de vuestro lado, y ahora debéis seguir vuestra carrera en contra del mal pasando la prueba que viene, tened cuidado que las serpientes de Medusa aún siguen por aquí, por tanto cuidad lo que pisáis para que no caigáis de nuevo, del rostro de la Gorgona no os inquietéis, que yo ya he hecho lo que debía con éste objeto de maldad.- Apolo luego se mostró en su forma de lobo a Crátilo, quien viéndolo recordó al lobo que había visto junto con Hermes en el lago Mnemósine. Apolo lo dejó, corriendo en su forma animal a través de las sombras de aquél lugar perdiéndose de vista en la misteriosa bruma negra. Crátilo estando solo observó maravillado la estatua que Apolo había tallado, representando su figura-aunque no era una exacta copia-quedando aquel monumento como testigo de lo que en aquel momento de la historia ocurría.
Luego se acordó de la entrada en donde estaba aquel acertijo difícil de responder, y se dispuso a recorrer su pensamiento como antes para tratar de buscar la solución, sentándose al lado de su estatua, volviendo a agachar la mirada sin levantarla, por temor de encontrarse con el rostro de otra gorgona que no fuese Medusa. Muchos hombres sabios han tratado de explicar qué cosa es la felicidad sin poder hacerlo bien. Crátilo volviendo a leer la inscripción de la roca redondeada admitió en su corazón que vivió con sus padres tiempos felices, había sentido ese gozo, esa alegría, pero nunca se había detenido a preguntarse qué era ese sentimiento, pues en realidad no necesitaba preguntárselo, sólo lo disfrutaba. Cada vez que sonreía en esos tiempos los latidos de su corazón se hacían fuertes dándole más salud, se sentía aliviado al lado de sus padres, quienes le dieron una vida sencilla y de paz durante su niñez. Siendo aún niño por dentro en aquel momento según dijo Atenea con algo de verdad, todos sus recuerdos eran muy vívidos, claros como el cielo azul, puesto que en realidad no había pasado mucho tiempo. ¿Qué cosa puede ser la felicidad para un niño?, me pregunto yo mismo al escribir esto, porque no había pensado que algún niño tuviera la necesidad de definir su felicidad al contrario de los adultos. Porque cuando un hombre alcanza su madurez se da cuenta del sufrimiento existente a su alrededor, asumiendo que la felicidad es difícil de hallar en éste mundo, pero sin embargo ignora que en realidad la felicidad no la ha perdido nadie ni es necesario buscarla pues todos nacemos con este sentimiento. Somos nosotros los que tenemos el poder de tocar la felicidad con nuestras manos sin tener que evitar que se nos esfume. Porque es sencillamente, además de un buen sentimiento, una decisión. Porque las cosas que suceden en el exterior no condicionan si seremos desdichados o gozosos. Crátilo recordó la inverosímil frase que apareció como una esmeralda iluminada por la luna, que rezaba: ‘la felicidad es una ilusión’.
Pero para él fue difícil aceptar tal afirmación porque de ser una ilusión todo aquello que había sentido con su familia sería una terrible tragedia, convirtiéndolo en la persona más digna de conmiseración pues nunca alcanzaría la felicidad de nuevo. Irónico sería pensar que los dioses escribiesen aquellas palabras en el lago Mnemósine siendo ellos supuestamente los responsables de la felicidad de muchas almas, pues además siendo dioses entendieran con rectitud todas las cosas espirituales, entendieran qué es bueno y qué es malo. Es difícil para un verdadero griego hoy día pensar que los dioses son iguales o peores que los mortales en cuanto a entendimiento. La justicia debe siempre ser aplicada desde los reyes hacia sus súbditos y no al contrario, ya que de ser así el rey ya no sería estimado rey, sino como un tirano que es necesario derrocar. Por eso también Crátilo dudaba que aquellas palabras fuesen producto del intelecto de Hermes, o de Apolo, o de Atenea, podía ser una trampa de Hades para que se confundiera, era lo único lógico al saberse del deseo que tenía éste dios en particular de conservar su reino a pesar de cualquier profecía. Entonces Crátilo en voz alta respondió el acertijo con lo primero que le vino a la mente diciendo:
-La felicidad es real-Esperó a que sucediese algo, que la piedra se moviera o que recibiera la respuesta de alguna voz pero no pasó nada. Al parecer la respuesta que quería dar no era la correcta. Entonces levantándose, comenzó a caminar de un lado para otro, empezaba a confundirse en sus pensamientos, se sentía abrumado además, todo era incomprensible, cada cosa que pasaba de hecho ya lo tenía confundido desde hacía un tiempo, desde que perdió a su familia. Aún se rehusaba a responder que la felicidad no existía, pues todo aquello que no existe, puede verse como una ilusión con facilidad, pues eso que llamamos ilusión, no es tangible, no puede verse con certeza, ni con claridad, es inalcanzable, y difícil de comprender. Entonces llegó a una conclusión impensable para algunos, tal vez la felicidad si es una ilusión pues no es algo que sea tangible, ni puede verse, sólo sentirse, parece inalcanzable y es difícil de descifrar. –La felicidad es una ilusión- dijo entonces Crátilo sorprendido de oírse decir tal frase como si estuviera convencido y en voz alta. Entonces la piedra del acertijo se esfumó, desapareció bruscamente, sin siquiera dejar rastro ni polvo en su camino desconocido, simplemente dejó de existir. Crátilo aún estaba perplejo, -entonces la felicidad no existe por ser una ilusión- dijo una voz en su interior, su propia conciencia lo dijo, y él lo escuchó como parte de las meditaciones en las que estaba absorto en ése momento. –Es una ironía- respondió Crátilo a su conciencia.
Capítulo V
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En éste punto de la historia ya no seré más un narrador omnisciente, pues ahora paso a ser un objeto presente en ella, ahora hablaré como testigo que fui de los hechos que a continuación narraré, Crátilo seguirá siendo un personaje principal por supuesto, pero veo la necesidad de hablar de mí aunque al principio no quería. Mi nombre es Ettos, y nací en lo que hoy es la gran ciudad de Mileto. Soy hijo de Prometeo, y tengo por madre a Helena, nunca supe quién era mi padre hasta cuando cumplí mis ocho años, momento en que perdí a mi madre, quien murió ahogada en los mares Egeos cerca de Lesbos. Ella vivió junto conmigo durante un tiempo en la isla de Samos, allí aprendí todo sobre los dioses, a pesar de que nunca tuve contacto con ellos en mi niñez, ambos éramos invisibles ante el mundo, nadie nos conocía, vivíamos apartados de todos, éramos ayudados por Prometeo, quien siempre nos proveía de alimento, vestido y protección aunque nunca vi su rostro hasta aquella noche funesta en que no pude ver más la tez de mi progenitora. Ella quería buscar a su hermano, Caóm, quien vivía en Atenas, para pedirle algo, como dije para entonces tenía sólo ocho años, no recuerdo muy bien cuál era el motivo de nuestro viaje a través del mar para encontrarnos con su pariente, pero lo que sí sé es que nunca más quiso nombrar a mi padre a partir de ésos momentos, la recuerdo molesta por alguna razón, y cuando le pregunté por él, me habló fuertemente ordenándome que no preguntara más, asegurándose de nunca dar una respuesta.
Ocurrió pues la tragedia, cuando nos dirigíamos en una embarcación de mercaderes rumbo a Atenas, una tormenta nos azotó, naufragamos, quedando sólo yo salvo del agitado mar de la manera que más adelante referiré, atrapado en un torbellino que me arrastró lejos a un lugar inexplorado, donde había extrañas islas flotantes, y donde vivía Eolo, guardián de los vientos. Allí vi a Prometeo, las únicas palabras que profirió entonces fueron:
-Ettos, ya seréis pronto un hombre, deberéis cuidaros sólo, pero no desesperéis, yo siempre estaré a vuestro lado para apoyaros, os lo juro- así habló, pero él nunca cumplió su promesa, ni su juramento, siempre que me hallé en una situación difícil, le llamé, pero no respondió en ningún momento. No, no lo he visto desde entonces. Cuando dejé la niñez me fui a Atenas a vivir con mi tío Caóm, y me uní al ejército del rey Adrastro y los siete contra Tebas, los padres de los Epígonos. Era un guerrero valiente y feroz, nunca me rendía, utilizaba toda la furia que había en mi interior para luchar, y muchas veces fui sanguinario y brutal. Pero olvidé que era hijo de un dios y de una mortal, siendo un semidiós, por lo tanto un hombre inmortal, todos me creían demasiado diestro y avisado para no haber muerto en alguna de tantas batallas peligrosas que libré, ignoraban mi naturaleza. Nunca lo deseé. Yo no elegí ser lo que soy, ni lo elegiría si pudiera hacerlo para volver a nacer. Reconozco además que al principio de éste relato escribí las palabras que deberían decir todos los mortales, y me creí yo mismo uno de ellos, pensando tal vez, en el poder de las palabras para crear lo imaginario. Sí, aún, a veces me hablo a mi mismo como si fuera un mortal, y también hablo de ésta manera para los demás tratando de engañarlos, pero es inútil. La verdad es como el agua que siempre encuentra su camino aunque halle mil obstáculos.
¡Cómo deseo morir ahora mismo aunque suene cruel!, ¡cómo quisiera dejarme rendir en un sueño infinito donde encuentre la paz y el sosiego eterno que tanto anhelo! En realidad estoy como muerto ahora, pues no siento nada. Sé lo que los dioses sienten, sufro del mismo aburrimiento, del mismo letargo profundo de los sentidos, de tanto sentir me he cansado. Suena todo como una espantosa redundancia, lo sé, es como un círculo existencial del que no hay cómo escapar, y sin embargo no pienso como los dioses. ¡Ha!, ¡Pensar!, ¡Estoy como muerto, pero la diferencia es que aún tengo que pensar! Quisiera dejar de pensar, para pasar a un plano de verdadera existencia, pues parezco un sueño, creo que no soy real. Escribiré y me expresaré como un mortal en algunos momentos, refiriéndome a los dioses como si no formara parte de ellos sólo porque he abierto los ojos hace mucho tiempo, descubriendo verdades sobre ellos que me han indignado. No imagino ‘cómo sería vivir como un inmortal’, sino que lo veo suceder en mi propio cuerpo con los crueles ojos de la realidad. Prosigo pues con el relato de mi vida: pasaron los años, y vi a todos mis compañeros morir, perdí a todas las personas que amaba, me llené de resentimiento tal que despreciaba mi vida desde mucho antes, por ello me fui al inframundo. Encontrando un camino crucé la frontera entre los vivos y los muertos, y alcancé a ver a mi madre.
Pero ella no me habló, sólo pude observar sus ojos y escuchar su lamento, entonces supe que no estaba viendo a mi madre realmente, sino sólo a su espíritu, entendí que no se puede elegir si vivimos o no, pues no depende de los dioses o de otros mortales, sino de algo más grande que nosotros, algo que inicialmente describí como destino, y quise regresar al mundo de los vivos, aunque no pude, logrando entender que con ello hubiese honrado a mi madre. Hades se enteró de mi intrusión en su reino, y fue al Olimpo para acusarme delante de los dioses, Zeus se lo dijo a mi padre y él mismo me condenó, sentenciándome a vagar por la eternidad, perdido en el inframundo. Puedo hablar del presente también, acerca de todas las incontables generaciones de hombres que desfilan frente a mí, del sufrimiento que me causa una vida de más de cien años a pesar de que no he envejecido ni envejeceré, pero prefiero pensar en el pasado, pues la historia que transcurre ahora no es tan importante como la que quiero seguir narrando, porque fue la que me cambió para el resto de los siglos, y a pesar de todo sufrimiento algo me sigue dando esperanzas gracias a lo que experimenté.
Porque después de más de diez años vagando por la boca del Tártaro, fue que encontré a Crátilo, en ése pequeño segmento del infinito tiempo, en la entrada del camino que conducía a Bridela. Crátilo se me acercó con precaución al principio amenazándome con su espada y preguntándome quién era, yo sin conocerlo pensé que era otro fantasma molestándome. Saqué mi espada y lo enfrenté, luchamos por mucho tiempo, aunque él no era bueno con las armas tenía muchísima fuerza, lo que él tenía, su fuerza, me faltaba a mí, y lo que yo tenía, mi agilidad, mi destreza y experiencia como soldado, y la armadura que aún llevaba puesta desde los instantes de mi última batalla detrás de las murallas de Tebas, le faltaba a él. Varias veces lo tumbé al suelo y otras tantas él me tumbó, nos golpeábamos hasta casi perder la conciencia, pero sin lograr herirnos el uno al otro, y me cansé de luchar al final. Me desplomé en el suelo sin levantarme y mientras él se dirigía a mí para seguir peleando le hice una señal con mi mano deteniéndole. Miré sus ojos y le dije para calmarle:
-Pensé que erais un fantasma, o un esclavo de hades tratando de matarme, habéis podido hacerlo en varias ocasiones mientras reñíamos, pero no habéis tratado de atravesar con vuestra espada mi costado, un fantasma no sería tan compasivo como sois.-
-Ofrezco mis disculpas, no quería haceros daño, pero golpeasteis primero- me respondió Crátilo.
-Es cierto-le dije-también pido que me perdonéis-
-Ya os he perdonado, pero entonces ¿quién sois?-preguntó Crátilo sin bajar su espada.
-Mi nombre es Ettos, hijo del titán Prometeo, y de una mortal llamada Helena, soy un condenado más del inframundo. ¿Puedo saber quién sois?-
-Me llamo Crátilo, soy hijo de mortales, y soy el elegido de una profecía-Me levanté del suelo, acercándome a Crátilo, en ése momento mi interés se había despertado por completo, yo conocía de muchas profecías, hasta ése día en que le conocí a él todas ya se habían cumplido, y las que faltaban por cumplirse siempre perdían vigencia en poco tiempo. Pero había una sola profecía que aún permanecía en el tiempo, para mí, olvidada tanto por los dioses como por los hombres a excepción de Apolo quien era su autor. Pensé que Crátilo hablaba de tal profecía pero no estaba seguro, le pregunte, y él me dijo:
-No sé cómo reza exactamente, pero según Hermes me lo dijo, y me lo han confirmado Atenea y Apolo, la profecía habla de alguien que vencería a Hades, destruiría su reino, liberaría las almas de los muertos para que volvieran a vivir, y lograría así acabar con la muerte. Me han dicho que ése alguien soy yo-Cuando Crátilo dijo ésas palabras para mí fue un duro golpe. Sí, así es, estaba en contra de tal profecía, puesto que según mi experiencia ninguna profecía proveniente de los dioses puede ser buena, sino es engendradora de males peores que los que prometen enmendar. Entonces osé a discutir con él.
-No puede ser-le reclamé-eso no está bien, ¿acaso estáis de acuerdo en hacer lo que los dioses os han pedido?-
-Los dioses no me lo pidieron-dijo Crátilo-estoy obligado a hacerlo, para cumplir la profecía-
-Pero, ¿pensáis que lo que haréis está bien?-le repliqué
-Por supuesto, lo hago por mi familia, para volverlos a ver, para que vivan junto a mí para siempre-respondió Crátilo con seguridad.
-¿Queréis decir entonces que vuestros padres están muertos?-Pregunté otra vez.
-Sí, lo están, pero yo sé que no va a ser por mucho tiempo-Mantuve silencio por un momento para asimilar lo que me decía aquel hombre que yo veía delante de mí (aún no conocía su corazón, ni había meditado lo suficiente en su historia), y le dije:
-Escuchadme con mucha atención Crátilo, lamento mucho la muerte de vuestros padres, la verdad es que yo sé lo que se siente perder a los que más amáis en vuestra vida, pero no estáis viendo lo que en verdad sucede en el fondo, porque habéis sido cegado por el dolor, y aunque los dioses no os hayan pedido vencer a Hades, sólo lo han hecho a su manera utilizando una profecía como pretexto. Pensad bien amigo, abrid los ojos, en realidad no es lo correcto tratar de ir siempre en contra de lo que ha sido ordenado por el destino, por ésa fuerza invisible de las circunstancias, por el infinito equilibrio o como lo queráis llamar. Es cierto, a veces es bueno tratar de cambiar las cosas, pero sólo si se sabe que es necesario para cumplir con la justicia. No es correcto que intentéis destruir el Tártaro, analizad esto, si destruyeres el inframundo no sólo le daréis vida eterna a vuestros padres, sino que terminaréis de desatar el mal para siempre. Vuestros padres no serán los únicos que vivirán eternamente, sabéis que hay almas de oscuras intenciones que merecen vivir un castigo permanente, si destruyeres el mundo subterráneo no habrá lugar para ellos, entonces serán también inmortales, y harán constantemente lo que ellos aman, hacer el mal y dañar-
-Entonces antes los buscaré, y los mataré a todos ellos- dijo Crátilo con terquedad.
-No sabéis lo que estáis diciendo- respondí – no podéis matar algo que ya está muerto, no hay manera de hacer que los espíritus de los hombres desaparezcan, fueren malignos, o benignos, hay que buscar como digo la justicia entonces-
-Hades no ha sido justo con mis padres, ellos no debían morir-expresó él.
-Os digo que la muerte de vuestros padres no es culpa de Hades-objeté.
-¡Entonces de quién!- Reclamó Crátilo.
-¡No vale la pena culpar a nadie!,-exclamé-¡sólo sucedió!, no podéis evitarlo, ni debéis intentarlo, ¡no es lo correcto! Porque además como os digo si vencéis a Hades, habréis hecho justo lo que los dioses quieren, sólo los habréis complacido a ellos, pero no hallaréis nada para vuestro favor después, os lo aseguro. Los dioses viven en constante guerra entre ellos, sólo buscan poder, no les interesa la justicia ni el orden de las cosas y no saben…
-¡¡Probadlo!- me interrumpió Crátilo gritándome a todo pulmón haciendo que un silencio abrumador que venía tras el retumbar de su voz me paralizara. – ¡Probadme que estoy equivocado, y que los dioses son como decís!-
-…Y no saben lo que es la felicidad- terminé entonces la oración. Mis palabras hicieron que el semblante de Crátilo decayera bruscamente, su cara palideció, luego tiró la espada al suelo y retrocediendo se sentó de nuevo al lado de su estatua, en la estancia fría del pensamiento.
-¿Quién escribió el acertijo de la piedra que había en ésa entrada?- Me preguntó Crátilo, señalándome el pasadizo de Bridela.
-No lo sé- respondí – lo más probable es que Hades lo haya hecho, pienso además que si fuese otro dios el que lo ha escrito no importa, pues ninguno de ellos sabe responder correctamente a la pregunta de ése acertijo.-
-La felicidad es una ilusión- afirmó Crátilo – ésa es la respuesta del acertijo- Quedé realmente impactado luego de semejante respuesta y le dije:
-No, no es así, ésa respuesta no es la correcta, no puede ser la solución a ése acertijo, es una trampa todo ello. Nadie puede decir que la felicidad es una ilusión, porque realmente sí existe.-
-¿Cómo sabéis que realmente existe?, ¿Ya sabéis lo que es, si acaso la habéis sentido en algún momento?- Crátilo hacía preguntas difíciles para mí, pero yo sabía que sí había sido feliz, al menos como él, mientras duraba la compañía que mi madre me hacía en mi niñez, pero no quise responderle, me quedé callado por unos momentos, hasta que rompí el silencio acusador de ése instante, y le dije:
-Sé lo que es la felicidad, y os digo que la felicidad es una cualidad, es algo que se alcanza cuando cumplimos nuestro verdadero propósito en nuestras miserables vidas, y existe aunque no se pueda ver, o no se pueda palpar, no todas las cosas que existen son palpables o visibles.-
-¡No entiendo!,-reclamó Crátilo- ¿cómo puede existir algo que en realidad no se ve ni se toca?-
-¿Acaso podéis decirme entonces si el viento existe?- Allí Crátilo calló por un momento, a mi parecer había entendido lo que trataba de decirle, pero no del todo, entonces me hizo una de las preguntas más complicadas que nadie jamás en toda mi vida me había hecho:
-¿Qué es existir?- Tuve que hacer una larga pausa para poder meditar la respuesta que le di después:
-Cuando sois real, existís, todo aquello que es real, simplemente existe, existir es ocupar un espacio en el mundo que conocemos, que es el físico, y también en el mundo que casi no conocemos del todo, el mundo espiritual. La felicidad existe, aunque tal vez no del modo que esperamos que exista, porque ésta es una de las cosas que pertenecen al mundo intangible. De hecho nosotros dos existimos porque además de estar conscientes de ello, estamos llenando en estos momentos ambos mundos, tanto el espiritual, como el material. No sé porqué me hacéis semejante pregunta. Además de esto, estoy muy seguro de decir sin mentir que en realidad los dioses no existen, si hablamos de lo que ello significa.- Crátilo me miró atónito diciendo:
-¿Cómo no existen?, ¡¿no sois hijo de uno de ellos?!- Ya sabía que podría convencer a Crátilo de mis afirmaciones, pues tenía los argumentos perfectos que no fallarían en ningún caso, siendo todos ellos verdad completa y absoluta, así que me ocupé de terminar de dar lo que quedaban de mis razones con toda la calma del mundo:
-La verdad es que Prometeo no es considerado un dios, aún siendo inmortal, pero él tampoco existe. Veréis, os lo puedo probar si ahora mismo llamáis a alguno de ellos para que nos expliquen entonces qué es la felicidad, y si es una ilusión o no. Si aparece el que llamares y nos logra convencer en algo, me arrepentiré de haber hecho semejantes afirmaciones durante mi vida, pero si no aparece ninguno, aún no estaré equivocado en lo que he dicho, ¿de acuerdo?-
-Ahora mismo llamaré a Apolo, para que nos dé la respuesta- dijo Crátilo levantándose y mirando hacia el vacío oscuro de la caverna.
-¡Apolo!- gritó Crátilo -, ¡poderoso dios de las profecías y la música!, escuchad a vuestro siervo, necesito que vengáis ahora, tengo una duda acerca de lo que significa la felicidad, ¿qué es?, ¿en verdad es una ilusión?, ¡venid ahora en vuestra forma de lobo y responded!- a pesar de que Crátilo se esforzó en llamar a aquel dios, no le respondió en ningún modo.
-Allí tenéis- le dije esbozando una sonrisa– Apolo no existe, de lo contrario ya hubiese hecho presencia respondiendo ante la duda de lo que es la felicidad.- Crátilo me miraba con recelo.
-¿Porqué no existe si antes lo he visto?- inquirió.
-Que lo veáis no significa que sea real,- le expliqué- a veces vemos un espejismo en el desierto. Sabemos que un espejismo no es real porque aunque veamos una enorme extensión de agua en medio de la sequedad, cuando nos acerquemos desaparecerá. Ahora os acercáis a los dioses, pero mientras más cerca os encuentres de ellos, serán cada vez más irreales.- Crátilo dirigió a mí una mirada querellante diciendo:
-Hermes me tomó de los hombros, me abrazó, sentí su respiración, ¡Estuve muy cerca de él y no desapareció!
-Así pudo haber sido,- dije- pero no hablo en un sentido totalmente literal, aunque estrechara sus manos con las vuestras, y sintieres su calor, su espíritu desaparecerá ante vuestra presencia. Los dioses no existen porque no comprenden ni pueden comprender el valor de lo espiritual, el problema reside en que la existencia tiene un significado aún más profundo del que acabo de dar…- me quedé contemplando las muestras de intriga que me arrojaban sus expresiones.
-Entonces, ¿Qué significado es?- preguntó finalmente. Aquí fue entonces cuando aproveche las circunstancias para dar un veredicto final al juicio de la existencia misma:
-Existís cuando percibís el mundo que os rodea, tanto el físico, como el espiritual. Sabéis que existís ahora, en el plano material, porque os veis reflejado en cada destello presencial de los objetos de éste universo, pero la existencia física es pura vanidad, porque es hueco, sin sentido, sin propósito. Sin embargo todos adquirimos propósito gracias al mundo espiritual, pues no solamente es sempiterno, sino tiene propósito, engendra todo el tiempo a la moral la que no pertenece al campo de los sentidos, por ser de la apreciación del entendimiento o de la conciencia. Cuando tenéis conciencia y lográis apreciar las cosas del mundo espiritual, adquirís propósito, no solamente empezáis a existir en el plano material, sino también en el espiritual. Por lo tanto amigo, podemos concluir que los dioses no existen en verdad, puesto que no saben nada de las cosas espirituales como deberían saberlo, y aunque puedan llenar éste mundo físico, son como cascarones vacíos que no tienen razón de vivir. Si perseguís verdaderamente existir, entonces percibís el mundo espiritual tal como es, y no como un espejismo.- En ése momento noté que Crátilo tenía la mirada perdida como tratando de beberse a sorbos palabra por palabra que yo pronunciaba, y luego de un espacio de tiempo me fijé en un destello de brillo el cuál brotó de sus ojos, que voltearon a verme, y dijo:
-Todo es cierto, ahora no sabría deducir porqué estoy aquí si no es por la profecía, además, lo había olvidado, si conocéis la antigua historia de Asclepio, ha quedado claro según las musas que Zeus teme que los seres mortales resuciten de algún modo puesto que podrían alterar el orden de las cosas, no creo que la profecía conceda pues que todas las almas de los muertos resurjan a ésta vida, sino sólo los oprimidos y cautivos por la injusticia, si es que Zeus en verdad desease ser justo. ¿A caso los dioses se contradicen?-
-Ciertamente se contradicen. -dije- Tranquilo, todo se resume en una sola palabra Crátilo: destino. Los dioses han sido injustos en realidad con nosotros, viendo entonces cómo el mundo está a merced de semejantes tiranos tenemos que hacer algo, juntos me parece, pues no es casualidad que nos hallamos tropezado en ésta tan singular traza de acontecimientos. Aseguro a cualquiera, que estáis aquí para solamente acabar con Hades, eso es lo que quiere ahora Zeus, a él no le importa lo que te ocurre, sólo te ha utilizado como un vil instrumento de venganza, que él mismo se acerque a negármelo ahora si no es cierto, pues para él ha sido una amenaza de poder, está cansado de aguantarse a su odioso hermano, el cual odia también a Zeus, y a cada una de sus tretas Zeus lo detesta más y más, desea además ser el único señor de todas las cosas, ¡ah, sí!, ¡lo conozco muy bien!, tengo muchas historias que contaros acerca de los dioses que os harían revolver el estomago, por culpa de ellos estoy aquí. Si no hay inframundo, no hay dios Hades. Por cierto que debéis saber Crátilo que las musas no hablan todo el tiempo con verdad, Zeus no mató a Asclepio para evitar que siguiese resucitando a los muertos, si hubiese tenido tal motivo le bastaba sólo con encadenarlo o quitarle de alguna manera sus poderes, en realidad la oscura bruma de la muerte cubrió los ojos de Asclepio por motivo de los celos que sentía el dios de los cielos, era algo razonable, ya que los griegos durante un tiempo, al ver el poder que Asclepio tenía sobre la enfermedad, fueron distraídos en su diario culto a Zeus, aumentando sus ofrendas para con su adversario.-
-¿Qué debemos hacer entonces?-preguntó Crátilo desconcertado.
-Tenemos que matar a todos los dioses del Olimpo, y a los que no son del Olimpo también; a todos, eso incluye a los animales legendarios, los que crearon los dioses cual horripilantes criaturas para mantener sometida a la humanidad, para sellar entradas, cortar caminos, y poner límites a nuestra imaginación llenándonos de miedos infundados. Y debemos cruzar tierra, mar, montes, cavernas, e incluso el cielo mismo para sumergirnos y buscar, escarbar, descubrir lo oculto detrás de las tinieblas, de las mentiras, hasta acabar con todo lo que sea en apariencia eterno en éste mundo para que así, subsista por encima de todo, lo espiritual. De hacer todo esto creo firmemente que habremos cumplido con nuestro misterioso propósito.- Crátilo no cabía en sí mismo de sorpresa por las palabras que escuchaba, pero algo desperté en él, algo que prueba la existencia del destino, de repente me dirigió la mirada de forma aguda, vivaz, parecía haber entendido un misterio que por mil años le había sido encubierto y a esto exclamó:
-¡Haremos justicia!-
Finalmente mientras duraba su meditación entre mis diálogos profusos, él había entendido todo por lo que había pasado, los sueños y las visiones errantes en el monte junto con Hermes, solamente eran parte de un teatro bien elaborado por los dioses para llenar de ira a Crátilo en contra de Hades y todo su reino (aunque aún no tenía explicación para el sueño donde vio al león de fuego), recordó las asfixiantes, extrañas e insistentes palabras de Atenea sobre ‘no dudar nunca’, así que por un momento vaciló en creer mis objeciones, pero volvió a convencerse al recordar verse sin respuesta de la pregunta sobre la felicidad, pues al llamarla para dicho asunto tampoco respondió, ni siquiera Apolo, que demostraba un poder casi infinito, e inspiraba una confianza inquebrantable con su forma de hablar, pudo descifrar con la verdad el enigma del acertijo, siendo supuestamente el autor de una profecía que no encontraría tropiezo alguno.
-Empecemos con salvar a Leuce- le dije yo. Crátilo asintió sorprendido de que yo ya conociera a la ninfa, se puso de pie, y luego tomó su espada de fuego del suelo. Yo por mi parte acomodé mi armadura, recogí mi yelmo, y mi escudo después de haberlos soltado durante mi pelea con él, y le señalé la entrada a Bridela, que conducía a un túnel recto. Empezamos a caminar sin saber los agravios que sufriríamos, y sin pensar mucho en la peligrosísima posición que adoptábamos habiéndonos declarado enemigos de los dioses, para no atormentarnos con la idea de que en ése preciso momento tal vez viéndose desenmascarados, estarían maquinando su poderosa venganza en contra de nuestra voluntad de hacer el bien. Efectivamente cuando nos internamos en el sinuoso túnel, el fuego luminoso de la espada de Crátilo se apagó inexplicablemente, quedando sólo el brillo opaco y rojizo característico de los metales en fundición. Estábamos a baja luz, hasta que lentamente se extinguió el débil resplandor que despedía el metal caliente. No podíamos ver nada pero guiados por nuestras manos que se arrastraban torpemente por las rocosas paredes del camino seguimos andando. Era evidente que Hefesto era el primero en abandonarnos poniéndose de su propio lado.
Capítulo VI
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El inframundo posee un infranqueable espesor negro, no hay una señal de claridad en su mayor parte, durante mucho tiempo me acostumbre a tal ambiente cuando estaba perdido en él antes de encontrarme a Crátilo al cruzar la entrada a Bridela que él mismo logró abrir, teniendo yo entonces como hábito el andar al tacto por aquellas insondables galerías. Traté de memorizar las sendas con el fin de al menos poder saber por dónde me conducían mis pasos, pero para mí fue un hecho imposible de realizar, y para cualquier hombre. Allí no hay ningún cielo de estrellas para usar como orientación, o algún lugar donde descansar sin temer a los innumerables peligros que tal prisión encierra. No pude guiar a Crátilo certeramente hacia Bridela para cumplir con nuestro deseo de salvar a Leuce, aunque yo ya conocía la historia de la ninfa, pero nunca me había aventurado a salvarla. Ni mucho menos él me pudo guiar por nunca haber estado en aquel lugar de los espíritus, y por haber perdido la ventaja que tenía de poseer una espada luminosa. Inevitablemente nos perdimos. El camino se hacía muy largo, calculo que pasamos un día entero perdidos en las tinieblas tocando a ciegas las murallas rocosas del túnel, supuestamente nos habría de conducir a nuestro destino, pero nunca hallamos ni señas de su fin. Además no nos hablamos durante la travesía, por la urgencia que sentíamos de acometer nuestra primera acción heroica.
Entonces Crátilo sufrió aún más las consecuencias del cansancio, el hambre, y sobre todo sufrimiento se añadió el de la sed que experimentaría cualquier persona en tales condiciones. Pero yo lo ignoraba por estar habituado al estado de inmortalidad y más allá de estar privado de los sentidos, carecía de casi toda necesidad fisiológica. Sólo me di cuenta de lo que pasaba cuando vi a mi compañero -quien venía lentamente disminuyendo el paso desde hacía algún tiempo-desplomándose sin aliento en el suelo. Él venía detrás de mí confiando en que yo le guiase por el inframundo sin saber lo extraviado que yo estaba también, y cuando cayó hizo antes un ruido centelleante con la espada golpeándose en el sólido suelo del cual me avisé para voltear a ver. Inmediatamente corrí para levantarle y darle ánimo hablándole bajo, con sigilo y precaución, a causa de la posibilidad de la proximidad de la araña legendaria, o de algún otro animal temible. Me respondía con quejidos sordos y monosílabos, no podía entenderle, y me limité a levantarlo apoyando su brazo sobre mis hombros para ayudarle a caminar. El viento empezó a correr por aquellos espacios, aunque no parecía haber lugar para tal fenómeno en semejantes profundidades, hacía verdaderamente mucho frío. Una terrible sensación de estertor se asomó a mis pensamientos, no cabía duda: estábamos pasando por muchas dificultades. Repentinamente algo se quebró debajo de nuestros pies logrando que el terreno cediera, haciéndonos descender por un precipicio. Vi caer a nuestros lados vastas rocas, y afirmo haberlas visto pues al chocar entre sí salpicaban chispas de fuego por doquier como si fueran hechas de una consistencia inflamable. Cuando llegamos al fondo del terreno removido, yo me apresuré a levantar a Crátilo quien yacía tendido en el suelo por la caída, y poco a poco se reponía del desmayo. Hice que se sentara primero, para que yo pudiera recoger mis armamentos, miré arriba tratando de advertir cuánto habíamos caído, y si era posible alcanzar el borde del camino por el cual transitábamos. Pero no logré divisar nada, la sombra de las tinieblas era permanente, y aún más profunda al encontrarnos en un hoyo enorme. Aquel estremecimiento de terreno era inexplicable, no sentí ningún terremoto previo al declive, ni tampoco pasábamos con un peso considerable como para romper cualquier capa de terreno hueco por más que fuera del grosor de un cascarón, estando formado todo el lugar de grandes rocas sólidas. El derrumbe cesó, entonces decidido y viendo en la situación peligrosa en la que nos encontrábamos, me quité el cinturón de mi espada, la saqué de su funda amarrándomela a un costado con el paño del manto de mi ropaje, y utilicé el cinturón para atar mi mano, anudando el otro extremo en la mano de Crátilo para poder sostenerlo si caía, pues me disponía a trepar por la boca de la grieta hasta llegar a su cornisa. Le di algunas bofeteadas moderadas a Crátilo para terminar de despertarlo mientras le decía:
-Trepad conmigo, vamos a salir de aquí- Él entendiendo se apoyó de inmediato en una de las salientes más cercanas de la pared rocosa, y después de colocar mi escudo y mi yelmo en mi espalda, haciendo algunas maniobras empezamos juntos el ascenso, cuidando además cada movimiento sabiendo que estábamos aún a obscuras. Los brazos de Crátilo empezaron a cansarse, yo lo había rebasado, y tiraba de él por el cinturón. De pronto Crátilo resbalando me jaló hacia él a una distancia media, pero yo lo sostuve logrando alzarlo de inmediato sosteniéndome con dificultad a la rocosa y quebradiza capa del muro y reanudamos la empinada marcha. Crátilo cobró ánimo llegando finalmente primero que yo a la meta. Se puso de rodillas frente a mí extendiendo luego su mano para buscar la mía y ayudarme a terminar de recorrer la corta distancia que me faltaba. Ésta vez fui yo quien flaqueó, debajo de mis pies se desprendieron las rocas a las que me apoyaba, haciendo que bruscamente tirara del cinturón. Pendiendo de él empecé a buscar algún pico o esquina para reintentar sostenerme, mientras Crátilo hacía admirables esfuerzos para evitar caer conmigo, jalando del ceñidor. Después alcancé agarrar una afilada roca que sirvió a su vez de peldaño para terminar de encumbrar el barranco. Estando ya al lado de Crátilo me sentí aliviado.
-Vámonos, sigamos caminando- me pidió.
-Espera un momento- respondí. Busqué a tientas en el suelo una piedra mediana, rasgué una considerable parte de mis vestiduras, -prestadme vuestra espada- le dije, y haciéndome caso me la dio. Envolví en la punta de su espada la parte rasgada de mi manto haciendo un ovillo, y empecé a golpear el pedrusco contra la pared del paso, hasta que empezaron a brotar grandes chispas de fuego. Mientras seguía golpeando, tomé la espada envuelta colocándola debajo de las chispas, haciéndola girar para que se llenara de ellas, y después de un considerable tiempo la tela se encendió en llamas como una antorcha, logrando hacer que cumpliera dicha función para poder guiarnos mejor por nuestro sendero. De inmediato notamos la profundidad del abismo por el que nos habíamos desplomado, nos miramos mutuamente como queriendo señalarnos el asombro que sentíamos por haber logrado salir airosos.
-¿Dónde estamos?- preguntó
-No lo sé con certeza- le expliqué –pero lo que sí sé es que debimos errar el camino, pues ya llevamos una cuantiosa cantidad de tiempo transitando por éste túnel, y tal vez ya debíamos, hace mucho, habernos topado con la araña legendaria.-
-Pensé que ya sabías por dónde ir-dijo Crátilo.
-No, no lo sabía,-respondí- es verdad que hace dos días, ya había tocado la piedra del acertijo de Bridela, pudiendo leer el mismo ya que sus letras brillaron ante mi cuando lo encontré, de hecho ya he explorado casi todo el inframundo, sin embargo es la primera vez que logro ver con claridad éste camino, que tal vez es una bifurcación del túnel, que conduce a otro lado, y que a través del cual, quizá, logré pasar por detrás de la entrada a éste túnel, antes de conseguiros-
-¿Qué hacemos ahora?-preguntó nuevamente Crátilo.
-Ahora estoy totalmente desorientado Crátilo, pues no sabía que existía otra brecha hacia Bridela, yo conocía solamente la piedra del enigma, yo también estuve sentado en aquel sitio donde vi reposando una estatua de piedra -con vuestra misma fisionomía por cierto-, pensaba que no habían más entradas para llegar a la gran araña, pero hay varias posibilidades: tal vez como os dije, mientras pasaba de largo la puerta de Bridela, encontré otro acceso sin darme cuenta, que me hizo pasar por éste mismo túnel, (eso seguro, ahora lo recuerdo un poco mejor), y que me hizo llegar al otro lado de la piedra del acertijo, que ya no estaba cuando llegué a ella. Si es así posiblemente nos encontramos aún en el lado que conduce al final de ésta galería, o del lado que nos conduciría de nuevo a la entrada si la recorriéramos. Puesto que no sabemos a dónde nos dirigimos, y que no podemos cruzar el precipicio que se acaba de hacer tras la conmoción repentina del terreno por donde pasábamos, tendremos que seguir adelante, y arriesgarnos a comprobarlo teniendo que emprender el camino que nos queda, sea cual fuere.-
-No revisé si había otra entrada – replicó Crátilo -, ni tampoco tuve tiempo, porque Hades había puesto en mi camino la cabeza de Medusa, mirando hacia el lugar donde yo me había detenido a tratar de resolver el enigma. Yo la miré a sus ojos e inmediatamente quedé convertido en piedra. Ésa estatua que visteis efectivamente soy yo, estuve así durante tres día, por eso pudisteis encontrarme así. Pero Apolo me ‘salvó’ haciendo de mí una réplica también en piedra, luego de hecha una estatua con mi figura ‘para engañar a la muerte’ según él dijo, tomó de la sangre de medusa, del lado derecho de su cuerpo, sangre que hace resucitar a los muertos, y la hizo gotear sobre mí. Lamento mucho que éste dios no sepa de justicia, y que esté en el bando de los demás inmortales. Pero de buena gana os seguiré a donde valláis, aunque no conozca a donde me lleváis, pues confío en vuestra persona por haberme abierto los ojos respecto a los dioses.-
-No confiéis tan ciegamente, pues yo también puedo equivocarme. Lo cierto es que estáis muy débil… – dije, cuando acerqué la lumbre, a la cara de Crátilo – en verdad estáis muy pálido, ¿hace cuánto que no coméis?- A lo que Crátilo respondió:
-Desde que los dioses me transformaron no había sentido hambre, no lo entiendo, incluso tengo más hambre y sed que cuando me perdí en un lugar donde hay mares de lava, cerca del lago Mnemósine, allí encontré a Cerbero-
-Ah, sí, la profecía. En realidad sois un niño de siete años ¿no?-deduje.
-Sí, no lo podré esconder, ¿no es así?-dijo Crátilo.
-Seguro que cuando os dieron el cuerpo que tenéis ahora mantuvieron vuestra naturaleza mortal, - aseveré- es difícil que un mortal logre superar la influencia debilitante de éste lugar… Pero porqué no me contáis mientras caminamos cómo fue que disteis con la entrada secreta del espejo al inframundo, y cómo murieron vuestros padres.- le dije mientras le daba una palmada en el hombro. Al principio me miró con poca docilidad, queriendo evitarse la carga de tener que recordar de nuevo todo lo que le había acontecido, pero finalmente accedió, y derramó todo su corazón delante de mí hasta llegar a las lágrimas. Me conmoví en gran manera, de verdad sentí pena por él, incluso me sentí identificado con su relato. Desde aquel momento me volví un verdadero amigo de Crátilo, también le conté mi vida, hablamos durante bastante rato, haciendo aquel momento totalmente diferente, y casi nos olvidamos del lugar donde nos encontrábamos.
-Ahora Crátilo- dije después de la conversación- debemos apresurar nuestro paso, teniendo que olvidar el asunto de Leuce por ahora, si queremos encontrar donde podréis abasteceros de alimento y agua, no se podrán hallar tales recursos en un lugar tan desierto como éste, pero sé lo que haremos, aunque el único que llegará a darse el placer de beber y comer es otro que me escucha ahora, porque yo ya he olvidado aquellos lujos, al no sentir necesidad de tales cosas siendo inmortal.- Crátilo se detuvo preguntándome después con un tono inquisidor:
-Ahora que lo decís ¿Cómo mataremos a los dioses sabiendo que son inmortales Ettos?-
-Olvidaos de eso ahora – le pedí – ya llegará el tiempo en que os lo explique todo, ya sabéis que no os he mentido en ningún momento, si os digo que podremos matar a los dioses, es porque en realidad es posible, el cómo es un asunto que no hay que tratar aún. Ya sabéis por lo menos que los dioses pueden matarse entre ellos cuando os hablé de Asclepio. Concentrémonos en salir ahora del inframundo. -
-¿Salir del inframundo?-me dijo él extrañado.
-Sí,-respondí- no veo otra solución posible, acá jamás conseguiremos alimento, y el agua por aquí surte efectos desagradables para aquél que la bebe.-
-¿Pero cómo saldremos de aquí si la única salida que conozco se hallaba detrás del precipicio que dejamos?- preguntó Crátilo.
-¿No os he dicho ya que conozco el inframundo?, -repliqué- aunque no muy bien en su interior, pero sí sé de sus salidas, y de sus ingresos. En éste tiempo transcurrido, mientras vagábamos por el túnel, hemos recorrido una distancia considerable, tal vez si logro terminar de reconocer éste paso, podré llevaros con suerte hacia algún otro río subterráneo, aparte del que surte el gran lago del Tártaro que conocisteis, el lago Mnemósine; ése río lleva al Aqueronte, para que os enteréis, el cual os iba a conducir con toda seguridad a Caronte, y si seguíais moviéndoos a favor de la corriente, aquéllas vertientes pudieron llevaros a la superficie. Puedo afirmar además sabiéndolo con certeza que cualquier río de aguas de manantial que sigamos nos comunicará sin equivocación con el mundo de los vivos.- Para explicarlo mejor, si el que lee ahora ésta historia desconoce de la cultura Griega y sus múltiples latitudes geográficas incluyendo a la que constituye el invisible inframundo, nos encontrábamos atrapados al oriente de la puerta que guía al centro de la tierra, donde moran las almas de los desventurados. El lago Mnemósine se encontraba hacia donde nace el sol, Crátilo y yo caminábamos hacia el lado contrario, atravesando un túnel que se conectaba a su vez con el pasadizo de la puerta de Bridela, cuya entrada estaba escondida del río que llevaba hacia Leuce tal como lo he narrado antes. Por lo tanto habíamos pasado por debajo de la mansión de Hades, es más, nos hubiéramos encontrado con su trono si pasábamos a la altura de los campos Elíseos, donde descansaban los “héroes” y los “justos de corazón”, pero nos encontrábamos más abajo, en la prisión de los reos y condenados por sus delitos, uno de los cuales era yo.
De manera que nos topamos pronto con el gigantesco portón del Tártaro, ya que después de caminar un poco más, salimos por uno de los muchos orificios de las grutas subterráneas, que llevan a la misma. La puerta del Tártaro, la región más profunda del inframundo donde yacen las almas de los castigados, estaba rodeada de un mar de lava surcado por sendas de rocas flotantes, parecido al lugar donde Crátilo mató a Cerbero. Por cierto si la bestia no hubiera muerto, nos hubiese seguido hasta ésa entrada para impedir que saliéramos, pues Hades tenía el control total sobre Cerbero, y él podía enviarlo a donde fuera necesario, conociendo siempre dónde nos encontrábamos sin importar que nos tratáramos de ocultar en su propio reino. A pesar de la muerte del perro de tres cabezas, algo más guardaba la puerta del Erebo: una siniestra bestia también de tres cabezas: una de León por donde despedía fuego, otra de macho cabrío que le salía de su lomo, y otra de reptil que tenía como cola, y que también escupía fuego; su cuerpo y sus cuatro patas poseían la apariencia de un rumiante. Así es, era Quimera, se movía de un lado a otro como un tigre enjaulado, para patrullar la entrada, y matar al que se atreviese a cruzarla. Crátilo se quedó pasmado al ver semejante criatura, yo no mostraba algún asombro pues ya la había presenciado.
-Ésa, es Quimera- le indiqué a Crátilo – una de las bestias más temidas por los mortales, y sobre todo por los habitantes de Licia, sitio que debería ocupar en éstos momentos, pero me imagino que Hades la habrá puesto aquí para evitar nuestro escape.-
-¿No la había matado Belerofonte?- me preguntó Crátilo.
-Eso dicen las historias, pero ya veis que no ha sido así, ahora, Belerofonte debe estar en algún lugar del palacio del rey Lobates, regocijándose de una vida llena de placeres como héroe falso que es. Quimera no murió en realidad, pues él no pudo matarla, sólo hizo que cayera en un sueño temporal causado por el plomo derretido que le hizo tragar de su lanza. Pero el cuerpo de ésta fiera nunca deja de hervir en fuego, sus propias entrañas están hechas de carbón que nunca se apaga, y una vez consumido todo el metal que había engullido logró despertar de nuevo, y Hades la rescató. Pero en realidad Belerofonte lo ignora, junto con todos los que creyeron en sus relatos.-
-Entonces Quimera debe de ser invencible,-dijo mi compañero- ¿ni siquiera nosotros podremos pelear en su contra?-
-¡Silencio!- exclamé después- ¡cuidado!, agachaos rápido- le advertí a Crátilo. Él me observaba confundido hasta que le señalé con mi mano el techo debajo el cuál se encontraba la gran puerta. Allí, estaban revoloteando en el aire, como para inspeccionar cada palmo del lugar, algunas harpías, provenientes de la isla de Creta. Ésas criaturas aladas mostraban su extraño cuerpo, con cabeza y pecho de mujer, con un repugnante rostro de anciana, y de cuerpo, alas, y garras de murciélago. Crátilo quedaba ahora aún más asombrado, y más asustado que antes.
-Seguro las harpías nos buscan para atormentarnos, son siete en total- observé después de un rápida ojeada – tenemos que hallar la manera de salir de aquí pronto o si no nos descubrirán, y nos perseguirán hasta el fin del mundo.- en efecto mientras hablaba una de las harpías volteó la mirada hacia donde estábamos, emitiendo un rugido agudo mientras mostraba sus colmillos, al parecer había escuchado nuestros susurros, aunque aún no nos había visto. Inmediatamente nos escondimos retrocediendo por el túnel y nos agachamos detrás de algunas salientes rocosas que rodeaban la boca del mismo. La harpía se acercó volando y metiéndose hacia donde estábamos, pasando un poco más adelante. Debíamos sorprenderla por la espalda pues estaba a punto de darse la vuelta y descubrirnos. Afortunadamente las demás harpías no habían advertido nuestra presencia por lo que seguían espiando del otro lado, y Quimera seguía sin inmutarse mientras patrullaba la puerta. Lentamente me levanté del montículo rocoso que había usado como escondite, caminando con la espada de Crátilo en alto, que aún poseía el fuego que yo había encendido en su punta, con el fin de espantarla solamente, pues es muy difícil matarlas por lo rápidas que son además de poseer un agudo sentido que las protege de alguna manera ante el peligro. Mientras tanto, y a mi señal, Crátilo se puso a mi espalda cerca de la entrada del túnel para tratar de evitar que la harpía saliera volando en aquella dirección para alertar a las demás con sus chillidos. Antes de que yo pudiera golpearla, la criatura se dio la vuelta, agité el fuego en su rostro, y la harpía asustada comenzó a volar hacia la boca del túnel, topándose con los brazos de Crátilo, quien la sostuvo y la lanzó de nuevo hacia mí. Viéndose atrapada comenzó a escarbar hacia una de las paredes del pasadizo, mientras yo intentaba asustarla para que terminara de irse hacia el otro lado del túnel, y se perdiera en la obscuridad. A pesar de mis gritos y de las amenazas que hacía con el fuego, la harpía seguía escarbando hasta que finalmente logró abrir una brecha hacia otro pasadizo, por donde huyó rápidamente. Detrás de nosotros se empezaron a escuchar los gritos y gruñidos de las demás harpías, al parecer ya se habían percatado de nuestra presencia.
-¡Sigamos por acá!- dije a Crátilo haciéndole mirar hacia la entrada recién escarbada– tal vez logremos encontrar alguna otra salida- Empezamos a correr por la nueva galería, yo apagué el fuego de la espada lanzando la tela al suelo, pisoteándola para luego extinguirlo, y así evitar que las harpías nos pudieran seguir por el resplandor de su luz. Le entregué la espada a Crátilo, y empuñe la mía colocándome mi yelmo, tomando mi escudo para prevenirnos de cualquier ataque. Se escuchaba aún el aleteo de la harpía que huía delante de nosotros, intenté perseguir su rastro para ver si nos guiaba hacia la superficie. Al poco tiempo aquel ruido desapareció en la nada, pero seguimos adelante, luego también se dejaron de escuchar las harpías que venían detrás de nosotros, y nos detuvimos entre jadeos para descansar un poco de la carrera.
-Hemos despistado a las harpías- le avisé a Crátilo- pero tenemos que seguir adelante, no podemos arriesgarnos quedándonos aún más en éste lugar, si no tenemos todavía lo necesario para luchar.- Seguí caminando después con Crátilo detrás de mí, y luego de casi una hora de seguir el pasadizo cuya pendiente se hizo bruscamente más empinada, haciéndonos escalar, nos encontramos con una fuerte irradiación blanca al final, que nos cegó. Era el sol cuyo rostro no habíamos podido admirar desde que anduvimos por el negro vacío de la morada de Hades. Nos encontramos pronto saliendo de una cueva, ésta estaba en medio de un pronunciado acantilado rodeado por la espuma blanca del océano. Se veía arriba un cielo totalmente despejado sin una sola mota de algodón blanco, así parecen las nubes debajo del sol inclemente del pleno día. El horizonte infinito se extendía sin terminar rizado por las olas, más allá sólo se podía distinguir una leve bruma grisácea que impedía la visión de nuestros ojos. Estábamos atrapados porque no había espacio para remontarnos por encima, ni playa para dar la vuelta a el gran montículo y alcanzar su superficie. La única salida que teníamos la hallábamos al saltar hacia el agua salada, donde podíamos nadar sin ningún peligro puesto que su profundidad lo permitía, aunque la desgracia posible pero poco probable ocurría, si el viento soplaba chocando contra las rocas, arrastrándonos hasta la muralla del pronunciado monte donde nuestros cuerpos quedarían hechos pedazos. Tal era la altitud en la que nos hallábamos. Crátilo se asomó por el borde y tuvo que retroceder de inmediato viéndose acosado por el miedo de caer. Yo miraba la delgada línea que separaba al mar del firmamento, una mancha negra apareció a lo lejos acercándose con rapidez. Pude ver mejor aquella figura gracias a que la distancia entre nosotros poco a poco se acortaba, me di cuenta que aquel cuerpo oscuro flotaba sobre el azul mar, dándose la posibilidad de que fuera un ave. Pero al agudizar más mi vista entrecerrando los ojos, miré, y venía sobre nosotros de nuevo la harpía que había escapado de mi mano a la entrada del Erebo. Crátilo la vio también y me dijo:
-Ya viene cerca, ¿Qué hacemos ahora?- y yo viéndole con serenidad, entre tanto me desembarazaba de mi armadura, le respondí:
-Tenemos que saltar, o si no, nos alcanzará para intentar herirnos y matarnos, al aire libre las harpías son aún más peligrosas, si escapamos, tendremos tiempo de buscar la tierra estable, donde se pueda descansar-
-Pero, ¿Quién de los dos saltará primero?-preguntó Crátilo un tanto asustado.
-Yo,- repliqué- así podréis prevenir cualquier error que cometa, y seguir mi ejemplo viendo la forma en que yo saltaré para resguardarme.-
-¡No puedo!, ¡tengo mucho miedo!-gritaba él. La harpía ya estaba llegando a nosotros, y exclamé a Crátilo:
-¡Saltemos juntos entonces!- Lo tomé del hombro mientras lo hacía caminar junto a mí hacia atrás para tomar vuelo, luego lo empujé a pesar de que naturalmente se resistió al principio, hasta que logrando dar algunos pasos rápidos saltamos atrevidamente quedando suspendidos en el aire por un instante en el que después nuestro peso nos hizo descender con mucha rapidez. Al caer al agua no salimos a la superficie, pues por encima de nuestras cabezas volaba la harpía que en vez de perseguirnos siguió de largo su camino, regresando al inframundo por el ancho agujero de donde caímos. Cuando la criatura desapareció por aquella oquedad, vimos pasar el peligro, nos devolvimos a la superficie del salado mar, retomamos algo de aire en nuestros pulmones, y nadamos hasta la pared del acantilado para sujetarnos a sus rocas.
-Sigamos la orilla de éste lugar para ver si damos con alguna playa- le dije a Crátilo, quien a mi señal empezó a nadar a mi lado. De repente Crátilo se detuvo quedándose atrás, y después me llamó:
-¡Ettos!, mira allá- me señaló hacia el horizonte, y me hizo ver una larga vela, que de un barco se asomaba.
-¡Sin duda es alguna cóncava nave de remeros!- avisé -, a juzgar por el color negro de su estandarte, debe de ser una de guerra que por aquí se pasea, tal vez y ojalá en dirección a Atenas. ¿Qué clase de hombres la gobernarán?, ¿de dónde vendrán y a dónde irán en verdad?, debemos averiguarlo cuanto antes, por lo demás ¡estamos salvos por la ventura!, vamos rápido, nademos hasta su cobijo, para no perder ésta oportunidad- Inmediatamente nos dirigimos a la nave con una esperanza en nuestro corazón, pero sin saber del peligro que se nos avecinaba por nuestra imprudencia, y sin conocer las cosas que pasaríamos, cosas que a continuación relataré.
Cuando llegábamos cerca de la gran embarcación, se asomaron por el canto millares de arqueros poderosos que nos apuntaron con alevosía. En medio de todos se asomó un varón de dorada guedeja y semblante rudo que nos dijo de ésta manera:
-¡Valerosos hombres!, ¿Cuál es vuestra situación?, ¿Cómo habéis llegado a estar así de abandonados a la suerte?, vagando por el amargo mar que en sus brazos os sostiene, ¿Y cuáles son sus nombres?, ¿Debemos de trataros como forajidos? ¿O como simples desventurados?-
Juzgué de inmediato por su forma de hablar, que aquel era algún capitán, o tal vez príncipe, por su aspecto campante también, que dirigía una escuadra de guerreros, entonces recordando de inmediato mi anterior vida de soldado, apelé a mi lenguaje, olvidado, por las penas sufridas en el abismo de la tierra, las cuáles hicieron mis pensamientos más simples y menos poéticos, y le repliqué:
-No somos bandidos, gran señor, sino simples juguetes del destino que, lanzados al negro agujero del inframundo, hemos vagado por sus tinieblas, en las que nos perdimos por un tiempo, hasta llegar acá, ahora nos punge el deseo de volver a la tierra habitada, donde moran los atenienses, famosos por su prudencia e inteligencia, para iniciar empresas de gran valor e importancia- Crátilo se hallaba flotando a mi lado, y me miraba algo abrumado por mis palabras, entonces el hombre de la nave me respondió:
-Si declaráis al aquilón y al cierzo en breve punto, cuál o cuáles son las hazañas con las que pretendéis haceros renombre entre los inmortales, os dejaré subir a mi barco, pues me acerco a los espartanos, de grandes paveses y fuertes murallas -
-Necesitaría más tiempo del que me dais,- dije luego- ¡oh admirable conquistador!, tened paciencia, sólo diré ahora que éste hombre que conmigo discurre, ha matado a Cerbero, por acometer acciones justas según su conciencia- Cuando escucharon tales palabras los campeones de grebas plateadas se miraron con asombro unos a otros, y el varón de guedeja dorada, y armadura relumbrante sonrió contrastando, en su lugar incrédulo, y exclamó:
-¡Aseguro! ¡Oh endeble forajido!, que si fuese verdad lo que decís, mis hombres y yo hemos de temeros con severidad, juzgando a la sazón que vosotros, invencibles, no podéis ser detenidos por ningún torbellino, pero ya que rogáis tanto la salvación, opto por la misericordia al pensar como pienso en verdad, que lo que decís es mentira, una mentira forzada por la condición de la locura, que a ciertos hombres destaja, ¿no es así caro compañero?- ahora se dirigía a Crátilo, quien jovial, y tratando de copiarse de nuestro lenguaje añadió en prosa y terminó con tono cómico:
-Sí; él dice verdad yo maté a Cerbero, y de hecho le arranqué una de sus cabezas con éstos brazos que ahora ven, sin embargo estoy de acuerdo, éste hombre que conmigo va de verdad está loco a pesar de todas sus virtudes- Tal frase hizo que los hombres de la barca prorrumpieran con carcajadas sonoras, mientras yo observaba traicionado a Crátilo que sonreía, pero al ver mejor sus intenciones, yo también bromeé, y dije:
-¡Y yo!, ¡ando de un lado para otro pregonando mi locura!, si de tal condición me señalan por decir la verdad- y aquellos hombres redoblaron su alborozo, relajando los arcos, y se apoyaron en sus rodillas para contener la risa, entre tanto el capitán de la embarcación dando la orden que se lanzase en medio de nosotros una cuerda hizo que las mofas se acabaran, y yo, tomé el cordel primero, del cual arrastraron cuatro fornidos hombres que me llevaron con rapidez hasta la cubierta; y volviendo a lanzar la cuerda, trajeron a Crátilo a mí. El de barba refulgente se acercó a Crátilo y le interrogó así:
-¿Cuál es vuestro nombre?, debe de ser tal que se asemeja al de los dioses, pues igual vuestro aspecto demanda la presencia de uno en ésta nave-
-Crátilo, señor- le respondió.
-Pues mi nombre es Adiqueo, y aunque mi nombre no sea tan famoso, tampoco el vuestro es tan conocido debajo del cielo, pero me interesa además saber el nombre del honorable que os acompaña, para ver si lo he escuchado, y así determinar si le debo respeto o no- los ojos de Adiqueo me miraban ya, y respondí:
-Mi nombre es Ettos, ahora vuestro servidor- al parecer mi nombre centelleó como un relámpago, pues todos voltearon a verme, y con más intensidad lo hacía Adiqueo, el cuál gritó:
-¡Increíbles son los designios de Zeus!, ¿Qué hace el más bravo guerrero de Atenas entre nosotros?, el mundo daba a vuestra desaparición la sospecha de la muerte, pues ningún ojo os volvió a contemplar, pero los rumores sí han corrido como el agua clara del río, dicen que sois hijo de Prometeo según versiones, aunque ningún aedo nos ha traído ésas historias. Pero os conocemos bien, fuisteis un gran valiente en las filas de Adrastro, pues dejadme deciros que incluso Diomedes os alababa, pensándoos invencible, pero tampoco él quiso nombraros más, por razones que ignoramos-
-Diomedes me alababa – decía yo, desconociendo totalmente que el guerrero que nombrábamos era el asesino de los padres de Crátilo – Diomedes me alababa, pero a pesar de ello nunca nos llevamos del todo bien, ya que no teníamos las mismas ideas- Crátilo ni se inmutó al escuchar el nombre del cazador astuto, puesto que tampoco él le conocía, ni había logrado ver su rostro en medio de su huída desde Tebas.
-No importa- me dijo Adiqueo –aunque haya disensión entre los mortales, las alabanzas serán siempre primeramente para Zeus, y luego para los héroes de renombre. Además ya he creído que éste vuestro compañero pudo matar a Cerbero, porque nunca he escuchado que los poderosos anden solos, o con otros seres inferiores teniéndolos por fieles amigos. Pero decidme al fin, ¿podréis relatarme de vuestras hazañas? ¿Cuáles son los planes que os dignan a pensar en las tierras de Atenas?-
-¡Oh señor!, no se enoje ahora en lo que os pediré, ¡Crátilo y yo estamos muy cansados!, hemos pasado por muchas pruebas, y ahora nuestros párpados se cierran, dejándonos aún despiertos las ansias de alimento y bebida, concedednos como favor, buen sosiego a nuestras almas, para poder descansar hasta mañana, y así podamos responder a toda inquietud sin estar ansiosos y aquejados de espíritu-
-¡Me parece una justa proposición!, ¡ahora mismo!, Haré preparar un carnero de los que están atados cerca de las tablas de popa, y buscaré un poco del mejor vino para que vuestro ánimo se fortalezca. Además haré que os vistan de las mejores telas, para que ya no anden con andrajoso aspecto.- A partir de aquel momento Adiqueo nos trataba con mucha benevolencia, y aunque él se dirigía a las costas espartanas según nos dijo, estuvo dispuesto a cambiar su rumbo por nosotros. Estuvimos gozando de su compañía durante la tarde, y yo acepté todo ofrecimiento de Adiqueo, ya que tenía pensado ocultarle aún mi inmortalidad, así pues comí y bebí junto con ellos, fingiendo regocijo y saciedad. Llegada la noche, nos regaló unas telas de lino, las cuales extendimos cerca de proa para dormir, al lado de los guerreros que remaban incluso a la luz de la luna, para dar feliz y rápido término a su viaje. Según escuché del capitán, no podíamos conocer con mucha exactitud nuestra posición, pero tal vez nos quedaba un día de viaje para encallar en Atenas. Antes de entregarnos al sueño, Crátilo se me acercó, y me pidió que nos apartásemos pues se veía con urgencia de decirme algo secreto. Cuando estábamos solos me habló con estas palabras:
-¿Por qué tenemos que ir hasta Atenas?, dejamos el inframundo, y Leuce está esperando que la salvemos.-
-Tranquilo Crátilo,-contesté- ya habrá tiempo para salvarla, ahora nos ocupa algo más importante, pues no debemos desperdiciar la ocasión de ir a buscar ayuda para combatir a los dioses, pues no será cosa fácil que sólo dos hombres acometan en contra de su poder, aunque uno de ellos sea inmortal. Allá buscaremos audiencia en el consejo ateniense, con el fin de persuadir a los príncipes y a los jueces a que se unan a nosotros, deseo probar si ganamos sus corazones, para que nos acompañen en nuestras maquinaciones, también deseo ir a Esparta, para ver si ganamos la fuerza de sus jefes, de sus hombres de batalla, y así lograr que nos acompañen en nuestras empresas.-
-Pero, ¿Qué haremos para convencerlos?, igual no he visto que le halláis dicho algo a Adiqueo-dijo Crátilo.
-No he hablado para no ser imprudente.-respondí -Debemos tener mucho tacto si queremos hacer algo para ponerlo en contra de los dioses, va a ser complicado, ya habéis visto cómo nombra a Zeus y pregona sus votos-
-¡Y así son todos los griegos!-rebatió Crátilo
-Pero no todos son tercos y de mente cerrada,-repliqué- ahora tengamos paciencia, y esperemos a que el sol ilumine el alba para dar mejor traza a nuestros planes.-
Cuando la aurora sonrió, nos levantamos para charlar con Adiqueo, quien nos hizo retirarnos al recinto techado del navío, donde tenía preparada una mesa, en la cual habían tres crateras repletas de vino, y apetitosos manjares, que nos regaló mientras hacía libaciones en nombre de Poseidón que sacude el mar, y daba largas oraciones pidiendo buena fortuna y bendiciones incluso para nosotros. Pero nosotros no desplegamos el labio en su favor ni derramamos con él vino para dar honor a ése dios, ni a ningún otro. Terminado el banquete, y las ofrendas a los dioses, Adiqueo nos preguntó:
-¡Queridos compañeros!, ¿Por qué veo que vuestros corazones no se regocijan?, ¿Qué gran pena os embarga en estos momentos?- y yo le respondí mientras miraba a Crátilo indicándole que mantuviera discreción:
-¡Gran señor!, lo que nos da congoja es saber que nos encontramos tan lejos de la patria, y el estar ansiosos de hacer justicia con nuestras manos-a lo que Adiqueo respondió diciendo:
-Entonces es preciso que ahora me digáis magnánimo Ettos, todo lo concerniente a qué justicia y a cuáles gentes pretendéis hacer-
-Éste hombre-dije señalando a Crátilo- que siempre me acompaña, ¡Oh Adiqueo!, Si lo habéis de creer, es el escogido para cumplir una nefasta profecía de los dioses, una profecía que menciona al capaz de vencer a Hades, destruir el inframundo, y terminar con la penosa muerte, haciéndonos a todos dioses- En eso, y al oír mis razones, Adiqueo mandó a que todos los siervos que nos acompañaban en nuestro banquete se fueran, haciendo que cerrasen las puertas del alcázar tras sí, dejándonos con más privacidad, y se levantó de la mesa, llevándose las manos sobre su cabeza, diciendo:
-¡Quiera Zeus que tal profecía no sea nefasta como lo decís!, pues si es cierto que aquí nos acompaña el personaje destinado a tales hazañas, ¡Yo mismo lo acompañaría para cumplir con los deseos de los moradores del Olimpo! Quisiera ver de nuevo a mi esposa, que murió hace mucho en manos de Hades, quien le infundió un repentino sueño a causa de la tristeza continua y la soledad que ella sentía cada vez que yo partía a la mar para obedecer a mis jefes.-
-Os arrepentiréis de haber dicho esas palabras, pues si la profecía se cumpliera, no sólo vuestra esposa revivirá para siempre, sino que con ella se levantará Cronos, y demás violentos titanes, para atormentarnos por la eternidad- Así le dije. Adiqueo meditando mis últimas razones se rascaba la bronceada barba, hasta que respondió:
-Puede ser una posibilidad, pues Zeus no permitirá el escape de los moradores del inframundo, entonces la profecía no es del todo cierta como lo declaraban las musas, no se destruirá el Tártaro, pero sí se debería vencer a Hades, si es el deseo de nuestro dios padre-
-¡Pensadlo honorable Adiqueo!,-prorrumpí a esto- ¿Para qué es necesario destituir al dios del abismo, si ha prestado tan buen servicio a la justicia, al tratar de preservar el equilibrio entre los elementos del mundo?-
-¡No lo sé!,-replicó Adiqueo- pero cualquier razón que tenga el que acumula nubes me parecerá buena-
-¿Aún siendo una razón egoísta y cruel?-pregunté. El recelo se asomaba lentamente por los ojos de Adiqueo quien respondió:
-¡Bueno, hablad Ettos ahora!, ¿Cuáles son las maquinaciones que lleváis en el pecho?-
-Debéis saber- le argumenté- que los dioses nos han engañado durante siglos, al hacernos obedecer a sus deseos, todos materialistas, y durante éste tiempo, siempre han luchado para tener más poder. Entre ellos mismos existen continuamente disensiones blasfemas, pecados horrendos, y ultrajes continuos. ¿A caso Cronos, siendo hijo de Urano, no cometió terribles crímenes en contra de su familia, y en contra de sus propios hijos? ¿A caso Zeus mismo no se reveló contra su propio padre, vengándose en su caída y en la muerte de muchos otros?-
-Tales cosas sí son ciertas,-cedió el hombre de cabellera dorada- pero ésas historias no se las contamos a nuestros hijos pequeños por ser faltos de entendimiento, igual veo cuán corto puede ser vuestro juicio Ettos, porque Zeus junto con sus hermanos derrocaron al tirano por cumplir la equidad, pues el padre se comía a sus propios hijos temiendo los presagios de que uno de ellos le confinaría al inframundo-
-Pero las historias no son del todo ciertas,-afirmé- los aedos son inspirados por las hijas de Zeus para que elaboren historias falsas y cuentos épicos para mantener engañada a la humanidad, ¡Yo mismo soy testigo de sus mentiras! Así como el ajeno desconoce los secretos de un hogar cualquiera, los hombres mortales no saben lo que ocurre en verdad en las inalcanzables moradas de los dioses, pero yo mismo puedo revelar tales secretos siendo hijo de un titán, un inmortal amigo de los dioses que supuestamente hizo de arcilla los primeros varones- Adiqueo me observó maravillado, sus ojos le brillaban de fascinación, y clamó:
-¡Ahora tal condición explica mejor la razón para que vosotros salierais ilesos de la morada de los muertos!, Porque nadie que llega al fondo del Erebo regresa con vida, sino que queda atrapado por siempre en sus insondables tinieblas, a menos que sea hijo de Prometeo, y a ésta sazón ¡¿Estáis a favor o en contra de los dioses?!-
-¡En contra!, y no diré más gran Adiqueo, sino pediré que os unáis a nuestro bando, para que juntos terminemos con la plaga de los dioses, que tanto daño nos hace el estar siempre embelesados por su falso poder, y nos abras pronto camino a la Esparta de anchas costas, para que mientras dura la travesía, os pueda contar todas las cosas de las que he sido testigo entre los inmortales.- Adiqueo empezó a moverse a lo largo de la sala, como pensando profundamente, por un momento creí que lo había de persuadir, pero después que se detuvo, abrió las puertas de la habitación, e hizo llamar a cinco esforzados varones, quienes en su punto obedeciendo a su señor se dirigieron a nosotros, asiéndonos fuertemente de los brazos para levantarnos de la mesa y llevarnos al mástil de la nave, en donde nos amarraron con fuertes cuerdas.
-¡Apresadlos bien!- decía Adiqueo cruel- y denles de azotes hasta que se aplaque la ira de los dioses y de Poseidón, pues quizás se han enterado de que estamos llevando a hombres peligrosos y traicioneros en nuestro regazo, ignorándolo nosotros, con el peligro de que nos enciendan en llamas, haciéndonos descender con dolor al Erebo. ¡Criminal!- me dijo señalándome– no penséis que es posible que uno o dos hombres, o aunque fueren diez mil, pueden luchar contra la fuerza invencible de los que controlan los elementos que recubren la tierra, y aunque es probable que no sintáis dolor, luego os lanzaré por la borda para que recibáis el castigo merecido. ¡Ya veo las nubes grises alzándose a estribor!, ¡Seguro el que sacude el océano debe de estar de mal humor!, ¡Pronto vendrá la calamidad!- Todos los soldados de la embarcación nos rodeaban como prestos para observar un espectáculo. Un joven guerrero, de grebas negras, recibió de su amo un largo látigo de piel de ballena, con incrustaciones de ónice, zafiro, diamante, y esmeralda, tales eran los adornos de aquel azote, mal para nosotros, pues nos arrancaría la piel a los dos con dolor si yo hubiese sido mortal, pero Crátilo sí habría de sufrirlo, tal vez por mi culpa. Entonces a la señal de Adiqueo cruel, el ayudante empezó a propinar el castigo ordenado, y Crátilo, quien estaba cautivo a mi lado, resistía los golpes apretando los dientes para no gritar. Después de dados más de treinta azotes me dirigí a Adiqueo cuando seguía el castigo y le hablé así:
-¡Yo os respetaba hasta ahora!, ¡Desgraciado, y duro de sienes!, ya veréis cómo pronto los dioses caerán por el cielo como estrellas muertas, para no volver jamás, y os arrepentiréis de haber sido inclemente para con nosotros que éramos vuestros huéspedes.- Crátilo ya se resentía con llanto y clamor, nuestra sangre corría por las tablas de la cubierta, mientras Adiqueo aún seguía contando cada azote mirando hacia el cielo, y él dijo:
-Ahora vean dioses del Olimpo, cómo he sido justo al dar castigo con mis propias manos a éstos hombres que conspiran en vuestra contra, haced Zeus, que Poseidón se aplaque, pues el viento empuja nuestra nave inmisericorde preparando las olas que nos han de embestir, y ya las nubes están encima de nosotros prolongando el frente de la tormenta- Luego de terminado el castigo, Adiqueo mandó a sus hombres para que nos soltaran de la vela, y todos ellos se agolparon en contra de nosotros dándonos bofetadas y pisoteando nuestros cuellos, sujetándonos luego para llevarnos a la popa, desde sus barandas pues nos empujaron al negro mar que embestía con furia la embarcación. Pero el viento no se calmaba, las olas acrecentadas dieron en el navío, que ya se balanceaba, y desde lejos vimos cómo los hombres remeros se sentaban cada uno en su banco, mientras seguían las órdenes de Adiqueo, quien les apremiaba para que empujaran con fuerza y rapidez. Pronto la gran barca se alejó, dejando tras sí una estela de espuma blanca hasta que desapareció, y nosotros nadábamos angustiados temiendo que el agua nos sepultara con su brío. Así Crátilo enfadado reñía en mi contra diciendo:
-¡Debimos mantener el secreto!, ¡Yo sabía que no podríamos convencerlos!, si no les hubieseis dicho nada, ¡Tal vez gustosos nos hubiesen llevado a Atenas, aunque no se unieran a nosotros!, ¡Ahora tenemos la espalda hecha pedazos, y moriremos ahogados! ¡Es vuestra culpa!- No pude responder a sus quejas, tenía siempre razón, pero no estaba de acuerdo en darme por vencido. El agua pronto nos empezó a cubrir cuando comenzó a llover con desenfreno desatándose la tormenta encima de nosotros. Zeus tempestuoso lanzaba rayos al mar como tratando de quemarnos, pero nos sumergíamos para evitarlos, y luchábamos contra las fuertes corrientes del océano. Yo intenté mirar a nuestro alrededor para ver si a lo lejos podía divisar un lugar donde hubiese tierra firme, pero fue inútil ya que las grandes mareas nos tapaban. Poseidón furioso en nuestra contra nos hizo tragar salitre, batiéndonos con fuertes oleadas, y nos hundía a cada instante en el mar, tratando de ahogarnos. Los vientos empezaron a soplar con más fuerza, dibujando un torbellino de gotas que veloz se levantó convertido en huracán acercándose para golpearnos. Pronto Crátilo perdió la conciencia dejándose arrastrar por el agua, teniendo yo que sostenerle de inmediato. Y cuando el remolino nos cubrió fuimos alzados con él. Allí fue cuando recordé mi niñez, en un instante mi vida dando círculos pasaba en frente de mí, así mismo fui arrebatado cuando perdí a mi madre, mis pensamientos se trasladaron al pasado en un momento deteniendo el tiempo. Y recordé el rostro de Prometeo y cómo hipócrita se declaraba mi progenitor y además protector, incumpliendo luego a su palabra.
Mi cólera se encendió en extremo contra el dios Eolo que nuevamente planeaba atraparme con los vientos que había enviado, mis fuerzas se empezaron a acrecentar por la rabia y me di cuenta que aquel huracán ya había golpeado el navío de Adiqueo, tal era la rapidez con que nos arrastraba el guardián de los vientos, pues observe cómo flotaban arrebatados por las ráfagas, los largos maderos de la quilla. Así se me ocurrió una idea, que puse pronto en ejecución, y sostuve con más fuerza a Crátilo para no perderlo en el tormentoso ciclón, acto seguido viendo que pasaba junto a nosotros, me sujeté a lo que quedaba de la vela del navío, el cual daba vueltas rápidamente hecho pedazos. Haciendo resistencia al viento sostuve sobre nosotros como pude aquel pedazo de tela, aumentando nuestra velocidad por el torbellino, y cuando juzgué prudente, me solté, empujados por la fuerza del movimiento, fuimos despedidos fuera del alto huracán, muy lejos. Caímos finalmente sobre una pradera, pues la celeridad del ciclón nos había sacado del océano. Levantándome torné a buscar a Crátilo, se había desplomado algunos codos más lejos que yo cerca de un bosque de cipreses rojos como si fuese verano (aunque hubiésemos estado a finales del otoño). Él estaba totalmente destrozado, tenía un terrible aspecto, y yacía inconsciente. Levantándolo lo sostuve en mis brazos, internándome por el bosque para buscar ayuda. El sol seguía ocultándose detrás de los grandes nimbos, y la lluvia no cesaba de caer, haciendo un suave murmullo, al chocar contra las copas de los árboles. Los animales se hallaban ocultos entre los espesos arbustos, haciendo parecer aquel lugar como una floresta inhóspita. De repente frente a mí, se apareció entre el matorral un hombre, que llevaba cubierto el rostro, sólo le reconocí cuando vi su relumbrante armadura de oro. Pronto se abalanzó corriendo por la arboleda, y descubriéndose la faz Adiqueo mostró su espada, amenazándome de muerte. Solté entonces a Crátilo, dejándole en el suelo, y pronto le protegí, poniéndome enfrente, y además grité:
-¡Necio!, ¡Jamás me venceréis!, ¿Olvidáis que soy semidiós?-Y sin responder palabra, Adiqueo estando ya cerca, blandió su arma despiadada para cortarme la cabeza, pero pronto me agaché, y lanzándome en su contra, lo tiré al suelo verde, quedando encima de él. Después de darme un golpe, me hizo rodar por la tierra, y colocándose sobre mí, me asfixió con la afilada hoja diciendo estas palabras:
-¡Ahora raeré de la tierra vuestra existencia!, ¡Por vuestra culpa mis hombres perecieron!, ¡Fueron desperdigados por el soplo de Zeus!, ¡Pero yo he sobrevivido por su misericordia!, ¡Y para vengarme sin mesura!- puse mis manos en sus brazos, para intentar resistirle, pero su furia me vencía, haciendo que ya no pudiera respirar. Volteé a ver a Crátilo mientras luchaba, pero no le hallé en donde lo había dejado, sino que lo vi luego, detrás de mi enemigo, se lanzó contra él, tomándole de los hombros y tirándole a un lado. Levantándome me puse enfrente de Adiqueo, que yacía aún tendido, pues Crátilo le apresaba, pisoteando su coraza, y le quité de un tirón la espada, para luego apuntarle. Y mirándole a los ojos le hablé de éste modo:
-¡Rendíos Adiqueo!, ahora somos dos contra uno, ¡abandonad vuestra simpleza!- Entonces él devolviendo su mirada, llena de sumo desprecio, dijo:
-¡Ya vendrá el día señalado en que os haré pagar blasfemo Ettos, por injuriar en contra de los dioses, y por desafiarme!, ¡Ya veis que no os temo, y aunque seáis inmortal, os perseguiré, así tenga que llegar hasta el fondo del Tártaro!- sacó traicionero una daga que tenía escondida entre los pliegues de una de sus grebas, y la clavó en el talón de Crátilo, quien dando un alarido lo soltó de inmediato, dejándolo correr como una gacela para perderse entre la exuberante selva. Retorciéndose en la hierba mi compañero sufría por el dolor que sentía, y velozmente me acerqué a él para arrancarle la daga que la tenía atravesada de lado a lado. Quitándome la toga le exprimí el agua salada del mar, usándola para cubrir la herida de mi compañero, y poniéndole en pie de nuevo, dije:
-Andemos con la mayor diligencia posible, para poder encontrar algún espíritu de misericordia que nos dé pronta ayuda, no quiero que muráis desangrado por las tantas pruebas que os he hecho sufrir- y respondiéndome dijo:
-Tengo un mal presentimiento Ettos, ya he visto éste bosque en sueños, tal vez aquí moriré-
-¡Los presagios son para las viejas y para los niños!- dije desconsolado - y no sois ninguno de los dos, ¡Ánimo Crátilo!, ¡Pronto podremos salir gallardos!, sólo tenemos que seguir luchando en contra de las adversidades sin dar tregua- y mientras hablábamos de ésta manera habíamos pasado por desapercibido que un león nos observaba desde lejos, parado majestuoso sobre un tronco caído, cuando ambos lo vimos quedamos completamente enmudecidos. Nos miraba muy sereno, mostrando orgulloso, su melena dorada y parda.
-Vámonos ya- me dijo Crátilo- nos ha estado acechando, debemos huir-
-¡Tranquilizaos ahora!- repliqué en voz baja- vamos a ver qué sucede- la tormenta arreciaba, el león seguía de pie contemplándonos y nosotros a él, Zeus nos siguió con sus rayos, llenando todo el bosque de destellos, y uno de tantos cayó sobre un madero, que estaba al lado nuestro encendiéndose repentinamente en llamas. El león echaba a andar alejándose de nosotros cuando volteamos a ver el fuego, y un instinto me hizo tomar de nuevo en mis brazos a Crátilo para perseguir a la fiera.
-¿Qué hacéis?, ¿A dónde vamos?- me preguntaba él, pero no dije nada, y seguí al poderoso animal en medio de las brasas que caían cerca, pues el incendio se propagaba muy rápidamente detrás de nosotros. En medio de la carrera, el chaparrón cesó a propósito, el humo de la gigante hoguera me empezó a sofocar, no obstante empezamos a alejarnos por un camino empinado lleno de hermosos laureles, que pronto nos abrigaron. Las aves huían despavoridas del incendio, extrañamente un ruiseñor salió volando del lado contrario de las mismas, hacia donde nos dirigíamos. El sendero se hizo rocoso después de un largo trecho, y al detenerme me volví, pudiendo observar cómo ascendían las cenizas de aquel bosque de cipreses que seguía ardiendo, cual si fuese un horno anch0, encendido al carbón. El león se había detenido a mi paso también, y comunicaba con su porte un mensaje especial que parecía indicar que debíamos seguirle. Moviéndome lentamente hacia él, le mostré mi confianza, y la grandiosa bestia siguió adelante enseñándome el camino. El cielo lentamente se despejó durante la travesía, y el sol nuevamente iluminó la bóveda del firmamento aunque aún se asomaban a lo lejos grises brumas. La mañana envejeció al transcurrir las horas, y Crátilo de nuevo durmió aquejado por la angustia, se desangraba además. El león se detuvo posteriormente frente a un gran montículo de enredaderas, que apoyadas a las rocas de un gigantesco palacio, cubrían una de sus entradas, mostrando hermosas flores rosadas, cuyos pétalos nos sirvió de alfombra triunfal. Al acercarme escuché el sonar de una cítara, acompañada por pequeños tamboriles, panderetas, y flautas que marchaban envueltos en un alegre son.
Cuando cruzamos el umbral de aquel palacio misterioso, entramos a la inmensa sala, donde estaban tumbados un sin número de animales de todas las clases y especies: tigres, panteras color azabache, monos, caballos, serpientes, puercos, y cabras. En un rincón del aposento, iluminado por rayos delgados de luz solar, que penetraban por una pequeña claraboya, vi una hermosísima mujer parecida a los dioses, sentada en un montón de hermosas pieles de tejón, y acompañada de seis jovencitas, que aunque igualmente hermosas, hacían las veces de criadas, al lado de éstas, otras cinco mujeres hacían cantar los instrumentos de los que ya he hecho mención. Aquella mujer al verme se levantó haciendo cesar la música, y a una señal que le hizo al león, el cual se hallaba al lado mío, éste hizo temblar los cimientos con un rugido profundo. Todos los animales huyeron a una del salón, saliendo por un techado pórtico que al sur de la mansión comunicaba. Yo permanecí quieto, maravillado por todo lo que veía, cuando la deiforme me preguntó:
-¿Quién se atreve a irrumpir en mi sosegada morada?, ¿y cuál es su nombre y de dónde viene?- Entonces movido por las fuerzas del suplicio me arrodillé con Crátilo en brazos y le respondí de ésta manera:
-El destino me ha traído a éste lugar, que no ha sido por mi propia voluntad, y muchas desgracias nos persiguen a mí y a mi herido compañero, por querer poner en práctica las cosas buenas que nuestra conciencia nos indica. Ahora ruego a vuestra grandeza, y estoy dispuesto a besar las plantas de vuestros pies, para que pronto nos salve de la miseria y de la muerte. Mi nombre es Ettos, y quien reposa en mis brazos ha recibido de sus padres el nombre de Crátilo, ambos hemos cruzado el inframundo, huyendo del hambre y de la tristeza, teniendo después que andar por el desierto azulado del mar, aunque fuimos rescatados por Adiqueo, capitán de los más fuertes guerreros espartanos, pero no juzgando bien su despiadado corazón, fuimos abandonados al final, arrastrados por una tormenta, en un bosque de cipreses rojos que en una pradera lejos de aquí se halla, después de sufrir azotes, tanto de los que provienen de las manos de un verdugo mortal, como de los que provienen de los poderosos dedos de los dioses.- Con mis ruegos aquella delicada mujer fue movida a compasión, y mandando a sus siervas, éstas se nos acercaron, quitaron a Crátilo de mis manos para acostarlo en el lecho de una habitación contigua, donde le atendieron ungiendo sus heridas, y a mí me hicieron descansar cerca de su ama, curando igualmente mis llagas, ofreciéndome frutas nectáreas, dándome a beber un extraño líquido. Las otras siervas reanudaron la música, elaborando ahora una suave melodía que arrullaba en medio de un ritmo detenido, y en el acto el sueño me sorprendió -un sueño causado por algún secreto poder- recostado en el regazo de la mujer misteriosa, sin poder antes preguntarle su nombre.
Cuando desperté, ya se acercaba el atardecer. Me encontré en un lecho chapado en marfil, en una habitación de paredes de roca sólida, labradas con hermosos motivos florales. Al levantarme y sentarme sobre la cama, vi que la habitación estaba frente a una fuente de agua, adornada con los cuerpos de tres ninfas de piedra, cuya figura describía una danza circular alrededor de las blancas corrientes de agua, y situada en medio de un solar, rodeado de hermosas plantas florecientes. Vi a Crátilo a lo lejos paseando por el dilatado jardín, junto a la mujer de aspecto divino, mientras conversaban pasivamente en voz baja, entonces me puse un calzado que encontré cerca del umbral de la habitación, y caminé hacia ellos. Me detuve a un lado de la fuente al observar que la mujer de rojos cabellos se acercaba íntimamente a Crátilo, para darle un beso. Pero él volteo y me vio de lejos, apartándose de ella. Ella dejándole caminó hacia mí con rostro pálido, y estando cerca me habló de ésta manera:
-¡Ettos!, ¡es imposible!, mis hechizos no os han hecho efecto ¿Acaso sois un dios?- mi pensamiento se turbó sobremanera, sus palabras me estaban confundiendo, entonces le repliqué:
-No entiendo de qué hechizos habláis, ni sé qué intenciones llevaban los que halláis intentado conjurarme, pero os aviso que no soy un dios, sino soy un descendiente de ellos, por parte de Prometeo.-
-¡Oh!, qué desgracia,-dijo la extraña- no quería cometer un agravio en contra de un semidiós. Pero siendo uno deberíais ya conocerme.-
-No he visto vuestro rostro, ni he escuchado relatos sobre vuestra persona-dije, a lo cual ella respondió hablando así:
-Mi nombre es Phigia, hija de la poderosa Circe, y por lo tanto acreedora de sus dones mágicos, porque como ella, también puedo convertir a los hombres en animales libremente, además tengo el don de la curación, y el de la adivinación, todo lo hago con el mismo poder. Me disponía a convertir vuestra faz en la de un cuervo, para deshacerme de vuestra presencia, y así poderme quedar por siempre con vuestro compañero, quien me parece un verdadero padre de la divinidad. Pero ahora no podré haceros daño alguno, ruego me perdonéis y tengáis piedad de mí, porque no sabía de vuestro valor.-
-No puedo confiar en vuestras ardides,-resalté- pero no os haré ningún mal, además estoy agradecido de que halláis cuidado de nosotros, curando nuestras heridas, y dándonos refugio, no obstante ahora tenemos un asunto urgente que emprender: queremos ir rápido a Atenas, así que nos diréis de buen grado en qué lugar nos encontramos, para ver si hallamos cómplices que nos guíen a nuestro destino en una cóncava nave si tenemos que cruzar la mar, pero si estamos cerca, necesitaremos un broncíneo carro, tirado por caballos fuertes, que nos lleve por tierra.-
-No dejaré que os alejéis tan pronto, porque además no puedo deciros en qué tierras camináis, ésta es mi casa, me la otorgó la diosa de los fuegos hogareños, ella misma se aloja en éste lugar durante ciertos periodos, es más, ahora mismo ella se encuentra aquí, pero no se ha mostrado a ustedes por un motivo que ignoro, aún no me lo dice, sin embargo no dudo que ella os recibirá con mucho cariño, ya que su naturaleza es la de ser bondadosa y de mucha estima entre los mortales.- Cuando mencionó a la diosa, mi semblante había cambiado súbitamente mostrando asombro e inquietud. Teníamos cerca a la primera divinidad a la que podríamos echar mano Crátilo y yo, pero mi discreción se apoderó de mis emociones controlándolas, y lanzándole una mirada audaz a Crátilo –quien ya estaba a nuestro lado- comunicándole mi entusiasmo, le hablé a Phigia para probarla, y ver si en verdad había de alojarnos por más tiempo, le dije:
-Me alegra que Hestia esté cuidándonos, pero nos aflige el dolor de saber que aún no estamos en nuestra patria, así que os ruego que al menos nos regaléis una barca de remos y nos señaléis alguna costa por medio de la cuál accedamos a la mar, alejándonos de éstas tierras secretas con los ojos vendados para no descubrir su ubicación-
-Meditadlo mejor poderoso Ettos,-dijo la de ojos pasivos- ya la oscuridad está pronta a cubrir todos los campos, y sería muy imprudente que emprendáis el viaje en medio de la noche teniendo además cegada la vista, corriendo el peligro de que errando el rumbo seáis atrapados por la tormenta, y volváis a naufragar frustrados. Quedaos ésta noche, y aún dos más con sus respectivos días, pues quiero disfrutar de vuestra presencia recibiéndola como pago a mis favores- Phigia miraba a Crátilo con ternura casi desmedida, yo le miré a él para fingir que le consultaba, y él comprendiendo pronunció estas palabras, dirigiéndose a mí:
-Hacedle caso a Phigia, la verdad es que estoy muy cansado de andar errante por la tierra, y sería poco acomedido que la rechazáremos, después de que nos salvó la vida-
-De acuerdo- dije yo- pero prometed que al cumplirse el tercer día, nos dejaréis ir sin demorarnos más.-
-Lo prometo, y además lo juro por la diosa Hestia- Hecho el juramento, nos pidió que entrásemos a un aposento amplio del palacio, donde habían sillas hechas de madera de acacia, y donde nos aguardaban todas las servidoras de Phigia, para recibirnos con ungüentos aromáticos, y bandejas de plata repletas de todos los manjares deseables, que se hallaban repartidos a lo largo de una mesa de madera, ovalada en sus extremos, y exquisitamente adornada con dos candelabros de seis lámparas cada uno, hechos de refulgente oro. Las cantantes ya tomaban su posición en un rincón del aposento, para regalarnos armónicas voces, acompañadas de címbalos ceremoniales, y de un flautín. Mientras duraba el banquete no probé un solo bocado, ya no era necesario ocultar mi inmortalidad, y en su lugar me ofrecieron una reluciente copa de plata que contenía generosa cantidad de ambrosía. Asombrado por tal regalo le pregunté a la despensera de dónde había sacado el alimento de los dioses pero no quiso responderme por más que le instigué, e igualmente se rehusó Phigia. Una de las criadas se acercó a su ama, hablándole algo al oído para que los demás no se enteraran, y la de rojiza cabellera se levantó bruscamente en medio del festín, mandando a acallar la música dijo así:
-Temo que debo retirarme, pues Hestia me ha llamado con urgencia, y debe tener algo importante para decirme, pues me ha pedido que la vea en un lugar apartado, pero podréis quedaros para seguir comiendo y bebiendo, y cualquier cosa que queráis podéis pedirlo sin reparar cantidades, que de todo les proveo conforme a la medida de mi generosidad, hasta entonces queridos huéspedes. ¡Que siga la música!, y ahora bailen mis preciadas siervas, bailen para ellos, para que se regocijen en su alma y no sufran por mi ausencia.- Y sin decir más se fue de la sala, entre tanto la música se tornaba más alegre, y tres hermosas mujeres, se mecían en el aire de la tarde, siguiendo el ritmo de las melodías, moviéndose entre nosotros al rededor de la gran mesa, y acariciando nuestros cuellos. Entonces aproveché el momento para hablarle a Crátilo, acercando la cabeza para que nadie nos entendiera:
-¡Ya veis cómo todo va saliendo según nuestro deseo!, ya se nos presenta la primera encrucijada, que emprenderemos en contra de Hestia para desaparecerla de la tierra- entonces Crátilo respondió:
-Es muy difícil matar a un dios, pienso que más bien es imposible, ¿no me diréis cómo haremos para sonsacar a Phigia?-
-Es muy fácil en verdad Crátilo,-aseguré- sabiendo primero que Hestia no es una diosa guerrera, sino más débil aún siendo una hogareña, pero tampoco hay que subestimarla. Y respecto a Phigia dejadme intentar convencerla así como lo intenté con Adiqueo-
-¡Es seguro que fracasaremos!-Replicó mi compañero
-No, no es así Crátilo,-le dije- ésta vez tenemos una ventaja, ella te mira con buenos ojos, y debemos usar ésa debilidad en su contra. Ésta noche tomadla, y yaced con ella en su lecho-
-¡Pero Ettos!,-exclamó Crátilo asustado- jamás me he enamorado, ¡En verdad soy un niño de siete años!, y todavía soy inocente, ni siquiera sé cómo actuar pues no he estado con ninguna mujer, además, me parece mal que yo deba engañarla de ése modo, sería una injusticia, tanto hacéis críticas en contra de los dioses por sus tretas, y pensáis de parecido modo, ¿no hay otra manera de obrar?-
-¡No me juzguéis de ésa manera Crátilo!,-le reconvine- yo no pienso igual que los dioses, pero les hemos declarado la guerra, y debemos usar de todos los artilugios y trampas posibles e inimaginables si queremos vencerlos. A veces, para hacer lo correcto, se debe hacer lo incorrecto, y la única manera de poder controlar a Phigia es haciendo que su corazón quede atado al vuestro-
-¡No!,-negó Crátilo vehemente- no lo haré, debe haber otra salida-después se levantó de la mesa airado por mis proposiciones, y se dirigió al jardín. Allí me dio una gran lección, como lo contaré seguidamente. Cruzando el umbral del salón atravesé el vergel para buscar a Crátilo, dejando atrás a las criadas de Phigia, que siguieron bailando y festejando con propio ímpetu, y cuando me encontré junto a él le pregunté:
-¿Qué pensáis hacer?, ¿A caso tendréis alguna idea mejor?, o sólo estáis en desacuerdo conmigo.-
-Pensáis igual que los dioses- insistió Crátilo- pero no es necesario pensar como ellos para vencerles, nunca se vence el mal haciendo cosas malas, porque añadimos maldad con nuestras acciones-
-¿Qué me proponéis entonces?- inquirí.
-Ahora que lo he meditado mejor,-prosiguió Crátilo- no deberíamos matar a los dioses, porque no será necesario-Su afirmación me sorprendió sobre manera, había planeado la mayor parte de mi asolada existencia el cómo dar feroz término a los dioses.
-¡Qué cosa he escuchado!,- dije indignado - ¿Pensáis perdonarle la vida a seres tan despreciables?-
-Sí, así es- dijo Crátilo fríamente –pero aún podríamos vencerles, sin tener que mover un dedo en su contra- un sobresalto me atacó en el corazón y le pregunté así:
-Valla Crátilo, sois más interesante de lo que me había figurado, decidme, ¿de dónde sacaremos la fuerza suficiente para vencer a los dioses sin usar las armas?-
-Es sencillo,-afirmó él- digamos la verdad, abramos los ojos de todos los griegos revelándoles todo lo oculto de los dioses, para que luego, todos juntos se rebelen dejando de ofrecer sacrificios en su favor. Hagamos también que derrumben sus templos, y tiren todas las estatuas que les han construido. Que borren de todos sus emblemas sus nombres, y destituyan a todos los adivinos, hechiceros y sacerdotes que ofrecen hecatombes. Divulguemos después por todo el mundo la mala fama de nuestros dioses para que todos les aborrezcan quitando la gloria de en medio. Eso haremos.-
-¡Claro amigo!,-respondí a ello- ¡eso es lo que tenía pensado hacer, para que luego de intentarlo nos entierren vivos en el desierto!, así de fácil los convenceremos de la verdad-
-No entiendo,-expresó mi compañero- antes era yo quien siempre negaba tal posibilidad, pero después de que me persuado, dais un paso atrás-
-Crátilo,-repliqué- no os he dicho que podemos convencer a toda Grecia para ponerla en contra de sus propios dioses, sino que hay algunos que no son tan tercos como sus hermanos, de esos pocos me quiero servir para luchar contra los dioses, pues no es necesario tener a la humanidad entera a nuestro favor para destruirlos-
-Pero nosotros no los destruiremos,-explicó Crátilo- no haremos que todos estén a nuestro favor para pelear con acero, sino para algo más profundo, algo espiritual- Mi mal humor se acrecentaba entonces. Decidiendo escuchar sus razones le dije a Crátilo obstinado:
-Qué cosa Crátilo, necio-
-Me extraña Ettos,-me dijo frunciendo el ceño- pues me habéis enseñado que debemos pensar más sobre las cosas morales, si queremos tener un propósito. En éste tiempo que hemos andado juntos lo he meditado muy bien. Destruiremos a los dioses con la ayuda de la indiferencia, haremos que el mundo entero ignore a los dioses, y seguro ellos, viéndose atacados de ésa manera, querrán destruir a todos los hombres, pues siempre exigen sacrificios, honores, votos y alabanzas. Cuando se vean privados de atención demostrarán su verdadera cara, y se exasperarán sobremanera, entonces enviarán a todas las bestias y animales legendarios, los que nos buscarán para quitarnos de sobre la tierra, Poseidón sacudirá los mares indefinidamente para que ningún hombre sobreviva en el ponto, y Zeus atacará los montes lanzando siempre poderosos rayos. Pero nosotros resistiremos, matando como has dicho, a todas las criaturas, aberraciones y fieras que nos lancen los dioses, con ánimo resuelto abandonaremos el mar para no perecer, y además nos ocultaremos en cuevas y grutas si es necesario. Los dioses observarán cómo fracasan sus planes, pero nunca osarán enfrentarnos cara a cara. Así se aburrirán de vivir eternamente, pues su único propósito en el mundo se encuentra en la admiración y la atención de los hombres. Habiendo perdido su propósito desearán la muerte en algún momento y estoy seguro de que se la propinarán entre ellos mismos de alguna manera, como es costumbre, cuando suceda saldremos por las calles de nuestras poderosas ciudades a celebrar la épica victoria, de seguro la humanidad entera nos recordará no por nuestra fama de crueles asesinos, sino como legítimos libertadores.-Quedé abstraído en sus palabras, vi que Crátilo no estaba lejos de la razón, no obstante aún dudaba de poner en práctica tales hazañas que parecían verdaderamente imposibles, así que le respondí de ésta manera:
-¡Admirable!, me habéis sorprendido con la profundidad de vuestras palabras, pero hay un único problema amigo, que persiste, y si lo resolvéis con vuestro intelecto, ¡Que se cuiden los dioses!, pues de seguro están escuchando temerosos nuestras voces y ya se dan por vencidos al ver que dará fruto nuestra rebelión, pero si no lo resuelves, hay de nosotros si no tomamos pronto la venganza en nuestras manos. Éste es el problema: si llegamos a Atenas, para desde allí esparcir la verdad sobre los dioses, entonces es probable que algunos se nieguen a seguirnos, ¿Qué haremos cuando ciertas ciudades sigan sacrificando, venerando en sus templos, y esculpiendo monumentos?-
-Debemos buscar una prueba que delate a los dioses,-dijo Crátilo- pero no una prueba que provenga del intelecto, porque entonces habrá disensión, cosa que es inevitable, sino una prueba tangible para convencer a los más tenaces e incrédulos de corazón que desconfíen de nuestras palabras-
-Pues ya buscaremos una,-dije alegre- no hay verdad que no se pueda probar, en fin, ¡Estoy de acuerdo compañero!, me habéis convencido, no es necesario recurrir a las tretas engañosas, ni a las odiosas venganzas. Es cierto, tales cosas sólo las practican los dioses infames, pero nosotros somos diferentes y más nobles de corazón, os admiro sobremanera, es un honor poder estar al lado de alguien con un juicio tan despierto como el vuestro.-
-Igualmente-respondió Crátilo- es un honor andar a vuestro lado Ettos, por ser tan valiente guerrero.- Nuestras manos se estrecharon, y realmente nuestros planes eran admirables. La noche se presentó mostrando su negro telón, y la luna exhibió su rostro entero, vanidosa, Phigia regresó al palacio, encontrándonos dormidos a los pies de sus siervas. Cuando nos despertó la vimos a arrodillada delante de nosotros, y junto a ella estaba una leona. La de blanca tez nos habló así:
-¡Tened piedad de mí valerosos hombres!, he descubierto vuestras trazas y lo que habéis planeado en contra del Olimpo, pues Hestia me lo ha declarado todo, ella misma está a mi lado dispuesta a claudicar en vuestras manos, porque me ha dicho que vosotros estáis destinados a vencer- mientras ella hablaba, la leona rugió con mucha ferocidad, haciendo que todas las mujeres que con nosotros dormían se levantaran despavoridas y salieran corriendo. Y nosotros al ponernos de pie, aturdidos por lo que oíamos vimos cómo aquel animal tomaba forma de una mujer con túnica bruñida y de ojos azules como el claro éter, la cual seguidamente nos declaró lo siguiente:
-¡Soy Hestia!, la de los fuegos hogareños, y diosa de los linajes. Estoy aquí para rendirme a vuestra voluntad, sólo os pido que no me hagáis daño, ni me apreséis con crueldad en el inframundo.- Asombrado rebusqué la mejor manera de responderle.
-¡Aceptamos!,-exclamé- poderosa deidad, ahora mismo nos haremos dueños de vuestra voluntad, pero aún sentimos desconfianza, debéis declararnos la razón por la cual os rendís tan fácilmente a nuestros deseos, y así asegurarnos de que no tendéis una trampa con engañosas palabras.- así Hestia replicó:
-He escuchado durante todo éste tiempo vuestras colijas y reflexiones, y me he dado cuenta de que no tenemos escapatoria, los que moramos el Olimpo, frente a todas las sentencias que vuestras mentes han ejecutado. En verdad no existimos los que nos llamamos inmortales, pues siempre pensamos en cosas prosaicas, y ¡qué penoso es decirlo!, nuestra presencia es inmensamente vana y sin sentido. Yo misma he decidido que debo dejar de respirar porque ya no soporto ser un testigo de las cosas que se traman a diario en el consejo del firmamento, Zeus y sus subordinados. Por ello estoy dispuesta a ayudaros en todo aquello que sea necesario para hacer terminar para siempre la continua disputa que se entrelaza en los cielos, y así quizás lograré redimir mi alma, dándole noble sentido a mis obras.-
-Si en verdad aseguráis,- dije- increíble señora, que habéis de estar lista para junto a nosotros pelear, haciendo tropezar a los inmortales, atenderemos vuestras súplicas, y os tendremos de ahora en adelante como una aliada más a nuestro lado. Y en cuanto a vuestra hermosa presencia, Phigia, ya nosotros la estimamos como la de una carísima amistad; y si usáis de vuestros dones para ayudar en nuestras acometidas, también respetaremos vuestra vida valorándola aún más que antes- Entonces la de enrojecidas ondas me respondió:
-Para mí será muy grato ser vuestra aliada, y os agradezco sobremanera por avaluarme grata.- ella levantándose, besó nuestras frentes mientras sonreía, y nosotros la recibimos igualmente alegres; y así nuestro destino se descubrió ante nosotros definitivamente.
Capítulo VII
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Phigia nos detuvo por nueve días en su morada, quería ver nuestras heridas sanar totalmente, y recobrado nuestro ánimo, sin permitirnos hacernos a la mar con dirección a Esparta por más ansioso que particularmente yo estuviera de ello. Hestia me proporcionaba cantidades generosas de ambrosía, aún negándose a revelar su depósito, pero en el octavo día astutamente me oculté de la diosa siguiendo sus pasos silenciosamente. En una cámara subterránea del palacio se hallaban grandes cantidades del preciado líquido contenido en toneles originalmente usados para el vino. Al sorprenderla cuando la espiaba pidió que mantuviera silencio, para evitar que su posesión callera en manos ambiciosas, las cuales, deseando la eternidad se atreviesen a buscarla. Llegado el noveno día, por la mañana yo hablaba con la hechicera de níveos brazos aludiendo sobre mi deseo de viajar por el ponto, pero después Crátilo me abordó rogándome de la siguiente manera:
-Sé que todavía deseáis pedir la ayuda de los atenienses, pero antes, deseo volver al inframundo para salvar a Leuce, yo le aseguré que buscaría la primigenia flor de lirio, y debe estar esperándome. Primero no teníamos a nadie de nuestro lado, pero ahora no estamos solos, y seguro que podremos lograrlo. – Y yo respondiendo dije:
-Yo no hablé con la ninfa, no juzgué que fuese muy necesario siquiera intentar salvarla. Con todo, si es lo que la conciencia os pide, con gusto iré en pos de vuestra voluntad, porque tampoco sería justo demorar vuestro regreso, haciendo que ella se angustie en su corazón preguntándose qué te habrá acontecido, pues es cierto, ya no estamos totalmente solos; iremos pero posteriormente regresaremos para ir a Atenas sin ocuparnos de más asuntos riesgosos, hasta conseguir más brazos que nos apoyen. – Mientras conversábamos estando a la puerta principal del palacio, Hestia nos escuchaba, y acercándose dijo:
-Si vais al inframundo ciertamente os acompañaré, no os dejaré en ningún momento, tengo nuevas obligaciones para con vosotros, así que ofreceré mis poderes como ayuda.-
-Estamos agradecidos – respondí – Crátilo y yo, si es necesario, os protegeremos con nuestras vidas, pues ahora os habéis convertido en una valiosa compañía. ¿Cuál de los dioses, jamás pensé, se revelaría en contra de los de su propia raza?- En eso empezaron a entrar a la sala principal todos los numerosos animales que yo había encontrado cuando llegué al palacio guiado por el majestuoso león de Phigia, y tras éstos entró al salón la de mejillas rosáceas, diciendo:
-¡Me alegro de verdad! Al ver que mis cuidados han hecho recuperar vuestra entereza, estoy escuchando cambios de planes para retornar al inframundo y salvar a la ninfa de todos los bosques, pero no podré ir a vuestro lado, pues la necesidad de ser cuidadosa con los bienes que me ha proporcionado la vida no lo permite. No obstante evitaré la culpa que podría sentir al dejaros partir sin mí, llenando vuestras manos de todas las herramientas que os podrán ser útiles para enfrentar el peligro. – Llevándonos a su habitación abrió un cofre de hierro, del cual, lo primero que sacó fue un impresionante blasón hecho de un metal extraño, de aspecto pesado y de color totalmente negro.
-A Crátilo- dijo al punto luego dirigiéndose a mi compañero- ¡Hermoso varón de poderosos brazos!, obsequiaré el escudo de Orión, con el que haréis devolver cualquier golpe de vuestros enemigos con una fuerza tres veces mayor, así ninguno permanecerá en pie cuando os defendáis. Yo misma lo transmuté con habilidosos artilugios, ya que al encontrarlo era de tamaño exagerado, y nadie hasta ahora podía cargarlo sobre su hombro. – Volviendo a meter la mano en el arca, sacó un alfanje dentado, hecho con una empuñadura de azulada piel de tiburón.
-Además os armaré- dijo- ¡Deiforme Crátilo!, con la espada del hado, que emite un grito de guerra propio con el teñir agudo de su metal al golpear cualquier armadura, si se golpea con la fuerza suficiente, y con el cual podréis aturdir a todos los hombres que se encuentren a más de mil codos de distancia, deberéis cuidaros si no queréis sucumbir bajo su poder. Ésta es una hoja muy fiel, nunca se desprenderá de vuestra mano cuando peleéis, en cuanto la sostengáis con vuestras intenciones. La he forjado yo misma dándole su nombre, y para segar la vida de los malhechores, los cuáles, a veces, llegan a mi secreto hogar.- Entregándole las armas a Crátilo, la de ojos pasivos nos condujo a un rincón de su aposento, en donde había un hermoso velo púrpura tapando algún objeto puesto sobre un pedestal de jaspe, y descubriéndolo se mostró un reluciente peto de bronce bruñido; dirigiendo sus palabras a mí, dijo:
-Ahora, magnánimo Ettos, he de daros como presente ésta preciada coraza, a la que no he querido poner nombre, pues aunque parezca extraño, ella misma se esculpe un nombre diferente cada vez, pues al juzgar las acciones y el corazón de su portador, utiliza una palabra con el fin de dar pista sobre cuál será su suerte final. Nada puede romperla, o atravesarla, ni si quiera se mella ante las puntas de las flechas, y puede haceros más ágil y ligero, permitiéndoos saltar a grandes alturas. Se la hurté a Deimos, hijo de Ares, mientras éste dormía en los prados cercanos a mi morada (aunque digan que él nunca descansa), cuando se dirigía a incitar a los habitantes de Troya, que luchaban en una de sus muchas batallas en contra de los griegos, y que hasta hoy siguen en disputa. Lo que hice para lograr tal hazaña fue prolongar su sueño con ayuda de las suaves notas de una zampoña hechizada. Nunca más le he visto, tan ocupado debe de estar quien es la personificación del terror, ¡Es bueno saber que tampoco conoce mi rostro! Cuando él la llevaba puesta, la armadura mostraba una inscripción que según lenguaje griego se leía: ‘Terremoto’, lo que sé es que desaparecieron sus letras cuando la quité de su pecho.- Al lado del pedestal había una lanza también de bronce recostada a la pared, y Phigia entregándomela dijo:
-Ésta lanza es letal en gran manera, basta con que apuntando hacia una fila de soldados la tiréis derechamente, entonces no se detendrá en su camino franqueándolos a todos, e incluso después de cruzar el campo de batalla seguirá volando por los aires. Lo único que podrá detenerla será alguna roca, peñasco o montaña, por ello debéis saber muy bien cuándo y dónde usarla si no queréis perderla. Me la obsequió mi madre, hace más de veinte años, la última vez que fui a visitarle. Estas armas os serán de mucha ayuda valientes guerreros, cuídenlas pues por ellas tenéis aseguradas todas las victorias imaginadas.-
-Estamos muy agradecidos, prometemos que seremos muy prudentes para no extraviarlas.- Dijo Crátilo, a lo que Phigia respondió con una sonrisa.
-Es hora de irnos- intervino en seguida Hestia- el tiempo es favorable, Poseidón debe de estar distraído, y por el momento estamos ocultos ante sus ojos, pues él ignora éstas tierras, o mejor aún, debe de creer que vosotros estáis muertos. Tenéis suerte de haber escapado de las poderosas manos del guardián Eolo. Bajaremos la colina hasta llegar a la orilla del mar, y nos embarcaremos en un navío encallado en una playa al oeste de aquí.-
-¿Cómo al oeste?, -pregunté yo - ¿A caso estamos en una isla?-
-Así es, habéis atinado- respondió la divinidad – pero no diré más sobre éste lugar, o si no, dejará de ser secreto.
-Tengo una duda-repliqué- ¿Cómo haremos para navegar, si subirán a bordo sólo tres personas?, no nos alcanzarán las fuerzas para evitar ir a la deriva, si nos ataca Poseidón.-
-No os preocupéis- respondió Phigia – aquí en realidad hay cincuenta hombres esperándonos en el umbral, así que vamos a recibirles.- Insistiendo con sus gestos, Phigia nos hizo caminar hasta la sala principal en donde aún estaban todos los animales antes mencionados.
-Allí están- dijo luego con expresión divertida- ellos son los hombres que os llevarán a donde quieran ir por el ponto-
-¡Pero si son solamente cabras, tigres, y puercos!- replicó Crátilo desconcertado-
-No en verdad- respondió a su vez Phigia – y ya lo veréis, ahora venid- Con dos palmadas hizo caminar tras de sí a todos los animales, y al llegar a la fuente del solar, observamos allí al león que antes habíamos visto en el bosque. La poderosa bestia se mantuvo tranquila, mientras la hechicera astuta hacía que los demás animales, acercándose al pozo artesiano, bebieran de sus aguas uno por uno, y cuando lo hacían, inmediatamente tomaban forma de seres humanos. Empezaron a mostrarse individuos de todas las diferentes razas que cubren el ancho mundo, etíopes, egipcios, fenicios, babilonios, sumerios y algunos argivos. Cuando todos pasaron por la fuente pude contar cuarenta y nueve de ellos, y Phigia acercándose al león, habló lo siguiente:
-Todos estos mortales han llegado a nuestra isla desde muchas partes de la tierra por circunstancias diversas, cada uno tiene su propia historia, unos naufragaron a causa de fuertes temporales, otros simplemente se han tropezado con éstas zonas, y empujados por la curiosidad al no encontrar en los mapas su ubicación, quisieron explorarlas para darle un nombre propio. Estarán a vuestras órdenes, y os servirán con lealtad, pues he reflexionado que no está bien hacer sufrir a los hombres transformándoles en animales, aunque se tome como excusa la necesidad de mantener algo ignoto, o de sentenciar con un castigo, y les he puesto como condición unirse a vosotros, recompensándoles al hacerles libres para siempre, sin volver a degradar su figura.- Luego el león se aproximó también a la fuente y bebiendo de la misma, se transfiguró delante de todos en un hombre alto, de edad mediana, pelo y ojos negros, piel parduzca y barba abundante, el cuál declaró así:
-Y yo, soy Faetón, hijo de Helios, dios del sol.- Crátilo y yo quedamos sorprendidos por el nuevo personaje que se nos presentaba, y la intriga pronto venció la discreción de mi compañero, quien preguntó:
-¡No es posible!, ¿A caso no estabais muerto por castigo de Zeus?- A lo que el descendiente de Helios respondió:
-Las leyendas narran falsamente cómo pedí a mi padre que me dejase conducir el carro del rey de las lumbreras por ambición, y que fallando en mi imprudente hazaña, estuve a punto de incendiar la tierra para luego ser fulminado por el rayo de Zeus quien se vio en la necesidad de evitar tal tragedia. Pero nada de lo que declaran las musas es cierto. La verdad es que fui un hombre poderoso en extremo cuando estaba al lado de mi padre, y era muy respetado entre los hijos de los demás dioses. Pero la envidia se apoderó de él, y también de Zeus (siendo amo y señor de todo el cielo), y por temor a que en el futuro yo les privara de sus tronos, me tendieron una trampa. Una noche, cuando Helios descansaba en su tabernáculo después de conducir al sol por el cielo de tracia, yo estaba a sus pies acompañándole. En su corazón ya tenía dispuesto lo que haría para engañarme, así que con suaves palabras me dijo:
-‘¡Amado hijo mío!, hace tiempo que me habéis servido con toda lealtad, y yo no he sido agradecido con todas las cosas en las que me habéis apoyado. Pronto se acerca la conmemoración de vuestro nacimiento, y quiero obsequiaros con grandes dones. Os concederé lo que queráis pedirme, hablad ahora hijo, decidme qué deseáis, yo me encargaré de cumplir con todo lo que exijáis’- Entonces atraído por sus lisonjeras palabras respondí:
-‘Sí padre, os he servido de todo corazón, y yo soy feliz de hacerlo porque habéis mostrado toda vuestra bondad al elevarme hasta las alturas del mismo cielo concediéndome el honor de ser vuestro hijo. Ahora que ofrecéis más de vuestra generosidad voy a obedeceros en lo que me pedís, y entretanto lo he pensado, me gustaría recibir de vuestra poderosa mano la potestad de regir en las estrellas, para poder distraerme en dibujar las historias antiguas del universo, haciendo figuras punteadas, al colocarlas de diferentes maneras según mi antojo.’- Él viéndose sorprendido de mi enorme petición, y al ver que estaba a punto de fallar en sus maquinaciones me reconvino de ésta manera:
-‘¡No hijo mío!, la avaricia es maligna ante todo, y lo que pedís es muy difícil de conceder, y demasiado magno, aseguro que ni el mismo Zeus estaría dispuesto a aventurarse a cumplir con vuestra codicia.’- Viendo su respuesta me arrepentí de lo demandado por mis labios, y pidiendo disculpas le consulté:
-‘Lo siento padre, perdonad mi falta de dominio. Pero aconsejadme pues en lo que debo pedir, prefiero saber qué es lo mejor para mí, que equivocarme al solicitarlo yo mismo.’- Y mirándome con picardía dijo:
-‘Ya que entonces me dais la ocasión de guiar vuestros pasos, me parecería más prudente si reclamáis el derecho de conducir el carro del sol, guiándolo por las alturas para que alumbre como siempre todas las regiones de la tierra, y con ése poder que obtendríais, me haríais descansar de mis obras, porque pesadamente he trabajado todos los días sin detenerme para que exista precisamente la luz en ellos, propiciando la vida, y dando de comer a los hombres cuando hago florecer los árboles, y crecer el trigo.’- Pensando en mi corazón que mi padre no estaba lejos de la prudencia, acepté su consejo, y él me entregó las riendas de la lumbrera de la mañana, cuando yo cumplía veintisiete años de vida. Yo sabía cómo hacer el trabajo, y conocía cada esquina de la bóveda del cielo, pero Zeus acumuló cientos de nubes en mi camino para confundirme. Desorientado llamé a mi padre para que me ayudara a mover al sol al camino correcto, pero me había abandonado maliciosamente, y por temor a extraviarme por la eternidad sumiendo al mundo en la obscuridad, detuve el carro en medio del cielo esperando la ayuda de algún dios, por espacio de un día entero, a pesar de que mi padre me había advertido que nadie podía parar el movimiento de la lumbrera mayor. Hasta que decidí descender a la tierra, y Zeus impío, al haberme esperado, lanzó un rayo en mi contra haciéndome caer en la región de Iliria. Allí bajó mi padre mientras yo dormía a causa del fuerte choque que sufrí, y me enterró a las orillas del río Erídano al creerme muerto. Desde entonces divulgó las falsas noticias de mi suerte a todo el mundo, creándome mala fama. Lo peor es que erróneamente he inspirado a las musas en la creación de las constelaciones, en donde supuestamente se halla inscrito el pasado. Aquí estoy a pesar de todo, gracias a mi esfuerzo, pues logrando salir de mi sepultura busqué ocultarme entre los mortales, y queriendo llegar a Grecia cruzando el mar, pedí antes consejo a la diosa Hestia. Ella atendió a mis suplicios, aconsejándome que viniese hasta aquí, y al llegar, Phigia conoció mi historia. Hasta el día de hoy he desaparecido de la vista de los dioses transfigurado en un león, esperando que el día oportuno de mi venganza se hiciese presente.-
Anonadado ante sus palabras me dirigí a Faetón respondiéndole:
-¡Parece un sueño el ver que nos acompañaréis en nuestros ardides!, tengo miedo de despertar, ¡No hay nada más grande que todos nosotros a lo que se le pueda atribuir ésta feliz coincidencia, no hay nada más grande que el destino!, sigo insistiendo, hay algo más poderoso e incomprensible que sobrepasa todo entendimiento que rige cada acontecimiento acomodándolo para el beneficio de los justos. En ése ‘algo’ confío ahora, ¡caminemos rápido a la costa!, ya quiero zarpar.- Ante mis peticiones, Faetón como capitán de aquellos hombres que a primera vista se veían diestros navegantes, les dio la orden de embalar todos los objetos y provisiones, las cuáles harían falta en nuestra travesía, para llevarlos al navío. Unciendo un par de bueyes guardados por Phigia en una pequeña cuadra, les hicieron tirar de una gran carreta, en donde llevaban parte de los abastos. Como teníamos que cruzar el bosque de la isla en dirección a la playa, varios hombres se hicieron de espuertas para cargar el resto de las cosas, previniendo que los animales de carga se cansasen sobremanera durante el camino, y así evitar el peligro de que se descarrilasen al bajar la colina del palacio. Llevaron chafarotes, lanzas, arcos y otras armas además de yelmos, adargas, escudos con todo tipo de emblemas, y corazas de broncínea figura. Además prepararon las jarcias, buscaron poleas, toletes, martillos, cántaros, odres, estopa, brea para calafatear, un bombo, y todos los equipamientos del barco necesarios para la óptima navegación. Estábamos a punto de partir, ya habíamos cruzado el umbral, entonces detrás de nosotros apareció Phigia apresurándose para despedirse, y abrazándonos a mí y a Crátilo nos expresó su afecto con éstas palabras:
-He de extrañaros sobremanera, pues al conocer vuestro corazón me di cuenta de que sois nobles en gran manera, y generosamente virtuosos, pero lo que es más importante: sois valientes como ninguno. No sois iguales a los demás mortales, ni mucho menos se les puede comparar con los dioses, pues el valor es la cualidad más poderosa de todas, junto a la voluntad, y no la posee cualquiera. Me siento honrada al haberos tenido como huéspedes, pronto se acercarán tiempos mejores, veo un futuro promisorio, nada podrá impedir que el bien prevalezca en ésta ocasión, la libertad está en camino, lista para cobijarnos bajo sus poderosas alas. Desde aquí os acompañaré con mis buenos deseos. Recordad, siempre os estaré esperando, dispuesta a prestaros ayuda cuando fuere necesario, o cuando os encontréis extenuados de luchar y necesitéis aliento. El día en que venzáis a los dioses, y logréis vuestra colosal victoria, no me olvidéis, y buscadme para celebrar con vosotros, y gozar de la libertad, que seguro llegará a partir de ése momento, a través del esfuerzo que vuestro espíritu os proporcione.- Crátilo al escucharla se conmovió, y quiso responderle diciendo:
-Me recordáis mucho a mi madre, habláis igual que ella. Habéis sido muy amable, y delicada con nosotros, y siento que debo mucho a vuestra persona. Yo no os olvidaré.- Y para acompañar a Crátilo en sus sentimientos, yo también mostrando mi gratitud, le alabé diciendo:
-¡Sois muy generosa y compasiva!, debo reconocerlo, al principio juzgué mal vuestras intenciones, pero al ver que poseéis gran capacidad para arrepentiros del mal, he visto vuestro corazón. Estaréis siempre en mis pensamientos querida Phigia, pues gracias a vuestro favor, podremos dar el primer paso en el largo camino que nos espera, en búsqueda de la justicia. ¡Hasta pronto poderosa hechicera!- Los hombres empezaron a caminar delante de nosotros, el carro de los bueyes empezó a moverse por el camino empedrado del altozano, y empezamos a alejarnos del palacio, dejando a Phigia parada en el umbral mientras nos contemplaba. Hestia nos vendó los ojos antes de seguir adelante para encubrir los caminos de la isla, por lo que sólo nos llevamos el recuerdo del sonido de los pájaros revoloteando entre las copas de los árboles, el suave rumor del viento a través de la selva, y también uno que otro riachuelo se hizo notar con su característico murmullo. Supe que habíamos llegado a la playa, en el momento en que pisé la candente arena, oyendo de cerca el rítmico vaivén de las olas. Escuché que nos embarcaríamos en una triacóntera, y yo quería contemplar el navío con mis ojos pero Hestia aún no permitió que nos quitásemos las vendas, y nos encargó subir a bordo, prometiendo descubrirnos la vista cuando ya estuviéramos lo suficientemente lejos de su morada. Haciendo caso entramos a la nave, y escuché a Faetón lanzando órdenes a los remeros, para que pronto sacaran la nave de la arena, a los demás mandaba a recorrer los aparejos, y a otros mandó a quitar el puntal. Así salimos poco a poco en dirección al ponto, hasta que llegado el momento, Faetón mandó a poner el aparejo en vela, cuando el viento empezó a soplar convenientemente.
Al estar en medio del mar, Hestia nos descubrió los ojos, y pudimos ver la nave. La misma poseía un aparejo redondo en el palo mayor, y además tenía un palo bauprés con una pequeña vela. En ambas amuras tenía pintados dos ojos azules, a la manera de los navíos guerreros, y además la proa estaba adecuadamente armada de su respectivo espolón de bronce. Sin embargo me pareció que el tamaño de la triacóntera no excedía, pues no se podía permitir una tripulación mayor a setenta hombres, además del hecho de que sólo habían entre nosotros treinta remeros, dispuestos en dos hileras de catorce bancos cada una, mas dos bogantes que manejaban las aletas de popa. No había alcázar, las provisiones se guardaban bajo cubierta, pero había espacio suficiente. Era una embarcación única, ligera, de gran velocidad, y muy maniobrable. Nueve arqueros se disponían a vigilar los costados, el que golpeaba la medida estaba en su lugar, los nueve hombres restantes se disponían a dirigir labores segundarias, y todos eran guerreros experimentados. Navegábamos en dirección a cierto bosque consagrado a Perséfone.
Allí según Hestia, encontraríamos acceso a las riveras del inframundo que nos conducirían al campo de Asfódelos, para poder llegar a la puerta del Erebo, cruzando el valle del lamento. Mi corazón se sumía en pesar al saber que volvería a Hades, ya no quería tener algo que ver con el reino de las tinieblas desde que pude salir con Crátilo de mi condena. Sin embargo sabía que era necesario volver. La mar mostraba una gran calma, ni un solo celaje se exponía en el firmamento, el astro rey gobernaba de punta en blanco desde su trono, inclinándose poco a poco hacia el ocaso. La tarde se acercaba pasiva con las horas, un grupo de gaviotas vagaba entre las crestas, cada cierto tiempo se abalanzaban en picada llevándose cautivos a los peces, entre tanto el viento ausente denotaba que Poseidón nos ignoraba completamente. Apoyados en las barandas de estribor, Crátilo, Faetón y yo observábamos el sosegado panorama, disfrutando de las primicias que llegaban a nuestros caminos, como cuando se disfruta de los primeros frutos de un campo fértil, así reflexionábamos en el horizonte espiritual. Hestia se entretenía en diversas tareas, junto a los demás varones. Entonces Faetón rompiendo el silencio, quiso comentar lo siguiente:
-Tengo una extraña sensación, algo no va muy bien, todo está demasiado tranquilo. Cuando una poderosa tormenta se acerca generalmente hay un tenebroso silencio en el mar.- Queriendo tranquilizarle le respondí:
-¿Qué cosa puede sucedernos?, si Poseidón no nos ha molestado debe creer que Crátilo y yo ya no respiramos. De todas formas tampoco se dignará a corroborar si nuestros espíritus ya están en el Tártaro, otros asuntos deben estar ocupándole. Por el momento lo que tenemos es buena suerte.-
-Ojala tengáis razón,- dijo Faetón- que la suerte nos favorezca-
-No creo que la suerte esté viva- repliqué- sólo sé que hay buena o mala suerte, el destino tal vez sí esté vivo, ése sí nos favorecerá- Pero Crátilo se mostraba igualmente preocupado, e intervino diciendo:
-Faetón tiene razón, siento como si hubiésemos olvidado algo importante.-
-No creo que seáis olvidadizo Crátilo- le repliqué –debéis tener una mente ágil siendo tan joven, vuestra apariencia tampoco demuestra una edad mayor a los veinticinco años.-
-Por cierto, quisiera saber- respondió Crátilo -¿tendré que envejecer más pronto de lo normal?, si tengo veinticinco años ahora, los otros dieciocho años no volverán, antes deseaba con ansias ser mayor, pero ahora he reflexionado, me doy cuenta de que mi niñez se ha perdido por culpa de los dioses- Faetón mostrando interés se dirigió a Crátilo y dijo:
-He escuchado lo que os ha ocurrido amigo, Hestia me ha declarado todo, y efectivamente no tendréis la oportunidad de vivir más de lo que la naturaleza ha delimitado. Si habéis de verlo por ése lado, lleváis toda la razón, tendréis que asumir las responsabilidades de un hombre antes de lo previsto.-
-Hay algo que no entiendo- dije yo -¿Cómo Hestia supo de nuestros planes en contra de los dioses?-
-Lo que ella me ha dicho- contestó Faetón-fue que estuvo presente en el momento en que Zeus reunía a todos los dioses, excluyendo a Hades, para discutir de qué manera engañarían a Crátilo para hacerle llegar hasta el inframundo. Mientras planeaban todo con mucho cuidado, a Ares se le ocurrió la idea de transformar al niño en un guerrero, para poder utilizarle de la mejor manera, en contra del rey de las profundidades, incluso Hestia estuvo de acuerdo. Estuvo de acuerdo hasta el momento en que escuchó vuestras palabras, ingenioso Ettos, mientras discutíais con vuestro compañero, en la entrada hacia Bridela, pues todos los demás inmortales también podían observaros desde un oráculo ubicado en las alturas del Olimpo, en donde tienen su refugio, y desde donde pueden ver todas las cosas que desean, cuando se congregan con tal fin. Hestia entendió vuestros razonamientos, quedando convencida además del futuro que le depara a los inmortales. Cuando hacemos mal, todos sufrimos las consecuencias, sin excepción alguna, y ella lo sabe ahora.-
-Ahora comprendo-expresó Crátilo-yo también tenía dudas sobre el poder de los dioses para vigilarlo todo, pero lo cierto es que no tienen ése atributo, pues dependen de un oráculo. De todas formas, estoy interesado en saber si lo que me han hecho es posible revertirlo en algún momento. Sé que ahora necesitarán mis fuerzas, por lo que estoy dispuesto a esperar, pero cuando llegue el momento, y cuando todo pase, quisiera volver a ser un niño.-
-No tenéis salida-le respondió Faetón-no hay solución para lo que los dioses hacen, sólo ellos tienen la potestad de invertir sus obras, y como Ares es el culpable de lo que os pasa, sólo él puede cambiarlo.-
-Es muy triste,-aprecié yo-¿Cómo hallaremos la manera de obligar a Ares para que arregle esto?, es un dios muy poderoso, hasta yo lo considero así, será muy difícil intentarlo.- Y Crátilo mudando su semblante a uno más severo exclamó:
-¡Pues ya hallaremos la manera!, ahora pienso que nada es imposible. Porque entonces, si todo lo que hacen los dioses es irrevertible, qué esperanzas podría tener Leuce, si yo no estuviese dispuesto a obligar a Perséfone para que le devuelva a su forma real-
-Ella tiene más esperanzas- afirmó Faetón- ya que sólo fue hechizada, y todos los hechizos tienen solución, no obstante cuando los dioses usan de su propio poder, sin servirse de sortilegios, nada puede detenerles- Uno de los vigías interrumpió nuestro diálogo, llamando nuestra atención, al parecer quería mostrarnos algo desde estribor, y moviéndonos nos acercamos hacia aquél sitio. Señalándonos la mar el arquero nos pidió que mirásemos con mucha atención, y cuando lo hicimos pudimos contemplar cómo a lo lejos ascendían saltando desde el agua, un conjunto de delfines alegres, característicos del océano. Tuvimos que sonreír ante el singular hallazgo, y disfrutar de los fascinantes animales marinos. Al mirarlos Faetón nos habló diciendo:
-¡Éste es un buen augurio!, ¡Un gran presagio! tendremos suerte en nuestro viaje a la tierra de Hades.- Yo por mi parte respondí, mirando a Crátilo, y con voz sarcástica:
-Pues ciertas personas ya saben lo que yo pienso acerca de los augurios y presagios.- A lo que Crátilo respondió riendo de forma jocosa, comprendiendo lo que yo decía. Faetón se encogió de hombros, tratando de ignorar mis palabras, y nos invitó a comer, pues ya Hestia junto a otros servidores, había dispuesto un pequeño banquete para nosotros, preparándolo sobre una mesa apoyada en la verga del navío, colocándonos enfrente el pan, acompañado de olivas, y ajos, regalándonos con un poco de queso, y donde también estaba el dulce vino, servido en ánforas. Como siempre, no quise probar bocado, conformándome con algunas raciones de ambrosía que la diosa había almacenado junto a los demás suministros. La tarde mostró su rubio fulgor, y el sol yacía tendido sobre el horizonte, más hinchado de lo normal, enseñando poderosos rayos, que a manera de hebras acariciaban los anchos bordes de la tierra. Conversamos el resto del tiempo, muchas y grandes cosas. Hestia se dispuso a cantar, con una voz arrulladora, para acrecentar la calma, y regocijar nuestros corazones. Allí me sorprendió el sueño, cerrándome los párpados, y haciéndome partir al mundo de las fantasías. Pero allí fue cuando una gran desventura cubrió de sombras la esperanza, la cual referiré a continuación.
Capítulo VIII
<<< Centellas >>>
A través de la neblina del bosque de la morada secreta, Adiqueo merodeaba maquinando en su mente cosas terribles, hasta que dio con un pensamiento, llevándolo a los hechos de inmediato, conociendo nuestra partida hacia las playas de la isla, gracias a su disposición para espiarnos día y noche. Su mejor idea fue la de ocultarse entre el lastre de la triacóntera, con el fin de atacarnos por sorpresa en el momento indicado. Nunca advertimos su presencia, realmente habíamos olvidado la existencia de ése enemigo, tal como lo anunciaba Crátilo. Yo dormía profundamente, junto a todos los demás tripulantes, en medio de la noche. Faetón mandó a hinchar las velas, dejando que los remeros descansaran un poco, entregándose al sueño. Ciertamente nuestro rumbo no iba a alterarse en ningún modo, el viento soplaba de lleno por la cara de popa, constante, y sin fluctuar su dirección, por ello nadie desperdició la ocasión de poder soltar los remos.
Adiqueo salió de su escondrijo, al percibir el silencio en la cubierta, asomándose a la misma, desde el fondo del navío. Mientras todos dormitaban, sacó su puñal, y empezó descaradamente a degollar uno por uno a nuestros compañeros, tratando de no llamar la atención. Afortunadamente, Faetón sintió la presencia de Adiqueo, y levantándose vio cómo lentamente recorría los bancos, para buscar a los nautas y segarles las vidas; en seguida me despertó el hijo de Helios, al sacudirme los hombros, señalándome luego el peligro, y yo a la vez desperté a Crátilo, llamándole a que tomase las armas, que estaban todas apoyadas cerca del palo bauprés. Me puse la coraza de bronce (que extrañamente en ése momento no dibujó ninguna inscripción como debía pasar según dijo Phigia), sosteniendo la mágica lanza de Phigia. Crátilo se armó con el escudo de Orión, tomando la espada del hado, y Faetón buscó sus flechas, demostrando a simple vista que era un audaz arquero. Fuimos detrás de Adiqueo sin hacer ruido, para sorprenderle, pero éste presintió nuestros pasos, y apresurándose hacia donde estaba Hestia, hizo que despertara, levantándola con amenazas y tomándola, entre tanto apretujaba su cuello con la navaja, dándose la vuelta para encararnos. Faetón apuntando con su arco, dirigió éstas palabras al malhechor, con viva voz:
-¡Basta ya, cobarde!, ¡dejad ahora de incrustar vuestra daga en los cuellos de mis hombres!, ¡ellos valen cien veces más sobre vuestra miserable vida!, ¡Soltad en éste preciso momento a Hestia!, si no queréis morir ahogado por causa de mis saetas. ¿De dónde has venido detestable forajido?- Con los gritos se despertaron los que habían quedado vivos, escapando con suerte de las manos de Adiqueo. Cuando lo vieron le rodearon rápidamente, y él respondiendo dijo:
-No importa de dónde he venido, deseo vuestra muerte con las ansias de un reo condenado a la perpetuidad, ¡sois todos un montón de irreverentes!, ¡no merecéis misericordia!, ¿acaso estáis convencidos de poder hacer caer a Zeus de su trono? Pues si es así, les vaticino desde ésta hora la mala ventura, no podréis conmover los sólidos cimientos del Olimpo, ¡aunque os esforcéis con todo vuestro aliento! No intentéis nada, o veréis caer a Hestia por los maderos de éste navío, pero sin cabeza. ¡No me amilana aunque sea una diosa!- Entonces Hestia, dirigiendo las palabras a su opresor, dijo:
-Estáis siendo muy imprudente, no me conocéis muy bien- y de repente tomó la forma de leona, haciendo que Adiqueo se apartara sobresaltado, soltando el cuchillo, desenvainó una espada larga que tomó con ambas manos. Hestia saltó feroz sobre Adiqueo con intención de arrancarle la cara con sus fauces, Adiqueo defendiéndose alzó la hoja haciendo que la diosa colgara de la misma mientras la mordía, y luego la arrojó lejos de sí. Faetón se disponía a disparar una flecha, cuando Adiqueo recogía su daga velozmente, con el fin de lanzarla, hiriendo peligrosamente al hijo del dios solar. Viendo a su capitán en riesgo, los otros hombres se encendieron en cólera, y tomaron sus armas para arremeter contra Adiqueo. A pesar de su osadía, Adiqueo les vencía, haciendo caer a muchos de ellos, y quise intervenir lanzando en aquel momento la jabalina de Phigia, olvidando las advertencias de su peligrosidad. Crátilo ya había ido delante de mí para unirse a los demás compañeros en la escaramuza que se formaba en torno a Adiqueo, así que habiendo errado el tiro, la lanza se dirigía rectamente hacia su espalda, y asustado le advertí de inmediato lanzando gritos desesperados. Aunque él se dio la vuelta rápidamente, pudiendo bloquear la jabalina con el poderoso escudo de Orión, sólo hizo desviar su curso, hacia el fondo del navío, abriéndose con ello un gran agujero entre las cuadernas de la quilla.
Mientras la triacóntera se iba a pique, continuó la desesperada lucha en contra del polizonte, Faetón no se levantaba, tenía el puñal en su vientre, todos sus guerreros caían a los pies de Adiqueo, y Crátilo peleaba en su contra con mucho arrojo, pero no podía herirle pues Adiqueo manejaba con extrema habilidad las armas, evitando ser despedido por la borda tras un golpe al escudo de Orión, en cuanto hacía chocar el hierro de su espada con la de Crátilo, para prevenir cualquier contacto con su armadura que detonase el poderoso grito de la espada del hado. En un momento Crátilo le hizo perder el balance rechazando un asalto peligroso con su escudo, Hestia aprovechó la distracción de Adiqueo, emboscándole por la espalda, y saltando mordió su cuello, forzándolo a caer. Adiqueo empuñó la hoja para intentar atravesar a la divinidad, pero ésta le evadió rápidamente, y como había apuntado a su espalda, terminó traspasado él mismo. Viéndose vencido retrocedió hacia las barandas, y antes de lanzarse al agua profirió éstas palabras:
-¡Hay de vosotros pobres gusanos!, ¡No os dais cuenta de las tormentas que se acercarán a vosotros para destruirles!, ¡Poseidón!, ¿Dónde está vuestra poderosa mano?, ¿Por qué no habéis castigado a éstos blasfemos, sabiendo que navegan muy tranquilos por vuestros confines?, ¡Venid pronto las nubes del poderoso Zeus a cubrir la luna de ésta infame noche!, ¡Agítese el océano, y pronto! ¡Escuchad a vuestro siervo Poseidón, y acabad ya con vuestros enemigos!- Al exclamar tales cosas, descendió al fondo del mar, desapareciendo en la obscuridad, dejándonos muy conturbados. De inmediato acudimos a atender a Faetón, el cual estaba tumbado en las tablas de la cubierta casi sin movimientos. Sólo habíamos quedado doce personas, contando a los remeros que habían sobrevivido, y la embarcación lentamente se hundía, mientras se llenaba de agua el fondo del navío. Por ello decidí pedir ayuda al descendiente de Helios diciendo:
-Necesitaremos de vuestra asistencia, sólo resistid tomando de los ánimos que tal vez no tengáis, y decidnos qué es lo que debemos hacer para salvar la triacóntera, pues sois el único que lo sabe.- Entonces Faetón respondiendo con dificultad dijo:
-Primero debéis deshaceros del lastre, junto con el resto de las cosas que llegaren a ser inútiles en éste momento, pues necesitamos aligerar el peso de la nave, hacedlo ahora o no tendrán otra oportunidad, después venid para que recibáis el resto de las instrucciones, si aún me queda vida- Al escucharle bajamos rápido a la cubierta inferior, y sacamos todos los objetos innecesarios, apartando los suministros de primera necesidad. Los cadáveres de nuestros navegantes cubrían la mayor parte de las tablas del navío, y con pesar en nuestros pechos tuvimos que deshacernos de sus cuerpos, sufriendo al reflexionar en la desdicha de no poder ser sepultado con dignidad. Unos lloraban a sus amigos, totalmente desconsolados, maldiciendo aquella hora entre dientes, y deseando la venganza; otros mantenían silencio, y con semblante decaído, se resignaban a las circunstancias. Echamos todo a las aguas, y nos percatamos de que el mal tiempo daba sus primeras señales. El viento desapareció repentinamente, y los nimbos cubrieron las estrellas dejándonos en una oscuridad casi total, sólo iluminada a momentos por los destellos de relámpagos que ya se asomaban en el horizonte. Hestia se había quedado con Faetón curando su herida, y cuando volvimos a consultarle, él nos contestó diciendo:
-Ahora, debéis sacar como podáis el agua que ha entrado a cubierta, para luego, taponar el agujero que hay, por medio de la estopa que sea necesaria. He aquí Calidmeo- dijo señalando a uno de los marineros-que sabe cómo reparar la avería con precisión, y el cual he elegido como segundo al mando, haced todo lo que él os diga. Finalmente, tenéis que poner el aparejo por redondo, recogiendo en lo posible las velas, para evitar que por el viento naufraguemos, colocando además el palo mayor en su fogonadura, ¡moveos pronto!- Al recibir las órdenes, obedecimos todo rigurosamente, logrando evitar que el navío se terminara de hundir. Cuando estábamos preparando el aparejo para resistir el temporal, el viento repentinamente apareció con mucha fuerza por el lado de proa, las olas empezaron a levantarse, y la angustia se apoderó de todos nosotros. Yo tenía el deseo de recuperar la lanza de Phigia, pues recordé que habíamos prometido a nuestra amiga, que no perderíamos las armas obsequiadas, pues eran valiosas en gran manera, así que apartando a Crátilo para poderle hablar discretamente le dije:
-Sabéis que la jabalina de Phigia ha quedado seguramente en el fondo del mar, tendremos que recuperarla ahora, o si no la perderemos para siempre, y necesitamos seguir el consejo de la hechicera, sobre tratar de no perder nuestras armas para evitar fracasar.- Entonces Crátilo respondió nervioso por mis palabras, diciendo:
-Pero es imposible totalmente, no hay sol, ni ninguna otra clase de luz que nos guíe a través de la oscuridad del océano, es una noche tormentosa, podemos perdernos en la borrasca, ¿qué tal si las olas nos embisten, alejándonos del navío?-
-Crátilo,-repliqué- no he dicho que iremos los dos, pienso que es enteramente mi responsabilidad, lo que haremos será lo siguiente: ataréis mi cintura con un cordel, y sostendréis un extremo. Al internarme en las profundidades, estaréis atento a una señal que daré, si necesito que me subáis, halaréis de la cuerda rápidamente. Iré con el peto puesto, pues según Phigia, me hace más ligero, así no tendréis que poner demasiado esfuerzo, y de ésta forma llegaré más rápido al fondo del mar.-
-Pero ¿Cómo sabréis dónde exactamente encontrar la lanza en medio del fondo marino?-Preguntó mi compañero.
-Eso es lo que no sé, necesito pensar un poco- Repliqué tremendamente confundido conociendo la difícil prueba que debía superar. Estuvimos en silencio durante un pequeño espacio de tiempo mientras meditábamos desesperadamente cómo resolveríamos el problema, hasta que Crátilo exclamó:
-¡Lo tengo!, deberéis llevaros la espada del hado-
-Pero, ¿de qué me servirá?- objeté
-¿No os dais cuenta?,- dijo Crátilo- golpear el alfanje contra el peto liberará el grito de guerra, con el teñir de su metal la espada del hado se hará notar como ha dicho Phigia, cuando sea así, trataréis de resistir el ruido que resulte, seguidamente escucharéis con atención el eco del mismo, y de seguro si la lanza está cerca, resonará también como resultado de las vibraciones-
-¡Valla qué ingeniosa solución!,-exclamé- ni yo lo habría pensado, vamos pues, ayudadme buscando una jarcia lo suficientemente larga como para abarcar la profundidad del agua, yo voy a avisar a los demás de nuestra empresa.- Los remeros ocupaban sus posiciones para intentar en lo posible sacar el barco hacia alguna costa, pues ya lo había ordenado su capitán, y entre ellos estaba Hestia también, ayudando a propulsar la nave. Acercándome a Faetón, que ya tenía vendada su herida, y estando sentado en el banco del que golpeaba el tambor, al verme me dirigió éstas palabras:
-¿Por qué no estáis remando junto a los demás?, debemos alejarnos de la tormenta tanto como sea posible-
-¡Gran Faetón!,-le contesté- os tengo un gran respeto, y con gusto obedecería vuestras órdenes, pero tendré que oponerme en ésta ocasión a vuestras disposiciones. Detened a los marineros, y decidles que cesen de empujar la nave, pues es necesario esperar un poco más, entretanto yo me dispongo a tratar de recuperar la jabalina de Phigia, arma en extremo valiosa para lograr entrar al inframundo, venciendo todos los obstáculos que se nos presenten en adelante.-
-¿Tenéis la suficiente osadía para arriesgar vuestra vida por un objeto?-me reclamó el hijo del dios solar.
-Pero ése no es cualquier objeto,-repliqué-sino una herramienta necesaria para poder dar guerra a los dioses con éxito, sin ésa lanza, tal vez fallaremos en vencer a Bridela para salvar a Leuce, y perderemos todas las demás batallas si no aprovechamos al máximo todas las ventajas que poseamos-
-¡Ettos!,-voceó Faetón- ¿estáis consciente de que no sois el único que se expone al peligro intentando algo que parece imposible, sino que con ello comprometéis a todos también?-
-Lo sé señor, pero lo que haré no es del todo imposible,-aseguré- sólo confiad en mí, os prometo que no tardaré en recuperar la lanza, si sucede algo, asumiré todo el peso de mi culpa.- Tras un breve silencio Faetón observaba a Crátilo como sopesando, y regresando a mis ojos dijo:
-Bien, ya que insistís, ordenaré que se detengan los remeros, haced lo que tengáis que hacer ya mismo, sabed sin embargo que si después falláis, os dejaré en el fondo del mar, ¡apresuraos!-mandó Faetón.
Crátilo pues ya venía hacia mí entregándome una cuerda nueva, de abundante longitud, y así nos acercamos a babor para desde allí emprender el trabajo. Amarrando la jarcia a mi cintura firmemente, me preparé para lanzarme al agua, y justo en ése instante, las nubes chocaron con estruendo sobre nosotros descubriéndose un poderoso rayo que bajó frente al navío, sin tocarlo afortunadamente, pero abriendo las cataratas del cielo. Hestia, Calidmeo, y todos los demás bogantes se acercaron para observar mi hazaña, y Faetón me observaba desde lejos con algo de incertidumbre en su rostro.
-Si no logro volver- dije finalmente a Crátilo- debéis cortar la cuerda, para que podáis seguir vuestro camino, ya Poseidón viene tras nosotros-
-¡Eso nunca!- Replicó mi compañero- antes moriré yo mismo por salvar vuestra vida- Me entregó después la espada del hado, y se preparó a sostener la cuerda. Finalmente saltando, descendí al oscuro mar empezando mi búsqueda. Mientras descendía, observé a través del agua cómo iluminaban arriba los destellos de grandes rayos que empezaron a descender en abundancia, y cómo se mostraban abajo grandes hileras de algas errantes, circundadas por peces de todas las clases. Llegando al fondo del océano empezó a faltarme el aire, procedí rápidamente a chocar la espada del hado contra la coraza, y un ruido agudo empezó a salir del arma, hasta volverse insoportable. Tapé mis oídos como pude para poder resistir, el sonido cesó en un momento, y presté atención al eco resultante. Atrás de mí percibí un pequeño silbido, me dirigí acercándome a su origen moviéndome a cierta distancia, me detuve, y volví a golpear el peto. Quedé aturdido al principio, pero al recuperarme, intenté escuchar el rumor, y en frente de mí cada vez con más claridad, retumbaba aquel pequeño bullicio, mostrándose a lo lejos un tímido resplandor, hacia donde me dirigí. Cuando llegué a ése punto miré la jabalina, clavada en un escollo sobresaliendo del borde de un gran abismo marino.
Ya perdía las fuerzas, mis latidos se aceleraban desesperadamente, intenté desprender la lanza, pero estaba muy aprisionada. Tiré varias veces de la cuerda, para dar la señal a Crátilo de hacerme subir, entre tanto me aferraba fuertemente a la jabalina para intentar sacarla, y guardando la espada del hado en su funda, usé ambas manos. Arriba tensaron la cuerda, empujándome a la superficie, y yo aproveché la fuerza adicional para aplicarla a la lanza. Cada vez más potencia se imprimió a la jarcia, pero aún no logré sacar de la roca el hierro. Súbitamente la cuerda se rompió, supuse que no era accidental, y efectivamente, vi a mi espalda a Adiqueo, mientras teñía de roja sangre el agua, con la espada en alto listo para herirme. Mi impaciencia se acrecentó sobremanera, sostuve los brazos de Adiqueo, logrando quitarle la espada cuando intentaba atacarme, y empezó seguidamente a golpearme con brutalidad desmedida, arrastrándome con él hacia el piélago. Comenzaba a faltarme el aire, sin poder librarme, pero mientras luchaba, vi a alguien descendiendo de la barca, nadando hacia donde yo estaba. Pude haberlo adivinado, era Crátilo, bajó en el momento de romperse la cuerda, y se lanzó contra Adiqueo, pero éste, tomó del cuello a Crátilo, y empezó a ahorcarle sin piedad. Saqué la espada del hado, corté un brazo de Adiqueo, y comencé a tragar abundante agua desesperado por respirar. Con las pocas fuerzas que me quedaban, le señalé a Crátilo la jabalina, para rogarle que la recuperara, sin darle importancia a mi vida. Lo que puedo recordar, es que luego cerré los ojos, entregándome al frío de la muerte por un instante.
Experimenté una sensación muy extraña: en un momento estaba fuera de mi cuerpo, y me observaba a mí mismo en brazos de Crátilo, mientras él recobraba la jabalina de Phigia. Luego podía verme recostado en la proa del navío, mientras Hestia trataba de revivirme devolviéndome el aliento al sacar el agua de mis pulmones, y de inmediato, una luz muy intensa me rodeó, devolviéndome de nuevo a mi cuerpo. Cuando desperté me hallé cubierto de sargazos, escupiendo salitre, con todos rodeándome y Faetón diciendo:
-¡Lo habéis logrado!, ya estáis a salvo, aquí está la poderosa lanza, ahora levantaos y ayudadnos pronto que una tormenta nos flagela-
La lluvia acrecentada anunciaba la furia de Poseidón, pues al fin se había dado cuenta de nuestra ubicación en el ponto. Me dirigí a los bancos para ayudar a empujar el navío, y pronto escuché el retumbar del bombo, tocado por Faetón, moderando nuestro ritmo. Se sentían los gritos de los valerosos bogantes, al son de cada braceada, y los rayos amenazantes seguían mostrando su poder en el horizonte. Pudimos acelerar el rumbo, sin problemas, el palo mayor estaba en su fogonadura, todo lo demás estaba en orden, parecía que íbamos a poder salir victoriosos de la tormenta, a menos que el guardián Eolo volviera a hacer de las suyas, con nuevos huracanes. Poseidón por su parte intentó hacernos daño, levantando grandes crestas, embistiendo con furia la nave, pero no logró hundir el sólido transporte. Pese a verse frustrado, el que sacude el mar no dejó de atormentarnos, y Zeus siguió acumulando nubes sobre nosotros, pero tampoco se vieron más de sus centellas.
Estuvimos remando durante toda la madrugada, sin dar tregua a nuestros brazos. Cuando llegó la aurora, el mar se calmó repentinamente, Faetón dormía de cansancio, se hallaba debilitado, y todos nos levantamos exhaustos de los bancos, atando los remos a los escálamos. Calidmeo ordenó alzar el palo mayor, y descargar el aparejo para aprovechar el viento que se acercaba de nuevo por la popa, todos obedecimos y a la postre terminamos de sacar toda el agua que había llenado la base del bastimento, reforzando además el boquete por donde franqueó la jabalina, calafateándola con brea. Luego de hechos los trabajos, decidimos descansar, todos saciaron sus vientres humildemente con un puñado de higos, y cabecearon. Crátilo, Hestia y yo nos reunimos durante la frugal comida, y hablando rompí el silencio con éstas palabras:
-¡Valla trajín hemos tenido que superar!, pero aún seguimos con vida, Crátilo, os agradezco especialmente, por haberme salvado de un trágico final, debo reconocer que en verdad sois un gran amigo-
-No hay por qué agradecer- replicó Crátilo- de seguro también estaríais dispuesto a salvar mi vida, de hecho creo que ahora estamos a mano.-
-Así es- dije yo- tenéis toda la razón, ahora quisiera saber, diosa Hestia, qué tan cerca estamos de nuestro destino, pues me pesará tener que seguir evadiendo los ataques de Poseidón por más tiempo.- y la de ojos celestes, contestó así:
-Por prudencia no revelaré del todo nuestra ubicación en el ponto, pudiéramos llegar ésta misma tarde a las orillas donde se encuentra el camino hacia el bosque consagrado, por ello debemos prepararnos lo mejor posible, reponer nuestras fuerzas, y planear estrategias, para poder enfrentar las tinieblas del inframundo. Por el momento Poseidón no atacará más, aunque Zeus nos sigue vigilando desde las alturas.-
-No comprendo- expresó Crátilo- yo pensaba que los dioses tenían poder ilimitado sobre el cielo y el mar, ¿Por qué Poseidón no ha podido destruirnos por completo en ésta ocasión?, ¿acaso no es omnipotente sobre el mar?- Respondiendo Hestia dijo:
-Pues no es así, los inmortales sólo pueden influir de forma restringida sobre los elementos, todo tiene su propio ritmo sin necesitar de las manos de hombres, o de seres divinos, el universo es regido por reglas invisibles a los ojos ignorantes, y todo funciona con una excelente lógica. Los dioses se han apoderado de un derecho que no les corresponde, alterando el curso de la naturaleza, para sus propios intereses.-
-Ésa es la verdad- señalé dirigiéndome a Crátilo-los dioses no son omnipotentes, y lo que dicen sobre Prometeo, atribuyéndole la creación de los hombres, es una gran mentira.- Calidmeo se acercó, escuchando nuestras palabras, hombre de baja estatura, de contextura rolliza, y preguntándole dije:
-¿Dónde está Faetón?, ¿Aún no se despierta?- Y respondiendo dijo con voz estentórea:
-Le dejamos reposar, no se ha levantado aún, es mejor que se recupere pronto.-
-Iré a vigilarle- dijo luego la diosa- si me necesitáis, ya sabéis dónde encontrarme-
-De acuerdo me parece una buena idea-observó Calidmeo-mientras tanto me sentaré al lado de estos buenos señores, tengo consultas que hacer- Hestia sin decir palabra se acercó a Faetón para cubrirle de ungüentos oliváceos. Calidmeo preguntó seguidamente:
-¿Cómo lograremos cruzar las puertas del Erebo?, vosotros ya habéis estado allí según oí, debéis saber de qué manera salir de tal lugar sin morir en el intento.-
-No es así- repuse-logramos escapar sin saber cómo, lo cierto es que no será cosa fácil.-
-Estoy de acuerdo-dijo Calidmeo-, tanto más dificultoso será vuestro viaje si os tropezáis con Escila.-
-¿Habláis de la bestia marina de seis cabezas?- inquirió Crátilo mostrando asombro.
-La misma,- respondí- sería un obstáculo formidable-
-Pero no imposible de vencer- rebatió Calidmeo- tengo en mente un plan. Dentro de los que hemos resistido, están esos siete poderosos guerreros que ahora duermen pasivos.-señalando a los remeros que habían quedado de la refriega, empezó a presentarlos, mencionando sus nombres:
-El de ojos rasgados y piel rojiza, es un egipcio llamado Ramgarh, subió de sus tierras con un escuadrón de soldados que pretendía desembarcar en Rodas en una incursión, pero una tormenta les hizo perder el rumbo, hasta llegar a la morada secreta de Hestia, sólo él logro sobrevivir. Aquél de capa púrpura, es un fenicio, su nombre es Hyrum, apareció junto a su hermano, Adad, el de túnica multicolor, estaban en misión de exploración marítima, en las filas de mercenarios contratados para tal fin desde la ciudad de Telesterion, Eleusis. El hombre más alto de todo el grupo, incluso más alto que nuestro señor, se llama Nabud, es sumerio, tripulante de barcos mercantes, y esclavo expatriado. Mastéhual, el etíope, es otro esclavo, nacido de las siervas de la ciudad de Laconia junto con Uziel, pero éste último es de raza babilónica. Por último está Juliun, el de barba rojiza, desconozco su procedencia, y tampoco la ha referido, lo cierto es que estuvo en el palacio de Hestia, mucho antes que todos nosotros, en forma de ruiseñor…-
-¿Aquel hombre?-interrumpí señalando al de torva faz- ¿era un ruiseñor?, debió ser el mismo que presencié junto con Crátilo al subir a la morada de Hestia-
-¿De veras?- preguntó Calidmeo- bueno él acostumbraba a vagar por las tierras de la diosa. En fin, junto a todos ellos, lograremos emprender cualquier epopeya temeraria, y con toda probabilidad podremos matar al monstruo marino. Pienso que debemos actuar de la siguiente manera: según las leyendas Caribdis está del lado contrario a Escila en un estrecho marino por donde en algún momento cruzaremos, es un remolino interminable imposible de parar, hasta ahora no se sabe con exactitud su verdadero origen, aunque existe una versión sobre la historia de una ninfa ambiciosa que deseaba ensanchar los límites de los mares, inundando gran parte de la tierra, castigada luego al ser condenada dentro de aquel tifón. Cuentan que nadie ha podido sobrevivir a su poder, todo lo que se acerca termina engullido completamente. Buques de guerra enteros han sucumbido bajo el poder de Caribdis, por tratar de evitar a Escila. Pero nosotros lo usaremos para nuestro beneficio. En las orillas contiguas a Caribdis, haremos que desembarquen Faetón y Mastéhual, ambos son arqueros talentosos, en la triacóntera nos quedaremos, Crátilo y yo junto a los demás héroes, Ettos, tendréis que quedaros bajo las aguas acechando a Escila. Llevaréis una cuerda nueva, lo suficientemente larga, como para poder abarcar los doce tentáculos del monstruo, los que utiliza para desplazarse y golpear los barcos. Faetón molestará con sus flechas junto a Mastéhual a la bestia para atraerle hacia Caribdis. Cuando Escila esté enfrente del gigantesco remolino, al estar distraído, Ettos se acercará por debajo atando lo más rápido posible sus tentáculos, así la inmovilizará. Finalmente cuando todo esté listo empujaremos al monstruo con la triacóntera, hacia el remolino, usando el espolón. Caribdis se tragará a Escila, y podremos pasar el estrecho después sin ningún peligro.-
-¡Es una gran idea!,-exclamó Crátilo-nada podrá salir mal, el plan es perfecto.-
-Pero muy arriesgado- repliqué- ¿Y si Escila nos enfrenta en medio del mar?, además sí pueden pasar cosas malas en las costas estrechas, tal vez la cuerda que yo utilice para apresar a Escila no soporte su fuerza destrozándose después. Si eso ocurre, el barco será hundido, y todos en él morirán tragados por el monstruo. O qué tal si el espolón no logra mantenerse firme, rompiéndose en mil pedazos. Más bien, hay muy pocas posibilidades de poder triunfar.-
-Tenemos que intentarlo- dijo Calidmeo-si no tenéis una idea mejor, es la única opción por el momento. No será cosa fácil, tampoco han pensado en cómo pasar la puerta del Erebo, si nos aguarda Cerbero, ¿no es así?-
-Yo maté a Cerbero-respondió Crátilo- no tendremos ésa molestia.-
-¡Increíble!- dijo Calidmeo – en ése caso, es claro que no nos habían presentado bien, nadie pasaría por alto una hazaña tan notable, entonces, qué otro obstáculo tendremos antes de llegar a donde se esconde la araña legendaria. Oí también que deseáis salvar a la famosa ninfa del océano, a Leuce-
-Hay un obstáculo- dije yo-pero es preciso que no se mencione entre nosotros, porque es tal que si lo saben los guerreros que aquí nos acompañan, se desmoralizarían de inmediato, perdiendo toda esperanza, lo mejor es que bajen al inframundo sólo los que entre nosotros estén más preparados para enfrentar sus tinieblas. Iremos Faetón, Crátilo, y yo, Hestia podría también acompañarnos, pero aunque sea una diosa tampoco está exenta de todo peligro, para mí sería mejor que ella se quede en el navío, junto con vosotros, todo se decidirá finalmente en el momento apropiado, cada quien tomará su propia disposición.-
-Cuánto quisiera acompañaros también, -dijo Calidmeo-pero tal vez tengáis razón, no estoy preparado para enfrentarme al inframundo, es demasiado para un mortal.-
Un silencio nos arropó de súbito, el cielo nublado teñía de grises matices cada rincón del ambiente, la melancolía asaltó nuestros corazones y de nuestros rostros empezó a surgir una expresión de desánimo. Un extraño zumbido como el batir de las alas de una gran ave invadió el firmamento, alzamos la mirada para intentar vislumbrar entre las nubes una extraña sombra, la cual se movía a gran velocidad, apareciendo a lo lejos como un mensaje de la providencia. De repente bajó de las alturas el águila feroz, majestuosa ave de los sueños, Crátilo al contemplarla quedó completamente pasmado. La inmensa criatura se precipitó en veloz vuelo sobre nosotros, pasando de largo muy cerca y arriba de nuestras cabezas. La poderosa ráfaga de su aleteo agitó las velas del navío estrepitosamente, todos se levantaron despertándose, incluso Faetón espabiló, y observaron impresionados al águila. Quedamos como hipnotizados al contemplar sus maniobras en el aire, pues empezó a dar vueltas, y a jugar con graciosas acrobacias, pero luego el miedo invadió a la tripulación, pensando en que tal vez había sido enviada por Zeus para arrancar nuestras cabezas. Faetón fue el primero en reaccionar, tomó su carcaj, rápidamente agarró su arco, y afinó una saeta. Mastéhual segundó a su señor, y los demás buscaron sus armas y escudos para protegerse. Pero yo no me movía, ni tampoco Crátilo, ambos estábamos confundidos por lo que ocurría, por lo menos mi compañero había visto antes al animal, pero yo nunca en toda mi vida le había podido avistar. El águila feroz después de volar lejos de la triacóntera, se dio la vuelta, Faetón preparó la flecha apuntándola a lo alto, y ya se disponía a disparar, pero Crátilo deteniéndole le suplicó de ésta manera:
-¡Faetón, no queráis hacerle daño, es totalmente inofensiva!, antes de destrabar la saeta, aguardad un poco y averigüemos si viene con intenciones hostiles, o si tal vez está aquí con buen propósito, si no nos ataca, sabremos que realmente es amistosa- Faetón contuvo el disparo, previniendo a su vez con una señal a Mastéhual, entonces el águila siguió acercándose, sin detenerse, volando un poco más bajo que antes. Al llegar cerca refrenó su vuelo lentamente hasta posarse sobre la nariz de proa, hundiendo el barco con su peso un poco hacia ése lado. Al punto alzó su cabeza, y lanzó un agudo gorjeo característico de las aves rapaces. Luego empezó a fijar su vista hacia donde estaba Crátilo, él empezó a caminar lentamente hacia el ave, y todos clavaron su mirada en él, permaneciendo quietos. Cuando Crátilo llegó cerca del águila, extendió su mano, y empezó a acariciar el plumaje de sus alas, pues la criatura había agachado su cuerpo ladeándose completamente. No se dejaban de mirar el uno al otro, al parecer empezaron a comunicarse sin necesidad de hablar, de una forma misteriosa, y Crátilo pareció entenderle, subiendo al lomo del águila. El águila feroz emprendió un poderoso despegue y levantándose sobre nosotros subió hasta el cielo desapareciendo entre las nubes delante de nuestros ojos. Arriba Crátilo observó maravillado cómo se alzaban sobre todo el firmamento, viajando a gran velocidad, sin saber a dónde irían. En un momento se halló sobre los campos de Parnaso, llegando a Tebas, deteniéndose después en una necrópolis. Bajándose del dorso del águila Crátilo quedó en frente de una tumba en donde habían sendas placas tapando su entrada, que mostraban el siguiente sello: ‘Del linaje tebano. Erigido en memoria de los caídos durante llegada de los Epígonos’.
Crátilo logró deducir la suerte final de los cuerpos de su familia, al ver más abajo del sello inscritos los nombres de los sepultos, allí estaban, sin haber recibido el tradicional acto fúnebre merecido por los héroes, en donde se queman completamente sus cuerpos, sino siendo objetos de un empeño por conmemorar el nefasto día en que la ciudad cayó en manos de la venganza. Crátilo se arrodilló profundamente conmovido frente al monumento, sus lágrimas descendieron dramáticamente sobre sus mejillas, echó polvo sobre su cabello, y se postró totalmente. Más tarde se puso de pié violentamente, y acercándose al águila le increpó diciendo:
-¿Para qué me habéis traído acá?, ¿A acaso os han enviado los dioses para atormentarme?, ¡largaos!, ¡dejadme morir aquí!, ¡no quiero tener que seguir tolerando el mal!- El águila se conservó paciente, mirando a Crátilo mostrando compasión en su continente. Crátilo volvió a tumbarse al suelo, sin hallar sosiego en su sufrimiento. Se levantó más adelante, sentándose al lado de la tumba, y allí se quedó hasta la tarde junto al águila feroz, que le acompañó quedándose a su lado sin apartarse en ningún momento. Dentro de las profundas reflexiones en las que se vio embelesado durante aquél período, entendió su propósito. Allí Crátilo terminó de formar su espíritu, y ya no deseaba ser más un niño, antes bien, quiso aceptar por completo toda su carga. Descubrió la realidad, y dando un gran salto hacia adelante en el tiempo, vio el fin de todas las cosas, dejando atrás aquellas dudas que persistieron durante un tiempo. Cualquiera pensará que estoy especulando demasiado sobre lo que en verdad ocurrió con él en ése momento, pero las pruebas de lo que afirmo se hicieron notorias mientras pude conocerle mejor. Despidiéndose definitivamente de su familia, Crátilo se acercó de nuevo al águila feroz pidiéndole disculpas con dulces palabras por haberle tratado mal, y subiendo sobre sus alas regresó a las alturas.
Entre tanto, estando yo en la triacóntera, me preocupaba sobremanera al ver que él no regresaba, varias veces sugerí que fuésemos a buscarle, pero Faetón me hacía ver lo imposible que era. Nadie podía seguir su rastro estando sobre las alas del animal más veloz sobre la tierra. Empezamos a creer que ya no le veríamos más, pero justo cuando las esperanzas mermaban, le percibimos a lo lejos, delante del anaranjado fulgor del ocaso, sobre la poderosa criatura. Pasando frente al barco, al seguirle con la vista, nos hizo ver tierra a la distancia, entonces inquieto, pregunté a Hestia:
-¿En dónde estamos?, ¿Hemos llegado a las costas estrechas?-
-No lo sé- respondió la diosa-no reconozco el lugar, acerquémonos un poco, pero tengamos precaución, no sea que estemos cerca del peligro- Crátilo regresaba hacia el navío, cuando Faetón dio la orden de recoger las velas, para empezar a remar. El águila feroz volvió a posarse sobre la triacóntera, y Crátilo bajando de su cuello, observó como inmediatamente se alejó en dirección oriental, desapareciendo tras las negras nieblas del mar.
-Debemos ir a tierra ya mismo- dijo Crátilo-la noche se acerca, y no podremos arriesgarnos a luchar contra Escila en la oscuridad, tendremos tiempo mañana- sus palabras seguras, y llenas de una actitud vital, hizo que todos nos quedáramos mirándole, extrañados de su nueva personalidad.
-Crátilo tiene razón- señaló Faetón a los suyos- al parecer nos falta camino para poder llegar a las costas estrechas, debemos aprovechar éste momento para reponer nuestro ánimo y planear mejor nuestros ardides en tierra.-
-¿Qué os ha acontecido?- pregunté seguidamente a Crátilo-¿a dónde os llevó el águila?- pero no me respondió palabra, y mientras los navegantes tomaban sus puestos, Faetón se nos acercó más diciendo:
-Ésa es el águila feroz, animal legendario creado por Zeus para supuestamente ejecutar la justicia en los lugares donde sea necesario, y servir de ojos para el dios, que lo vigila todo a través de la visión de la increíble ave. O al menos eso dicen los aedos, ¿A qué habrá venido?, ¿Podéis decirnos Crátilo a dónde os ha llevado?-
-No es necesario-respondió Crátilo-ya habrá otro momento en que os lo revele, pero al presente estoy abrumado de muchos y pesados sentimientos, y quiero distraer mi mente de ellos por ahora, tratando de olvidar lo que he visto- Apartándose de nosotros, se fue hacia los bancos, para acompañar a los demás en el trabajo de impulsar el barco, y entonces Faetón hablándome en voz baja comentó:
-Su rostro tiene un brillo diferente, ¿qué le habrá sucedido?-
-No lo sé con certeza-contesté- la verdad es que antes él se había encontrado con el animal legendario en un sueño que le infundieron los dioses, para engañarle respecto a Hades. No he entendido por qué el águila feroz apareció en aquella visión. Hay cosas que van más allá de nuestra comprensión, y hay otros mundos que no podemos alcanzar con sólo saltar a la nada; otras dimensiones intangibles, pero que existen, así como el mundo intelectual. –
-Lo que decís es muy difícil de comprender- replicó Faetón-pero tal vez con el tiempo lo develaremos, por lo menos sabemos que tenemos un nuevo aliado, y muy valioso por cierto, si en verdad podemos calificar de ésa manera a aquella indomable criatura. Espero que Zeus no la haya enviado para engañarnos. Ahora ¡A bogar!, tenemos que alcanzar aquellas tierras lo antes posible para no tener que enfrentar de nuevo la furia de Poseidón- Obedeciéndole me coloqué cerca de Crátilo uniéndome a los remos, y pronto llegamos a las orillas de una playa de arenas blancas. Encallando bajaron Hyrum y Adad rápidamente para colocar el puntal, entre tanto, la marea había subido considerablemente, haciendo que la triacóntera quedara más interiormente posicionado respecto a la costa, Crátilo y yo resguardamos el palo mayor de la tormenta que se avecinaba, y los demás bajaron con las provisiones que habían quedado, y con las armas, para evitar que se perdiesen si la embarcación cedía frente a las poderosas olas. Empezamos a buscar un refugio adentrándonos por los extraños parajes, pronto cruzamos la ribera en su totalidad, llegando a una extensa espesura de palmeras, característico de climas tórridos, y la vegetación empezó a variar en la medida de nuestro andar.
La noche llegó con rapidez, la luna aparecía intermitentemente oculta detrás de las nubes, la temperatura descendió repentinamente, nos tropezamos con una exuberante cantidad de arbustos, por ende el transitar se dificultó, un coro de sonidos muy variados provenientes de las muchas criaturas del lugar desfiló ante nuestros oídos, parecían ignorar nuestra presencia, y la 0scuridad se cernía sobre cada rincón del paraje. Hestia tomó su forma animal, trepando hasta la copa de un alto alerce, y al bajar, recuperando su figura humana dijo:
-No logré divisar luces de fogatas, ni escuchar bullicio de gente, al parecer no hay señal de alguna civilización, pero sí pude ver la costa, aunque con algo de dificultad, estamos muy lejos del mar, y corremos el peligro de perdernos, tenemos que buscar un abrigo pronto, estamos fuera del alcance de Poseidón, pero Zeus está preparando sus potentes rayos.-
-Yo no tengo ideas- referí- cuál es vuestra sugerencia Faetón-
-Tendremos que seguir buscando,-respondió Faetón- no hay otra opción-
-Sí la hay-replicó Crátilo-cuando estaba volando con el águila feroz, al acercarme a las costas, pude ver desde las alturas el relieve de éstas tierras. Éste indudablemente es un continente, pues no pude ver el mar del otro lado, sino un gigantesco monte, que se alzaba en medio de todo, si seguimos caminando alejándonos de la playa, seguro llegaremos a aquel sitio, y encontraremos algún amparo.-
-Es la única idea ejecutable en éstos momentos-observó la diosa-yo seguiré orientando nuestro camino subiendo a los árboles tratando de no perder de vista las orillas en donde aguarda el navío-
-Apresurémonos pues-dijo Faetón- o si no nos alcanzará la aurora, o peor aún, el vaticinio de nuestro final.-
El viento acarició la faz de nuestro rostro, agitándose paulatinamente, emprendimos de nuevo nuestra marcha, todos sostenían los cestos de los acopios con una mano, y con la otra las espadas, estando alertas y abriendo bien los ojos, la luna no apareció más, y empezaron a emerger desde los nimbos incandescentes relámpagos. Durante dos horas estuvimos caminando, y nuestra esperanza se renovó cuando Hestia reportó haber perdido de vista la costa, pero logrando apreciar de lejos las sombras de un gran montículo. La tensión invadió nuestros ánimos, cuando repentinamente un poderoso rayo se descargó delante de nosotros, llenando de su radiante fulgor todo el cielo.
-¡Corred pronto!- exclamó Faetón-¡Ya ha empezado el ataque de Zeus!-haciendo caso nos apresuramos, y en seguida empezaron a bajar como flechas los rayos del enérgico dios. El fuego no tardó en aparecer, consumiendo la extensa agrura a su paso, nos empezamos a separar durante la huida, Hestia se movía transmutada en leona, delante de nosotros, orientándonos con poderosos y largos rugidos, un árbol se desprendió de raíz precipitándose sobre mí, y hubiese quedado aplastado si Nabud, el gigante sumerio, que iba a mi espalda, no hubiese intercedido por mí, sosteniendo de manera impresionante todo el peso sobre sus hombros. Empezamos a serpentear entre menos espesura, y finalmente logramos toparnos con una inmensa concavidad al pie de un otero. Cuando todos entramos, los rayos dieron sobre el collado, desprendiendo grandes pedruscos que al bajar, cubrieron la boca del socavón, dejándonos atrapados, y en medio de la obscuridad. Cuando recuperamos la calma, Faetón preguntó:
-¿No falta nadie?-
-Yo estoy vivo-respondió Calidmeo- y estamos sin salida, pero al menos hemos conservado la vida.-
-Todos hablad para saber si estamos completos- pidió Faetón, y todos respondimos sin quedar uno solo.
-Hagan fuego-dijo después-debemos alumbrar la cueva-y acatando sus palabras, Ramgarh hizo rápidamente una lumbre, y descubrimos las dimensiones de aquel lugar, en donde efectivamente no había salida, y la única que había quedaba completamente sellada.
-Tendremos que buscar una manera de salir pronto de aquí-dijo después Calidmeo- o fracasaremos en llegar al inframundo-
-No fracasaremos-respondió Faetón- esperemos hasta mañana, preparad algo de comida, que ha sido un día muy largo, durmamos luego, y repongamos las fuerzas, si logramos alcanzar el inframundo, no habrá tregua para nuestras almas.- A la manera de costumbre Hestia, junto a Uziel y a Mastéhual, ordenaron todos los objetos que habíamos sacado del barco, colocándolos en los rincones del lugar, disponiendo luego de sencillos alimentos, entregándole a cada uno pingües trozos de carnero, acompañado del pan sin levadura. Tomando una ración de ambrosía, me senté al lado de los varones, que estaban alrededor de la fogata, y allí estaba Juliun, un hombre de pocas palabras, que nadie trataba con frecuencia debido a su timidez. Pero según mi costumbre de no guardar distancia frente a ninguna persona, sin importar su temperamento, le interrogué hablándole así:
-Dicen que estuvisteis en el palacio de Hestia antes que todos éstos venerables señores, ¿Por qué no nos contáis cómo habéis llegado a conocer a la hija de Circe?, y también cómo disteis con la morada secreta.-Todos me miraron, como rechazando mis preguntas, menos Juliun, el cuál permaneció quieto y cayado frente a mis solicitudes, mirando bajo, pero yo insistiendo le dije:
-Es claro que os aguijonea algún sufrimiento difícil de sobrellevar respecto a tales hechos, pero peor es acallarlos guardándolos en el corazón, pues os envenenarán hasta la muerte, haciéndoos llevar una vida constantemente pesada.-
-No está bien que le molestes- dijo Adad, el fenicio-las cosas que un hombre oculta en su pecho frente a los demás, pueden herir a diestra y siniestra, o tal vez causar males que no se pueden prevenir, Juliun tiene una razón para mantener silencio sobre su origen-
-Aprecio mucho tal razonamiento- expresó Uziel, el babilonio-conocí a una mujer que se había casado a temprana edad, pero estando encinta, y su hijo era de otro hombre; su vida transcurrió tranquila entre tanto no reveló sus secretos, pero un día apareció, en la puerta de su casa, el verdadero padre de su retoño, y a partir de ése momento, tuvo que vivir un eterno sufrimiento a causa de la verdad. Su otro marido la abandonó, y ella no quiso ver más el rostro de aquél que le había infortunado, quedándose sola. El fruto de todo esto creció confundido y cuando se hizo mayor abandonó a su madre al descubrir la realidad, y al sentir resentimiento. Ahora pienso que todo hubiese sido diferente, si nunca se hubiese manifiesto lo que tanto se calló.-
-¿Puede haber otra manera de evadir el sufrimiento?-preguntó Mastéhual, el etíope- Yo digo que no, y se puede llegar a muchas conclusiones, pero realmente la discreción es esencial en el mundo en que vivimos, a veces es necesario mentir para poder sobrevivir.- Crátilo empezaba a sonrojarse, no le gustaba lo que escuchaba, entonces interrumpiendo dijo:
-¿Por qué no dejáis de hablar?, ni siquiera estáis interesados en escuchar a Juliun, por eso tal vez es de naturaleza retraída.-
-Sí, es posible que tengáis razón- dijo Nabud, el sumerio de voz ronca-entonces, Juliun, ¿Qué discutís de todo esto que se dice?-
-Es mejor que no lo intentemos- dijo en seguida Ramgarh, el egipcio-nadie puede hacerle hablar-
-Estoy de acuerdo- repuso Hyrum, hermano de Adad-estamos perdiendo el tiempo con éste asunto. Solamente reflexionemos sobre el comienzo de los días que cada uno tiene. Nadie en verdad se enorgullece del pasado, o de su destino, ¡hoy cualquiera puede maldecir el día de su nacimiento!- Yo empecé a irritarme, con los postreros razonamientos, y rompiendo el consejo de aquellos hombres, interrumpí diciendo:
-¡Basta ya! ¡Callaos!, ¡Dejad los prejuicios! ¿A caso no podéis cerrar el pico ante el silencio de otro hombre?, ¿eso no es loable también?, ¿eso no es respeto?, os haré varias preguntas pero aún no respondáis, ¿seréis capaces de deshonrar a vuestros verdaderos progenitores?, ¿sois capaces de culpar a quien sea de lo que os pasa en vuestra vida?, si es así, no tenéis corazón en el pecho. Solamente pensad si alguna vez habéis encontrado la paz aunque sea tan difícil de conseguir, y tratad de recordar, aunque sea pesado, lo que la producía. Nadie debería avergonzarse de sus orígenes, pues si no hubieseis nacido de la manera que lo quiso el mismo destino, no estuvierais aquí, vivos, participando del acontecimiento más grande de todos los tiempos: el transcurrir de la historia. ¡Ojalá no hubiese futuro, ni pasado!, dicen, ¡pero así no apreciaríamos mejor todo lo que nuestros ojos ven! Ahora pienso que quien oculta su origen, es un terrible cobarde.-Tras mis últimas palabras todos quedaron enmudecidos, y el torvo rostro de Juliun contemplaba mis ademanes, entonces se levantó airado delante de todos y respondiendo dijo:
-¡Valla atrevimiento se ve debajo del cielo!, la valentía es alabable, pero también existen los pendencieros, ¡Yo no soy un cobarde!, y para demostrarlo ahora mismo describiré con mis palabras lo que no había visto la luz. Soy hijo de Circe, y no sé quien es mi padre, ella nunca se dignó a declararle, por ello hasta la luna de hoy ciertamente he guardado resentimiento, y mi hermana es Phigia pero ella lo ignora, pues la vergüenza cubrió mi rostro cuando llegué a la casa de Hestia huyendo de mi hogar (ya no podía convivir con la mentira). Por ésa razón fui convertido en una simple ave, quitándome la libertad de un ser humano, pues me han juzgado como un extraño que anda perdido sobre la tierra, sin origen ni destino.- Así dijo el de faz amenazadora, y ojos hinchados, entonces Faetón inoportuno intervino diciendo:
-¡Valla, valla!, pero ¿es que nadie de los que se encuentran aquí ha tenido una familia perfecta?- Entonces Crátilo hallándose un poco dolido, al escuchar tan fuertes voces, respondió y dijo, mientras le miraba a los ojos:
-Yo si tuve una familia perfecta, pero aunque la he perdido, ya no me atrevo a señalar culpables- Y justo desde ése instante, Hestia no levantó más su rostro, aunque ella no había hablado, todos los demás callaron. Entonces finalmente dije:
-Los dioses han arruinado la vida de muchos de los que estamos aquí, ésa es la verdad. Aquí hay mortales, y semidioses; y ¡He aquí una diosa!, pero ninguno ha escapado del mal- Así concluí, y no abrí más la boca. Llegada la hora, se apagó la hoguera, todos se apartaron a las esquinas de la cueva para improvisar un lecho donde cerrar los ojos, la tormenta siguió retumbando afuera de aquél sitio, no cesaron de caer centellas, el turbión se hizo presente, las frías ráfagas, al chocar contra los pliegues de la montaña hacían un ruido como el silbido de muchos cuernos, y aquella noche tuve terribles pesadillas en la forma de harpías, escorpiones gigantes, y espantosos dragones.
Capítulo IX
<<< Dardos de Traición >>>
Todos despertamos sobresaltados, las paredes tronaban a raíz de un constante golpeteo que parecía provenir de entre las grandes piedras que estaban a la entrada del socavón. Los rayos del sol entraron gradualmente, entre tanto aquellas rocas empezaban a derrumbarse desde afuera formando una pequeña hendidura. Nos alertamos inmediatamente cuando alcanzamos a oír multitud de voces, pero no pudimos reaccionar a tiempo pues de pronto un gran agujero terminó de abrirse entre las peñas, dejando entrar de lleno la blanca luz de la mañana, segándonos en el acto. Una silueta humana se asomó tímidamente, y luego entró seguida de muchas otras sombras, que empezaron a proyectarse en las paredes del sitio. Nos rodearon un sin número de hombres bárbaros, armados de hachas, mazos y grandes porras, mostrando extraños cascos adornados con astas de carneros y bovinos, y vistiendo exóticas pieles. Nos miraban como si fuésemos insólitos seres, y nos amenazaban con sus peligrosas armas si nos movíamos un poco, sin permitirnos tomar las nuestras, hablándonos ásperamente en un idioma advenedizo. Detrás de todos ellos entró a la cueva un varón de blancas y largas barbas, de estatura mediana, cubierto por una tosca armadura completa, sin casco, cargado de un pesado azadón. Yo, estando cerca de Faetón, le pregunté si conocía tales personas, pero meneó la cabeza como respuesta negativa, y en su lugar respondió Hestia en voz baja:
-Tal vez son los cimerios, pero no estoy muy segura, no logro reconocerles del todo -
-¿Y entendéis su idioma?- inquirió Faetón.
-No, -contestó la diosa- es imposible de comprender, parece una lengua secreta.- El hombre de blanca melena, se detuvo delante de nosotros, examinándonos con la mirada de pies a cabeza, y empezó con enérgico acento a hablarnos, pero ninguno de nosotros logró entender lo que se nos decía con tanto ahínco. Hestia pronunciaba palabras en antiguo macedonio, para ver si con ello lograba comunicarnos con él, pero aunque seguidamente intentó con otras lenguas no logró hacerse entender. Finalmente el hombre de rudas manos dijo éstas palabras, que logramos descifrar en griego:
-Habéis entrado en tierras sagradas sin mostrar respeto, ¿De dónde venís?, ¿A caso no podéis distinguir el territorio cimerio de las demás tierras?, ¿Quiénes sois?-Faetón dando un paso al frente, respondió diciendo:
-¡Buen hombre!, venimos de tierras muy lejanas, y somos humildes comerciantes-
-No estoy satisfecho con vuestra respuesta- objetó el guerrero-no me habéis dicho quién sois, sólo lo que hacéis, además no me habéis revelado con honestas palabras vuestro origen-
-Es verdad- repuso Faetón- si así lo deseáis dejaré ver quiénes somos cada uno de nosotros, y mencionaré puntualmente nuestra procedencia. Mi nombre es Faetón, hijo de Helios, ella es Hestia, diosa del fuego fraternal, aquél es Ettos, hijo de Prometeo, y ése es Crátilo, un gran héroe, asesino de Cerbero. Tenía a mi cargo cuarenta y nueve soldados, pero les he perdido a manos de un bandido, sólo quedándome ocho de ellos, y todos venimos de una morada secreta, en donde en éstos momentos habita Phigia, hija de Circe, sólo eso diré- El de barbas albinas se quedó contemplativo por unos instantes, y después se volvió, departiendo con sus salvajes hombres en su propia lengua, sin que nosotros pudiéramos saber lo que les declaraba. Ellos lanzaban gritos de forma unánime, como celebrando cada palabra de su adalid, y rápidamente se apoderaron de nuestras armas, despojándonos de todos los objetos que habíamos logrado rescatar de la triacóntera, llevándonos cautivos con ellos, sin saber sus intenciones.
-¿A dónde nos lleváis?-preguntó Faetón al hombre de manos rudas-exijo ahora mismo vuestra respuesta, es injusto que nos tratéis de ésta manera- pero no halló respuesta, y empujándonos, nos obligaron a caminar fuera de la cueva, transitando la selva, en dirección opuesta a la costa.
-¡Debemos hacer algo!- decía Uziel, el esclavo babilónico, a Faetón-no podemos permitir que nos apresen de ésta manera si no hemos hecho nada en detrimento de nuestro honor, mi señor. Esperamos vuestras órdenes-
-Calma-replicaba Faetón-ya llegará el momento oportuno en que debamos actuar, por el momento estamos en desventaja, pues son más numerosos que nosotros, evitemos ahora caer en la impaciencia, ya no quiero tener que lamentar la muerte de otro de mis compañeros- A pesar de sus sabios consejos, el ánimo de nuestros héroes seguía inflamado, pero lograron contener su violencia.
Anduvimos por estrechos caminos, vimos grandes montes, además del que nos cobijó al llegar a aquellas tierras, pasamos por exuberantes paisajes, poderosos volcanes se mostraban a lo lejos dándonos qué temer, pues sus bocas resplandecían con rojo fulgor, cubriendo de humo todo el firmamento, incluso las cenizas llegaban a nuestros pies, y no paramos hasta encontrarnos con una misteriosa ciudad. Aquel lugar mostraba un abundante caserío, elaborado de forma precaria usándose arcilla mezclada con fango como principal constituyente de su construcción, y ostentando techos de bálago muy bien entrelazado. De las puertas de aquellas humildes estancias, salieron a recibirnos centenares de niños, cubiertos de tierra, vestidos muy pobremente con telas deshilachadas, seguidos de sus preocupadas madres que rápidamente los tomaban de las manos, recogiéndoles debajo de sus brazos, mientras nos miraban con algo de miedo. También vimos ancianos sentados entre las callejuelas, cuyos rostros enseñaban tristes facciones, como dando testimonio del tiempo, que al parecer transcurría dolorosamente para ellos, y además uno que otro escuálido joven desfiló frente a nosotros, cargando odres de agua sobre sus hombros.
-Yo antes estuve en éstos parajes,-declaró la diosa-pero ahora le desconozco totalmente. Algo ha pasado, los ojos de ésta gente no brilla como antes, siempre conocí que ésta era una tierra sombría, las gigantescas calderas de las montañas han cubierto durante siglos el resplandor del sol con sus negras emanaciones, pero nunca vi la miseria sobre sus lomos. Una vez éstas calles fueron de oro puro, las ventanas de sus hogares siempre iluminaban todo en derredor por las resplandecientes piras que ardían en su interior, y en donde se preparaban grandes cantidades de bueyes y toros, pues se celebraban constantes banquetes, sus señores se sentaban sobre pieles purpureas, y sus mujeres ostentaban grandes aretes y hermosísimas piedras.-
-No hay porqué extrañarse- dije yo- Hades es el dios más opulento de todos por alguna razón, entreveo que estamos cerca de su negra guarida, si no estamos encima de una de sus bocas- Faetón mostraba gran desconcierto en su rostro, y Crátilo además se veía conmovido por todo lo que veía. Pronto nos condujeron a una parte elevada del menesteroso poblado, en medio de la cual había una alta fortaleza de piedra, rodeada de grandes murallas. Al arribar a la puerta, el hombre de blancas barbas sacó una corneta de su talego, tocándola largamente, y enseguida se abrió el portón desde adentro, siendo empujadas ambas portezuelas de los flancos, por dos poderosas monturas, descubriendo un centenar de combatientes. Apresuradamente nos hicieron caminar al interior de la muralla, haciéndonos bajar por escaleras de caracol, hasta un obscuro y largo pasadizo subterráneo, en donde había tétricos candelabros, que a media luz iluminaban desde el techo, acentuando el carácter tenebroso de aquél sitio, y nos encerraron en reducidos calabozos encadenando nuestras manos a las paredes, de modo que no podíamos asomarnos entre las rejas.
El hombre de manos toscas ya se disponía a abandonarnos en dicho encierro, al darse la espalda, pero Faetón indignado le gritó desde su lugar:
-¡Dadnos al menos una justa razón por la cual tengamos que pagar ésta condena!- Y al darse la vuelta, el de blanca melena contestó diciendo:
-Desconfiamos de vosotros- Y sin decir más se alejó cerrando tras sí un portón al pié de la escalera.
-¡Y ahora, qué haremos, señor!- Exclamó Uziel, dirigiéndose al hijo del dios solar.
-¡No lo sé!-respondió Faetón- no tengo respuestas en éste momento, no entiendo lo que sucede.-
-Aquellos individuos se comportan de manera bestial- dijo Calidmeo desde su celda–parece que no tenemos esperanzas, tal vez terminaremos convertidos en sus esclavos, ni siquiera mostraron algo de veneración frente a la diosa Hestia.-
-¿Cómo han de venerarla?- exclamó una mujer desconocida desde el fondo del pasillo, en otra cámara del aljibe-¿No sabéis que ellos aborrecen a los dioses griegos?, ni siquiera los ven como tal, vosotros sois los salvajes desde su punto de vista, y Zemat es un terco, querrá destruiros a pesar de lo que diga su rey.-
-¿Quién habla?- preguntó Faetón- ¿Y quién decís que es Zemat?-
-¡Soy Tebunah!- contestó la mujer- guerrera perteneciente al clan de las amazonas, y en éstos momentos enemiga de quien os ha encerrado en éste lugar, y cuyo nombre ya he mencionado.-
-¡Bien!- dijo Calidmeo-es lo que nos faltaba, una peligrosa amazona entre nosotros, ¿algo peor podrá suceder?-
-¿Conocéis éste pueblo?- indagué yo dirigiéndome a Tebunah-¿Podremos confiar en vuestra presencia?, ¿o, hemos de temer?-
-Vine hace tiempo buscando riquezas,-respondió la legendaria cazadora- pues los rumores sobre éste lugar siempre llamaron la atención de mis hermanas, sin embargo al llegar no encontré algo de valor, entonces quise servirme al menos de un hombre, para obtener alguna hija de mis entrañas, e intentando capturar uno de ellos, estuve merodeando las aldeas, pero más tarde me descubrieron, y tratándome con crueldad me llevaron hasta acá. Ahora he intentado escapar infructuosamente, en varias ocasiones, y he esperado el momento indicado para poder hacerlo. Les aseguro que podéis depositar vuestra seguridad sobre mí, puesto que lo que más deseo en estos momentos es la libertad, y nada más. Os podré ayudar a salir de aquí, tengo un plan que no podrá fallar, sólo declaradme si finalmente podremos trabajar como un equipo, sin sospechas o recelos.-
-Primero reveladnos cuál es vuestro designio-dijo Faetón-para evaluar si sois en verdad inteligente, conociendo lo que os conviene.-
-Sin problemas- replicó la amazona- sabed antes que aproximadamente cada cinco horas se acerca la guardia de la fortaleza para abrir las rejas de las prisiones, vendrán con intención de alimentarnos, revisar nuestra salud, e inspeccionar cada rincón para así estar seguros de evitar nuestra fuga por otros medios de los que tengo en mente. Abrirán las mazmorras una por una, comenzando por ustedes, y cuando el portero se acerque a la mía, le atacaré, y les aseguro que le haré dormir, rápidamente le quitaré las llaves, y las entregaré a vosotros mientras lucho con los demás guardas, seguidamente me ayudaréis para reducirles completamente. Cuando estemos libres de enemigos, subiremos las escaleras de la muralla, hacia una de sus almenas, desde allí lanzaremos un cordel, y después echaremos a correr por la selva, tratando de despistar las patrullas, hasta llegar a un lugar seguro, en donde yo me pueda separar de vosotros en dirección a mi prole, y vosotros, en la dirección que os plazca. Os recomiendo eso sí, que para poder salir de la ciudad sin llamar la atención, os acerquéis al volcán Demhavé, el más alto de todos los volcanes de ésta tierra, rodeándolo podrán llegar a las costas, o internarse más en dirección al soto, dependiendo de la ruta que toméis.-
-Ya está resuelto- dijo Faetón-estemos pues preparados para cuando llegue la guardia, entretanto nos armamos de paciencia, pues es el único arsenal que poseemos ahora.-
-Por cierto- habló Calidmeo- Tebunah, ¿hay alguien más entre nosotros en estas prisiones?-
-No,-respondió Tebunah- he estado sola aquí desde antes que vosotros llegareis, los demás reos han sido ejecutados por el rey-
-Ya, ¿Quién es el rey de éste pueblo?,-pregunté- ¿Puede haber uno en semejante ambiente?-
-Sí lo hay- respondió Tebunah –pero desconozco su nombre, Zemat sólo dice ‘mi rey ha dicho tal cosa’, o ‘mi rey ha ordenado esto o aquello’, cuando habla de él.-
-Puede ser razonable- objetó Faetón-si quiere evitarse una traición, lo más útil es esconder la identidad del soberano. Tampoco os revelaré mi nombre, Tebunah, aseguro que todos aquí seremos amistosos, no obstante evitaremos tener algo que ver con las amazonas, yo particularmente estoy reacio a ello, por alejarme del peligro-
-Acepto las condiciones,- declaró Tebunah - ahora lo mejor es mantener silencio, no sabemos si las paredes del recinto tienen oídos.-
-Estoy de acuerdo- declaró Faetón.
El hijo de Helios se encontraba encerrado junto a Uziel, Adad, y Mastéhual, en la cámara contigua estaban Crátilo y Calidmeo, y finalmente Ramgarh, Nabud, Juliun, Hyrum, Hestia y yo estábamos encerrados en la celda próxima. Transcurridas como dos horas, escuchamos abundantes pasos desde la escalera, y después vimos a Zemat entrando seguido de sus salvajes. Acercándose a mi celda, abrió la puerta, y rápidamente dio una señal a los suyos para que sacasen a Hestia.
-¿Qué pensáis hacer?- pregunté molesto a Zemat. Pero él sólo me miró por unos instantes con áspera expresión, y volviendo a cerrar la reja hizo que Hestia caminara empujándola con violencia, y al verlo, Faetón le increpó diciendo:
-¡A dónde la lleváis desgraciado!, ¡quitadle las manos de encima!, ¡ya veréis lo que os haré, en cuanto salga de aquí!, ¡vamos miserable sacadme a mí para que sepáis lo que es un verdadero hombre!, ¡cobarde!- así le incitaba el hijo del dios solar, sin poder llamar su atención, hasta que no pudimos verle más.
-¡Ahora sí estamos en aprietos!- dije yo enojado-¡si pudiéramos hacer algo para salvarla!-
-¿Qué pasa?, ¿Porqué estáis tan agitados?- preguntó Tebunah desde el fondo del pasadizo.
-¡Se han llevado a la diosa Hestia!- le respondió Faetón-tengo un mal presentimiento-
-¡No voy a permitirlo!,- exclamó Crátilo – ¡Yo no voy a permitirlo, de ninguna manera!
-¡No podemos hacer nada!- replicó Calidmeo-éstas cadenas lo impiden, ya no podemos pedir la ayuda de ningún dios, sólo la diosa Hestia estaba de nuestro lado-
-Tenéis razón- dijo Tebunah –lo único que nos resta es esperar-
-¡No lo voy a permitir!- insistió vehementemente Crátilo – ¡aunque los dioses nos hayan abandonado!, ¡no necesitamos de ellos para romper éstas cadenas!- Y mientras hablaba, Crátilo tiraba fuertemente de sus cadenas, y sorprendentemente destrabó los eslabones, y los hizo pedazos. Luego comenzó a empujar las rejas de su prisión con mucha ira, aturdiéndonos con fuertes golpes.
-¡Crátilo se ha vuelto loco!- grito despavorido Calidmeo.
-¡Ya basta!- exclamó Tebunah -¡Llamaréis la atención de los guardas!- Pero Crátilo no se detenía, y como cuando un búfalo embiste a su contrincante con poderoso celo por disputar su dominio, así forcejeaba contra los hierros, que ya se arqueaban ante su ímpetu.
-¡Ayudadlo Calidmeo!- ordenaba Faetón, pero Calidmeo se había quedado helado, y de repente apareció la guarda del baluarte, seguido de los salvajes guerreros, y apuntando una saeta hacia Crátilo, con voz autoritaria y en griego, dijo:
-¡Suficiente, dejad de hacer escándalo, o mataré a todos vuestros compañeros!-
-¡Hacedle caso!- dijo la amazona, pero Crátilo no prestó atención, y de forma poderosa, en uno de sus últimos asaltos, hizo estallar los fuertes barrotes de la prisión, e inmediatamente se abalanzó encima del portero tirando lejos su arco. Calidmeo, reaccionando, corrió hacia ellos, quitándole la espada y las llaves al guarda, mientras éste yacía en el suelo siendo ahorcado por Crátilo, y volviéndose a los demás salvajes empezó a luchar en su contra.
-¡Calidmeo!, ¡Aquí, lanzad las llaves!- le gritó Faetón, y Calidmeo, mientras pudo, tiró las llaves hacia él, pero las mismas quedaron muy lejos de su alcance, por ello tardó un poco en tomarlas, entre tanto Calidmeo intentaba resistir, peleando sólo contra los salvajes, pues Crátilo aún no se apartaba del guarda. Finalmente Faetón logró apoderarse de las llaves, y quitándose los grilletes, liberó a sus hombres, quienes prontamente se unieron a la riña. Seguidamente, Faetón se dirigió a donde me encontraba con el resto de los héroes, quitando nuestras cadenas, y mientras él caminaba hacia Tebunah, me dirigí a Crátilo, para calmarle diciendo:
-¡Crátilo!, ¡ya estamos libres!, ¡soltad ya a ése miserable, ayudemos a los demás, que aún quedan enemigos en la entrada del aljibe!- Al verme volvió a sus cabales, pero aún mostraba un rostro enfurecido, y lanzando el grito de guerra de su padre, me hizo correr junto a él hacia la pelea que ya menguaba de parte de los cimerios. Mientras tanto, en el pabellón exterior de la fortificación, llevaban a Hestia atada y con los ojos vendados hacia los verdugos, que la aguardaban sobre un cadalso arreglado para el cruel momento en que le cortarían la cabeza. De frente y sobre un pedestal estaba de pie Zemat, y junto a él estaba en un trono de marfil tallado, llevando un cetro, su majestad. Zemat recibió de su señor discretamente algunas instrucciones, y bajando caminó hacia Hestia. Alrededor del patíbulo donde se encontraba ya de rodillas la diosa, había una multitud de guerreros, y al subir a las tablas de la plataforma, Zemat se dirigió a aquellos hombres arengándoles en su propio idioma. Luego, dándose la vuelta, habló a Hestia en griego, diciendo:
-¡Hoy es un día memorable para nuestro pueblo!, ¡No habrá piedad en ésta ocasión en nuestros corazones!, tenemos un justo motivo para desear ahora la muerte, no sólo de la diosa Hestia, sino del resto de los Olímpicos. ¡Vuestra arrogancia!, ¡Así es, vuestra arrogancia en detrimento de los mortales!, ¡vuestra arrogancia al causar el dolor en nuestros corazones, exigiendo un respeto que no os merecéis con opresión y violencia! Hoy se terminan los insultos y las humillaciones, así que, inmunda diosa, si tenéis en vuestro pecho al menos una honorable frase que pronunciar antes de vuestra fatídica muerte, hacedla desfilar ante nosotros que presto oiremos el discurso para llenarnos de orgullo, escribiéndolo en los anales de la historia para recordarlo como las últimas palabras que un dios griego se halla atrevido a dirigirnos.- Entonces la divinidad, hablando a Zemat, dijo:
-Os tenía gran estima, pueblo cimerio, pero reconozco que tal vez he sido cómplice del sufrimiento que ahora soportáis, puesto que antes yo moraba en el Olimpo, con porte altivo, y mirando sobre mis hombros a los mortales, pero hoy, que no me parece un fatídico día (y tampoco lo sería mi muerte), es el día en que declaro mi arrepentimiento, y digo que estoy de vuestro lado, pues he empezado a luchar en contra de los dioses como vosotros. Sueño con el día en que todos los santuarios del Olimpo caigan y se hagan pedazos sobre las peñas de los grandes montes, ésa es mi última palabra. Pero les advierto que no podréis reducirme, pues soy inmortal- Un rayo cayó retumbando sobre las barracas del fuerte, desde aquel momento, Zemat se mostró totalmente confundido, y miraba hacia su soberano mostrando desconcierto. Su majestad le hizo la señal con el cetro, para que ordenase la ejecución, pero el de largas y blancas barbas no se movía, entonces los demás guerreros empezaron a reñirle con fuertes voces, y viéndose presionado, dio a su vez la señal a los verdugos para que hicieran postrar a la diosa, colocando su rostro sobre el estrado del suplicio, preparando el segur que usarían para el horrible acto. El sayón, al llegar cerca de la divinidad, alzó el arma, listo para dejarla caer, pero aguardaba la segunda señal de su amo. Zemat volvió su mirada hacia el cielo, como para no ver lo que venía a continuación, tal vez acusado por su conciencia, y cuando el rey le mandó, él dio la última orden. Justo en el momento en el que el segur estaba cerca del cuello de Hestia, ella se mudó en leona, saltó sobre su opresor, y le arrancó su garganta, al ver ello todos los guerreros empezaron a subir por las tablas de la plataforma, enfurecidos para arremeter contra Hestia, entre tanto los demás verdugos huían despavoridos, y detrás de ellos, salió también Zemat. El rey se levantó de su trono colérico, y gritó a todo pulmón en su lengua, ordenando a los guerreros que matasen a Hestia, redoblando la agitación de aquellos, pero no podían vencerle. Entre tanto, nosotros ya habíamos logrado escapar del aljibe, habíamos recorrido el interior de la fortaleza en búsqueda de Hestia, luchando a nuestro paso con centenares de cimerios, y nos dirigíamos a la cámara real en la cúspide del recinto, pues según un siervo que habíamos capturado, allí se encontraban las armas que Phigia nos había obsequiado, junto a los demás objetos de nuestra pertenencia. Al llegar nos asomamos por los altos balcones de la torre, buscando el sitio donde pudiera estar Hestia, y desde allí la vimos luchando en su forma animal en contra de los soldados de Zemat.
-¡Tenemos que ayudarla!- exclamó Crátilo, entonces Faetón dirigiéndose al siervo del rey, le preguntó diciendo:
-¡Decidnos pronto!, ¿Sabéis cómo llegar hasta aquél lugar del fuerte?
-Sí, conozco éste sitio como la palma de mi mano- respondió entonces el criado.
-¡Llevadnos pronto!- exigió Faetón –Pero no nos hagáis caminar por sitios peligrosos, tenéis que buscar un camino seguro, libre de guardas, para que podamos movernos rápidamente-
-¡Seguidme!- dijo entonces el siervo del rey, pero entre tanto ellos dos hablaban, yo veía cómo Juliun tensaba su arco como para lanzar una saeta desde la torre, para matar al rey de los cimerios, y llamando la atención de Faetón, le señalé lo que aquél hacía.
-¡No lo hagáis!,- gritó el hijo de Helios -¡Es necesario que el rey sobreviva!- pero Juliun desobedeció a su señor, y afinando la flecha, la hizo volar por los aires haciéndola llegar hasta la espalda del monarca. Seguidamente preparó dos saetas más, ignorando los gritos de Faetón, que le amonestaban fuertemente, y tirándolas cruelmente logró traspasar al soberano cimerio.
-¡Qué estabais pensando necio!- le reconvino Faetón, mientras le quitaba el arco, arrancándole el carcaj de la espalda -¡Sois un rebelde!, ¿porqué no me habéis escuchado?-
-¡Hice lo correcto!, si no mataba a su rey nadie iba a impedir que la diosa fuese vencida, ahora mirad que los guerreros se han rendido.- en efecto los salvajes soldados de Zemat, al ver a su majestad cubierto de obscura sangre, se dejaron envolver por el temor, y todos desistieron en su lucha contra Hestia, arrojando sus armas al suelo.
-¡Sois un imprudente Juliun!,- dijo a esto Faetón- ¡un imprudente, rebelde, y contumaz! ¿A caso no pensasteis en las consecuencias de lo que significaría ser los culpables de la muerte del que era rey de los cimerios?, ahora seguro que nos recordarán pesadamente, pues aunque sus guerreros se hayan rendido ante nosotros, sólo será por corto tiempo, pues aún guardarán rencor en sus corazones, es vuestra culpa, asumidlo-
-¡Lo asumo con todo el peso que ello conlleve!, además, hice lo que mi conciencia me pidió, ¡no tengo porqué obedecer las órdenes de alguien que no es mi señor!- Así habló Juliun, y yo contemplaba su torva faz indignado.
-¡No me importa si no obtengo respeto de alguien que no vale la pena respetar!- rebatió Faetón –de ahora en adelante no os tomaré en cuenta, ahora ¡vamos pronto!, ¡busquemos a Hestia y salgamos de aquí!, no quiero seguir perdiendo el tiempo en discusiones sosas- Así contestó el hijo del dios solar, y nosotros le apoyamos y le seguimos; mientras caminábamos me acerqué a Juliun mostrando mi desprecio, y le dije así:
-Veo que sois un alevoso, y además sanguinario, amigo, cuidad lo que hacéis-
Y devolviéndome una mirada irritada me dio la espalda y siguió adelante, sin responderme. Cuando llegamos a donde estaba Hestia, rodeada de hombres abatidos en su ánimo, ella volvió a su forma humana, entre tanto Faetón se acercaba al rey, que aún seguía con vida, arrodillándose ante él, y hablándole así:
-¡El cielo se torna rojizo aunque sea pleno día!, el mundo está triste al contemplar vuestra muerte, ¿Podéis perdonar nuestra insensatez al haber descuidado la integridad frente a su majestad?- Entonces el rey, que apenas podía respirar, tomó las flechas, y las sacó de su pecho una por una, al terminar pronunció éstas palabras en griego:
-Os perdono, no debí desconfiar sin siquiera conoceros, pero todos éstos años precisamente, me he dejado llevar por la cólera, al ver todos los días la injusticia que se alza en cantidad sobre todos los collados, injusticia que desciende del Olimpo. Perdonadme. Nunca os dejéis dominar por el rencor- Y dando sus últimas bocanadas, se entregó al frío de la muerte, para siempre. Faetón, levantándose, hablando a los salvajes soldados de Zemat, dijo de ésta manera:
-¡Somos culpables de esto, mis compañeros y yo!, ¡Asumiremos nuestra culpa!, ahora he visto que no merecemos pisar ni un momento más vuestras tierras, no hemos venido con intención de apoderarnos de un reino que no es de nosotros- Y bajándose del pedestal en donde yacía el cuerpo del rey cimerio, sin saber si aquellos guerreros nos habían comprendido, nos hizo señas para que le siguiéramos; y salimos prontamente del recinto cabizbajos, con profundo pesar en nuestra alma. Con nosotros aún estaba Tebunah, mientras salíamos por el patio posterior del reducto, ella se acercó a Faetón, y hablándole en voz baja le dijo:
-Conozco el ánimo de un hombre con sólo ver sus ojos, de ahora en adelante no os descuidéis frente a Juliun ni un solo momento, puede estar engañándoos-
-No hay cuidado- dijo Faetón –ojalá pueda darle una buena lección, ahora por qué no tomáis otro camino y nos dejáis atravesando la ciudad, tal vez nadie os reconozca puesto que todos ya deben estar llorando a su rey, yo por mi parte siento una gran vergüenza, y temo pasar de nuevo por aquél lugar, no sea que su luto se torne en deseos de venganza, y nos apedreen al vernos.-
-No es necesario- respondió Tebunah –os acompañaré hasta el volcán, allí me despediré de vosotros pues regresaré tomando un camino hacia el noreste, para así llegar a mis hermanas, a quienes recuerdo todos los días, ¡cómo extraño ver su faz!-
-Estoy de acuerdo- expresó Faetón –si queréis acompañarnos, os recibimos sin ningún impedimento, marcharemos rápido para que podáis ver a vuestras hermanas pronto.- Así dijo el hijo de Helios, y caminamos de cara al gigantesco volcán Demhavé, hacia el noroeste, atravesando la selva, y alejándonos de la triste ciudad de los cimerios, al bajar el castro de la gran fortaleza.
Durante el camino, nos topamos con el de manos toscas, que al vernos se arrodilló ante nosotros, diciendo:
-¡Han podido escapar de las manos de mi señor!, os estaba aguardando para ayudarles a huir de las patrullas de la ciudad, he escuchado con atención las razones de la diosa Hestia, y me he visto obligado a reflexionar mis decisiones.- Faetón, mirándole con fuerte compasión, tornó a decirle:
-¡Cómo quisiera no tener que mostraros mi rostro!, me siento tan mal, mis entrañas se conmueven, debo confesaros, Zemat, que tres saetas hirieron el ser de vuestro señor. Pero vuestro rey ha muerto con dignidad, demostrando amor devocional al honor, al perdonar nuestro crimen.- Al escuchar tales noticias, Zemat se levantó con los ojos totalmente exorbitados, y la cara pálida, -¡mi señor!, ¡mi señor!, ¡mi señor!- así clamaba largamente repitiendo sus gritos hirientes una y otra vez, sin parar, y corrió sinuosamente en dirección al baluarte. Todos le miramos hasta perderle de vista, quedando duramente impresionados, y yo, increpando a Juliun, le dije:
-¡Todo esto es vuestra culpa!-
-¡Ettos!, no os entrometáis en mis asuntos- me contestó después, pero yo no quise discutir con aquél hombre, puesto que Faetón ya me miraba pidiendo mi prudencia, y además pedía que siguiéramos caminando.
Durante la travesía, cuando estábamos a punto de llegar a la base del Demhavé, algo llamó nuestra atención entre la agrura del bosque, pues un extraño movimiento en la maleza se descubría delante de nosotros, infundiéndonos temor. Hestia se transmutó en su figura de leona, para prevenir una sorpresa, y subiéndose a las ramas de una fronda, en seguida bajó y tomando de nuevo su humana forma, mostrándose alarmada, nos susurró diciendo:
-Deimos nos sigue, tomad las armas.- y luego volviendo a su imagen animal, nos angustió sobremanera con su afirmación. Pronto Crátilo empuñaba la espada del hado, y el escudo de Orión relucía sobre su hombro, alcé la jabalina de Phigia, me ajusté la coraza de Deimos (temí que me la arrebatara el horrible hijo de Ares) tomé de manos de Faetón un broncíneo yelmo adornado con hebras de corcel, y me coloqué al lado de los demás héroes, que ya alzaban los escudos en una formación cerrada. Los arbustos empezaron a agitarse a nuestro alrededor, Deimos corría detrás de la espesura, rodeándonos. En un instante, se descubrió ante nosotros: era un terrible hombre, de rostro totalmente desfigurado, sus ojos parecían haber sido arrancados, su arma era un destral, e iba vestido de una negra túnica, rápidamente embistió el escudo de Nabud, derribándole lejos de nosotros, y rompiendo nuestra formación. Pronto asaltó a Faetón, golpeando sus rodillas, y haciéndole caer. Hestia saltó sobre Deimos, pero éste la esquivó, y sujetándola de la cola, empezó a dar vueltas con ella, hasta que la arrojó, haciéndola estrellar en un apartado árbol. Hyrum y Adad, atacando al mismo tiempo, enristraron sus lanzas arremetiendo contra él, pero Deimos corriendo en medio de ellos, apartó las jabalinas, y usándolas en su contra, a atravesó a uno, y al otro golpeó brutalmente hasta hacer que durmiera, entre tanto Tebunah emprendía la huida dejándonos solos. Mastéhual se disponía a levantar a su amo, mientras Juliun intentó herir al peligroso enemigo con una saeta, al tirarla, Deimos atajó en el aire la flecha, y arrojándola casi hiere a Juliun, si éste no hubiese agachado su cabeza. Yo intentaba apuntar mi lanza con seguridad sobre el cuerpo de Deimos, a pesar de que él se movía con tal rapidez, que parecía estar en varios lugares a la vez, ni siquiera Crátilo pudo alcanzarle, entonces acercándose a mí, arrebató mi arma, clavándola en el suelo, y justo como yo lo había pensado, empezó a forcejear en mi contra, tratando de quitarme la coraza. Al saber que yo había asegurado bien el peto, y viendo que me resistía, velozmente blandió su destral, para cortarme un brazo, pero anticipando el ataque, logré bloquearle lanzándome a él, y embistiéndole. Deimos me rodeó con sus brazos, empezando a correr hacia atrás, me arrastró por la arboleda, llevándome a un enorme despeñadero, el cual cercaba al gigantesco volcán, y que no habíamos podido avistar pues las espesas enramadas lo impedían. Al verme llegando cerca del borde del barranco, un instinto me hizo saltar y el peto de Deimos nos alzó a tal altura, que nos dejó mucho después cerca de la boca del Demhavé por más increíble que parezca, tal vez fue cosa del destino, tampoco conocía el poder de aquel peto estando además cerca de su antiguo dueño. Tras la fuerte caída, la personificación del terror se aferró a las rocas salientes de la cornisa volcánica, pero al quebrarse las mismas, cayó al vacío del cráter fogoso, y así, fue que murió Deimos, hijo de Ares. Después de verle caer, observé cómo el volcán empezaba a estremecerse, y el color de la candente lava se tornaba azabache como efecto de la caída de mi enemigo, entre tanto Crátilo observaba de lejos al Demhavé, sabiendo que yo me encontraba allí, pues él había visto cuando Deimos y yo ascendíamos impulsados por el poder del peto.
-¡Ettos está allá arriba,- decía Crátilo a los héroes- y parece que está en peligro, el volcán hará erupción!-
-¡Ahora de verdad no podremos hacer nada!- dijo a esto Calidmeo -¿Quién de nosotros llegará a tiempo para rescatar a Ettos?- Crátilo empezaba a angustiarse sobremanera, y repentinamente, alzó la mirada al cielo, izando ambos brazos, como absorto en una invocación, en realidad movía los labios aunque no podíamos entender lo que decía.
-¡Creo que ahora Crátilo ha perdido el juicio totalmente!- exclamó Calidmeo. Crátilo ignoraba sus palabras, y aún mantuvo alzados los brazos. De súbito entre las nubes apareció ante todos, el águila feroz, la cual bajó hacia Crátilo, posándose en tierra, entonces él corrió a montarse sobre sus alas, y alzando el vuelo estrepitoso, el águila feroz hizo que todos los héroes, que estaban atónitos, cayeran al suelo por el fragor de sus alas. La majestuosa ave se elevó pues muy ligeramente, hasta llegar a la cima del volcán, y Crátilo desde la misma, que se había detenido a mi lado, dijo así:
-¡Subid pronto!, ¡O moriréis consumido por el fuego en éste desagradable lugar!- así que haciendo caso, apoyándome en su mano, me senté detrás de él, en el dorso de la gran ave, y finalmente remontamos las nubes, en dirección a la costa. Alejándonos de los grandes montes, vimos desde arriba la oscura ciudad de los cimerios, iluminada por incontables hachas encendidas, invadida por una gran procesión, que en fila recta marchaba en medio de ella, precedida de un enorme sarcófago, descubriéndose ante nosotros lo que fue uno de los más grandes actos fúnebres que jamás habíamos podido vislumbrar, y que no podía ser interrumpido por el estruendo del Demhavé. Llegando a las playas, en donde aún estaba la triacóntera, allí me dejó Crátilo.
-Iré a buscar a los demás- me advirtió.
-¡Id pronto!- le animé –si no vais a tiempo, las cenizas los sepultarán- Así le dije, y elevándose en el aire, el águila feroz hizo retornar a Crátilo a donde se encontraban todos los héroes, al estar allí, Crátilo vio cómo la oscura lava descendía con gran rugir de los montes del Demhavé, y el cielo se nublaba llenándose de grandes cantidades de hollín, que subía descontroladamente de la caldera volcánica. Entretanto la tierra vibraba, Crátilo hizo que todos subieran sobre el águila feroz, y cuando estuvieron listos, ascendieron al cielo elevados por la gigantesca ave. Estando todos en la ribera de blancas arenas, Crátilo agradeció al águila feroz, y despidiéndose de ella, se quedó contemplándola mientras la veía subir, y desaparecer entre las grises nubes.
-¡Hyrum está gravemente herido!, -decía Faetón–atendedle pronto, y cuidad a su hermano, que aún yace inconsciente, entretanto Hestia y Calidmeo irán a la triacóntera, para ver si encuentran algún suministro útil, para también curar mis heridas, puesto que todo lo hemos perdido, a excepción de nuestras armas, pero algo debimos dejar olvidado en la nave-
-Dejadme ir también a la playa- pedí yo al dios solar-siento que olvidé algo-
-Podréis ir- concedió el hijo del dios solar- espero podáis recuperar lo que dejasteis-
-Y deseáis que yo no sea olvidadizo- tornó a decirme Crátilo mientras pasaba junto a él, y sólo me limité a sonreírle forzadamente. Así fui a ver el navío, y le encontramos bajo un gran deterioro por los embates constantes del ponto, pues las cuadernas estaban deshechas, y el puntal las había atravesado, haciendo que el barco quedase totalmente ladeado. Entrando a la cubierta inferior, revisamos cada rincón de la misma, y aunque encontramos algunos harapos, además de la ambrosía que se había almacenado (que por mi descuido, y por ventura aún seguía allí), no hallamos nada más. Cerca del barco Calidmeo consiguió un extraño rastro en la arena de huellas recientes, al parecer de una multitud de caballos que habían pasado por aquella locación, así que decidió seguir las mismas, para conocer su destino, alejándose del mar, en dirección occidental, y mientras Hestia se disponía a atender a los heridos acompañando a los demás, me junté a Calidmeo en su búsqueda. Bordeando los rompientes, las huellas giraban al sureste, en dirección a la ciudad de los cimerios, perdiéndose en la selva.
-¿Podrían ser de jinetes cimerios?- me consultó Calidmeo.
-No lo creo- respondí –cuando nos capturaron iban todos sin monturas, además no vi establos en su baluarte, ni en ningún otro lugar de la ciudad.-
-Es cierto,- replicó Calidmeo - éstas huellas empiezan en la costa, parece que un buen número de caballos desembarcó allí.-
-Eso sí es probable,- cedí- si es así, tendremos que averiguar más adelante qué gentes arribaron a éstas tierras, si hemos de estar más tiempo en éste lugar por reparar la triacóntera.-
-Ojalá no se trate de una algarada hostil- dijo Calidmeo. Así hablábamos durante nuestra caminata, topándonos con altos sicomoros, repletos de sus frutos, y aprovechamos recolectar cierta cantidad de los mismos, hasta que decidimos volver a la playa. De regreso, encontramos a nuestros compañeros en la labor de talar los árboles del bosque.
-¿Qué hacéis?- les preguntó Calidmeo.
-Faetón lo ordena- respondió Nabud mientras descargaba un fuerte golpe de su hacha al tronco de uno de los árboles- es para reparar cuanto antes la nave-
-Pero ¿En qué estará pensando Faetón?- dije dirigiéndome a Calidmeo – no creerá que podremos hacer ello antes del atardecer, ¿o sí?, carecemos de algunos brazos, y entre nosotros hay quienes no podrán levantar ni un leño-
-Vamos- dijo Calidmeo –preguntémosle a Faetón, él sabe mejor que nosotros la razón para que tan pronto haya decidido emprender un trabajo tan pesado- Al acercarnos a Faetón, le conseguimos muy preocupado sentado en la arena de frente al mar, cubriéndose el rostro con las rodillas, sujetando su arco fuertemente, Calidmeo, colocándose a su lado, y apoyando su brazo en los hombros de aquel preocupante semidiós, le preguntó:
-Pero qué sucede señor, ¿algo malo ocurre?-
-¿Malo?- contestó Faetón- lo que pasa no es malo, ¡es espantoso!- en eso Hestia se acercaba a nosotros jadeando, y Calidmeo levantándose dijo:
-Mi corazón empieza a perturbarse, ¿podéis explicar qué le ocurre a mi señor?-
-¿No os habéis enterado?- inquirió Hestia
-No, ¿de qué?- repliqué.
-Acababa de revisar las huellas por segunda vez,- respondió la divinidad –he descubierto que son huellas de centauros, al principio no lo precisé, pero al examinar mejor la forma de las mismas, supe que difieren mucho de la manera de caminar de los jinetes comunes, pues las marcas no son tan profundas como debieran.-
-¡No es posible!- exclamé -¿Cómo han alcanzado éstas tierras?, no me imagino que hayan llegado desde alguna embarcación, no acostumbran cruzar los mares, ni mucho menos de ése modo-
-Algún dios los trajo- dijo Hestia-no importa cómo han llegado, lo cierto es que en éstos momentos deben estar de camino a la ciudad de los cimerios, parece que con intenciones de agredirles-
-Ellos quizás podrán defenderse solos- indicó Faetón –lo que me preocupa ahora es que no podremos hacer frente a tan ignominiosa turba, si se vuelve contra nosotros. Si logran quemar la ciudad, haciendo huir a sus guerreros, el número de nuestros enemigos podría ser letal para nosotros.-
-La verdad es- comenté- que para nosotros solos se contemplaba extremadamente difícil el hecho de poder vencer a todos los soldados de Zemat, si el rey no hubiese muerto, pero ¿en verdad pensáis Faetón que podremos huir a tiempo reparando la triacóntera hoy mismo?, pronto la obscuridad cubrirá todos los campos, quizás Zeus está ya preparando y afinando sus peligrosos rayos para abrumar nuestro ánimo, debemos pensar en algo menos difícil.-
-Pues debo decir- replicó Faetón- que ahora mismo que lo estaba meditando con tanto afán, he chocado una y otra vez con la misma pared en mi mente, en la cual no hayo ninguna otra solución.-
-Faetón tiene razón- declaró Hestia- parece que no hay más alternativas, o zarpamos pronto al cobijo del ancho mar, o tendremos que perecer aquí luchando en contra de la multitud de centauros que tal vez pronto aparecerá.-
Calidmeo meneaba la cabeza en actitud de resignación, y ya estaba a punto de dedicarse a la tarea de recoger los maderos necesarios para la reconstrucción de la nave, Faetón volvía a encubrir su rostro hundido en la desesperación, Hestia permanecía inmóvil contemplando las altas palmeras que se alzaban en formación dispersa formando una línea delgada enfrente del soto, como temiendo que algún centauro apareciese de repente saltando desde allí, y yo estaba profundamente concentrado en el problema, tratando de buscar una salida a nuestros inconvenientes. Un momento después, interrumpiendo mi meditación, y hablándole a Hestia le pregunté:
-Decís que los centauros iban en dirección a la ciudad ¿no es así?-
-Así he afirmado- respondió la diosa –no cabe duda, puesto que de lejos vi cómo su rastro viraba al sureste, puedo afirmarlo aunque no me adentré al bosque.-
-Nosotros ya hemos hecho ése trabajo- dijo Calidmeo señalándome-y ciertísimamente ya lo hemos comprobado-
-Si es así,- dije-tampoco cabe duda de que han descubierto la posición de nuestro navío. Me pregunto: ¿para qué han venido a atacar a los cimerios?, ¿habrá alguna razón para ello?, y la respuesta que me parece más lógica es que algún dios les ha ordenado buscarnos allí para aniquilarnos, en el Olimpo ya debe haber llegado la noticia de la caída de Deimos, no nos extrañemos si luego viene su hermano, Fobos, a vengar su muerte…- Mientras yo hablaba, Crátilo volvía del soto con largos maderos sobre su espalda, y pasando cerca de nosotros, al oír mis últimas palabras, se detuvo repentinamente tirando al suelo su carga, cuyo estrépito nos hizo voltear a todos, e interrumpiéndome dijo:
-¿Qué cosas escucho?, ¿habéis asesinado al primero de los dioses en mi ausencia?, sabéis muy bien que no aprobaré tal cosa-
-No ha sido así- respondí- no tengo nada que ver con la muerte de la personificación del terror, Deimos ha tropezado en la boca del Demhavé, y ha perecido sin que yo haya intervenido-
-¿Seguro?- dijo Crátilo entrecerrando los ojos para mostrar su recelo.
-Soy limpio de conciencia Crátilo- repliqué. De pronto un fuerte viento se alzó sobre las olas de la playa, y una flauta se hizo oír desde la misma, cuando nos dimos vuelta para observar de dónde venía su canto, todos quedamos pasmados al ver cómo descendía flotando Hermes desde las nubes, mientras tocaba el pequeño instrumento musical lanzando al aire solemnes notas.
-¡Valla valla!, -Exclamó Faetón levantándose de la arena–Por fin mis ojos ven al mensajero del Olimpo, ¿habéis venido con el valor necesario para al menos dar la cara?-
-No hay por qué responder a las insolencias- contestó el dios –traigo un mensaje, Ares está airado sobremanera, y los demás dioses hacen penoso luto.-
-Era de suponerse- dije a Hermes- ¿Y cuál es su legacía?, Ares ya debe conocer que su hijo fue un pésimo cazador, pues cayó en sus propias redes. Además nadie puede culparme Hermes, y lo sabéis bien, ¿haréis notar vuestra injusticia ahora?-
-La justicia no existe- dijo el dios mientras miraba fijamente a Crátilo- así como tampoco la felicidad, o la lealtad, sólo los de gran poder entienden esto, y no hay derecho para los despreciables mortales, que no han aprendido a valorar y a agradecer por sus miserables vidas.-
-No he de sorprenderme- respondió Crátilo.
-Ni mucho menos yo- dijo Hestia- ya les conozco muy bien, a los que se creen invencibles en los cielos.-
-No es de mi interés lo que penséis- replicó Hermes –todos vosotros tenéis un velo sobre vuestros rostros que no os deja ver la realidad, sin excluir a la gran diosa Hestia, que ya no merece tal título, ésta noche el pueblo de los cimerios será arrasado para siempre y quitado de la faz de la tierra, pues merecen ser castigados por la multitud de ofensas que han proferido en contra del Olimpo. Y mañana, al amanecer, os tocará luego a vosotros recibir el merecido escarmiento, os aviso que no podréis escapar de éste lugar, es el designio de Zeus, y ésta vez él no soltará a su presa-
-¡Eso lo veremos!- grité airado- ¡rogad al destino que la presa no logre volverse y destruir a su acechador!- Hermes, sonriendo de forma maliciosa, y sin decir otra palabra, ascendió de nuevo al lugar de donde había aparecido. Cuando no le vimos más, Crátilo dijo así:
-¡Los dioses no podrán vencernos!, ¡ahora mismo iremos tras los centauros, y los sorprenderemos!-
-No sabéis lo que decís Crátilo,-dijo Calidmeo- no podremos hacer tal cosa, ¡ya sabéis que si vencen a los feroces cimerios, no habrá esperanza para nosotros!-
-Pues hay algo de razón en lo que dice mi compañero- rebatí- y no es una mala idea, atravesaremos la selva para volver a la ciudad, y cuando lleguemos cerca, esperaremos a los centauros, hasta que ellos ataquen. Les sorprenderemos en el momento preciso, y dividiremos en dos su turba, ¡seguro caerán fácilmente a nuestros pies!-
-¡Ya veo!- dijo Faetón reanimándose- es una excelente solución, ni siquiera tendremos la necesidad de huir. No obstante necesitaremos la ayuda de todos, y especialmente de Ettos y Crátilo, ambos han luchado a nuestro lado, pero no os he visto dispuestos a asesinar a quien fuere nuestro enemigo, lo noté mucho mientras estábamos en la fortaleza cimeria, no habéis quitado la vida a ninguno de sus soldados ¿cuál es vuestro motivo?-
-Es sencillo- contestó Crátilo –hemos descubierto que no está bien añadir mal sobre mal, hemos decidido no pensar del mismo modo que los dioses, nuestra intención no es usar de la venganza, asesinar es un modo de venganza.-
-Es una extraña manera de pensar- señaló Calidmeo –pero quizás no tengamos tiempo de recibir más explicaciones sobre ello, lo cierto es que debéis estar dispuestos a asesinar a los centauros, ¿qué opináis de ello?-
-En éste caso- dijo Crátilo mientras alzaba la espada del hado haciéndola relucir al resplandor del cielo–un centauro es una aberración, y no debería existir-
-Confirmo lo que dice mi compañero- dije yo-luego, cuando estemos más sosegados, presentaremos mejor nuestras razones, ahora es tiempo de pelear-
-Será muy interesante vuestra explicación- comentó Hestia
-Crátilo, cuando me la expuso, recibió mis alabanzas- respondí a la diosa
-¡Sublime,- dijo Faetón –ahora no perdamos más tiempo, y corramos pronto devuelta a la ciudad de los cimerios! Si nos vamos ahora mismo, podremos llegar antes de que anochezca-
-¡Hagamos justicia!- exclamó Crátilo, entonces Faetón, llamando a los demás héroes les informó de nuestros planes, Hyrum tenía una profunda herida sobre su costado, pero al darle de beber algo de la ambrosía fue sanado, Adad también pudo reincorporarse, y aunque éste último no estaba del todo imposibilitado, decía estar aún mareado por los fuertes golpes que Deimos le había propinado. Faetón había vendado sus heridas, siendo semidiós podía soportar más golpes, y el resto de nosotros estaba preparado para volver a pie cruzando el soto, sin invocar al águila feroz para así evitar llamar la atención. En poco tiempo pasamos el socavón que habíamos utilizado como refugio, siguiendo el rastro de las criaturas legendarias, pero en un punto, las huellas se dispersaban en todas direcciones, haciendo imposible el hecho de poder caminar con seguridad.
-Hemos caído en una trampa- indicó Faetón- estaban esperando que fuésemos en rescate de los cimerios, y seguro nos están aguardando en algún lugar-
-Haced silencio- advirtió Hestia- escucho algo- Efectivamente un terrible murmullo atravesaba la selva hacia nuestra posición, se oían gritos, lamentos, llantos de mujeres, y terribles alaridos.
-¡Llegaremos tarde!- dijo Crátilo– ¡La ciudad ya debe estar bajo ataque!, ¡corramos, hay que salvarles!-
-¡Os ordeno que no os mováis ni un codo de vuestro sitio!- dijo severamente Faetón, al parecer la idea de una emboscada lo había angustiado.
-¡Pero por qué,- reclamó Juliun –tenemos que ir ya a la batalla, si queremos la victoria!-
-¡Cerrad la boca! –Exclamó Faetón- ¡dije que no os mováis!, si queréis, partid en dirección contraria a mis órdenes Juliun, pero a los que estén conmigo ahora, digo ¡no os mováis, y guardad absoluto silencio!-
Tras las últimas palabras del hijo de Helios, todos nos quedamos paralizados, mirando a nuestro alrededor, el sol ya se metía lentamente detrás del horizonte, aquella espantosa vocinglería que se escuchaba de lejos no cesaba, más bien se incrementaba, Faetón nos hizo señas para que le siguiéramos, mientras él sigilosamente y con el cuerpo agazapado empezaba a caminar lentamente, en dirección a lo que parecía un claro en medio del bosque, una alta sombra se movía entre los árboles, y Faetón señalándola nos alertó. Era un centauro, de largos cabellos, de pelaje castaño, y prominente musculatura en su parte humana, llevaba un arco, y andaba lentamente como vigilando cada rincón de la espesura. Faetón sacó rápidamente una flecha de su aljaba, y en silencio la soltó con agilidad, atravesando el pecho de la criatura, la cual calló de inmediato lanzando un sordo quejido. Nos movimos más adelante bordeando el área donde los árboles se iban mostrando más y más dispersos, observamos otro centauro, y en ésta ocasión Juliun tiró una saeta segando de inmediato la vida del mismo. De pronto Faetón nos señaló otros dos centauros que pasivamente patrullaban caminando de espaldas a nosotros, hacia dentro de la planicie despejada, y Mastéhual ya tensaba su arco lanzando al unísono y con sorprendente habilidad dos flechas que dividiéndose en su trayectoria hirieron de muerte a aquellos. Hestia se adelantó posicionándose cerca de los centauros recién caídos, y llamando nuestra atención nos hizo ver al interior del extenso claro, desde donde se descubría una multitud de centauros estacionados en formación ordenada, mirando hacia nosotros, pero afortunadamente no habían podido entrever nuestra ubicación. Calculamos su número rápidamente, y determinamos que era un ejército de aproximadamente tres mil de ellos.
-Tenemos que rodearles -dijo Faetón- son demasiados para nosotros, pero si hemos de morir ahora, al menos lo haremos con honor, ya no tenemos por qué tratar de huir, ya estamos aquí.-
-Sostendremos nuestro brazo a vuestro lado señor- dijo Ramgarh - no os abandonaremos- Todos contestamos unánimemente, y sin darnos cuenta, mientras aún nos animábamos, Crátilo había empezado a correr de frente al ejército, cubriéndose con el escudo de Orión.
-Pero ¿dónde está Crátilo?- pregunté nervioso
-¡Mirad!- exclamó Hestia –Allá va corriendo- Los centauros al ver de lejos que aquel guerrero iba velozmente sobre ellos, al principio se mostraron confundidos, luego de entre sus arqueros empezaron a disparar a Crátilo, pero él supo protegerse, y las flechas rebotaban tres veces más veloces al chocar en su escudo, algunas de ellas hiriendo a sus contrincantes.
-¡Ahora separémonos, hay que encerrarles!- ordenó Faetón. Mientras obedecíamos, Crátilo llegaba ya cerca de la gran hueste de centauros, y pronto hizo chocar su escudo en la ordenada fila de los legendarios combatientes, lanzando lejos a sus enemigos, abriéndose paso en medio de la hueste, empezó con ferocidad a lanzar sablazos, y al verse rodeado golpeó el alfanje contra su escudo fuertemente, aturdiéndolos a todos con el largo y agudo canto de la espada del hado. Los árboles se estremecieron con el poder del arma, sus verdes hojas caían sobre la gran planicie, arrancadas por el viento, la tierra se sacudió ligeramente, la peligrosa arma no se lucía igual al aire libre que debajo del agua, sinceramente quedé impresionado, la audaz estrategia de Crátilo nos dio una ventaja, aunque él mismo quedó desorientado por el estruendo. Hestia saltó de los arbustos precipitándose sobre la batalla transformada en leona, flanqueando a los centauros junto a Juliun y Mastehual, que se dedicaron a usar sus flechas para luchar, Hyrum y Faetón se levantaron un poco después, Nabud iba delante de ellos protegiéndoles, Adad quedó oculto entre la hierba, ya que extrañamente se desmayó al escuchar el canto de la espada, del otro lado del campo se descubrieron Ramgarh, Uziel, y Calidmeo, y yo me tomé un tiempo para sorprender a los centauros por la retaguardia ensartando a varios de ellos con la poderosa jabalina, sin soltarla en ningún momento por el temor de perderla. Tuve que abrirme paso en medio de la brutal refriega para ayudar a Crátilo, pues le vi tendido sobre el glauco suelo con la mirada perdida, junto a cientos de centauros que también habían sufrido por la influencia de su alfanje, pero al llegar a él no pude levantarle, al verme en la necesidad de defender mi ubicación de los demás centauros que habían logrado mantenerse en pié. Faetón me observó de lejos, y se movió rápidamente a donde estaba para luchar a mi lado, y pronto los demás héroes se le unieron también.
Juliun soltó su arco, y andando detrás de Mastéhual, que a su vez iba detrás de Faetón, usó de un puñal, degollando uno por uno a los contrarios que se encontraban desplomados en el suelo, de lejos le miré y repudié sus acciones por alguna razón. Nabud usaba un pesado garrote, con el cuál repelía los desesperados ataques de los centauros que iban directamente sobre el hijo del dios solar, como conociéndole. Hyrum se mantenía al lado de su señor, Hestia se acercó saltando de un lado a otro. Ramgarh, y Calidmeo lograron pasar en medio de la turba para aproximarse a nosotros, y el valeroso Uziel le bastaban sólo sus puños para quitar de en medio los obstáculos que se le presentasen. En un momento al estar todos reunidos en el centro del campo nos vimos acorralados, ya la pelea estrechaba de nuestro lado, pero cuando ya toda esperanza disminuía, observé a lo lejos, desde una zona de la selva, cómo las aves huían despavoridas, volando sobre las copas de los árboles, y después, en medio de la fronda apareció un enorme ejército de infantería cimeria, puedo decir que de más de cinco mil hombres de a pié, delante de los cuales, corría con la espada en alto, Zemat. Aquél hombre elevó un terrible aullido belicoso que forzosamente llamó la atención de todos los centauros, y seguido de su voz, todos los demás guerreros que le acompañaban hicieron conmover la superficie de la tierra con su unánime grito.
Los centauros, al ser sorprendidos, fueron reducidos con rapidez, la victoria parecía inminente. No obstante otra enorme manada de innumerables salvajes animales mitad hombre mitad caballo, llegaba vertiginosamente atravesando la espesura, nos dimos cuenta de ello cuando el poderoso estrépito de sus pasos se hizo notar, allí fue cuando se igualaban las fuerzas, así que tuvimos que pasarnos a las filas cimerias para resistir la dura embestida que se avecinaba, ordenamos mejor nuestra posición dejando atrás a los enemigos que ya habían sido abatidos, y nos pusimos de cara a nuestros nuevos oponentes. Cuando llegamos junto al hombre de manos toscas, que estaba delante de todos sus soldados reordenando sus filas, al vernos se le iluminaron los ojos, pero luego una extraña expresión taciturna se cernió sobre su rostro ya de por sí apagado por los muchos años, y pronunciando éstas palabras con voz enérgica dijo:
-Si estoy aquí no es por vosotros, lo que hacemos, lo hacemos para defender a nuestra gente, no me haré responsable de vuestras vidas-
-No importa- replicó Faetón-para mí igual es un honor luchar a vuestro lado-
Faetón extendió la mano en señal de amistad al hombre de largas y blancas barbas, pero éste no ofreció la suya, y se alejó sin proferir más palabras, adelantándose a la ofensiva, llamando a sus hombres, que prontamente empezaron a movilizarse. La nueva horda de centauros llegó finalmente sobre nosotros, y la batalla se prolongó, sorprendiéndonos la noche, enfrascados en ella; hacia el final, los pocos centauros que quedaban huyeron de nuestras manos, y rápidamente, Zemat colocándose en medio del campo, clamaba la victoria. Los hombres cimerios que habían logrado pelear hasta aquél momento rodearon a su señor, lanzando voces de júbilo, pero su celebración no se extendió. Nos allegamos entorno al hombre de manos toscas, y él rechazó nuestra presencia diciendo:
-¿Qué pretendéis?, ésta no era vuestra pelea, os lo advertí ¿no es así?, ahora mismo requiero vuestra partida, no os merecéis pisar más éstas tierras, aún son sagradas, por vuestra causa ha sido manchada de sangre, si en dos días no habéis zarpado hacia el ponto lejos de aquí, os aniquilaré.- Al escuchar tales razones, nos encontramos dolorosamente sorprendidos, Faetón intentó conciliar nuestra posición y dijo:
-Ya presiento la causa por la cual os negáis ante la posibilidad de una alianza, pero bien conocéis las circunstancias que nos envuelven constantemente, nosotros somos fugitivos de los dioses, puesto que hasta éste momento no han cesado ni cesarán de fustigarnos, y debierais saber que sería más beneficioso si recordáis que podríais estar peleando equivocadamente.-
-Ya no pienso así- respondió Zemat- ahora es cuando he logrado entender que cada hombre sobre la tierra debe llevar sus propias cargas, asumiendo sólo las responsabilidades que le atañen. ¡Fuera de aquí, ya os he dicho que no son agradables en éste lugar!, o tendré que ordenar a mis hombres que os arranquen el corazón para que ya no respiren más.- Faetón se mostró herido en su dignidad, y guardando silencio, empezó a caminar, mientras nosotros, uno por uno, le seguía abandonando el lugar. Como siempre no quise dejar nada oculto dentro de mi pecho, y antes de que yo partiese detrás de mis compañeros, dirigí mis palabras a Zemat diciendo:
-Algún día tendréis que entender que en ocasiones es necesario llevar las cargas de otros. ¡Cómo fuese el mundo si entre todos los hombres se ayudasen unos a otros!- Pero Zemat volvió su rostro para no verme, y caminó hacia su pueblo. En medio de la oscuridad nocturna aún se escuchaban los terribles murmullos de dolor que desde el principio de nuestra llegada se percibía a lo lejos, era casi imposible deducir su procedencia, pues en ciertos momentos aquel bullicio parecía cambiar de lugar, nuestra gloria al haber vencido a los centauros se tornó rápidamente en pesadumbre, de hecho el horrible paisaje de muerte que yacía sobre las planicies del lugar no era nada agradable, cientos de cimerios habían caído, Crátilo lloraba en silencio por lo que había visto, y no dejé de buscar la manera para consolarle. Hestia se acercó a Faetón, junto a Calidmeo, para señalarle la desaparición de Adad, y de hecho tampoco Juliun se hallaba a la vista.
-Hay que buscarles sin demorar- decía Faetón con ánimo decaído-separaos, volved al lugar de la batalla, y buscad entre los cadáveres, también id a los sitios alejados del soto, entre tanto yo voy a la costa para aguardar allí por si alguno de los dos aparece por aquél lugar, si no los encontráis al amanecer, volved a mí y resignaos- Hyrum palideció completamente desde aquella hora, a causa de su hermano, y profundamente angustiado empezó a revolver los cuerpos sin vida que estaban desperdigados por la planicie en su búsqueda. Crátilo me tomó del brazo, apartándome del grupo, y llevándome aparte, empezó a sollozar con más intensidad, y decía:
-Yo no sabía lo que era la guerra, todo esto es terrible, hubiera preferido huir de aquí que contemplar todo esto, no lo puedo soportar, no puedo sacarme de la mente las cosas horribles que he visto.-
-Así es Crátilo- le dije –yo os entiendo querido amigo, la primera vez que lo viví también sufría como sufrís ahora, al principio estaba orgulloso de ser un soldado, pero luego de mi primera batalla, empecé a tener pesadillas, después no pude conciliar el sueño por largas semanas, los rostros de los guerreros que yo había asesinado aparecían como fantasmas errantes delante de mis ojos, atormentándome sobremanera. Pero la cólera me dio fuerzas para seguir, y confieso que hasta me volví sanguinario. Por alguna extraña razón he recuperado la sensibilidad, tal vez desde que os encontré, y mientras estaba peleando entre los cimerios, al ver su crueldad y brutalidad, se me ha revuelto el estómago. Este día es para mí completamente desagradable, a pesar de nuestra victoria. Ojalá que todo esto acabe pronto, sin embargo dejadme advertiros, que ésta guerra apenas ha comenzado.- Un resplandor dorado se descubrió en medio de la negra noche, era un halo de luz entrecortado que atravesaba las nubes cayendo sobre un punto de la selva, y Hestia, al verlo, se aproximó a nosotros diciendo:
-¡Rápido!, id allá y averiguad qué hay cerca de aquél sitio, ¡parece que un dios a descendido!- Crátilo y yo marchamos hacia la exploración encargada, mientras los demás se ocupaban de seguir buscando al otro lado del bosque. Cuando estábamos a punto de pasar cerca de aquella luminiscencia, la misma no permaneció durante mucho tiempo, esfumándose antes de que pudiéramos conocer qué parte iluminaba. De pronto tropezamos con Adad, y le hallamos trasudando y resoplando con extrema ansia.
-¿Dónde habéis estado?- le pregunté –vuestro hermano no tiene sosiego por vuestra ausencia-Cuando estaba a punto de responderme, apareció Juliun entre las sombras, sus ojos brillaban pícaramente, y noté un aire petulante en él, me inquietó sobremanera, y hablándonos dijo:
-¿Me estabais buscando?, no os preocupéis, estoy a salvo, tuve que separarme un momento de ustedes, uno de los centauros me había arrastrado salvajemente hasta acá, pero hemos vencido ¿no es así?-
-Ciertamente- respondí con sequedad-vamos a buscar a los demás-
-Muy bien- replicó Juliun- ¿Por qué no os adelantáis?, debo conseguir mi arco, no estoy seguro dónde lo dejé.-
-De ninguna manera- contesté –no os quitaré el ojo de encima Juliun, sabéis bien que no me fío, además he visto que durante la batalla tirasteis vuestro arco en el claro del bosque, ¿por qué mentís?- el semblante de Juliun se tornó muy serio, y respondiéndome con algo de sarcasmo en su tono dijo:
-Está bien, gran Ettos, no descuidéis entonces la justicia, llevadme atadas las manos si es vuestro deseo-
-No hay necesidad de ello- le dije –caminad delante de nuestra vista-
-Como deseéis-respondió Juliun alzando los brazos mostrando su molestia. Adad permaneció callado el resto del tiempo hasta que nos encontramos con su hermano, cuando ambos se vieron, Adad se hecho sobre el cuello de Hyrum, y éste abrazándole se sintió más aliviado.
-Pensé que no volvería a ver vuestro rostro- decía –no todo es malo después de todo-
-Pero qué conmovedor- dijo Juliun despectivamente al ver aquella escena.
-Veo que habéis podido sobrevivir a la batalla, Juliun.-le dijo luego Hestia al verle junto a nosotros- Curiosamente me sentía más segura sin vuestra presencia-
-Claro –replicó Juliun – todos aquí me miran constantemente con prejuicio, pero ello en absoluto me inquietará.-
-No hablemos más por el momento- dije- ahora tenemos que ir de regreso a la costa, Faetón está solo- Hestia llamó a los héroes, que se habían internado en la espesura durante la búsqueda, y cruzamos el soto en poco tiempo. Yo a cada momento sentía como si clavasen en mi cuello constantes dardos de traición.
Capítulo X
<<< División >>>
Una inusual serenidad del ambiente nos persiguió, el que acumulaba nubes no se manifestó con su tradicional cólera, ni si quiera el mar estaba agitado, al parecer el que sacudía el ponto hizo acallar los vientos, una extraña sensación me invadía, como relataba, y además estaba intranquilo al recordar las palabras de Faetón sobre las aparentes calmas, y al haber comprobado la realidad de sus sentencias. De hecho al verle noté que su desánimo se había tornado en una preocupación aún mayor. Estaba en toda su razón al hallarse así, teníamos por delante serias dificultades, contábamos con dos días para poner a punto la triacóntera, pero si no actuábamos con rapidez, no íbamos a ser capaces de llegar al inframundo. No podíamos pedir ayuda a los cimerios, al parecer Zemat había reclamado el gobierno de su pueblo, se hallaba en plena facultad de ello, lo negativo de dicha circunstancia era que dentro de su mentalidad había adoptado la idea de vengarse de alguna manera por haber visto a su anterior rey caído por nuestra mano. Nos convertimos en una odiosa plaga delante de sus ojos, constantemente me intrigaba el hecho de haber visto que él afirmaba con celosía lo sagradas que eran aquellas tierras, yo no comprendía realmente a qué se refería.
Después me vi distraído por otros confusos pensamientos, a cada momento la situación se volvía más crítica, el tiempo transcurría gradualmente lento, y yo empezaba a dudar sobre si en verdad lograríamos dar pelea a los dioses. Nos vimos en la necesidad de reanudar nuestro trabajo en la playa, en medio de la noche, no podíamos descansar en ningún momento, el sueño se esfumó de nuestros párpados, sólo nos regalábamos pequeños intervalos de tiempo para llenar al menos nuestros vientres con el fruto de los abundantes sicomoros anteriormente descubiertos. Nos servimos de algunas de las hachas, mazos y otras armas rudimentarias de los soldados caídos de Zemat, como parte de un desagradable pero imperioso motín, pues la dura corteza de ciertos árboles se hacía útil para dejar en buen estado la embarcación, y necesitábamos más herramientas. Las orgullosas luminarias nos contemplaban desde arriba en medio de dispersas nubes, más tarde una niebla importuna cubrió la mayor parte del lugar, por lo que no podíamos ver a la distancia, y no advertimos el extenso grupo de mujeres que nos observaba, ocultas en medio del matorral. Eran amazonas, con mucha lentitud nos cercaron, escogiendo el momento acertado para hacerlo, y al descubrirse, nos vimos amenazados por sus peligrosos venablos, por lo que tuvimos que quedarnos inmóviles para evitar ser alcanzados, y esperamos totalmente alarmados a que algo de buen rostro ocurriese.
Entonces en medio de todas aquellas adiestradas luchadoras se mostró Tebunah, quien nos miró con absoluta pasividad, y al vernos, hizo que sus hermanas bajaran sus armas. Seguidamente, llegó hasta Faetón, inclinándose hasta su oído, susurrándole palabras indescifrables. Faetón volvió su rostro hacia Juliun, y al parecer estuvo a punto de echársele encima, pues súbitamente alzó un hacha, siendo contenido después por Tebunah, quien le sostuvo de sus hombros y todavía le habló secretamente en tono de ruego, haciéndole bajar el brazo. Noté una extremada palidez en el rostro del de barba rojiza, no obstante él intentaba pasar desapercibido delante de nuestro juicio, tratando de mantener la calma.
-¡Increíble!, nuestra amiga ha vuelto, ¡y de qué manera!- dijo Juliun después con mucho esfuerzo por evitar hablar con voz temblorosa.
-¿Os parece de verdad prodigioso que haya podido volver a nosotros?- reclamó Faetón ásperamente, haciéndole callar.
-Basta- replicó Tebunah –he venido para vuestro beneficio, mis hermanas accedieron a venir conmigo, están agradecidas ya que por vuestra causa pude escapar de las manos de Zemat.-
-Hemos visto cuando huíais delante de Deimos, cerca del volcán Demhavé,- señaló Calidmeo -¿Cómo habéis logrado sobrevivir a la poderosa erupción?-
-¿No habéis visto la prominente grieta que se alza alrededor de su base?,-respondió Tebunah- la lava del peligroso volcán se detiene al llenar en su totalidad a aquella zanja, sin pasar más adelante, sólo me bastó alejarme de sus orillas para no morir consumida por el fuego. Pero no quiero detenerme a conversar ahora, estamos a vuestra disposición, será mejor si empezamos a laborar ahora mismo, no poseemos mayor conocimiento sobre navegación, a pesar de ello seguiremos vuestras instrucciones con todo cuidado-
-Está bien-dijo Faetón- seguidnos, hay que enderezar la triacóntera, y es necesario situar un nuevo puntal, será vuestra primera tarea entonces, estoy muy alagado por vuestra presencia, tal vez, Tebunah, os había estimado equivocadamente, últimamente me equivoco con frecuencia, por cierto, mi nombre es Faetón, debemos comenzar de nuevo a edificar nuestra amistad-
-Estoy de acuerdo- contestó la legendaria cazadora, mientras empezaba andar junto a nosotros. Así las amazonas se convirtieron en inesperadas aliadas, sin embargo algo más sucedía delante de nuestros ojos, la extraña reacción de Juliun al verlas, hizo levantar sospechas entre nosotros, cada vez más se volvía objeto de nuestra desconfianza, Faetón no quiso hablarnos del secreto que había recibido de parte de Tebunah, obviando tal suceso notamos que su rechazo hacia Juliun había aumentado grandemente, también Adad actuaba fuera de su habitual manera de ser desde que le encontramos perdido en medio del bosque, yo intentaba deducir si había alguna conexión en la aparición de aquella extraña luminiscencia en dicho lugar, y que según Hestia anunciaba la presencia de un dios, pero ella misma no sabía de cuál. Todo ello empezó a pasar desapercibido cuando distrajimos nuestras meditaciones al dedicarnos plenamente a la tarea que en aquél momento nos ocupaba. Nuestro trabajo de hecho prosperó sobremanera en nuestras manos, nuestras nuevas compañeras poseían una habilidad que pasmaba, todos nos esforzamos con ánimo resuelto, en poco tiempo logramos reponer las cuadernas de la quilla, reforzando además el espolón, y llevando la cubierta de nuevo a su sitio, nivelándola.
Enderezamos las amuras de la nave, con jarcias nuevas, y revisamos todo el aparejo. Los ojos azules que lucía la triacóntera en su parte delantera aún permanecían imborrables, y el albor del nuevo día se asomaba cuando estábamos dando los últimos toques. Nuestra labor había quedado aún mejor de lo que habíamos esperado. Alzamos una banderilla teñida con añil, sobre el palo bauprés, y celebramos juntos nuestro avance palmoteando y lanzando gritos de júbilo al abordar la nave. Sin embargo Faetón no se alegraba, permaneciendo con el semblante decaído, y además Adad se mostraba tenso, mientras Juliun le observaba furtivamente como vigilando cada uno de sus movimientos. Tebunah, junto a las demás amazonas, se aproximó luego al hijo del dios solar, y hablando dijo así:
-Es hora de que nos digáis con toda confianza cuál ha sido la razón por la que habéis arribado a estas antiguas tierras, y hacia dónde dirigís vuestro rumbo, mis hermanas necesitan oírlo de vuestros labios.-
-Tebunah, es lo menos que podría hacer- dijo Faetón-no sé cómo agradeceros por vuestra gran ayuda, nos dirigimos al inframundo, estamos en guerra en contra de los Olímpicos, y hasta éste momento nuestra lucha empieza a tomar el cariz de nuestras primeras acciones.-
-¿Al inframundo?-replicó Tebunah-increíble, no pensaba en tal lugar desde hacía algún tiempo, pero decidnos ¿Cuáles son las acciones que emprenderéis allá?-
-Iremos a salvar a Leuce,-respondió Crátilo- antigua ninfa del océano.-
-Pues iremos con vosotros-dijo Tebunah-todos los que adversan a los dioses deberían estar unidos en la misma lucha, pues no es cosa fácil, estamos bajo vuestra disposición, de ahora en adelante podréis contar por siempre con nuestro apoyo.-
-Pero abandonaréis vuestros hogares- replicó Faetón-no es bueno que os veáis perjudicadas en vuestra acostumbrada manera de vivir por nuestra causa.-
-No hay cuidado- contestó Tebunah-en realidad antes no teníamos algún propósito importante, pero espero que vosotros logréis proporcionarnos el mejor de todos: hacer lo correcto.-
-De acuerdo- habló Faetón emocionado –venid con nosotros, y luchad a nuestro lado, y podréis conseguir la mayor gloria que jamás nadie ha podido concebir, haréis el bien, os lo aseguro.- Al escuchar las últimas palabras de Faetón, las amazonas prorrumpieron con un incesante regodeo.
Pero uno de los jefes del ejército de Zemat, que tenía a cargo cincuenta hombres, y cumplía con ciertas funciones de espía, se había ocultado en medio del soto para seguir cada uno de nuestros movimientos, con malas intenciones al principio. Mientras preparábamos la embarcación para zarpar, apareció en la playa con los mejores de entre sus soldados. Calidmeo fue el primero en verles y dio aviso gritando:
-¡Atención!, ¡cimerios, vienen por nosotros! ¡Preparaos!- con ello nos hizo tomar las armas, y estábamos a punto de empezar a marchar en contra de la pequeña escuadra de guerreros, cuando su capitán salió en medio de aquellos corriendo y extendiendo las manos vacías.
-¡Aguardad!-exclamó Faetón- vienen en son de paz, no creo que Zemat falte a su palabra, apenas ha transcurrido un día.- Cuando el soldado de elevado rango llegó cerca de nosotros, habló en griego diciendo:
-¡Hemos venido para advertiros!, todos vosotros corréis serio peligro.- Faetón bajó de la triacóntera, y caminando hacia el hombre, le preguntó:
-¿De qué peligro habláis?, cualquiera que sea ya lo sortearemos pues estábamos a punto de partir.-
-Zemat habla constantemente de venganza- contestó el jefe-su ánimo se ha trastornado a causa de la muerte del rey, y uno de nuestros altos funcionarios le han incitado a poner una trampa sobre vosotros, debéis partir ahora mismo, si valoráis vuestras vidas, y si ya lleváis ventaja aprovechadla.- El hijo del dios solar volvió su mirada a nosotros mostrando algo de duda y luego dirigiéndose al cabecilla le siguió interrogando, diciendo:
-¿Cómo probaremos si todo lo que afirmáis no lo utilizaréis como parte de la misma trampa?-
-Iremos con vosotros,- replicó el capitán-iremos con vosotros y no nos negaréis el privilegio de poder formar parte de vuestra lucha-
-No es suficiente-señaló Faetón-¿A caso habéis venido a hundirnos junto con nuestro navío?, ¿ése es el plan, sacrificar vuestras vidas a cambio de las nuestras, con el fin de cumplir con la dura ordenanza que vuestro señor os dio bajo juramento?, seguro es eso-
-¡No penséis de ésa manera!- respondió el capitán-no procederé de tal forma que mis hombres tengan que dar su vida a cambio de nada, tenemos familia en medio de nuestro pueblo, no somos tan insensatos como para abandonarlos defraudándoles.-
-Entonces, dadme una sencilla razón por la cual debamos confiar en vosotros- demandó el hijo de Helios
-Sólo os diré que nuestra manera de pensar difiere mucho a la de Zemat,-afirmó el capitán cimerio- no nos parece bien la venganza, queremos cuidar de nuestra conciencia, pero tampoco queremos morir en sus manos, si vosotros decidierais partir sin permitirnos acompañarles, me veré en la necesidad de suicidarme, y les aseguro que será un grave desperdicio, pues todos mis hombres me seguirán en mi decisión.- Ante tan inesperada y drástica sentencia, Faetón se mostró sorprendido, e inquietándose por ello dijo luego al jefe cimerio:
-Pero, hace un momento negabais la posibilidad de perder la vida por nada.-
-Igual perderemos la vida como he dicho,-insistió el capitán-sea a manos de Zemat al verse traicionado, o sea por nuestra propia mano, y ésta última opción parece más aceptable. Debo además explicaros que quienes iban a tender el lazo para sorprenderos, éramos nosotros mismos, pero como podréis apreciar, no estamos dispuestos a seguir órdenes indebidas. Sin embargo corréis peligro aún, pues Zemat empezará a preguntarse por qué demoramos tanto en volver con nuestra encomienda, esperando a tirar de la cuerda para ahogaros con el lazo que tan erróneamente confió en nosotros.- Faetón pareció convencido, y de hecho la razón que presentaba el jefe cimerio era cabal; y como no había decisión más tolerable, el hijo de Helios cedió, permitiendo que todos aquellos cimerios subieran a bordo de la triacóntera. Sin demorar terminamos zarpando meditando con temor sobre el resto del ejército de Zemat.
Nuestra compañía había aumentado drásticamente, y aunque al parecer las amazonas rechazaban la idea de estar junto a hombres cimerios, guardaron silencio sin expresar su descontento, sabiendo que no existía otra opción, pero aún mantenían sus reservas. Conté de ellas treinta y dos mujeres, más los veinticinco hombres cimerios, junto a su capitán, e incluyendo a nuestro grupo se formaba un total de setenta tripulantes en la nave, si bien el número excedía un poco las capacidades de la embarcación, aún hallamos espacio para todos. Procuramos corregir un poco nuestro rumbo, teníamos que pasar junto a las riberas del territorio cimerio por un tiempo, moviéndonos ésta vez hacia el suroeste, oscilando junto a sus playas, pero alejándonos gradualmente, para aprovechar el viento solano al máximo. De hecho logramos alcanzar una velocidad considerable, y necesaria en tales circunstancias, pues nuestro deseo era cubrir la mayor distancia en el menor tiempo posible. Frente a nuestro navío se observaba cómo el mar se partía en dos, alzándose en forma de crestas que luego caían de nuevo extendiéndose a lo ancho dejando blancas estelas, que adornaban la tranquila superficie acuática.
Habíamos logrado finalmente escapar de las manos de Zemat, y de su temido rencor, y finalmente nos vimos rodeados de nuevo por la monótona imagen uniforme que muestra el ponto cuando toda tierra está ausente, y el cielo forma parte única como elemento de su paisaje. No obstante todas aquellas buenas señales no hacían que el tenso ambiente reinante entre nosotros terminara por desahogarse. Al contrario de ello, el aire se volvió tan denso, que incluso nuestro respirar se dificultaba. Calidmeo se ocupó ésta vez de golpear la medida, y el resto de nosotros bogaba, conscientes de que las velas no hacían todo el trabajo necesario para poder navegar ligeramente. Faetón se hallaba departiendo con Tebunah, y con Vodur, así se hacía llamar el capitán del contingente cimerio que viajaba con nosotros. Como me hallaba cerca de ellos pude escuchar un poco de su discusión.
-Tenemos que unir bien nuestras fuerzas,- comenzaba diciendo Faetón - no llegaremos sin más tropiezos al inframundo-
-Yo no tengo ningún problema con ello- dijo luego Vodur-mis hombres y yo estamos preparados a enfrentar lo que sea para dar fin a ésta aventura.-
-¡Ésta no es cualquier aventura!- gruñó Tebunah
-Tranquila- replicó el jefe cimerio-podéis confiar en que tomaremos en serio nuestro deber-
–Yo no puedo confiar en vosotros aún,- respondió Tebunah- sé que Zemat es más astuto de lo que parece, además de obstinado.-
-Ciertamente Zemat lo ha demostrado- señaló Faetón- pero no veo claramente por qué debéis desconfiar de Vodur. Él me ha manifestado otra actitud, decís que podéis examinar las intenciones de un hombre con sólo mirar sus ojos, ¿Ya habéis hecho el correspondiente análisis de nuestro hombre?- Tebunah no respondió a la pregunta de Faetón, pero rápidamente replicó:
-¡Espero no tener que presenciar una división!-
-Pero ya hay una división- intervine después desde mi banco- yo espero ver que termine pronto, o si no, ello causará problemas-
-Las divisiones son necesarias- respondió la amazona- así logramos distinguir entre justos e injustos.-
-Está bien- dijo Faetón- Tebunah, no os obligaré a llevar otra carga que no sea ésta: que os sujetéis a nuestro mandato, mientras estéis en nuestra nave, igualmente ésta es una condición que Vodur deberá aceptar, ¿Nos podremos entender?-
-Absolutamente- contestó Vodur
-Me parece lo cabal- dijo Tebunah.
-Bien –concluyó Faetón –habiéndose zanjado nuestro primer y principal estatuto, es necesario que yo os advierta de las consecuencias que implicarían romperlo, y es que si ello llega a suceder, nos veremos obligados, mi gente y yo, a ensanchar la separación que ya hay entre nosotros, de maneras desagradables.-
-No será necesario tal cosa en el futuro- dijo Vodur –seguro que más bien terminaremos aún más unidos-
-Pues ya lo probaremos- replicó Tebunah- entre tanto, de mi parte no habrá ni un ápice de rebeldía, mientras mantenga mi dignidad-
Faetón abandonó a los disidentes personajes, dejándoles atender sus propios asuntos, acercándose a Hestia para acompañarla, mientras ésta hacía un control de los pocos suministros de los que habíamos hecho acopio mientras permanecíamos en las costas cimerias, y se vio la necesidad de, en el futuro, aprovechar nuestra corta estadía entre las rocas que marcaban la entrada al inframundo, para buscar sustento, o aprovecharnos de la pesca en lo posible. El viento de alta mar cesó repentinamente al transcurrir las horas, por lo que tuvimos que redoblar nuestro esfuerzo para remar, el sol lentamente se movía por la bóveda del firmamento, alzándose más y más sobre nuestro barco, como un testigo pasivo que busca el mejor lugar para vislumbrar lo que espía, y arriba estaba despejado de nubes, a excepción de un enorme cúmulo de sucesivas bardas que se alzaban hacia proa desde lejos.
Menos de la mitad de nosotros estaba en los bancos, ya que, como he mencionado antes, sólo se contaba con treinta escálamos, por ello Faetón nos dejó descansar, haciendo que el resto tomara nuestro lugar, y podíamos turnarnos según fuese necesario. Crátilo, que se hallaba junto a mí en el momento en que tomábamos nuestro primer refrigerio, recibió de las manos de Hestia un medido puñado de brevas secas, y al punto le dijo a ella con gesto halagador:
-Ettos me hizo pensar que erais una diosa débil por ser una hogareña según sus propias palabras, pero al ver cómo habéis peleado junto a nosotros yo aseguraría que si hubiésemos intentado venceros estaríamos lamentándolo-
-No todo es lo que parece- respondió la diosa- la verdad es que he tenido que defender mi vida en incontables ocasiones, muchas veces mi secreto refugio ha servido para esconder los enemigos de los mortales más prominentes sobre la tierra, e incluso he tenido que esconder a los mismos dioses en ciertas ocasiones, por lo que de hecho he estado permanentemente preparada para todo peligro, pero toda ésta explicación desembocaría en relatos demasiado extensos, lo cierto es que todos los dioses tienen la capacidad de tomar la forma que deseen, según el artificio de su poder, por lo que yo he elegido poder transformarme en leona con el fin de ser más escurridiza para mis enemigos, y todos los dioses tienden por fuerza a ser violentos, sin importar la designación que les den los ciegos sacerdotes helenos, y por ello ya has de colegir que en realidad yo no soy diosa de ningún fuego hogareño, aunque jamás dejaré de darle valor a mi título, por el poder que tengo.-
-Al parecer me falta aprender muchas cosas más –dijo Crátilo.
-Todo a su tiempo-repliqué-¡ay, ay querido amigo!, siendo la causa y razón por la cual éste selecto grupo de seres haya podido reunirse, decidiendo enfrentar definitivamente al Olimpo, mereceríais saber todas las verdades y asuntos ocultos del universo, pero el destino ha decidido que el individuo elegido para comenzar ésta rebelión en el lugar y el momento indicado de la historia presente, sea absolutamente humilde por una muy buena razón.-
-Ya está claro- dijo Hestia- pero entonces ya no le exaltéis demasiado, para que no pierda su esencia, por el momento, tratad de ahorrar vuestras fuerzas para lo que se avecina-
La divinidad nos dejaba para atender a nuestros compañeros, erizando aún más nuestro ánimo al hacernos recordar lo inminente. Yo no permití tampoco que mi inquieta naturaleza se doblegase, y es que sentía constantemente una ansiedad por develar la misteriosa aura que se posaba sobre Adad, y que le había hecho cambiar su semblante tan repentinamente, incluso su hermano le interrogó en varias ocasiones pero no le daba respuestas claras. Decididamente busqué mi propia ocasión para hablar con él, y aunque al principio se había negado a cederme un momento a solas, logré obligarle. Caminamos por las tablas de popa alejándonos de todos, y estando allí, volteé mi rostro al mar para asegurarme de que Juliun no pudiese entender mis palabras, pues se mostró nervioso en el preciso instante en que me observó acercándome a Adad, pero luego quedé totalmente desarmado en mis intenciones al escuchar sorprendido lo que me dijo éste último, cuando creí que lograría aclarar mis dudas.
-No puedo decir nada ahora, o moriré-me susurró ahogado en pánico- dejadme en paz, por favor, no busquéis empeorar las cosas.-
-Pero, no os comprendo Adad-repliqué- al menos dadme una señal-
-Ya he dicho que no diré nada, lo siento- huyó de mi presencia desde aquél momento y no dejó que yo pudiese siquiera especular sobre lo que fuera que estuviese pasando, dejándome profundamente preocupado. A pesar de ello ya se me hacía cada vez más claro que Juliun tenía mucho que ver, por lo que decidí andarme con más prudencia cuidándome de intentar otra vez esclarecer el asunto, pero resolviendo en no quitarle un ojo de encima, así como tampoco él dejaba de vigilarme desde ésa hora. Todo aún transcurría en calma, desafortunadamente, Orfeo no había obrado con toda su audacia como para hacer que las sirenas desearan la muerte a causa de la vergüenza, como tradicionalmente narran los aedos, hasta el día de hoy. Sí, Orfeo, el de la legendaria y encantadora lira, la que con el oscilante movimiento de los punzantes dedos de su amo, hacía danzar hasta a las rocas, y cambiaba el curso de los ríos. El mismo Orfeo que sufrió por amor, y se vio privado del mismo a causa de la muerte, y el que, queriendo vencer las fuerzas del destino, quiso recuperarlo como fuese. Ni él pudo cambiar su suerte, ni siquiera logró vencer del todo a las sirenas, pero nos tocaba a nosotros enfrentar a tan temidos seres en ésta ocasión, logrando salir ilesos en la forma que mencionaré a continuación.
De en medio de las bajas y entrecortadas olas apareció el rostro de una pálida mujer, o al menos eso demostraba ser hasta el torso, yo la vi antes que todos mientras permanecía absorto en mis pensamientos, con la vista fija en el horizonte estando aún en la parte posterior de la triacóntera, y no me dio tiempo de reaccionar adecuadamente ante el peligro, ya que llegaron a mis oídos la soñada poesía de un canturreo divino, sin parangón sobre la tierra, que ni las musas se le comparan, ni el silbido del más fino pajarillo de palacio, y que a pesar de tal belleza, traía consigo un engañoso poder de encantamiento. Tal parece que algunas de las cosas más adorables de la tierra esconden en sí mismas algo siniestro. Apenas lograban mis compañeros percibir sólo un poco de aquella música, como yo, quedaban de inmediato sumergidos en el más profundo atontamiento de los sentidos, al que le seguía un extraño e incontenible impulso de atracción que les hacía gravitar entorno a las otras sirenas que iban llegando lentamente acumulándose cerca del navío.
Varios de entre nosotros se hubiesen precipitado hacia el mar con el peligro de morir ahogados, estando bajo un control ajeno a nuestra voluntad, si no fuese porque Hestia, inmune ante dicho riesgo junto a las amazonas, se apresuró a salvar nuestras vidas, inmovilizándonos con los cabos de la embarcación que encontraba a disposición, y siendo ayudada por las guerreras. Las sirenas no cesaban de cantar, y sus voces ascendían con cada vez más potencia al aumentar su número. A pesar de ello Hestia no se intimidó, y afrontándolas les habló, diciendo:
-¡Es inútil!, oigan vosotras, protervas criaturas, ¡escuchad!, traigo en mis manos una sentencia en vuestra contra, que perdurará por la eternidad, ¡no podrán detener nuestro camino al inframundo!- de pronto las sirenas detuvieron su incesante murmullo, y prestaron atención a la diosa, que de inmediato se alzó sobre la proa del barco, para poder ver mejor alrededor, y para que pudiesen verla desde todos l0s ángulos del mar de donde seguían llegando más hijas de Forcis, padre también de las gorgonas. A pesar de que habían cesado de cantar, aún todos los hombres quedamos sumergidos en el mismo hipnótico sueño, entonces Hestia prosiguió diciendo:
-¡Ya sabéis quién soy!, no es necesario que os advierta sobre mi poder, tenéis que elegir vuestro destino ahora, abandonadnos y dejadnos en paz y podréis ser perdonadas sin ser agraviadas, ¡Oh ninfas maldecidas!, o seréis vencidas, y en ésta ocasión no podréis soportar la ignominia, puesto que ahora todo el Olimpo debe de estar observando éste momento, decidid ya- el extenso grupo de sirenas que cubría gran parte del ponto visible, se separó en frente de la diosa, al darle paso a una en especial, cuya belleza no podía ser igualada por la singular pureza de sus rasgos, la cual cruzando la distancia que la separaba de la triacóntera, se acercó a Hestia desde el agua, y abriendo su boca habló, con voz irresistible y dulce, pero con firmeza e intrepidez, diciendo:
-Os conocemos diosa, ¿pero sabéis de nuestro poder?, ¿venís a retarnos como Orfeo, hijo de Helios?, él no ha podido salir vivo de su propia y peligrosa terquedad; aunque no pudimos encantarle y reducirle a la voluntad de Hades, terminó en el inframundo, aún gritando el nombre de su amada, pues tampoco nos logró vencer del todo, ahora yo os pregunto ¿no nos conocéis?-
-¿Por qué habláis?- replicó Hestia – ¿Pensáis que con simples palabras podréis infundir miedo en mí?, ¡sólo intentad algo y veréis! ¿Cuál de las ninfas maldecidas se ha atrevido a enfrentarme?- a lo que de inmediato la diosa se vio respondida con las siguientes palabras de la bellísima representante del mar:
-No es prudente que sigáis discutiendo conmigo, es extraño que no reconozcáis en mi resplandeciente rostro a Leucosia, sirena del canto, ama del embrujo y hechizo instantáneo, señora de la pureza, hemos sido enviadas por Hades, aquí presentes están Agláope, la de más bello rostro, Telxínoe, deleite del corazón, Pisínoe, ama de la persuasión, Parténope y Ligeia campantes doncellas, Molpe, Radne y la excelsa Teles, hija de la perfección, y todas madres de otras sirenas insignes; todas peligrosas en gran manera, más que los mismos dioses del Olimpo.-
-Ya lo imaginaba –declaró a esto Hestia – Hades nunca dejará de usar todos los medios para ser de tropiezo al camino que lleva al inframundo, pero dudo que aunque todas vosotras, sirenas del mundo, os encontréis ahora en derredor de mi gente, podáis detenernos con facilidad.-
-Exijo ahora me dejéis revisar el navío personalmente,- demandó Leucosia- o haré precisamente que toda vuestra gente descienda con facilidad al oscuro fondo del mar, es un aviso-
-¡No podréis hacer gran daño!,- aseguró la diosa- conmigo están las amazonas, cada una de ellas son diez veces más feroces y peligrosas que vosotras, ¡pelead si sois capaces!- Cuando se vieron nombradas, las amazonas empezaron a asomarse por los costados de la triacóntera apuntando sus venablos en contra de las pasivas sirenas, pasivas en apariencia en realidad. Inmediatamente las mismas se hundieron en la extensa mar empezando a nadar por debajo del barco, haciendo intricadas líneas que se entrecruzaban en su formación, y luego empezó a escucharse nuevamente el peligroso himno sin letra que petrifica al que lo escucha, haciendo que algo más ansioso surgiera en el pecho de todos nosotros, hombres vulnerables a tal treta. Tal fue el rigor de nuestro letargo hechizado, que empezamos a romper las amarras que nos detenían de caer de bruces a la ruina, imposibilitando toda probabilidad de defensa a las mujeres de nuestro lado, puesto que las mismas se vieron inmensamente atareadas en evitar nuestra muerte. Yo ya me acercaba con riesgo a las barandas de estribor, cuando Hestia me avistó, corriendo hacia mí rápidamente, evitando mi desgracia, por lo que sólo pude asomar el rostro al exterior de la cubierta. Allí se detuvieron de pronto las criaturas que nos amenazaban, durante un corto espacio de tiempo que transcurrió hubo silencio en medio del ponto, sólo Leucosia estaba asomada en la superficie del mismo, gritando estas palabras:
-¡Ettos, hijo de Helena, hijo del mar!, estáis con vida-
A lo que escuché su angustiada voz, inmediatamente desperté de mi sueño y volví a mis cabales.
-¿Cómo le conocéis?-inquirió Hestia dirigiéndose a Leucosia- ¿Qué cosa tenéis con Ettos?-
-¡Ettos!, -dijo la sirena del candor hablándome- ¿no me reconocéis? Miradme con atención- algo confuso, hice caso a la criatura, y dirigiendo mi escrutadora mirada a sus ojos inmediatamente regresé a mi pasado. Sí, gracias a ella fui salvo del imperioso ponto, cuando éste agitado arremetía contra mí en el momento en el que apenas era un niño. Entonces recordé con claridad ésa parte de mi historia, cuando mi madre falleció, y antes de que el dios Eolo me desapareciera de la tierra firme. No fui ahogado junto a ella gracias a que las sirenas aún demostrando cierta crueldad a los hombres, son compasivas con los niños de corta edad, tal vez al ser inocentes delante de ellas. Como las sirenas nunca olvidan a sus hijas, ni mucho menos a sus hijos del mar como ellas los designan después de salvos, al verme inmediatamente recordó sin problemas al niño que le fue arrebatado de sus brazos por un torbellino de esos del destino. He escuchado historias de cómo incluso algunos de los menos renombrados héroes fueron salvados y adoptados por uno de esos temidos seres marinos, incluso fueron amamantados, por ello supuestamente eran mucho más robustos que los hombres comunes. Mirándole ahora con otros ojos torné a responderle a Leucosia diciendo:
-Si os recuerdo, me salvasteis de la negra penumbra en los mares que rodean a Samos, gracias a vuestra piedad aún respiro, Hestia, no le hagáis daño.-
-Lo había olvidado por completo- respondió la diosa- es verdad que sois un hombre salvo gracias a una sirena.-
-¡Qué bueno es haberos reencontrado Ettos!- exclamó Leucosia – ahora temo el haceros algún mal por culpa del dios del tártaro, Hades no comprendería los lazos que unen una amistad por tan fuertes que fueren, él no sabe lo que es la amistad, ahora es el momento de ayudaros de nuevo, como es la regla de toda sirena que debe favorecer a todos los que fueren llamados hijos del mar.- mientras la preclara sirena hablaba se descubrieron de nuevo sus compañeras en torno suyo.
-Os ayudaré a llegar al inframundo- decía- si es vuestro plan, ya llegaba la hora en que alguien desafiara el poder del necio aquel, todo el que le sirve en verdad lo hace con pena, y nosotras estábamos algo cansadas de ser leales a la muerte- Mientras todos los demás hombres empezaron a volver en sí, Hestia les decía que ya estábamos fuera de peligro, Crátilo y Faetón se acercaron a mí mientras me veían hablarle a la representante del mar.
-No solamente iremos a desafiar a Hades- le advertí- iremos a causa de la ninfa Leuce, Crátilo, mi compañero, ha decidido salvarle, y junto a él adversamos a todos los demás dioses-
-Ah, la antigua ninfa del océano- dijo la sirena –sería el comienzo de una serie de actos justos a favor de los débiles y desfavorecidos por el Olimpo. Os apoyaremos en lo que podamos por el momento, hemos seguido vuestros pasos desde que salisteis de la morada secreta de Hestia, pues, nuestros mensajeros, los delfines, os vigilaban muy cuidadosamente-
-Así que tales animales no formaban parte de tan buenos augurios al principio- dijo a eso Faetón mientras me miraba contrariado.
-Ahora lo sabéis- dijo Leucosia – recordad, donde veáis un delfín en el mar, está también una sirena, ahora veréis algo más, sólo os pido que quitéis los remos de su lugar-
-Haced lo que ella dice- dije a Faetón- ahora las sirenas están de nuestro lado-
-Muy bien- respondió el hijo del dios solar hablando luego a todos- hagámoslo, moveos deprisa, asegurad el aparejo además- En seguida nos adelantamos a la labor, y cuando estábamos listos, dimos señal a las sirenas, las cuáles siguieron a Leucosia detrás de la triacóntera, de pronto, se escuchó un extraño quejido proveniente del agua, que nos hizo voltear a ver los delfines que empezaron a emerger a los costados de la nave, e increíblemente la misma comenzó a moverse muy velozmente, tan rápido, que empezamos a dar trompicones sobre las olas. Crátilo sorprendido observó lo que sucedía diciendo:
-¡Las sirenas nos empujan, junto a los delfines!-
-Valla- dijo Faetón- así parece que llegaremos en menos de cuatro horas a las costas estrechas- El viento empezó a dar de lleno frente al navío, acrecentado por la evidente velocidad con la que nos desplazábamos ahora, una espesa y blanca estela se acumuló detrás de nosotros, el horizonte adquirió movimiento según nuestros ojos, al igual que las enormes nubes que empezaron a parecer como si estuviesen vivas, decidimos movernos a la popa, puesto que incluso comenzábamos a ahogarnos entre las ráfagas de aire que se deslizaban fieramente en medio de la cubierta. Pero yo estaba aún confundido, respecto a nuestra ubicación en el ponto. Es sencillo el motivo, el pueblo cimerio era un gentilicio de costas norteñas, de más allá del mar mediterráneo hacia el noroeste, en tierras distantes, lo cierto es que si la morada secreta de Hestia se quisiese ubicar aunque tal isla no aparezca en ningún mapa, debía hallarse cerca de dicho pueblo legendario puesto que fue la primera tierra que logramos avistar luego de salir de allí.
Escila y Caribdis se hallaban pues más al sur, junto a puertos griegos, quizás no tan próximos, pero tampoco inalcanzables. No obstante tal distancia era imposible de recorrer en menos de cuatro horas como lo había mencionado el hijo del dios solar. Oía constantemente de la boca de Hestia, de Ettos y de sus hombres lo nerviosos que estaban porque sabían que pronto nos encontraríamos con la bestia marina de seis cabezas cercana a Caribdis. Ellos sabían algo que no nos habían revelado al resto de nosotros. Cosa que descubrimos cuando acaeció lo que a continuación narraré. Estando nosotros sosegados entre tanto navegábamos, repentinamente un helado viento invadió el ambiente, arriba de nosotros se empezó a formar una delicada capa de neblina que haciendo la forma de una gran esfera cubría todo alrededor de la triacóntera. Consigo traía una cortina de rocío, haciendo que la humedad nos rodeara hasta mojar nuestra ropa. Hacía tanto frío que mis manos se entumecían y mis piernas temblaban descontroladamente. La espesa bruma pronto llegó a anular nuestra visión en gran manera hasta que ni siquiera nos permitía mirar a nueve pies de distancia, y todo sucedía a pesar de que la sensación de movimiento no cesaba.
-¿Qué sucede?- pregunté asustado y por instinto dirigiéndome a Ettos.
-Ha comenzado la traslación- respondió sin vacilar.
-Pero, qué es lo que decís, a qué os referís con ‘traslación’- Inquirió Tebunah inquieta estando cerca de nosotros.
-Ah, tal vez he olvidado algo- replicó la diosa Hestia dejando un tremendo halo de intriga entre nosotros.
-¿Qué cosa habéis olvidado?- demandó Crátilo.
-He olvidado – dijo la diosa-y tal vez lo habré hecho intencionalmente, explicaros sobre el hechizo bajo el cual ésta nave yace por el poder de la madre de Phigia; así es, casi todas las cosas que tienen que ver con la preclara Circe están rodeadas de magia y misterio, la verdad es que ella utilizó de un artilugio con el fin de que la ubicación de mi morada secreta quedase sin poderse desvelar con facilidad, éste barco tiene la facultad de trasladarse a grandes distancias de manera casi instantánea al alcanzar la velocidad adecuada, además como habéis visto, es cubierta por ésta neblina espesa para que nadie pueda mirar por dónde pasa.- Al escuchar las últimas palabras de la divinidad tuve que intervenir con voz temblorosa impulsado en parte por un extraño nerviosismo diciendo:
-Así que, gracias a las sirenas, en verdad tardaremos menos de cuatro horas en cruzar casi el océano entero sólo para toparnos con Escila y Caribdis cuando podíamos evitarlos totalmente virando directamente a las puertas del inframundo, si es que viajamos hacia el sur ahora mismo:
-Es correcto- respondió Faetón- sí nos movemos hacia el sur, pero no evitaremos el paso estrecho por no perder la oportunidad de vencer cuanto antes a las aberraciones que tales parajes esconden con el fin de que tengamos seguro puerto si deseamos regresarnos del camino hacia el inframundo-
-Cierto, es mejor asegurar nuestro posterior rumbo hacia Atenas- aseveré-pero todos debíamos estar de acuerdo referente a éstas decisiones-
-Bueno, eso ya lo veremos- dijo luego Tebunah- yo debo primero consultar éste asunto con mis hermanas- mientras ella aún hablaba nuestra visibilidad comenzó a desaparecer por completo, al ver esto Faetón habló diciendo:
-Luego podremos seguir discutiendo esto, ahora debemos prepararnos para salir de la niebla- ya no podíamos orientarnos en absoluto, sólo sabíamos guiar nuestra mirada con escuchar las voces de los nuestros, pronto y de forma extraña empezó a oscurecer, el helado ambiente no cesaba de cubrirnos y así transcurrieron dos horas aproximadamente, según mi parecer. Durante un tiempo todos quedamos en absoluto silencio, incluso el ruido de altamar se había esfumado de forma misteriosa, de inmediato los presentimientos desfavorables hicieron que el ánimo de Faetón se agitara.
-¡Pronto!-decía-estad atentos, estamos siendo vigilados, no bajéis la guardia ante nada – Frente a sus prevenciones nos vimos en la necesidad de tomar cada uno sus armas, pues todos empezamos a compartir las mismas corazonadas, en verdad sentía como si alguien hubiese subido a bordo sigilosamente aprovechando la espesa niebla que lo cubría todo a nuestro alrededor. Entonces un sordo golpe se hizo escuchar a un lado mío, cuando volví mi rostro vi una sombra corpórea pasar sobre mí volando, y abajo, la silueta de alguien muy alto con lo que parecía un enorme martillo en sus manos, el cuál blandió nuevamente para golpear a uno de los cimerios que tenía cerca.
-¡Nos atacan!- alcancé a gritar- ¡Todos a las armas!, ¡Aquí!- pero a pesar de mis advertencias nadie pudo ver claramente al enemigo, que ya había asestado un duro golpe a otro cimerio lanzándolo lejos por la borda de estribor. Me dispuse en ése momento a correr con la jabalina de Phigia en alto, con Crátilo a mis espaldas, al parecer él también había logrado avistar al gigante. Cuando estuve cerca tuve que agacharme puesto que el martillo ya se ladeaba pesadamente para golpearme, y en su lugar asestó a la cabeza de Crátilo, enviándolo por el aire totalmente desmayado.
-¡No, Crátilo!- grité asustado intentando ver dónde había caído mi compañero, pero al no ver nada, y al acordarme del peligro en que estaba, me volví con la lanza alzada para arremeter contra el gigante, pero la figura había desaparecido. Los gritos de guerra de las amazonas se dejaron escuchar por la proa de la nave, por lo que casi a tientas me dirigí hacia allá, y a mi paso encontré varios cuerpos mallugados, que mostraban ser hombres de Vodur. Un espeluznante rugido abatió mis oídos proveniente del lugar hacia donde me dirigía, ‘¡Soy Fobos!’ escuché, y en seguida observé que ésa mitad del barco empezaba a despejarse de la niebla cuando llegué, haciendo posible que viese un temible guerrero parado en la base del espolón, con una lanza clavada en el peto. Lo único que se podía vislumbrar de él era la temible armadura, desde el yelmo hasta las grebas plateadas, pero todo su cuerpo era invisible, y carecía de rostro. En el momento en que todo a nuestro alrededor empezaba a descubrirse, incluyendo al indiferente cielo junto con el inmensurable ponto, no vimos más a las sirenas, ni a los delfines, las amazonas peleaban con intrepidez contra Fobos, el mismo había deseado sorprendernos con el fin de vengar la muerte de su hermano. Faetón, Hestia, y Vodur, empezaron a formarse a mí alrededor junto a los demás héroes cuando sus ojos volvieron a aclararse, Crátilo aún yacía dormido en las tablas de popa, pero no había tiempo de ayudarle por la urgencia que se nos presentaba.
Tebunah empujaba a sus hermanas alrededor de Fobos, pero éste saltó desde donde estaba parado y cayó en medio de todos nosotros. La Lucha se extendió un poco más cuando parecía que nadie podía hacerle frente, su poderosa arma podía tumbar hasta a cinco hombres a la vez de un solo golpe. La posibilidad de que fuésemos aplastados y vencidos por su poder aumentaba, hasta que Nabud se acercó lo suficiente a la gigantesca armadura, haciéndonos ver que ambos tenían la misma estatura, y levantando su rústico garrote, le dio un golpe tremendo al yelmo, que estremeció a la personificación del pánico. Nabud se dio media vuelta para obtener impulso, y así asestar otro fuerte golpe, que tronó sobre el hombro izquierdo de Fobos; éste cayó de lado, y ya se intentaba levantar así que Nabud le golpeó por tercera vez, ésta vez con toda su fuerza, desprendiéndole el gran casco y parte del brazo derecho que había levantado para protegerse. Vodur se acercó a Fobos, y tomó el pesado martillo entregándoselo a Nabud.
-¡Acabadle ya!- gritó él. El sumerio envuelto en renovada furia sostuvo a lo alto y con ambas manos su nueva arma, dejándola después caer, para en venganza hacerlo repetidas veces. Al final todo el armazón encantado que formaba a la personificación del pánico yacía en pedazos desperdigado por toda la cubierta. Todos quedaron estupefactos excepto yo, por que no iba a dejar a Crátilo sólo por más tiempo por lo que me dirigí de inmediato hacia donde él estaba. Pero él no despertaba.
-¿Qué le ha sucedido?- preguntó más tarde Faetón.
-Fobos le ha vencido- respondí preocupado.
-Vamos-mandó Hestia- hay que cuidar de él hasta que vuelva en sí- lo alzamos y lo llevamos cerca del palo mayor. Colocamos unas telas de lino debajo de Crátilo y pronto Faetón convocó a una reunión con todos los que habían quedado de la escaramuza que se libró contra la personificación del pánico, aún no podíamos creer que Nabud había podido vencerle, tal vez debido a que usó su propia arma para ello. Debíamos deliberar sobre si todos estaban de acuerdo totalmente con el hecho de pasar primero por las aguas estrechas, aunque yo ya observaba un tanto renuentes de ello a las amazonas. Mientras ello sucedía, Crátilo tenía un sueño: al principio del mismo una obscuridad casi impenetrable le rodeaba por todos lados, hasta que una tenue luz blanca atravesó de arriba a abajo lo que parecía uno de los pasadizos subterráneos del inframundo, iluminando un hermoso álamo blanco, el mismo que él consiguió cerca del lago Mnemósine. En seguida escuchó la voz suave y dulce de una ninfa que susurraba un canto extraño e hipnotizante.
-Crátilo, ¿estáis allí?- preguntó de pronto aquella voz que parecía provenir del hermoso árbol, era la voz de Leuce. En seguida todo empezó a desvanecerse y Crátilo se vio transportado hacia un lugar diferente: un extenso lago del cual nacían numerosos ríos, llenos por todos lados de un extraño fulgor azul oscuro, y en medio de los cuales, habían cientos de hombres y mujeres casi incorpóreos, con la misma apariencia de los grises espíritus, flotando sobre sus cauces alejándose del lago, una hermosísima mujer se hallaba a medio cuerpo en medio de la corriente de las aguas, que volteó a ver a Crátilo. Luego levantando sus dos brazos empezó a danzar mientras los agitaba tal como si estuviese despidiéndose, de la misma forma que el hermoso álamo blanco parecía danzar. Así lentamente se elevó hasta volar como la gran multitud que había allí, perdiendo a su vez todo brillo y color hasta adquirir un cuerpo etéreo, mientras se alejaba para desaparecer. Allí fue cuando el miedo hizo que Crátilo se sobresaltase y despertara. Al abrir sus ojos nos halló finalizando una no pequeña disputa entre las amazonas y los cimerios, y es que las amazonas habían tomado la decisión de no cruzar las aguas estrechas puesto que preferían ir directamente a la entrada del inframundo que tener que arriesgarse ante el peligro debido a las numerosas bajas que sufrieron entre ellas, sólo nueve habían sobrevivido al ataque de Fobos. Sin embargo los cimerios no estaban de acuerdo igual que los demás héroes, puesto que deseaban emprender la hazaña de destruir a Escila junto con Caribdis, aunque los cimerios llegaron a la conclusión de que si las amazonas se negaban a acompañarles, tampoco ellos irían, también habían soportado considerables muertes. Así discutimos hasta que una idea asaltó mis pensamientos: cimerios y amazonas podían abandonarnos con un propósito, ir a la gran Atenas para, entre tanto nosotros terminábamos de liberar a Leuce, ellos se dedicasen a divulgar la verdad sobre los dioses, para que dejaran de adorarles y rendirles culto y así empezar la gran guerra moral destinada a desenmascarar al Olimpo. De ésta forma todos estuvimos de acuerdo, y en ése punto nos halló Crátilo. Yo no podía quitarle los ojos de encima antes de ello, y cuando vi que despertaba, mi buen ánimo regresó a mi ser.
-¡Crátilo!- exclamé-¿Ya estáis bien? ¿Cómo os sentís?- y con voz algo tenue respondió:
-Pues parece que sí, estoy bien, he tenido un extraño sueño, ¿Qué ha sido de aquel monstruo metálico?, ¿Qué sucede? ¿Por qué todos tenéis el rostro algo encendido?-
-Oh! Es mejor que no lo sepáis- dijo el hijo del dios solar- el monstruo que decís ha sido vencido, ahora mismo nos disponíamos a escuchar a Ettos, quien les expondrá a los cimerios y a las amazonas toda la verdad sobre los dioses con el fin de enviarles a divulgarlo desde Atenas.
-Antes, será mejor que no dejemos incertidumbres- señaló Hestia- Crátilo, decís que habéis tenido un sueño, ¿Podréis descubrírnoslo para ver si podremos interpretarle?-
-No quisiera hacerlo- respondió Crátilo- prefiero guardar en mi corazón lo que he visto-
-Bien que así sea- intervine- dejadle que pueda tener algo de privacidad, ahora, les confieso que no me hallo apto para hablar sobre los dioses, puesto que no lo podría hacer mejor que la gran Hestia, una diosa, ¿Quién mejor que ella sabe de los secretos del Olimpo?-
-Así es Ettos- replicó la diosa- ahora pensad esto, los dioses tienen un mensajero, en lugar de él nosotros debemos tener uno, y pienso que podréis cumplir cabalmente con dicho papel. Ahora podéis hablar sobre los secretos de los dioses que si algo os faltare mencionar, yo lo completaré al final-
-Muy bien-respondí-entonces acomodaos y preparaos para escuchar mis razones; sentaos a mí alrededor, prestad atención y no interrumpáis hasta el final si surge de vosotros alguna duda. Recordad que soy hijo de Prometeo, por lo tanto soy un semidiós. Amazonas enteraos, Cimerios juzgad, que por ende puedo desde éste momento declarar que conozco la mayor parte de los secretos que se revuelven en el Olimpo, y que puedo desmentir el hecho de que Prometeo hizo a los primeros seres humanos del barro. Debo empezar de todas formas con mencionar que Gea y Urano no engendraron la tierra de ningún modo, y los cielos existen desde mucho antes que Caos, quién no existe. Los dioses son simples humanos con una característica especial en su sangre: al tomar de la ambrosía aunque sea un trago, se vuelven inmortales. Sus hijos, los llamados semidioses, como yo, necesitamos tomar constantemente de dicho néctar divino para mantenernos fuertes a diferencia de ellos que una vez que lo han tomado ya no lo precisan más, pues al pertenecer a las razas más antiguas de los seres humanos su sangre se hace más pura. Esto provocó que ellos engendrasen a muchos de los monstruos que hoy en día rodean el mundo, aunque el resto ha sido creado a través de artificios y hechizos, pues los dioses obtienen de la ambrosía un poder mágico especial. De ésta forma los dioses nos han querido demostrar que son sagrados y omnipotentes, merecedores de gran respeto. Sin embargo son iguales o peores de perversos que los mortales. Un ejemplo de ello se encuentra en Zeus, el más maligno y lamentablemente poderoso dios de todos ellos. Él es padre de las musas, mensajeras falsas que tergiversan la historia verdadera con el fin de engañarnos a todos y de ponernos a favor de los dioses. Ellas cuentan cómo su padre hizo justicia al encerrar a Cronos en el tártaro, pues éste se comía a sus hijos, pero ello no es así. Cronos nunca se atrevió a tocar a sus hijos, fue la insaciable ambición de Zeus la que hizo que tuviese que pagar un precio alto por su potestad sobre los cielos. Cuando Zeus logró hacerse el ‘Padre de los dioses’ se vio aún insatisfecho, y hasta el día de hoy ha pugnado el derecho de ser amo de los cielos. Los dioses han sido símbolos de la injusticia y la opresión sobre la humanidad, es por ello que es necesario acabar con su poder, pero para lograrlo en verdad mi compañero Crátilo ha dado con la solución, y aquí es donde explicaré mejor a Faetón y a todos vosotros lo que prometí hace un tiempo sobre nuestra forma de pelear. Hemos determinado no ser iguales que los dioses al no utilizar la venganza, ni la mentira, ni ninguna clase de artimaña tramposa, ni siquiera usaremos de alguna arma para destruirlos puesto que no deseamos ser asesinos, ni yo, que en otro tiempo fui un guerrero sanguinario, deseo derramar más sangre con fiereza de corazón. Sólo nos hemos permitido matar a las aberraciones que aún atemorizan a las gentes. Ahora para poder avasallar a los dioses hemos determinado en vez de solamente utilizar las armas de hierro, utilizar las armas espirituales, una de ellas la indiferencia. Con sólo el hecho de lograr hacer que todos aparten su atención de los dioses, éstos perderán todo propósito de existencia y en consecuencia de las ansias de poder terminarán destruyéndose unos a otros, pues nunca osarán enfrentarnos cara a cara ya que somos mucho más numerosos que ellos, sólo gustan de esconderse y acecharnos tras su maldad. Esto mismo debéis proclamar en toda Atenas hasta que tengamos la oportunidad de llegar a vosotros.- Todos estaban embebidos en mis palabras, asombrados por lo que oían, pero quedaron convencidos al final.
-¿He faltado en algo de lo que he dicho diosa?- pregunté a Hestia.
-No os habéis salido ni un punto de la verdad Ettos-me dijo- lo habéis hecho muy bien, ahora, ¿hay alguna duda entre vosotros?- dijo la diosa dirigiéndose al grupo de amazonas y cimerios, a lo que contestó Vodur diciendo:
-¿Es cierto que los dioses son sólo seres humanos, como nosotros, estáis seguro, Ettos?-
-Sí son seres humanos- respondí-pero son inmortales gracias sólo a la ambrosía, no obstante son tan frágiles como nosotros, estoy seguro de ello, es totalmente demostrable, pese a lo que piensan los griegos devotos-
-Un momento- intervino Tebunah- cómo harán mis hermanas para convencer a los griegos con efectividad, ¿Podremos mostrarles alguna prueba de todo lo que decís?-
-Mi idea es que con vosotros valla el águila feroz-aseguré- entre tanto nosotros salimos del inframundo. Éste animal se supone que son los ojos de Zeus para cumplir la justicia, y ustedes demostrarán cómo entonces la justicia está de vuestro lado y no del de Zeus crónida. No entiendo Tebunah, ¿A caso no iréis con vuestras hermanas también? ¿Por qué las mencionáis como si solamente ellas fuesen a ir a Atenas?
-Porque así será- dijo la legendaria cazadora- he decidido que un representante de ellas debería quedarse con vosotros para que la gloria de las futuras hazañas pueda ser compartida por igual.-
-En ése caso yo también me quedaré- declaró Vodur- los cimerios no deberíamos dejar de ser mencionados en la memoria de la historia.-
-De acuerdo- dijo Faetón- el único problema que tenemos ahora tiene que ver con la forma en que os trasladaréis de aquí a Atenas, no deseo ahora tocar ningún puerto, quiero ir directamente a las costas estrechas ¿Qué haremos?- Y como respuesta a las demandas de Faetón, Mastéhual que vigilaba desde las barandas de babor de nuestra triacóntera con el arco tenso para no ser sorprendido llamó nuestra atención al avistar una pequeña embarcación que se acercaba a nosotros.
-¡Perfecto!- gritó Faetón- rápido abordad ésa barca, tomad los remos. –haciendo caso logramos movernos lo suficiente como para cruzarnos en el camino de aquella singular embarcación de una sola vela de blanco marfil, en donde se podía ver no más de veinte hombres. Faetón, asomándose desde donde estaba Mastéhual, se dirigió a los perplejos marineros desconocidos con éstas palabras:
-El ancho mar alberga toda suerte de hombres y también mujeres atrevidas que con su astucia pretenden explorar más allá de donde la vista puede alcanzar y de donde los mapas delimitan. Es por ello que no me sorprende vuestra presencia en tan alejada y peligrosa región del océano, pero aún demandaré que reveléis vuestra identidad y hacia dónde os dirigís con toda veracidad. Sepan que ciertísimamente no podréis engañarnos, sabed que el que os habla es un hijo de Prometeo, y detrás de mí hay tales personajes, que si os muestro, desfalleceréis completamente. Hablad pues que llevamos urgencia ¿Quién se digna a llamarse vuestro jefe, o señor, o capitán?- así habló, de en medio de todos aquellos paliduchos hombres se apareció uno que parecía de rostro más digno que el de sus compañeros, y abriendo su boca en alta voz descubrió su rumbo y su identidad diciendo:
-Señor, mi nombre es Hannón, mis hombres y yo navegamos el ancho mar como lo habéis mencionado con el pesado oficio de piratería a rastras, y vamos de aquí para allá sin rumbo fijo. Espero no menospreciéis nuestro aspecto, ni mucho menos nos juzguéis como viles piratas solamente, pues también tenemos corazón, y la verdad es que al robar, no sólo lo hacemos para llenar nuestras propias arcas, sino también para compartirlo con los pobres y desdichados en la medida de lo posible, por ello no somos hostiles. Mi señor, nos dirigíamos hace un momento a Atenas donde deseamos tocar buen puerto con el fin de gastar la buena fortuna que hemos percibido durante éstos últimos tres meses, ahora espero que no seáis soldados de los reyes griegos, pues si es así, de aquí en adelante tendremos que suplicar por nuestras vidas.- El destino parecía constantemente confabular a nuestro favor, si aquellos hombres iban directo a Atenas podían ser el transporte adecuado para los cimerios y las amazonas, a pesar de ello por su naturaleza ruin eran de poco fiar. Habló Faetón respondiendo a las palabras de aquel capitán y dijo:
- No os haremos daño, no somos soldados griegos, si sois piratas debo de adivinar que sois fenicios ¿no es así?- Hyrum y Adad se sintieron aludidos.
-Así es señor- respondió el tal Hannón- estaremos ahora a vuestras órdenes, en agradecimiento por haber permitido que conservásemos nuestras vidas- al escucharlo todo Tebunah se acercó al hijo del dios solar un tanto confundida y le reconvino con éstas palabras:
-Faetón, estáis tratando con piratas precisamente, cómo podréis confiar en ellos, en realidad dudo que sea buena idea-
-No os preocupéis Tebunah-respondió Faetón- vuestras hermanas son lo suficientemente rudas como para sojuzgar a aquellos endebles forajidos, y además los cimerios son lo suficientemente salvajes y fuertes como para evitar ser humillados.- Habiendo dicho esto Faetón miró a Hannón y le habló así:
-Escuchad amigo, os advertiré algo, no oséis provocar a la ira de las amazonas que con nosotros andan, ni busquéis encender el furor de los cimerios que también nos acompañan y que ahora irán con vosotros hasta Atenas puesto que necesitan cumplir con una imperiosa misión, no debéis negaros a llevarles sanos y salvos hasta su destino, pues si tal hacéis, pagaréis con creces vuestra rebelión. – El rostro de Hannón cambió súbitamente al oír mencionar a los legendarios guerreros y peligrosas cazadoras, y allí se vio obligado a hablar diciendo:
-Así será señor, acercaremos más nuestra barca para que puedan descender acá los que vendrán con nosotros, os prometo señor que cumpliremos fielmente vuestras órdenes, podréis contar con nosotros-
De ése modo se dispusieron a poner en obra el transbordo con rapidez, aunque Tebunah se despedía con hasta lágrimas en sus ojos de sus hermanas, ella sentía gran pesar por el hecho de tener que abandonarlas, no obstante no ocurrió lo mismo con Vodur y sus hombres. Crátilo se acercó a ellos y despidiéndose profirió éstas palabras:
-Si de alguna manera ocurre algún percance llamad al águila feroz que pronto os defenderá y si es necesario nos hará saber en el peligro que estéis-entonces una de las guerreras cuyo nombre no mencionó en ése momento, y que además no descubriré ahora por mantener el hilo de la historia, se asomó de en medio de los demás y dijo:
-Así haremos, esperamos tengáis suerte cuando lleguéis a la costas estrechas, y cuando arribéis al inframundo- así dijo, la embarcación pronto empezó a tomar rumbo cuando sus tripulantes hincharon la vela para alejarse lentamente y mientras eso ocurría Faetón gritó:
-¡Hannón! ¡Os encomiendo a mi gente! ¡Tened mucho cuidado!- Hannón sólo se limitó a alzar la mano en aprobación a los mandatos del hijo del dios solar y nadie apartó la vista de ellos hasta que se fundieron con el horizonte causando en nosotros un sentimiento de honda nostalgia. Así fue que la división que yo ya había podido vislumbrar ya había sido efectuada con mayor vehemencia, aunque ahora pienso que tal acontecimiento pudo ser necesario para adelantar algunos de nuestros planes trazados en contra del Olimpo. Obviamente los dioses habrán querido en todo momento vernos separados, pero sé que lo que en verdad sucedió fue que nos unimos un tanto más, pues sé que las distancias no hacen daño a las fuertes y verdaderas alianzas.
Capítulo XI
<<< Grandes Dudas >>>
El cielo comenzó a ruborizarse y a la vez una delgada línea de nubarrones desfiló frente a nosotros. Algunas aves aparecieron desde el este girando luego en la misma dirección que tomábamos, hacia el noroeste, las olas empezaron a romper la superficie de las aguas, ciertos escollos se mostraban a nuestros lados, y Faetón ordenó que lanzásemos una jarcia al mar para medir su profundidad. Al obedecerle hallamos inmensos arrecifes de coral que servían de señal para saber si estábamos cerca de alguna costa. Desde que la barca de Hannón se había marchado nos disponíamos a remar hacia donde el hijo del dios solar lo mandaba, hasta que ordenó que nos detuviésemos pues podíamos servirnos de las velas para movernos, al parecer él deseaba que mantuviésemos intactas nuestras fuerzas. Nos servimos de lo que quedaban de los frutos de los sicomoros que habíamos encontrado en las costas cimerias, junto con el algo de la ambrosía que habíamos conservado hasta ése momento, como refrigerio. Cuando logramos descansar, y sosegar nuestras almas, Crátilo me avisó con señas que deseaba hablar conmigo. Estando alejados de todos me dijo:
-¿Quién ha podido vencer a Fobos?, ¿Cómo lo habéis hecho?-
-Ya sabía que me lo preguntaríais en algún momento- respondí – Nabud ha demostrado valentía al osar enfrentarle, pero sólo pudo vencerle pues tomó su martillo, y como éste está hechizado, al igual que su armadura, que hace invisible al que la porta, su poder aumentó lo suficiente como para superarle- casualmente Calidmeo pasó cerca de nosotros recogiendo los pedazos sueltos de la enorme armadura, al poder verle se lo señalé a mi compañero el cual esbozó una sonrisa cuando también le observó.
-¿Qué es lo que hacéis?- pregunté dirigiéndome a Calidmeo.
-Ya lo sabréis amigo, en cuanto tenga fuego, un fuelle, carbón, y un yunque lo sabréis-me respondió Calidmeo.
-¿Es que sois herrero Calidmeo?- preguntó a su vez Crátilo, Calidmeo por su parte no respondió nada más, y lanzando con su mano una palmada al aire en señal despectiva se alejó.
-Parece muy interesad0- dije- si va a reparar ésa armadura le costará mucho. Ahora, Crátilo, que otra duda tenéis que vuestro rostro no ha cambiado al asombro por la quietud- entonces él mirándome con cierta intriga dijo:
-Es curioso que aún ningún dios ha sacudido el océano, ni ha lanzado rayos sobre nuestras cabezas, o acumulado más nubes para que llueva ¿Qué ocurre?-
-Ha Crátilo- dije – aún los dioses están muy ocupados en otros asuntos como para prestarnos atención aunque estemos en rebelión. Para mantener su prestigio sobre los mortales deben engañar con su poder a muchas otras personas, por ello no estamos tan expuestos ante ellos puesto que un dios no puede estar en varios lugares a la vez no tienen ésa facultad. Cuando toda la humanidad esté en su contra, sí estaremos recibiendo de la totalidad de su ímpetu, aunque no de manera colateral, recordad que ellos no tienen poder total sobre la naturaleza-
-¡Es increíble!- exclamó Crátilo- me habéis asombrado al mencionar que Zeus y los demás olímpicos son sólo humanos- en eso Hestia se acercó a nosotros un tanto preocupada, y hablando a Ettos dijo:
-Aún no bajéis la guardia, somos vulnerables ante el peligro, mis hermanas, y los hombres de Vodur, nos hacían efectiva compañía, ahora somos menos, si Juliun trama algo ahora es el momento para sorprendernos- Tuvimos que asentir ante la angustia de la diosa, estábamos obviando la presencia de Juliun, puesto que él siempre permanecía al margen de todo lo que ocurría. No hablaba con nosotros, e incluso a la hora de bogar se mantenía apartado, ignorándonos, sin quitarle los ojos de encima a Hyrum o a Hestia misma, pero era evidente que vigilaba con mayor precaución al fenicio.
-¿Porqué Faetón no ha expulsado a ése parásito de nuestro grupo?- reclamé- si yo hubiese sido él, ya le hubiese obligado a saltar por la borda, en verdad es un peligro, es muy sospechoso-
-Desde el momento en que regresé- explicó Hestia- le advertí a Faetón que aquél debía permanecer con nosotros con el fin de investigar hasta dónde era capaz de llegar con sus insolencias, así podremos descubrir exactamente cuáles son sus planes- el hijo del dios solar, con los ojos entrecerrados logró avistar algo que se asomaba desde el horizonte infinito y gritó:
-¡Tierra! ¡Hemos hallado tierra!; ¡pronto preparaos, son las costas estrechas!, debemos evitar cruzarlas hasta que no posicionemos a los hombres como hemos planeado. ¡Moveos deprisa, empujad la nave hasta aquellas costas!- Un terrible pavor se irradió por toda mi sangre, todos se agitaron en gran manera al empezar a bogar. A lo lejos se hizo escuchar una especie de bramido continuo, como de una gigantesca cascada, cuando nos acercábamos a la costa derecha del paso estrecho, observé cómo las nubes empezaban a cubrir el sol, la batalla había empezado. Al encallar a las orillas de la playa, de exuberante vegetación, Faetón se dirigió a todos de nuevo con éstas palabras de ánimo:
-Éste día no debe ser sombrío en nuestros corazones, así lo sea externamente, nuestro ánimo no debe opacarse, la gloria está cerca de nosotros, ya puedo tocar y sentir la victoria. ¡Sed valientes! ¡Esforzaos en dominar el corazón del océano por vuestros propios méritos si es necesario!, pues luego tendremos que llegar al inframundo. Nuestros planes van a llevar una pequeña variación. Juliun irá junto a Mastéhual a las orillas de éste lado del paso estrecho, ambos con sus arcos para llamar la atención de Escila cerca de Caribdis…-
-Pero señor- interrumpió el etíope- ¿En verdad deberé ir con Juliun?-
-¡Oh sí!- hablo socarronamente Juliun- creo que yo no debería participar en esto, si no confiáis en mi ¿Qué podré aportar de utilidad? ¿Eh?- entonces Faetón le miró con los ojos encendidos en rabia y le increpó, al tiempo que tomaba su arco, diciendo:
-¡Cuidado hombre fatuo! ¡Si osáis desafiar mis órdenes os mataré aquí mismo! ¿Qué decís ante esto?-
-De acuerdo-replicó Juliun mostrando un profundo desagrado- iré tras Mastéhual-
-¡Oh no!- exclamó Mastéhual- iréis delante de mí, tampoco me atrevo a daros la espalda ni por un momento-
-Tenéis miedo de mí ¿no es así?- dijo burlonamente el de barba rojiza- no os atrevéis a abandonar el pavor colectivo, apuesto a que os han contagiado de desconfianza-
-¡Ya basta de niñadas!-dijo el hijo del dios solar airado dirigiéndose a los contendientes- os dejaremos aquí e iréis a donde os he mandado, entretanto nosotros navegaremos del otro lado para que yo pueda descender a la otra orilla, si algo sale mal, yo llamaré la atención de Escila, o eso espero lograr, para evitar que la bestia haga pedazos la triacóntera, luego Ettos irá al paso estrecho, pero nadando, con las amarras de las que se servirá para atar los tentáculos del monstruo marino, debéis tener sumo cuidado, y debéis actuar en el momento adecuado. Finalmente los demás empujarán la nave con todas sus fuerzas para alcanzar la velocidad adecuada con la cual se pueda embestir con el espolón a Escila para hacerle caer al gran tifón. Vámonos ya a la otra orilla- ordenaba así Faetón. Juliun tuvo que obedecer a regañadientes, y nosotros partimos con grandes dudas en nuestros corazones. No tardamos mucho para arribar las costas del lado contrario a Caribdis, en donde dejamos a Faetón, no quiso dirigirnos alguna palabra ésta vez, sólo lanzó una mirada a Calidmeo, tomó una jarcia, se dio media vuelta, y se adentró en la maleza para llegar a una roca resbaladiza, debajo la cual se decía moraba Escila. Retrocedimos un largo trecho, colocando luego la barca de modo que estuviese más del lado este y de frente al paso, y llegado el momento de zambullirme, Crátilo me abrazó, entregándome las largas cuerdas para que atase al monstruo y diciendo:
-Otra vez al fondo del océano, mirad que ésta vez no tenga yo que bajar de nuevo a rescataros.-
-Eso intentaré amigo mío- pude responder, de éste modo me despedí de todos y empecé a nadar en dirección al paso. Los demás héroes estaban perplejos. ¿Cómo era posible que pudiesen acumular la suficiente fuerza para poder empujar a la bestia hacia su perdición?
-Valla- les dijo Calidmeo – yo hubiese querido que Faetón esperase a que las sirenas, junto a los delfines, llegasen a ayudarnos, ¿Cómo seremos lo suficientemente veloces para llegar hasta allá?- dijo señalando la abertura de las aguas estrechas. Todos empezaron a meditar sobre ello, hasta que Hestia en un punto alzó su rostro hacia Crátilo un tanto eufórica.
-¿Qué sucede?-preguntó él- ¿Por qué me miráis a mí? El de las grandiosas ideas se ha ido nadando-
-Necesitamos al águila feroz- observó la diosa- para que nos lleve con su poder por las aguas estrechas- Y por orden del destino que parece vivo, y que no duerme, Uziel el babilónico, logró avistar una sombra endeble moverse por entre las nubes. Pronto aquella sombra adquirió la forma de dos gigantescas alas que se batían con fuerza, descubriéndose de entre los nimbos el águila feroz. La gigantesca ave pronto se posó en la proa de la triacóntera, entre tanto sólo Crátilo se atrevía a acercarse para darle la bienvenida. Al parecer la gran ave no había ido hacia Atenas esperando que los demás que habíamos enviado allá llegasen primero.
-Ya os había extrañado – le dijo él – que bueno que habéis regresado, me acostumbré a vuestra presencia –
- ¡Excelente! – Exclamó Hestia – Aquí está nuestra solución – al tiempo el águila feroz lanzó su característico y largo gorjeo como entendiendo que le mencionaban.
- Ahora debemos esperar la señal de Faetón – declaró la diosa, entre tanto, Mastéhual y Juliun ya habían llegado a su destino, para cumplir con su propósito. El tronar insistente provenía de Caribdis, en ciertas épocas del año, este gigantesco tifón expulsa o traga grandes cantidades de agua manteniendo su movimiento elíptico, y en aquél momento se hallaba en su período de succión, causando fuertes corrientes descendientes. Ambas orillas del paso estrecho formaban enormes acantilados rocosos, por lo que de lejos parecía como si la tierra hubiese formado una enorme puerta amurallada, y en medio de todo ello había una distancia no muy mayor a lo equivalente a un buen tiro con arco. Mastéhual ya estaba cerca del gran árbol debajo el cual se ubicaba Caribdis, se disponía a afinar su primera saeta desde la roca de aquel lado del paso, pero se detuvo para hablarle a Juliun con estas palabras:
- No, yo prefiero que seáis el primero en lanzar la flecha que atraerá a Escila – entonces Juliun encogiendo los hombros mostrando poco interés se dispuso a hacerlo pero no atinó en el blanco.
- ¿Qué pretendéis?- le reclamó Mastéhual- ¿Habéis errado el tiro a propósito?, ahora mismo os ordeno que no juguéis conmigo y os dispongáis a cumplir con vuestra tarea –
- Lo siento Mastéhual – replicó Juliun – pero no deseo hacer nada por vosotros. Dispararéis mejor que yo la saeta –
- ¡Insolente! – Gritó el etíope – si Faetón, mi señor estuviese acá no os hubiera durado tanto tiempo vuestra rebeldía –
-Pero vuestro señor no está acá-dijo luego el de barba rojiza con altivez- y no sois el indicado para darme órdenes, ¿qué cosa seréis capaz de hacer?, ¿podréis obligarme a obedeceros?-
- Pues no haré nada – respondió Mastéhual cegado por la ira – con gusto os mataría, tal vez recibiría la aprobación de Faetón, pero con seguridad luego mi conciencia no andaría muy limpia en mí, lo haré yo entonces – efectivamente ya sacaba de su aljaba una flecha que prontamente lanzó al aire alcanzando con agilidad su objetivo haciendo rugir a Escila, mientras el etíope aun se hallaba distraído con el costado izquierdo expuesto, Juliun, de forma traicionera, disparó una saeta apuntando a su corazón, en ése momento Mastéhual alcanzó a voltearse, y la flecha le atravesó el pulmón izquierdo. Escila se empezaba a acercar a ellos luego de haber sido molestada, Mastéhual quiso responder al peligroso ataque de Juliun, retorciéndose de dolor al principio, luego armado de valor tensó su arco pero no alcanzó a soltar la flecha pues Juliun rápidamente se abalanzó sobre él haciéndole caer al suelo, Escila ya llegaba, y como se habían ubicado un poco antes de llegar al tifón interminable podía atacarles. Mastéhual forcejeaba con Juliun, sosteniendo sus brazos como podía, pues aquél intentaba ahorcarle, y súbitamente se vieron sorprendidos por un gruñido potente, era la bestia marina que intentaba alcanzarles con sus fauces para dañarles. Juliun se vio en la necesidad de huir, Mastéhual levantándose con mucho dolor intentó herirle con otra flecha pero en esta ocasión falló debido a que su herida ejercía gran presión causándole dificultad para respirar, así que decidió caminar como pudo para seguir a Juliun. Yo ya estaba debajo de la bestia, y como la cuerda era lo suficientemente larga como para darle tres vueltas a los tentáculos de Escila, lo aproveché, y me disponía a apretar el nudo cuando la bestia empezó a sumergir sus cabezas para morderme al sentir mi presencia. Al final la cuerda se rompió, y no pude apresarle, por ello tuve que regresar a la triacóntera, Crátilo y los demás héroes empezaban a empujar la nave, el águila feroz sostenía el borde de la proa mientras también la arrastraba con el batir de sus enormes alas, acelerándoles de forma impresionante aunque no tanto como lo hubiesen hecho las sirenas. Pronto me encontré con ellos a la mitad del camino. Ellos me vieron desde lejos, estando yo hasta el cuello sumergido, luego de detenerse lanzaron una jarcia para subirme a bordo. No me había dado cuenta que mientras yo huía de la bestia marina, Faetón había visto el peligro en el que yo estaba, y por ello se arriesgó al lanzar varias flechas que dieron directo en el cuerpo de Escila, desviando su atención, por eso tuvo que esconderse para evitar ser alcanzado por la bestia. Estuvo a punto de caer de la roca resbaladiza, pero la jarcia le ayudó a regresar a los árboles de aquél lado del paso.
- ¿Qué os ha sucedido? – Me preguntó Hestia cuando estuve entre ellos.
- Casi logro apresar a Escila – dije frustrado – pero me atacó con sus cabezas y rompió la cuerda que había usado. ¿Qué haremos ahora? Este plan ha sido un fracaso -
Todos empezaban a mirarse los rostros excepto Crátilo que permanecía inmóvil, con la mirada fija en el águila feroz.
-Yo no aceptaré que todo esto termine siendo un fracaso- dijo él, acercándose a la increíble ave, trepando por su cuello y levantando el estrepitoso vuelo. Alejándose y tomando gran altura, se dirigió a las aguas estrechas, con la espada del hado en su mano, y el escudo de Orión sobre su hombro, su mente se suspendió sobre un instante muy pequeño en el tiempo, las imágenes fugaces de los rostros de sus padres llegaban como si también tuviesen alas para acortar cualquier distancia. El águila feroz se hizo notar con otro gorjeo, como una especie de grito belicoso, se acercaron pronto a Escila, bajaron su altitud, aceleraron su vuelo, se veía mejor que un rayo de los que Zeus lanza de lejos para sorprender a sus enemigos. Crátilo sostuvo con más fuerza su espada, bajándola un poco, quería acercar el filo a su nuevo objetivo. El aire le golpeaba el rostro, tuvo que entrecerrar los ojos para ver mejor lo que hacía, frunció el ceño, endureció la faz de su rostro, gritó como el águila, pero emitiendo el grito de guerra de su padre, llenó luego sus pulmones, hasta erguir totalmente el pecho. La bestia marina le miró de lejos, en respuesta a las amenazas de Crátilo, hizo temblar la atmósfera con un rugido parecido al de león cuando está cazando y quiere aturdir a la presa. Pronto movió sus seis cabezas hacia atrás para atacar con toda su furia al tomar impulso, el águila feroz hizo un giro colocando a Crátilo de cabeza en el momento en el que esquivaban una de las peligrosas fauces de Escila, que están armadas de hasta tres hileras de enormes dientes como dagas. Pasando al lado de otra de sus terribles cabezas, Crátilo dispuso el filo de su espada para cortarla. Partido en dos el cuello del monstruo fue a dar al agua, la gran ave enderezando su vuelo para cambiar de dirección y retroceder logró evitar otro ataque enfurecido de Escila, pasando por encima, Crátilo no perdió ésta oportunidad tampoco para cercenarle ésa otra cabeza. Durante cuatro viajes más, Crátilo ya había logrado decapitar totalmente a aquella aberración. Escila aún movía sus doce tentáculos, pero estaba fuera de control, su actividad disminuyó lentamente, la corriente de Caribdis comenzó a arrastrarle hacia sí mismo. Cuando ambos se unieron, la bestia marina empezó a ser engullida, la velocidad del tifón aumentó hasta veinte veces más, ensanchando su boca, se volvió tan grande que al tocar los acantilados que le rodeaban, éstos cayeron con gran temblor aumentándose considerablemente la distancia que había entre ellos, todo cayó bajo su poder, y Escila desapareció. Caribdis se detuvo al instante. Crátilo regresó a la nave al ver que había logrado vencer aquel gran obstáculo. Al estar a bordo de nuevo, Crátilo se despidió del águila feroz, agradeciéndole por haberle ayudado una vez más, nosotros habíamos esperado a mi compañero, ansiosos, observando asombrados desde donde estábamos, todo lo que sucedía. Le recibimos con aplausos, y gritos de júbilo.
-¡Felicidades amigo!- le dije emocionado – gracias a vuestro ánimo podremos ahora pasar por aquí sin peligro alguno, ahora, debemos apresurarnos a buscar a Faetón que debe de estar aguardando pacientemente por nosotros, quizás también feliz por nuestro éxito-
-¡Está bien!- dijo a esto Calidmeo hablándole a los héroes- ya habéis escuchado a Ettos, vallamos rápido hasta nuestro señor- De inmediato nos pusimos a bogar hasta que logramos alcanzar la orilla oeste de aquel lugar, en donde hallamos al hijo del dios solar.
-Lo habéis conseguido- nos dijo sin mayor alegría- ahora estoy preocupado, observé de lejos a Mastéhual luchando con Juliun, debemos ir hasta el otro lado para solucionar tan estorbosa situación- en eso Adad se puso en medio de todos, y con éstas palabras enardeció nuestro ánimo:
- ¡Esperad!, debo deciros algo pronto, he descubierto algo espantoso concerniente a Juliun. Cuando estuvimos en los campos cimerios luchando contra los centauros, al finalizar la contienda, Juliun se había adentrado en el bosque con el fin de contactar a un dios. Yo le pude seguir, y cuando llegamos a un punto donde la arboleda se abría un poco, Zeus descendió precedido por una extraña luminiscencia. Tuve que ocultarme entre la breña si quería escuchar las razones que empezaban a intercambiar, lo que pude entender fue que Zeus se declaraba padre del alevoso de Juliun, y éste como hijo, debía de honrarle defendiendo su causa haciéndonos tropezar en cuanto pudiese. No sé cómo el dios pudo persuadir a Juliun, no pude detallar las palabras exactas que profirió. Juliun, más adelante, al terminar de conversar con el crónida, volteó hacia donde yo estaba, y empezó a perseguirme, entre tanto me gritaba amenazándome con la muerte en cuanto pudiese ponerme la mano encima. Por ello mientras estuvo entre nosotros no me atreví a delatarle pues temía por mi vida, sentía que me vigilaba todo el tiempo. Ahora sabéis que él se ha vuelto nuestro enemigo, puesto que planea estorbar nuestro camino hacia el inframundo- luego de escuchar todo aquella revelación, por fin pude entender parte de la situación, aún debía aclarar algo más.
-Faetón, respondedme ahora- exigí- ¿Podréis explicar la actitud de Juliun en el momento en que llegó Tebunah a las costas cimerias?- el hijo del dios solar con una expresión de pesadumbre se disponía a contestar, pero Tebunah le interrumpió hablando en su lugar con éstas palabras:
-No os lo quería decir abiertamente, estando apresada por los cimerios, mis hermanas habían elaborado un campamento pequeño cercano a la ciudad con el fin de prestarme la ayuda que necesitase si me hallara en peligro, aunque no podían atacar directamente a los hombres de Zemat por superarles en número grandemente. Así que cuando vi llegar a Deimos, supe que había llegado el momento de pedirles ayuda, por lo que corrí en dirección a ellas, pero Juliun, al verme y creer que escapaba, disparó una flecha que por poco me hiere, sin embargo aquí estoy, aún ilesa. Supe entonces que había intentado matarme.- Al haberlo aclarado todo, a la señal de Faetón, nos ocupamos pronto de movernos hacia la costa este. Cuando llegamos allá, Faetón, Crátilo, y yo bajamos a las orillas de la playa, dejando a los demás para que protegiesen la barca. Nos adentramos en el lugar, caminamos durante largo tiempo, sin hallar rastros ni de Juliun, ni de Mastéhual. Nuestro camino empezaba a empinarse, y la vegetación se volvía cada vez más abundante, no nos permitía mirar a lo lejos el horizonte. Gritamos a todo pulmón el nombre de Mastéhual por si podíamos hacerle saber que estábamos cerca, sin hallar respuesta. Nuestras esperanzas empezaban a mermar considerablemente, dejamos de gritar puesto que nuestra garganta empezaba a hincharse. Finalmente, para nuestra desagradable sorpresa, Mastéhual apareció tumbado en el suelo con más de cinco flechas atravesándole el pecho y el vientre tanto desde enfrente como desde su espalda. Sangraba difusamente, sin emitir algún ruido de dolor por las saetas que Juliun logró acertarle maliciosamente desde el intrincado soto.
-¡Vámonos, de regreso a la triacóntera!- gritó Faetón- ya llegará el día en que Juliun pague por todo lo que ha hecho, por el momento tendremos que desistir de perseguirle- así dijo, y de inmediato obedecimos sus mandatos, con gran angustia. Cuando llegamos de nuevo a la barca, Faetón, que llevaba a Mastéhual en sus brazos, llamó a Hestia entre tanto ascendían a la cubierta de la nave y le dijo:
-Morirá si no lo atendemos ahora mismo- Entonces la diosa sin hablar, bajó pronto a donde se guarda el lastre, y sacó una copa de plata repleta de ambrosía, para que se la diesen al malherido. Faetón, dándole unas leves bofetadas al rostro de Mastéhual para que se avivase aunque fuese ligeramente, acercó la copa, y le dio a beber todo su contenido con algo de esfuerzo. Según las indicaciones de Hestia procedimos luego a quitarle las flechas al etíope, y mientras los hacíamos las heridas cerraban lentamente dejando algunas cicatrices.
-Es necesario dejar que descanse- dijo al fin la diosa – luego que despierte debemos de darle más ambrosía de la que he logrado conservar.-
De éste modo Juliun logró escabullirse de su suerte, ahora debíamos cuidarnos en definitiva de un enemigo más, la tenebrosa bruma de la duda podía aún invadir nuestros corazones, si la madre del de rostro alevoso era en verdad Circe como él lo había proclamado ¿Estaba ella involucrada de alguna forma con los dioses? Siendo hija de Helios, era también una diosa, ¿podría estar a su favor? O podríamos convencerle de unírsenos en nuestra causa. En fin, teníamos un camino largo por delante, victoriosamente cruzamos el paso estrecho sin ningún peligro, las cosas iban tomando forma agradable a pesar de todo. Por encima de nosotros se había nublado aún más el cielo, así que el dios que deseaba en ése momento hablarnos para mermar nuestro ánimo tuvo que cruzar forzosamente los nimbos. Asomando primero sus sandalias aladas, para dejarse ver tocando la flauta, apareció Hermes altivo, con los ojos encendidos en desenfrenada rabia. Al estar cerca, manteniendo cierta distancia desde el aire, dejó de tocar su funesta música (ya no podía ser música dulce para nuestros sentidos viniendo de aquél), y luego, dirigiéndose a nosotros despectivamente dijo así:
-Pero ¿Qué es lo que veo?, un montón de hombres y mujeres totalmente envanecidos ¿En verdad creéis que podréis tan fácilmente humillar a los dioses? Yo lo dudo. Ahora mismo os encontráis contentos, como si pudiesen mover las montañas si quisiesen, pero luego, verán descender las grandes llamas del furor de Zeus, no podréis escapar. Os advierto, deteneos ahora, o no sobreviviréis por mucho tiempo- Faetón, sintiéndose ofendido, alzó la voz y le preguntó así a aquel dios:
-Por ventura, ¿podréis decirnos de qué manera planeáis detenernos, sin tener que dar uso al fuego, como lo habéis hecho infructuosamente hasta ahora?-
-No seáis insolente Faetón- replicó el dios mensajero- O qué, ¿pensáis que no podremos venceros ésta vez con facilidad? Ya que os mostráis tan confiado ¿Podríais decirme con exactitud como planeáis escapar en medio del mar?-
-¡Ah!- gritó a esto Tebunah al verle- callaos ahora- y dicho esto agarró su venablo queriendo atravesarle de parte a parte, pero falló.
-Deteneos Tebunah -le pedí- eso no estará bien, recordad nuestro plan, nuestra forma de proceder frente a los dioses-
-Hacedle caso, Tebunah- dijo Hermes- de nada os servirán vuestros ataques, si soy inmortal no sufriré en absoluto-
-Eso es claro, si podéis escapar-repliqué- pero la muerte puede ir tras vuestro rastro aún- Hermes no pudo negar la verdad frente a mí, aunque se declarase inmortal, no podía serlo al bajar a nuestra altura.
-Muy bien-dijo Faetón- decid ahora mismo cuál es el mensaje que traéis de parte de los dioses ésta vez Hermes, seguro nos amenazan de muerte, es el único mensaje que saben transmitir-
-De acuerdo- respondió Hermes- sabed que en ésta ocasión, a pesar de todo lo que os he dicho, sois muy afortunados, en verdad no me agrada ello, pero es el deseo de Zeus, y es necesario respetarle. Los dioses os darán una tregua, y os dejarán decidir entre dos caminos: bien podréis desistir de vuestra rebelión y volver vuestro camino a vuestras casas, siendo perdonadas vuestras vidas, o bien podréis seguir adelante con todo esto, sufriendo más adelante una humillante derrota ante la humanidad, ése es mi mensaje-
-Pues dadle éste mensaje a Zeus- dijo Hestia- podréis muy bien dejar de insistir en nuestra rendición, puesto que no caeremos tan bajo-
-Aún así- dijo el dios alado- tendréis tiempo de reconsiderarlo, ya lo sabéis, la sentencia será segura sobre vosotros, hasta entonces- al callar, tomó nuevamente su flauta para llenar el aire de sus melodías agitadas, entre tanto se elevaba con el fin de desaparecer de nuevo entre las nubes.
Capítulo XII
<<< El dios sin Nombre >>>
Tuvimos que doblar nuestras fuerzas para impulsar la triacóntera hacia nuestro próximo destino, ya que nuestra tripulación había disminuido drásticamente, la verdad no nos costó mucho hacerlo estando acompañados de dioses y semidioses, yo uno de éstos últimos, teníamos suficiente energía, los demás héroes no se quedaban atrás realmente en cuanto a ímpetu. Queríamos visitar la isla de las sirenas, con el fin de pedirles ayuda para acelerar de nuevo nuestro andar a través del mar, y así llegar prontamente a las puertas del inframundo. Mientras habíamos viajado a través del océano siempre nos vimos obligados a usar pocas personas para navegar, aunque no fue mucho problema, sin embargo siempre debíamos buscar alguna ventaja más. El viento austro felizmente nos favorecía, daba por la popa de lleno, hinchando sobremanera las velas, y aligerando nuestra carga un poco. Avanzada la tarde, cinco de nosotros (Calidmeo, Uziel, Ramgarh, Nabud, y Faetón) emplearon una enorme red, desde donde salían cuatro largas cuerdas para sostenerla desde el barco, con el objetivo de pescar algo para nuestra cena. La red era como de veinte codos de ancho, y casi de treinta y dos codos de largo, podía captar una buena cantidad de peces. La tomaron pues y la lanzaron bien lejos con ayuda de una piedra que introdujeron en su interior para que alcanzase la mayor distancia posible. De ésta forma se mantuvieron quietos esperando atrapar algo. Más tarde, recogieron la red, y decepcionados recorrieron con la mirada los vacíos recuadros del tejido de la misma, no hallando lo que deseaban. Intentaron nuevamente, y lo único que recogieron fue trece cangrejos que asustados se movían eléctricamente saltando e intentando huir por las tablas de la nave.
Eran útiles para nuestra comida, pero no eran suficientes, así que hicieron un último esfuerzo para lograr conseguir un mayor botín, en eso ya las costas estrechas desaparecían hundiéndose en el horizonte, la temperatura comenzó a bajar un poco, todo lo que quedaba en el ambiente era algo de tranquilidad, ya no estábamos tan tensos como estuvimos al principio de nuestra travesía cuando existía la expectativa de encontrarnos cerca del peligro, las olas incrementar0n un tanto de tamaño, sin embargo no estábamos tampoco preocupados por ello, el barco se bamboleaba ligeramente, de manera que podíamos soportarlo, el olor del salitre marino se concentraba llenando nuestros pulmones y purificándolos placenteramente. El cielo, encapotado, mostraba un rostro diferente, casi irreconocible, puedo decir que como por obra de de un espejismo podía verlo un poco más alejado de lo normal, aumentada su altura, casi medio talento de calamares hermosos y brillantes apareció en la cubierta desde las redes, suficiente para complementar lo que faltaba de nuestro alimento, junto a uno que otro pez que apareció mezclado con lo demás. Pronto terminó de oscurecer, sin embargo quisimos permanecer bogando un tiempo más, hasta adelantada la noche. Entonces, cuando llegó la hora de descansar, soltamos los remos y nos reunimos pronto para dar cuenta de lo que nos sirviese de comida. Todos formábamos un círculo al lado del palo bauprés de la embarcación, por lo que podíamos observar nuestras caras, posibilitando un profuso diálogo.
-Ha sido un viaje largo- comenzó diciendo Faetón- aproximadamente durante cuatro días hemos estado moviéndonos sobre la faz de la tierra-
-Pues hace ya más de dos semanas que Crátilo y yo decidimos adversar a los dioses- recordé.
-Valla, ahora ya creo que pronto habremos llegado al inframundo- admitió Calidmeo- por lo menos es un comienzo-
-¿Qué no hay otra manera de acelerar ésta nave Hestia?- pregunté a la diosa.
-Sí la hay, pero no podremos hacerlo- explicó Hestia- si salimos victoriosos del inframundo, es probable que necesitemos ir hasta Phigia, o contactar a Circe para que nos dé la fórmula necesaria para no estar dependiendo de un factor externo como las sirenas y sus delfines- Uziel, viendo la ocasión, se unió a la conversación, e intervino con éstas palabras, dirigiéndose a Faetón:
-Señor, os pediré en éste momento disculpas, sé que usualmente no me atrevo a siquiera hablar de vuestras desiciónes, pero decís que debemos ir a las islas de las sirenas para pedir su ayuda y debo de daros una sugerencia, con todo respeto, si me permite- Entonces Faetón, volviendo su rostro le miró con suavidad y le habló así:
-Nunca negaré vuestro derecho de expresar vuestras inquietudes-
-De acuerdo señor- continuó el babilonio- pienso que deberíamos, para no perder tiempo, ir directamente a las puertas del inframundo, pasando de largo las islas de las sirenas- Faetón bajó su mirada pensativo, mantuvo durante un rato silencio, allí fue cuando Ramgharh intervino ésta vez:
-Señor, yo pienso igual que Uziel, tal vez luego podremos buscar otra ayuda pero así ahorraremos algo de tiempo.-dijo, Faetón permaneció silencioso, parecía que tenía una fuerte disertación consigo mismo, hasta que expresó su sentir:
- Estoy seguro de que no sería mala idea, sin embargo, debo de asegurar nuestra rápida llegada de cualquier forma, además, necesitamos viajar también a la morada de Circe, y no sabemos a dónde más terminaremos arrivando, así que mi deseo es mantener nuestro principal plan-
-Como diga, señor- concedió Ramgharh el egipcio.
-Siempre lo que usted desee señor- dijo también Uziel. El olor de la comida llamó la atención de Mastéhual, despertándose en tanto se hallaba acostado cerca del palo mayor, pues habíamos hecho una pequeña fogata para cocerlo todo, y llamando a Hestia intentó levantarse, aunque sólo pudo sentarse, pronto todos acudimos ante su voz.
-Aquí Mastéhual- le dijo Hestia- veo que habéis logrado recuperaros, cómo os sentís ahora-
-Estoy bien- dijo él- o al menos eso creo, tengo fuertes dolores, pero parece que mis heridas han cerrado, ¿cómo habéis hecho para salvar mi vida?-
-Ha sido muy fácil- señaló Faetón- afortunadamente aún Hestia guardaba una buena cantidad de ambrosía, y os hemos dado a beber una copa entera-
-¡Hay!, ¿qué es lo que habéis hecho?- preguntó Mastéhual asustado- ahora viviré eternamente, eso es demasiado peso para mí-
-No es así- negó la diosa- tranquilizaos, recordad que sólo los dioses se vuelven inmortales con un solo sorbo, necesitáís tomar constantemente de ése néctar para mantener vuestra vitalidad, y almenos debéis ser hijo de un dios para obtener poder, pero estoy segura de que no lo sois-
-Venid- pidió Faetón a Mastéhual- reuníos con nosotros y reponed vuestras fuerzas con algo de alimento, Hestia traerá otra copa de ambrosía para que seáis unas horas más joven de lo corriente- dijo entre risas. Le cargaron en hombros hasta donde estaba el fuego, y le dieron una buena porción de calamares, acompañado con algo del cangrejo que habíamos logrado atrapar con suerte. Reanudaron pues su conversación, y el primero en participar fue Nabud, el cual dijo a Mastéhual:
-En verdad tenéis suerte con haber escapado de la muerte, contadnos todos los pormenores de lo que os sucedió, Juliun no os pudo destruir- Entonces el etíope les contó todo por lo que había tenido que pasar hasta ése momento. Luego, Nabud, dirigiéndose a Faetón le habló así:
-Señor, aún me ha quedado la impresión que me dejó Fobos en su aparición, ¿qué otra cosa puede amenazarnos ahora?, estoy un poco inquieto por ello-
-No debéis afanaros- respondió Faetón- hasta ahora desconozco lo que los dioses cavilan, supuestamente estamos en medio de una tregua-
-Así es- afirmé- ahora el destino todavía nos favorece, estoy seguro de ello- guiado por la curiosidad, mi compañero, Crátilo, no dejó en su pecho espacio para preguntas, y como tenía costumbre, dejó a un lado la discresión, y quizo inquirir con éstas palabras lo siguiente:
-Ya que lo mencionáis ¿Qué cosa es, Ettos, el destino?, constantemente os he escuchado hablar de él, y lo nombráis casi como a una deidad-
-Excelente pregunta- dijo Adad- es un tópico muy interesante, os aseguro que yo también quisiera saber qué cosa es el destino, es como preguntar qué es el tiempo, casi nadie tiene una buena respuesta-
-Para mí- opinó Hyrum acomodándose un poco más hacia el fuego interesado- el destino nos toma por viles juguetes, valla que suceden cosas muy extrañas últimamente-
-Es fácil deducir lo que es el destino desde mi punto de vista- aseveró Vodur, el cimerio- todo se resume en acontecimientos, el destino está implicado con el futuro, el presente y el pasado. Yo lo entiendo al ver una flecha cuya punta de bronce representa para mí lo que sucederá, su cuerpo de madera de arce, representa el hoy, y finalmente su estilizada cola de plumas, va siendo el pasado, el destino es toda su trayectoria en el aire hasta que llega a su objetivo-
-No es tan fácil varones- tuve que esgrimir- escuchad, yo sé esto, el destino está vivo, tiene que ver con algo más que el simple tiempo, el destino lo llena todo, está en todo, es el principio y el fin, como decís, Crátilo, lo nombro como a una deidad, creó todo lo que existe como lo conocemos, pues el mismo no sólo es una consecuencia, sino una causa-
-Si estáis diciendo- preguntóme Calidmeo- que en verdad el destino puede ser un dios, ¿A caso puede ser eso lógico?-
-Es totalmente lógico- dije en respuesta- os explico, si existe un verdadero Dios, ése debe ser mayor que todo lo que existe, y él mismo no es creado por otra cosa, sino infinito. Yo creo que existe, nadie lo puede medir, nadie lo puede vencer, es como un ser supremo. Un ser que tiene todas las virtudes que deberían tener los demás dioses si así se les desea llamar. Yo os diré qué cualidades divinas tiene ése Dios: es omnipotente, es decir, todo lo puede, es omnipresente, puede estar en todas partes a la vez, es omnisciente, todo lo sabe, es eterno, además es santo, nadie se esconde de él, pues todo lo ve, es grande, infinitamente grande, perfecto, bueno, enteramente espiritual-
-¿Qué dios puede ser así?- preguntó Vodur- ¿Quién puede estar en todas partes a la vez, o tener poder absoluto? En verdad no conozco a ninguno con tales cualidades-
-De hecho- continué- por ello sólo debe haber un Dios, así éste puede ejercer verdadero liderazgo, imaginaos, trasladaos ahora la principio de las cosas, ¿podréis acaso imaginar un universo totalmente vacío? Es muy difícil hacerlo, de algún modo la substancia de la existencia se cuela hasta los poros, por ello tiene que haber algo que rellene el tiempo desde sus inicios, desde la eternidad, y ése algo debe ser absoluto, idivisible, único. Cuando intentáis imaginar un universo sin existencia, o a la inexistencia misma, muchos de vosotros ven un espacio negro y vacío, o blanco según sea el caso, pero no os dáis cuenta de que ya un color ha invadido ése espacio, y que existe un espacio como tal, requisito para que halla existencia. No podéis crear algo vacío en vuestra mente, no podéis crear la inexistencia como idea. Caos entonces no existió-
-Pero no entiendo- insistió Crátilo- ¿En verdad es necesario que halla un solo Dios, capaz de crear, y que posea todas éstas cualidades?-
-Necesariamente- aseguré- aquel que es capaz de crearlo todo cabalmente debe de ser también perfecto, y además todopoderoso, y una vez que es todopoderoso se convierte en el ser verdadero, supremo, único a quien nadie puede quitarle nada, entonces posee la característica obligada de ser bondadoso, ya que las personas de mala voluntad automáticamente no pueden ser perfectas. Así como la oscuridad no puede vencer de ningún modo a la luz, así tampoco el malo podrá ser omnipotente por más que quiera, dejando de poseer todas las cualidades divinas. He allí mi explicación, ya no desearía hablar del destino como el regidor de los acontecimientos, ahora le llamaré Dios, en ése Dios creo ahora, y es el Dios que todos deberían venerar, aunque sea desconocido, cuyo trono es invisible, y del cuál procede todo; cuyo nombre es un misterio. Él lo es todo, por ello no necesita un nombre dado por los hombres, a él desearía conocer, él debería ser el destino de todos, por ello el destino también puede ser la causa de todo lo que existe, por ello puedo decir que el destino nos favorece, pues Dios es justo, y deseamos justicia-
-No logro imaginar claramente a un dios así-dijo Vodur- de hecho no puedo creer en algo así, es muy difícil de comprender-
-Para mí ya es claro- dijo el hijo del dios solar- si es omnipotente, nadie puede ser más poderoso que ése Dios, por ello debe de haber uno solo.-
-Es difícil de comprender- dijo Calidmeo- pero ahora entiendo que el destino puede ser Dios, y si éste es el creador de todo, mi destino puede ser mi causa.-
-En fin- concluí- me da igual si podéis creer en Dios o no, yo creo en ello, pues no hay pruebas que nieguen verazmente su existencia. Además ahora podríamos separar el destino de Dios, cuando nuestro destino a veces no es él, cuando no somos justos. Estuve el tiempo suficiente en el inframundo como para poder comprender todo esto, no es difícil para mi haber llegado a todas éstas irrefutables deducciónes, sencillamente nadie puede negar esto: un sólo Dios existe.
-Para mí será el dios sin nombre, el dios desconocido- manifestó Vodur.
-Es cierto- dije luego – no negaré el hecho de que aún no conocemos bien a Dios.
Capítulo XIII
<<< Tiempo Dilatado >>>
El este se iluminó prontamente del fuego cálido y dorado del astro rey, parecía como si el horizonte se abrigase en él cada vez que aparece en el ponto. Nuestro viaje continuó sin pormenores, casi rutinario, hasta que llegó nuevamente la noche, y otro día había desfilado frente a nuestros ojos con una facilidad que pasmaba. A la distancia aparecieron, delante de nosotros, las impresionantes islas de las sirenas, una de las cuales poseía una enorme cadena pedregosa de acantilados prominentes, un poco intimidanes, a lo lejos se perdía ésta cadena entre la segunda y la tercera isla hacia nuestra derecha, formando un alargado semicírculo. La oscuridad no nos dejaba vislumbrar los colores del ambiente, por eso ésta vez no puedo describir de entrada con profundidad el paisaje que nos circundaría, de hecho me sorprendió haber podido ver desde tan lejos cómo los picos de las rocas hacían sombra con el horizonte modelando totalmente las siluetas de las islas, la verdad es que a lo lejos detrás de ellas una leve luz blanca, purpúrea lograba ése efecto digno de retratar.
-¡Aquello que veo!- gritó Faetón- ¡Es una lluvia de rayos!, ¡espabilad!, ¡moveos!, ¡poned la nave a punto para resistir que nos embisten pronto!- y era cierto, una enorme nube, alargada en sus extremos, se movía como un gigantesco barco herrante hacia nosotros, cargado de incesantes relámpagos. El mar empezó a aumentar notablemente su bravura las olas subieron, de siete a quince codos por encima de la nave, sin mencionar el viento que aumentaba su velocidad considerablemente.
-¡Moveos!-gritaba aún Faetón- ¡no dejéis hundir el barco!, ¡empujad la nave, debemos llegar a las orillas como sea!, ¡no os rindáis ante el furor de los dioses!- un temor indescriptible nos embarcó cuando el hijo del dios solar mencionaba a los de su raza, parecía inverosímil que alguien con su misma sangre fuese capaz de formar semejante caos entre los elementos. Pronto cumplimos con nuestro deber, aunque con inmensa dificultad, cuando estábamos cerca de las playas de nuestra salvación, los rayos nos bloquearon desde arriba, cayendo delante con gran estruendo, por ello fue necesario virar la triacóntera hacia estribor con la esperanza de no salir chamuscados con el fuego con el que tanto nos habían amenazado, pero no caímos en cuenta de que nos conducíamos hacia la perdición, estuvimos pronto en medio de los acantilados, pasando justo por debajo de uno que formaba un puente natural sobre nosotros, como formando una puerta hacia nuestro seol. Pronto hicimos esfuerzos para retroceder, pero los rayos alcanzaron la popa del barco, rompiendo en mil pedazos los remos de aquel lado, y abriendo un boquete en la cubierta hasta cruzar toda la quilla de aquel lado de parte a parte haciendo tambalear la embarcación pues ya el agua entraba a borbotones; completamente fuera de control vimos cómo la corriente nos empezaba a arrastrar entre los escollos a cierta velocidad, no había ya forma de detenernos, frente a nosotros en ése momento, apareció una amenazante epada de roca natural que se alzaba desde el agua como cuando un espartano alza su espada para partir en dos a su oponente, y después es descargada con furia. Así rápidamente nos acercábamos más y más, el tiempo se dilató para nosotros, transcurriendo más lentamente y todos miramos al rostro de Faetón, que empezó extrañamente a despedir una luz dorada e intensa; él alzando sus brazos nos llamó y exclamó:
-¡Saltad ahora y seguidme!- luego haciendo lo propio se hundió en el agua dejándonos pasmados aunque Calidmeo inmediatamente obedeció a su señor. Pero, cuando la luz del rostro de aquél atravesó las olas fuímos tras él. Fue allí cuando nuevamente el tiempo se aceleró, un potente estruendo nos hizo voltear a todos entre tanto nadabamos, incluso Faetón miró cómo la triacóntera se hacía pedazos iluminado por un instante con su cara, pero con presteza reanudó su afán por sobrevivir, como cuando un capitán se rehusa a ver la muerte de una hija preciada, obligándonos a darnos la vuelta hacia su potente claridad, era como si anduviéramos detrás de una estrella. En fin, todo finalizó más rápido de lo normal, cuando despertamos de la ignominiosa pesadilla nos hallamos en medio de la arboleda de la isla pero no todo acababa allí. La lluvia de Zeus (además de los rayos) llenaba nuestro aire, y nos empapaba haciendo aquel momento más dramático. Pero algo peor ocurría, Hestia no aparecía a nuestro lado, corrimos pues apremiados, la negra moria reclamaba hambrienta nuestra alma -¡Dónde estás luna ingrata!- decía dentro de mí -¡Ojalá aparecieses entre los nimbos con tu gentil lumbre para deshacer éste mal!- pensaba, pero no escuchó mi plegaria. Un sonido erizó mi piel, era como el de un árbol resquebrajándose, pero en lugar de ello pude distinguir mejor los gritos de cientos de harpías persiguiéndonos, la mayoría de nosotros había logrado conservar sus armas, incluso Crátilo, que ya se disponía a rechazar con fiereza los ataques de las harpías con el escudo de Orión, no fue hundido con él, sino que más bien pareció haberle hecho flotar sobre las aguas. Dentro de la isla ya habíamos corrido demasiado, algunos de entre nosotros ya se resignaban apoyándose en sus rodillas, tuvimos que reagruparnos, la lluvia se acrecentó, y los rayos cesaron, aunque las harpías nos rodearon, cientos de ellas. Alzamos nuestras armas preparándonos para un fuerte choque, y no enfrascarnos sobremanera en la lucha, sin ver quién caía herido, o quién lograba defenderse, o quién estaba a nuestro lado, las sombras de las horribles criaturas nos cubrían como un nefasto presagio lo haría, un presagio de muerte, aunque no sabría decirlo con certeza, exacto, más bien aquella era una sombra de incertidumbre. Un rugido potente, más poderoso que el de las harpías, hizo retumbar nuestros oídos, había olvidado que tales criaturas temían desmedidamente a los felinos. Pronto fueron dispersadas, no quedando ni una, sólo habían cientos de cadáveres en el suelo, gracias a Dios que no de nuestros compañeros. Así es, gracias a Dios digo, o gracias al destino si no es posible entenderlo, gracias a Hestia por su presencia. Faetón yacía en el suelo un poco aturdido, reincorporándose de inmediato observó asustado si estábamos completos o no, y al rodearlo todo con la mirada, con su faz aún encendida como de un fuego inextingible, nos habló diciendo:
-¡Valla sobresalto!-. pero en realidad vosotros parecéis más trastornados que yo, ¿o me equivoco?-
-¡Cómo no Faetón!-replicó la diosa Hestia- ¡Si parecéis una tea encendida!.-
-¡Valla que sí!- intervine entre risas – yo no conocía ése bonito truco-
-Y los demás no lo sabían-dijo el hijo del dios solar cambiando también la expresión de su rostro- vamos dejad la impresión, parecéis niños mirando una luciernaga parlante, si soy hijo de Helios ¿No tengo derecho a brillar un poco?-
-Valla que nuestro hombre es vanidoso- dijo a esto Tebunah algo ocurrente.
-Sí, seguidme ahora- pidió Faetón- tenemos que buscar pronto un refugio ya sé que hemos huído suficiente, pero todavía estamos expuestos ¿Quién sabe qué maquina Zeus ahora?- de ésta manera empezamos a adentrarnos más.
-Ya, caminad – decía el hijo del dios solar- y no quiero que nadie más se pierda, manteneos juntos- así dijo entre tanto observaba obstinado a Hestia. Nuestro andar fue infructuoso ésta vez, ningún refugio digno, ningúna cueva, la lluvia aunque aminoraba no se detenía, no obstante los árboles grandes servían de techo, y nada vivo se movía entre las ramas, o en el suelo por el momento. Tampoco ví sirenas en el mar, el mismo Vodur preguntó a todos de pronto:
-¿Dónde están?-
-¿Quiénes, o qué cosas?- preguntó Mastehual.
-Las sirenas, esto parece un desierto- respondió Vodur
-Lo sabremos mañana- respondió luego Faetón- la tormenta es un aliciente para su fuga. – más tarde hallamos un río pequeño, fácil de cruzar a pié, y Faetón determinó prudente acampar allí, ya que los árboles de verdad crecían bien abastecidos por aquel cauce, eran muy altos, tupidos, casi no llegaba la lluvia hasta allí, aunque la humedad hacía imposible una fogata. La noche estaba muy avanzada, Faetón ordenó pronto que estableciésemos nuestros lechos, cosa que hicimos de inmediato con ramas y uno que otro arbusto, al finalizar el hijo del dios solar se recostó en el acto, apagando su resplandor, todos debíamos hacer lo mismo si queríamos descansar algo. Al día siguiente abrimos los ojos antes de lo esperado, puesto que el ambiente no podía ser más gelido, o nos hubiese congelado inmediatamente, precisamente la espesa niebla formaba un manto grueso sobre nuestros cuerpos, sólo dejando ver la generosa cantidad de plantas que nos rodeaban, los árboles por cierto, los que nos habían estado abrigando durante la noche anterior, eran cierto tipo de maquia de hojas color verde tierno, y llenaban la mayor parte de la isla, sobre todo en su interior. Faetón, que había permanecido toda la noche despierto según mostraban sus cansados ojos, y como luego lo dijo, estaba sentado en el suelo con las piernas entrelazadas observándonos desde un tumulto de arbustos; dirigió sus palabras a Crátilo diciendo:
-Crátilo, no parece que vuestro semblante halla mejorado con el sueño-
-No puedo decir nada mejor de vuestro aspecto Faetón-replicó algo apesadumbrado mi mejor compañero-ahora, no entiendo vuestro interés-
-Es claro que estoy además preocupado- dijo Faetón- nadie aquí pudo darse cuenta de lo que os pasaba- al escucharle me dí cuenta de que de inmediato, atrajo toda nuestra atención a su conversación- en primer lugar os movíais de un lado a otro entre tanto yacíais reposando, (no sé si llamar a ello reposo realmente), luego hablabais al aire, y lanzabais gritos de vez en cuando, sin poder arrebatar el pesado sueño de los demás que andaban agotados, también proferíais el nombre de Leuce repetidas veces, verdaderamente estábais agitado- desde ése momento la preocupación me había alcanzado.
-¿Habéis soñado otra vez Crátilo?, ¿A caso visteis a Leuce?-le pregunté.
-Así es- respondió Crátilo- pero ya sabéis que me lo reservo-
-Está bien- dijo el hijo del dios solar- ahora, escuchad todos, éste es el plan- dijo levantándose y con renovada resolución- busquemos lo que halla quedado de la triacóntera, si es menester poner manos a la obra, ya observáis que al parecer no hay señal de lo que verdaderamente vinimos a buscar, luego indagaremos con mayor profundidad- Sin mediar otra palabra, pues teníamos prisa nos marchamos, en el camino, en cuanto las maquias y la niebla me lo permitían, observé que todo el cielo estaba completamente cubierto de los inalcanzables nimbos, nos esperaba un camino difícil, aún no había amanecido en ése momento, era casi el final de la cuarta vigilia, por lo menos había algo de claridad, porque la oscuridad de la noche se apartaba lentamente. Para nuestro asombro, la nave estaba intacta, como si nada la hubiese tocado, así la encontramos al llegar a la playa.
-Algún dios nos favorece- dijo Hestia al mirar nuestras bocas abiertas de asombro.
-Decidme cuál, en verdad es ridículo- repuso Tebunah.
-Me daría pesar enterarme de alguna trampa que se halle oculta detrás de esto- expresó el capitán cimerio.
-Es probable- señaló Faetón- ¿Qué clase de trampa irá a detenernos ahora?- allí la niebla se esparció a causa de un viento caliente, pareció como si alguien gigantesco hubiese soplado sobre nosotros haciendo ondear de forma majestuosa las velas de la nave, arriba pasaba una bandada de perdices, y Faetón al observarlas las señaló y dijo:
-Por el momento no desperdiciemos el tiempo en conjeturas, la verdad es que nada va a detenernos, ya tengo una fe absoluta, hemos pasado por muchas cosas, cazad aquellas aves Tebunah, estoy seguro de que no fallaréis-
-¡Pero si me encanta cazar precisamente!- respondió la legendaria amazona. En eso nos hallamos saboreando el tipo de carne que durante tanto tiempo habíamos extrañado, como de costumbre rodeando una fogata, montada sobre un pequeño cúmulo de piedras. Como estábamos aún consternados al ver la embarcación sin daños, el silencio reinaba entre nosotros, aprovechábamos de girar nuestras cabezas a los lados buscando alguna sorpresa, estábamos alertas, lo siguiente fue que cuando terminamos de comer, Faetón se levantó caminando hacia la triacóntera y diciendo:
-Subid ahora, en tierra no moran las sirenas, ya lo sabéis mejor ahora, tal vez tengamos suerte en el mar- así quitando un elaborado puntal de madera robusta labrado por algún extraño, zarpamos siguiendo la línea que dibujaba el cinturón de acantilados que rodeaba las islas, y lo hicimos atrevidamente a sabiendas de que habíamos pasado un mal rato por aquella zona. Nos dirigimos entonces a la tercera de las islas que quedaba a nuestra derecha, y durante todo el camino no cesábamos de escudriñar el ponto a lo lejos, y a nuestro alrededor buscando a las sirenas, sin hallar nada. Una inscripción mediana, tallada en el palo mayor fínamente, llamó a mi curiosidad, y hablándole al dios solar, procedí a leerle lo que ponía:
-‘Una traición genera otra traición, ni los dioses escaparán de ésta ley’-
-Interesante- dijo Faetón- ahora esto confirma que esto que ha pasado con la nave es obra de un dios verdaderamente-
-Valla que sí-asentí- es prueba además de que los dioses empiezan a pelearse entre ellos, y aún no hemos llegado al inframundo, ¿qué pasará con ellos cuando vean que burlamos a Hades?-
-Hay tiempo de averiguarlo- afirmó el hijo del dios solar- por el momento aún debemos estar alertas por si hay alguna trampa- Nuestra moral ascendía con el paso del tiempo, el plan de Crátilo parecía ser perfecto, mostró gran contento cuando le dí noticia de la inscripción, aquello parecía muy bueno para ser real. Cuando nos acercábamos al lado oeste de la nueva isla, avistamos detrás de la arboleda, una columna de humo, como de una fogata. Desembarcamos, nos movimos atravesando la playa, y vimos cómo unos veinte hombres semidesnudos, vestidos con telas delgadas, algunos con túnicas negras, rojas y púrpuras, cortezas de árboles, hojas secas, portando toda clase de collares de huesos, brazaletes y pendientes, danzaban alrededor de la llama haciendo un ordenado círculo, agitando lanzas, palos y otras armas más pequeñas como mazos y martillos, cantando en lengua primitiva a grandes voces, lloriquieando y alzando la mirada siniestra de vez en cuando al cielo nublado, como alzando una plegaria ritual. Nuestros esfuerzos para no ser descubiertos fueron en vano, al parecer, el que tenía apariencia de líder entre aquellos ordenó a los suyos detenerse repentinamente.
-Son caníbales- me decía Hestia casi conteniendo la respiración para no ser descubierta, pero aquel salvaje viró su rostro precisamente hacia ella. Yo aún no sabía bien lo que significaba un canibal, pero aquella feroz mirada me quitó el valor con una facilidad demoledora. Entonces como era de esperarse con un grito de guerra salvaje, el jefe tribal, alzó su cimitarra y corrió hacia nosotros con ímpetu seguido de los demás monstruosos guerreros, así nos vimos pronto superados en número, teniendo que luchar con todas nuestras fuerzas. Aunque nuestros enemigos parecían desorganizados mostraban una habilidad grandiosa con las armas. Finalmente logramos hacer que hullera una parte de ellos, los demás se hallaban más lejos peleando con Uziel, en el momento en el que voltee a verle, me sorprendí con lo que ví: los salvajes haciéndole perder sus armas se disponían a cortarle el cuello, conté como cinco de ellos, pero al babilonio, así como le ví en el enfrentamiento contra los centauros, le bastó sólo usar sus puños para defenderse, se movía muy bien, parecía que peleaba y a la vez parecía que danzaba, sus movimientos eran peligrosamente coordinados, se agachaba ligeramente flexionando sus rodillas, parecía como si estuviese montado sobre un caballo de aire, le intentaron noquear con sus palos, pero éstos se partían en pedazos al chocar con sus brazos, o piernas, parecía como de hierro. Finalmente saltando y haciendo algunos giros en el aire y lanzando varias patadas más, logró hacer caer a cuatro de los salvajes, el quinto hulló despavorido. Sus oponentes no estaban muertos, sólo sin conocimiento, quedé extasiado con ésa manera tan eficaz y a la vez tan justa y pura de pelear.
-¡Valla!, quisiera aprender a luchar como lo habéis hecho- exclamó Faetón
-Yo os enseñaré con mucho gusto- respondió Uziel
-¿Cómo llamáis a ésta técnica?- le pregunté interesado.
-Para mí no tiene nombre –dijo el babilonio- tal vez podríamos llamarlo ‘la gran maestría’ requiere de mucha disciplina.
-Tus pasos se veían muy naturales- observó el hijo del dios solar.
-Deben serlo- aseguró Uziel- la naturaleza es perfecta, es digna de imitar, a veces es necesario ser como el águila, o poseer la rapidez del tigre, o la flexibilidad del mono, o quizás la explosividad de una mantis, o la destreza de una grulla, incluso la tenacidad de un perro, en fin, he tenido que ser todos al mismo tiempo, y podéis observar que me ha funcionado-
-Loable- replicó el hijo de Helios- bien, en otro momento nos enseñaréis bien cómo se hace, ahora Hestia, ¿Podréis explicarnos quiénes eran aquellos extraños seres?-
-De acuerdo- dijo Hestia- ya sabéis que éstas islas son inhospitas si no contamos a los caníbales que moran en ellas, y es que precisamente éstos parajes han de ser así gracias a ellos. Las sirenas son objeto de constantes persecusiones promovidas por los hombres que las odian, por ello su solución ha sido simple, algunos de los que ellas llaman sus hijos, o también hijos del mar, fueron traídos con el fin de colonizar parcialmente éste lugar, pero evitando que más hombres entren acá. Su método consistió en adiestrarlos para adoptar la feroz costumbre de cazar a los hombres y usar su carne de alimento-
-¿Qué?-exclamó Calidmeo-¿Estoy escuchando mal?, ¿hombres que comen hombres?-
-Exactamente- aclaró Hestia- suena espeluznante, pero ése es el propósito original, así mantienen alejada a la civilización, y sirven de guardaespaldas a las sirenas-
-¿Qué haremos?-pregunté a Faetón-
-Regresaremos al barco ya- respondió él- yo creo que estaremos a salvo en el mar, ya me ha sentado mal éste lugar- estuvimos pronto en la orilla, pero al momento de salir de la espesa vegetación, al mirar a lo lejos el mar, vimos amedrentados a un puñado de caníbales haciendo zarpar la nave, la de las amuras de ojos azules, una tremenda rabia invadió a Faetón.
-¡A dónde váis desgraciados!- comenzó a gritar él- ¿Qué no tenéis honor?, pelead acá, venid- así decía mientras lanzaba flechas con furia, alcanzando sólo a herir algúnos de los salvajes, pero ya era demasiado tarde, no podíamos hacer nada.
-¡Ahora sí que estamos perdidos!-exclamó Calidmeo- atrapados aquí, sin posibilidades- las voces de cientos de guerreros se empezaron a escuchar a lo lejos, desde el bosque, ya venían por nosotros, aparentemente su asentamiento no quedaba muy lejos. Los otros salvajes ya habían podido dar aviso de nuestra presencia.
-¡Rápido!- gritó el hijo de Helios- separaos, corred a los extremos de la isla, luego nos veremos del lado este, no dejéis rastro para entonces- Así Hestia, Calidmeo, Uziel, Hadad, su hermano, y yo fuimos del lado este, y el resto tomó el lado oeste, pronto salieron a nuestro encuentro los caníbales, aunque pudimos evadirlos momentáneamente.
Capítulo XIV
<<< Emboscadas >>>
Como cuando un trigre acecha a su presa, con extremado siguilo moviéndose entre las plantas que le sirven de camuflaje, hasta que se abalanza sobre su víctuma cuando está lo suficientemente cerca, así acechaba el grupo de Faetón, que se movía hacia el noroeste, habiendo podido escapar de los caníbalies que llegaron a la playa, topándose con una serie de riachuelos. Allí desearon detenerse para beber un poco de sus aguas, Ramghar, un poco más adelante que ellos lanzó un grito en el momento de asomarse a una de las pequeñas corrientes.
-¿Pero qué os pasa?- le preguntó de lejos Tebunah.
-¡Mirad!- replicó Ramghar, todos enmudecieron al ver lo que allí había, un esqueleto humano entero boca arriba flotaba sinuosamente en el agua, enredado en un montón de algas, parecía algo reciente pues sus huesos eran muy blancos, y además uno que otro pequeño pececillo se dedicaba a picotear insistentemente. De pronto vieron bajar otros huesos desprendidos, arrastrados por la corriente, a lo que Faetón habló diciendo:
-Ya es claro, estamos cerca de un asentamiento caníbal, si es que no estamos ya en medio de uno, andemos con sumo cuidado, seguidme- oyeron a la distancia el gorjeo de un halcón, al alzar la vista le vieron pasar sobre ellos hacia el este, así que Faetón les dio la señal de seguir su mismo rumbo, y fueron tras él con el corazón en sus gargantas. Una casa de madera mediana de forma circular, sin ventanas, y techo cónico de paja, apareció entre algunos arbustos, lo que les erizó la piel sobremanera. Intentaron tomar otro camino, pero pronto se vieron rodeados de otras casas de su misma hechura, y a la entrada de una de ellas, estaba allí, un adolescente de piel oscura, ojos achinados y pelo liso, vestido sólo con un taparrabos. Faetón le miró tremendamente asustado, y llevándose su dedo índice a sus labios le indicó que guardase silencio, sacando seguidamente su arco. El joven sólo se limitó a menear la cabeza en negativa, todos quedamos paralizados por unos momentos, hasta escuchar una voz desde la casa, a las espaldas del muchacho, el cual dejó de mirarnos, y cerrando los ojos alzó la voz en un terrible alarido, echando a correr dentro de la casa, de pronto los pies de los héroes cobraron vida propia, llevándoles lejos de la aldea, afortunadamente lograron entrar de nuevo al bosque, sin conseguirse más casas o jovencitos salvajes, frente a ellos, después de algún espacio de terreno recorrido, una sombra cruzó los árboles de izquierda a derecha, lo que les detuvo. Un hombre de túnica púrpura completa, con una cresta horizontal a modo de corona en la cabeza, un halcón en sus hombros, y un cetro de huesos en la mano izquierda, apareció de en medio de las ramas de la espesura. Su barba roja pronto les hizo reconocerle, era Juliun, ¿Cómo? Fue lo que me pareció más ridículo cuando lo supe.
-¡Excelente!- exclamó el de torva mirada- una oportunidad sin precedentes, pero, observad vuestros rostros, se les ha ido la sangre, tranquilizaos-
-¡Ah!, ¡no escaparéis ésta vez! – exclamó Tebunah- os arrancaré la garganta- pero Faetón se acercó a ella y la contuvo, diciendo:
-¡Tebunah!, recordad, servimos a la justicia ahora, no somos como él. Juliun, ¿cómo habéis llegado hasta acá?, ¿os ha traído algún dios?-
-¿Algún dios?- preguntó Juliun altivo- ¿Algún dios?, yo no dependo de aquellos, son tan débiles como vosotros, yo soy autosuficiente. ¿Que cómo los he alcanzado y dejado atrás?, pues se lo debo a mi propio ingenio, antes de salir de la morada secreta de Hestia, tomé mi cuero lleno de agua, lo vacié y en su lugar lo llené de las aguas de la fuente mágica, la misma que nos volvió a convertir en humanos, sí, luego, en medio del bosque, cerca del paso estrecho donde moraban Escila y Caribdis, tomé mi cuero estando solo, y bebí, para convertirme de nuevo en ruiseñor, fue algo doloroso. De todas formas valió la pena, puesto que me acerqué al suelo, donde había caído el resto del líquido de la fuente, y tomé un poco, guardándolo en el buche sin tragarlo del todo, con el fin de emprender mi vuelo rápido a traves del mar, aunque parezca imposible, y llegada la hora indicada, tragarme el líquido restante que había guardado. Así volví a mi forma humana, con algo de poder en mis manos-Faetón le observaba ahora muy airado, entonces le habló así:
-Escuchad, podréis ser muy astuto, pero no sois poderoso, si no os apoyan los dioses, ¿de dónde sacaréis fuerzas para vencernos, si ni tan siquiera lográsteis reducir a Mastéhual, pues aún sigue vivo entre nosotros- Juliun miró a Mastéhual y fastidiado respondió:
-¿Vivo?, sí, parece un fantasma ahora, no importa, sabed que me gané la simpatía de cierta raza de hombres, y soy su jefe máximo ahora, o mejor dicho, su dios, y como tal, les advierto que os cazaré, y prometo además que comeré de vuestras carnes, ¡disfrutaré de ello!- El insolente tiró pronto unas rocas negras al suelo, y una explosión grande le cubrió de humo, desapareciéndole de la vista de los héroes.
-¡Juliun jefe de los caníbales!- gritó Calidmeo
-No me extraña- dijo Tebunah- un salvaje guiando otros salvajes, es cosa natural- El sol estaba ya moviéndose sobre el firmamento, pero su rostro estaba aún cubierto, parecía que jamás se iría la niebla, los héroes siguieron su rumbo buscando el camino que les llevase hacia nosotros, con la mente agitada por haber visto a Juliun. Faetón vigilaba a Crátilo con algo de interés.
-¿Qué ocurre?- le preguntó Faetón- vuestro ánimo puede equipararse con el clima-
-Es que, extraño a mi familia- dijo Crátilo
-Es natural- concedió el hijo del dios solar- pero tranquilizaos, toda nostalgia es pasajera- Crátilo quedó algo pensativo y después le preguntó a Faetón:
-¿Mi familia tal vez esté en el Erebo, o en los campos Elíseos?-
-No lo sé Crátilo- respondió Faetón- espero que pronto lo sepáis, en el inframundo hay jueces, pero la verdad creo que no son del todo justos, Ettos puede deciros más sobre ello, tal vez el único justo sea el Dios que Ettos ha mencionado últimamente, aquél que llamamos destino nosotros- El ánimo de Crátilo no mejoró con aquellas palabras, al principio, después de haber visto el lugar donde yacía su familia, parecía que no los iba a extrañar más, que su alma se había renovado, pero la verdad es que no es fácil sobrellevar una pérdida tan pesada, sólo el tiempo puede sanar cosas así. Tal vez a Crátilo le hacía falta vivir lo que viví yo al ver el espíritu de mi madre. Al seguir su camino los que iban con Faetón observaron, y en un punto los árboles se terminaban, una extensa llanura se mostró ante ellos, llena de hierba alta, más adelante enctontraron algunos caballos pastando en donde la hierba disminuía, permitiéndoles ver al otro lado del mar, a pesar de ello no se fijaron en los animales por la urgencia que llevaban de escapar, era evidente pues, que habían logrado llegar a la otra orilla, donde nos encontramos. Faetón con una expresión dramática y definitivamente decidido a no esperar para dar malas noticias nos dijo:
-Hemos encontrado a Juliun, es jefe de los caníbales, moran al noreste de la isla. Juliun tomó del agua de la fuente mágica de la morada secreta de Hestia y así logró llegar hasta aquí-
-Valla- dije- Juliun es un canalla, siempre lo supe desde el principio, sus obras lo delatan ahora, no se conforma con respetar las posesiónes de otros, a ninguno de nosotros se nos hubiese ocurrido robar algo de la morada secreta, ni aunque fuese sólo agua de aquella fuente, todo para obtener poder-
-No tenemos opción- dijo Hestia- debemos luchar, no podremos salir de éste lugar hasta encontrar la manera de recuperar la triacóntera-
-Ciertamente- asintió Faetón- éste lado de la isla me parece adecuado para construir un campamento, si queremos sobrevivir, debemos estar preparados para defendernos de los caníbales-
-Pues hay que aprovechar la madera de los árboles de éstas tierras- señaló Calidmeo- así podremos elaborar nuestro refugio- Afortunadamente Nabud había conservado el martillo de Fobos, así que se me ocurrió probarlo con los árboles como herramienta, y con un solo golpe se podía demoler cualquiera, por más robusto que fuese, el problema era que no se podía usar para cortar con fineza la madera, de modo que ésta vez no quedaba otra salida que usar nuestras espadas como fuese posible. Sin embargo la espada de Crátilo era muy afilada, la espada del hado cortaba casi cualquier tronco sin mucha dificultad, aunque no lo usábamos para talar árboles ya que nos llevaría más tiempo que usando el martillo. Nuestro plan era sencillo pero necesario, no nos dedicaríamos a edificar viviendas individuales ya que no disponíamos del tiempo suficiente, estábamos baj0 constante expectación y vigilancia debido a que no sabíamos cuándo se atreverían a atacar nuestros nuevos enemigos, aunque pareciesen menos organizados como he mencionado anteriormente, no debíamos bajo ninguna circunstancia subestimarles, más adelante, ya habría tiempo para hacer dicho trabajo. En su lugar nos dedicaríamos a elaborar una única edificación, como una pequeña fortaleza de madera, pero resistente. Tuvimos un tropiezo, y es que necesitábamos más herramientas, con las cuales pudieramos habrir zanjas profundas en la tierra, desde donde levantar las columnas y las paredes de madera para nuestra protección. La mitad del día ya había transcurrido rápidamente con los últimos acontecimientos, así que decidimos reunirnos para discutir nuestro problema.
-Necesitamos provisiones- comenzó diciendo Faetón- además de herramientas para poder terminar nuestro trabajo, de lo contrario deberemos darnos por vencidos, hemos demostrado de lo que somos capaces, aunque nos han quitado grandes y valiosas cosas, no nos quitarán con facilidad nuestro ánimo de seguir adelante. Calidmeo, hablad entonces, decidles cuál es nuestro siguiente movimiento-
-Escuchad- dijo así Calidmeo-debemos entrar secretamente en el campamento caníbal, para poder robar los instrumentos necesarios para continuar aquí, ahora quién de vosotros irá como espía, arriesgando su vida, quien sea, dé un paso hacia adelante- Crátilo de inmediato volteó a verme, pero sacudí mi cabeza en gesto negativo, así que él decidió dar un paso al frente, el siguiente fue Vodur y naturalmente Tebunah, luego les siguieron Adad y finalmente Hyrum. Entonces Faetón se le quedó mirando a Uziel, hasta que le dijo:
-Vamos Uziel, debéis venir también con nosotros, ya he visto vuestras habilidades, y son imprescindibles en ésta ocasión-
-Bueno señor-replicó el babilonio- haré lo que usted diga con la condición de que me déis licencia para buscar además una buena arma para mí, me da la impresión de que encontraré algo interesante en medio de aquella gente- su petición no estaba fuera de lo cabal, ya que nunca le habíamos visto usar armas, incluso desde la pelea contra Adiqueo.
-Os concedo lo que pedís- respondió el hijo del dios solar- siendo además justo que os proveáis de los elementos necesarios para vuestra defensa, vamos ahora, los demás, matened los ojos abiertos, haremos lo posible para estar acá otra vez sin que se nos haga tarde.- demoraron en llegar de nuevo al área salvaje alrededor de dos horas, no se habían fijado bien en la distancia que nos separaba de aquel nefasto lugar por las urgencias de la huída anterior. Estando allí se toparon con las chozas de techo de paja, y Faetón, pasando delante de los héroes, se atrevió a entrar en una de aquellas, todos se quedaron quietos, sin saber que hacer, luego Faetón se asomó por la puerta de la vivienda, llamándoles para que entrasen sin hacer ruido. Haciendo caso se dieron cuenta de que frente a la vivienda había lo que parecía un fuego extinguido, y junto a él, una canasta enorme llena hasta arriba de algún tipo de pescado, quedaron en tomarlo cuando estuviesen de salida.
-Observad-les dijo Faetón cuando estuvieron dentro de la vivienda con él- esto es algúna clase de pigmento vegetal- alzaba unos pequeños recipientes llenos de un líquido colorado y azul con el que los nativos se pintaban la cara- con esto nos disfrazaremos-
-Pero Faetón-le interrumpió Crátilo- nos falta algún atuendo, si no nos descubrirán de inmediato- Justamente en ése momento unas voces se escucharon afuera.
-Es cierto-dijo entonces el hijo del dios solar-por cierto, debe de haber alguien cerca, allá al menos observo que hay una especie de túnica de pieles que bien pudiese usar Tebunah,- señaló a una ventana desde donde se veían cuerdas repletas de toda clase de harapos, al otro lado de la casa- en verdad le quedaría bien-
-Sí, está perfecto para mí- afirmó Tebunah- bueno salid de aquí y dejadme sola, buscad afuera la forma de disfrazaros- Cuando Faetón salió, junto a los demás, observaron alarmados a siete hombres, afortunadamente parados de espalda a ellos, charlando entretenidos frente a la fogata que habían vuelto a encender. Aquellos eran la fuente de las extrañas voces que los héroes habían escuchado, para colmo, habían movido la cesta de pescados hacia una mesa de piedra aparte, temieron nuestros héroes que ésa fuese la última vez que viesen la única provisión que habían encontrado allí. Aquella era la única oportunidad que poseían para obtener los disfraces, no perdieron el tiempo. Rápidamente idearon un plan, todos excepto Uziel, decidieron en absoluto silencio esconderse detrás de la choza en la que habían irrumpido, ni siquiera los salvajes, con sus desarrollados sentidos percibieron el movimiento que se abría tras ellos. Uziel caminó a las espaldas de aquellos hombres, y habló así diciendo:
-¡Oid!- de inmediato los salvajes voltearon sorprendidos- ¡Os reto a una pelea justa!, estoy completamente sólo- los caníbales empezaron a murmurar en una lengua extraña, mirándose entre ellos, y luego prorrumpieron en una sonora carcajada. Al parecer habían entendido el vano -en apariencia- desafío que les planteaba Uziel.
-¡Basta!- dijo el babilonio enojado- estamos bien de burlas, ahora...- pronto fue interrumpido cuando los nativos enseriaron súbitamente el rostro, y lanzando un grito unánime para correr hacia el babilonio no se dejaron confundir. El babilonio no se amilanó, de hecho debía evitar dar un paso en falso si quería ganar, así que con maestría, justo antes de ser embestido, alzó sus manos hacia el frente para defenderse. El primer hombre en llegar a él tenía una daga en su mano derecha, y no tardó en alzar su brazo amenazante, pero Uziel tenía el control de la situación, con una elevada patada lanzó lejos el cuchillo de su agresor, y con agilidad, poniéndose a sus espaldas luego de hacerle agacharse con un potente puñetazo en su estómago que le sacó todo el aliento, le asestó un letal codazo en la nuca dejándole dormido. Peleaba como una peligrosa cobra. Dos hombres más se acercaron, uno con un palo, y el segundo con una hermosa katana larga, pero el primero se vió arrebatado de su arma, y posteriormente golpeado y vencido con la misma, el otro le hizo retroceder unos pasos, pero él se agachó, dio una vuelta en el suelo con una pierna extendida, y le hizo caer barriendo sus pies. Agarró la katana de su oponente, usó la empuñadura para desmayarle, y se preparó a enfrentar a sus últimos dos enemigos. El primero llevaba una rústica pero afilada lanza con punta de hueso, que arrojó a Uziel, de un salto el babilonio le esquivó, luego con varios puños muy rápidos en el pecho le ahogó hasta hacerle perder el conocimiento, así el último hombre se vió acorralado, y hulló sin casi pensarlo. No obstante, los demás héroes que andaban con Uziel se habían asomado tiempo atrás. Faetón, al ver huir al salvaje, sacó una flecha, pero Tebunah, entre tanto salía de la casa, le reconvino diciéndole:
-¡Esperad!, quizás le mataréis, dejadle dar la alarma- en eso Faetón bajo el arco, Hyrum entonces corrió hacia el que se alejaba, y al llegar a él le tomó fuertemente de un hombro, éste último resbalo cerca de la mesa de piedra, golpeándose la cabeza con la misma, y de allí en adelante pensamos que aquel caníbal no abriría más los ojos.
-¡Lo tenemos!-exclamó Faetón- quitadles sus ropas y encerradles en la casa-
Tebunah ya había mudado sus ropas, llevándo las que tenía puestas antes en una bolsa de cuero, su apariencia verdaderamente confundía, parecía la mujer de algún caníbal, pronto se dispusieron a despojar a los caídos, y al terminar, les encerraron en la choza, escondiendo la comida que habían encontrado. De ésta manera siguieron, topándose en el camino con varios nativos, que naturalmente no pudieron reconocerles debido a la forma por como iban ataviados. Más adelante, alrededor de otra fogata hallaron varias casas más, y dos almacenes. Al parecer todas las casas se agrupaban en torno a fogatas, elaborando varios círculos cercanos entre sí, tambien se hallaban dispuestas en las afluentes de ríos o lagos. Cuando abrieron la puerta de uno de los almacenes hallaron un sin fín de herramientas extremadamente útiles para la construcción, pronto las sacaron de allí, abrieron también la puerta del otro almacén, y allí estaban amontonadas miles de pequeñas piedras negras explosivas, como las que portaba Juliun, en ése momento, un centenar de gritos les apabulló, al parecer algúno de los caníbales que habían apresado despertaba logrando escapar, dando la alarma a los suyos, entonces a Faetón se le ocurrió una brillante idea: al ver que se acercaban hacia aquél lugar, tomó una larga soga, encendió un extremo con la fogata que estaba en el centro del cacerío, y tomó el otro extremo para colocarlo dentro del almacén de las piedras explosivas diciendo:
-Bueno ¡Corred ahora!, ¡y no miréis atrás!
-¿Pero qué hacéis?- preguntó Hyrum.
-¡Ya lo sabréis!- exclamó el hijo del dios solar- ¡Moveos!- salieron corriendo en dirección a las primeras casas que habían hallado, y detrás de ellos los salvajes ya estaban sobre su rastro, de pronto un misterioso silencio se hizo detrás de ellos, seguido de una colosal explosión que abatió sus oídos, las casas cercanas comenzaron a consumirse en el fuego. Cuando llegaron a la otra fogata, donde se habían disfrazado, tomaron las provisiónes y saliéron como gacelas saltando entre la espesura. El halcón de Juliun gorjeó en el cielo justo encima de ellos, parecía volver de la otra orilla, le habían entrenado para rastrearles. A pesar de todo, ellos lograron escabullirse, y llegaron a nuestro campamento. De inmediato Faetón se dio cuenta del excelente trabajo que habíamos hecho estableciendo el emplazamiento del edificio, señalando el lugar donde las zanjas debían hacerse, y elaborando las tablas de madera necesarias para levantar las paredes y el techo del refugio, preparando los orificios de las ventanas altas en las tablas de fuertes piezas de madera. Hestia nos había guiado a través de su vasto conocimiento, sabía muy bien cómo construir un hogar, Faetón le felicitó por su ingenio. Ya la tarde era algo avanzada, decidimos poner manos a la obra antes de que anocheciese, para acabar la gran casa. Como ya teníamos gran parte del trabajo adelantado, en poco tiempo, en un tiempo menor del que nos habríamos esperado, logramos acabarlo todo. El halcón de Juliun pasó en silencio arriba de nosotros y sólo Faetón y yo alcanzamos a avistarlo, parecía que había sido enviado a espiarnos en ése preciso momento también, al poco tiempo salió de aquel escenario con la misma cautela. Hestia dispuso de cierta madera para usarla como leña, y usando de dos piedras de pedernal, con cinco grandes chispas, lentamente encendió una colosal fogata, para disponer de los alimentos, era evidente que seguía teniendo el poder sobre todo fuego, ya de por sí hogareño en nuestro caso, aunque nunca ejerciese su poder tal como los griegos creían, poseía el conocimento necesario para defender su profesión mientras estuvo en el Olimpo. Era ya de noche, estábamos orgullosos de lo que habíamos logrado hacer con esfuerzo. El lugar tenía catorce habitaciónes, y poseía incluso un pequeño estanque de agua, labrado en piedra. Dos de aquellas habitaciones fueron dispuestas con el fin de servir de almacenes. Allí estabámos pues alrededor de la fogata una vez más, unidos más que nunca, con el espíritu agitado, escuchando las historias de Faetón y demás héroes sobre las últimas cosas por las que habían pasado en el campamento caníbal.
-Finalmente huímos ilesos con éste tremendo botín- dijo casi finalizando su relato el hijo del dios solar.
-Por fin ¿Uziel ha logrado traerse algún arma?, lo había exijido vehementemente- dije yo.
-Pues así es-dijo Uziel triunfalmente- he aquí - alzó la misma katana que uno de sus oponentes había utilizado- un arma digna de mi técnica, es un arma súmamente letal, muy afilada, ligera además, se ajusta a mis exigencias. De hecho una espada debe ser una sola con su dueño, de lo contrario no servirá de nada- Esbozando una amplia sonrisa devolvió su arma a su lugar luego de exhibirla.
-Os felicito- dije entonces- me alegra que halláis logrado semejante recompensa- Durante todo el día el sol se mantuvo escondido tras los nimbos, al parecer no sólo eso era sombrío en ése momento. Crátilo observaba hipnotizado las puntas y rizos que forma el fuego en medio de su danza arrítmica, decidí preguntarle así lo siguiente:
-Amigo, ¿qué os pasa?, porqué observo que vuestro rostro se ha vuelto sombrío y reflexivo-
-Ah es simple- contestó Crátilo- mi preocupaciçon apunta ahora al rumbo que han tomado los que se fueron a Atenas, ¿qué cosas estarán viviendo?-
-Seguramente-expliqué- ya deben de haber esparcido la verdad por la mayor parte de Atenas. Pronto ésa verdad habrá recorrido toda Grecia, lo sé porque la verdad es como el agua, que logra superar cualquier obstáculo, la verdad es absoluta- Entonces Crátilo abrió sobremanera los ojos, ahora interesado en el significado de lo que acababa de decir. Así decidió hablar preguntando de ésta forma:
-¿Por qué decís que la verdad es absoluta?, ¿qué es la verdad? Se me ocurre que tal vez podréis exponer algo sobre ello-
-¡Valla tema surge ahora!- exclamó Faetón- explicadlo ahora Ettos-
-Sí que es interesante-admitió Tebunah- yo no tengo mucho conocimiento de lo espiritual-
-Oh, ésa es precisamente-señalé dirigiéndome a la legendaria cazadora- una de las claves más importantes para vencer a los dioses, la verdad-
-Yo creo-interrumpió Ramghar- que la verdad es absoluta, debido a que es indestructible-
-Perfecto- afirmé- ya vamos entendiéndonos-
-En realidad esto no es tan complicado como parece-dijo Hyrum- la verdad es muy valiosa, más valiosa que el oro refinado-
-Seguro- dijo su hermano- yo diría que realmente amo la verdad ahora que he reflexionado todo éste tiempo, debemos cambiar pronto nuestros paradigmas, parece que decimos más mentiras de lo debido-
-No lo dudo- replicó Uziel- también yo sé por otro lado que nadie ha escapado de las mentiras, ni siquiera los dioses, siempre decimos almenos una-
-Si en toda nuestra vida- observó Hestia- se contaran todas las mentiras que hemos dicho, no saldríamos con la conciencia muy limpia que digamos-
-Yo creo que es mejor ni pensar en ello- aseveró Calidmeo- de hecho opino que es imposible erradicar tal plaga de la faz de la tierra porque eso es lo que es, una plaga que consume y carcome los huesos lentamente, pero ¿ya no habíamos hablado de la mentira?-
-¿Otro tema complicado?- reclamó Vodur- si así será el resto de la noche os pediré me perdonéis, pero iré lejos a respirar aire puro- levantándose en extremo fastidiado se fue, y un leve silencio conmovió nuestro corazón.
-Está bien- hablé rompiendo la expectativa- os explicaré lo más brevemente posible lo que os había querido decir hace algún tiempo. En primer lugar debéis saber que hay una enorme diferencia entre la verdad y la mentira. La verdad siempre aparece aunque se intente esconder, la mentira depende en cambio de otras mentiras peores para poder sobrevivir, la verdad es indestructible, pero la mentira es como la lava que al principio, al bajar los valles puede horadar las rocas, pero luego queda petrificada para desaparecer. La verdad siempre será una sola, aunque la verdad es compuesta por muchas otras, pero todas son independientes. Es como Dios, a quien venero ahora, la verdad está en todas partes a la vez, pero la mentira no tiene tal cualidad, siempre permanece en pocos lugares, o en uno sólo a la vez. Es la misma verdad la que puede destruir a los dioses, a parte de lo que ya os he dicho, es por ello que luchamos, he allí mi explicación.-
-Excelente explicación- declaró Faetón- cada vez que habláis demostráis vuestra sabiduría-
-¡Ah Faetón!- exclamé- he preferido mantenerme humilde, la verdad es que todo el crédito lo tendrá otro tarde o temprano-
-Es justo- dijo Faetón- con vuestro discurso señaláis que no seréis el único sabio, ya es hora de descansar, esperemos a mañana, si no sale claro el sol para entonces, creo ya que lo tomaré como algo pesadumbroso- Así disolvimos nuestra agradable reunión, y pronto yacíamos en algún profundo sueño, disfrutando de nuestro nuevo refugio, en verdad el esfuerzo había valido, fuímos muy rápidos.
Durante la madrugada, la temperatura había descendido aún más, nadie pudo dormir, todos temblábamos descontroladamente, de hecho yo y Faetón estábamos de pié fuera del refugio, aguardando al capitán cimerio que extrañamente no aparecía. En un momento de sosiego, escuchamos los pasos rápidos de un hombre entre la maleza por lo que tuvimos que ponernos bien alertas. Una sombra se nos acercaba desde la niebla, hasta que su rostro quedó expuesto por la lumbre de fuego que aún permanecía encendida debido a nuestro fatal imsomnio, y al cruel frío. Era Vodur, estaba muy agitado, jadeaba como un jabalí acorralado.
-Os traigo malas noticias- dijo en voz muy baja, como si tratase de esconder su aliento- los caníbales ya saben de nuestra ubicación, ví a Juliun entre ellos, al parecer su halcón nos rastreó, lo ví sobre sus hombros, tenemos que actuar rápido, al menos ellos no me vieron- Faetón me miró a los ojos, señalándome nuestro fortín con la cabeza, los tres fuímos a prevenir a los demás héroes para que tomasen armas en silencio, apagamos la fogata, la niebla que había sido dispersa por su calor se volvió a concentrar, dejamos de temblar debido a la adrenalina, entraron en el fortín Faetón y Mastéhual, cerrando las puertas tras sí, utilizando dos escaleras de madera que habían sido elaboradas durante la construcción se asomaron a lados opuestos, por las ventanas, preparando sus flechas, a pesar de la niebla, estando a cierta altura su visión mejoraba un tanto, el resto de nosotros rodeó el lugar con las armas en alto, sabíamos por cierto que debíamos usar de nuestras habilidades para intentar evadir cualquier asesinato proveniente de nuestra parte, ya no podíamos usar de la muerte bajo ninguna circunstancia, nuestra conciencia evadía el peligro de ser llamados asesinos, los dioses eran los culpables en gran medida de que existiesen pueblos (si así se les puede llamar) como los caníbales. En un instante nada, pero luego, los arbustos comenzaron a vibrar agitándose a nuestro alrededor, siete, diez, once, aparecieron como fantasmas malévolos de en medio de ellos, Crátilo se adelantó con el escudo de Orión, levantó a seis de ellos al golpearles brutalmente, yo salté sobre uno que pasaba desprevenido a un lado mío, agarré la lanza de Phigia, y le golpeé en la cabeza, le ví caer y me dí la vuelta, miré que Faetón ya había lanzado una flecha, sin matar a nadie afortunadamente, le dio sólo al talón de uno de aquellos salvajes, que se había puesto en mi retaguardia, estuviese muerto de no ser por aquella saeta, al retirarme Hestia ya había sorprendido a dos o tres transmutada en leona, Nabud sólo giraba su muñeca un poco, y el martillo de Fobos despedía por los aires a otros más, Uziel adoptaba la forma de una cobra una vez más, en su forma de pelear, hecho todo un arsenal en sus puños y patadas, usaba todo su cuerpo, era como un arma viviente, en fin, por donde se mirase caían caníbales, y se escuchaban los gritos de batalla. Parecía que toda la aldea de salvajes se había abocado a la lucha, empezaron a mostrarse numerosos, entonces Juliun, vestido con una armadura ligera, aún con todos los adornos que le hacían un dios caníbal, apareció detrás de todos en medio de la neblina, sus aliados cedieron el paso al oírle gritar, y prontamente se reanudó la lucha, puesto que al verle nosotros nos reagrupamos a la entrada de nuestra morada, Faetón y Mastéhual también se nos unieron, los escudos de falange hechos recientemente de madera por los hermanos fenicios, armados de sus lanzas, que aún habían conservado, impidieron que tras su carrera el de barba rojiza penetrara hacia Faetón. En un punto el hijo del dios solar hizo brillar su cara denuevo, la luz, cegadora, detuvo en seco la pelea, para entonces Juliun ya había logrado pasar su obstáculo, enfrascándose en la lucha contra el hijo de Helios, como si un espejo mediano reflejase de manera focal una luz dorada entre tanto baila, así se veía la misma en Faetón, luego disminuyó sólo un poco su intensidad, los caníbales se dieron cuenta de lo que ocurría, y pronto, apartándose de la pelea privada que estaba apunto de comenzar, hicieron un enorme óvalo, creando el ambiente de una arena de pelea deportiva, me hicieron recordar los juegos de Atenas. Mientras vivía con mi tío Caóm, durante los juegos en honor a la supuesta diosa de la sabiduría, él me llevaba a verle competir, yo sólo iba por mi tío, no le prestaba atención a la honra hipócrita que se le rendía a los inmortales, y Caóm conocía ya de mi adversión hacia aquellos. Durante los juegos todos los competidores hacían alarde de su fuerza, relatando por horas sus hazañas heróicas, añadiéndole fantasía, exagerándolas sobremanera, retando a cualquiera, creyendose dioses también, pero mi tío era el único que hacía la diferencia, que sobresalía por su humildad. En una ocasión, había una carrera que consistía en colocar sobre los atletas un enorme yugo de hierro, unido a una gran carreta de lo mismo sobre la cuál habían toros enfurecidos, encerrados en jaulas de oro, el objetivo era recorrer un camino recto de tres estadios de distancia, hasta llegar a la meta, sin tropezar, evitando que los toros salvajes se saliesen de su prisión. Era muy peligroso, hasta hoy conservan en secreto ésta modalidad de juego que hubo por corto tiempo sólo en Atenas. Tiempo delimitado por lo ocurrido en torno al gran Caóm, sólo los hombres más fuertes se atrevían a ponerse a prueba, pocos lograban cargar hasta diez toros, pero le tocó el turno a mi tío de competir, y alguien más se atrevió a retarle diciéndo que podría con veinte toros, la máxima carga hasta entonces. Mi tío, siendo sencillo de corazón, se limitó a no decir nada ignorándole, (cosa que hizo molestar al contrincante) a continuación, le dijo al juez que se buscase una reja hecha de cañas secas, y que albergase treinta toros, esto lo hizo en secreto, nadie lo supo hasta la hora del duelo competitivo. El juez le creía loco, la gente se burlaba creyendo que sólo estaba asustado y desesperado, y el otro atleta sólo permanecía pacífico pero arrogante como si estuviese cerca de un niñito. Al empezar todos quedaron atónitos cuando vieron la carreta de mi tío avanzar sin problemas, a mitad de camino, y al verse sobrepasado, el de los veinte toros corrió hacia Caóm, y le chocó adrede, queriendo sacarle del camino, naturalmente todos los toros escaparon cuando se hizo el desastre y rodeaban, al igual que la multitud, a ambos, soplando fuego por las narices, mirándoles con dureza y fiereza. Cuando mi tío miró alrededor, los toros le temieron, y aunque parezca imposible hulleron dejándoles sólos, ya que la aglomeración de los hombres que veían, excepto yo que había logrado esconderme bajo los manteles rojos de una larga mesa dispuesta para el jurado, salieron como una exhalación delante de los furiosos animales. Hubiese querido que ocurriese exactamente lo mismo en ése momento cuando el de barba rojiza, como el atrevido competidor, y Faetón como mi tío Caóm peleaban, pero ésta vez los toros no huyeron, durante un tiempo. Sin embargo recuerdo que mi tío nunca dejaba nada a medias, él sí logró terminar la carrera, él era muy inteligente y parecía que había planeado todo con antelación, porque fue a buscar a sus toros reuniéndolos no recuerdo bien cómo, habiendo reparado la carreta, fijando las partes rotas con cuerdas, y metiendo a los animales de nuevo a la jaula, pero ésta vez, la carreta se hallaba flotando sobre el cauce de un río hasta donde los toros la habían empujado. Posteriormente Caóm, al llegar a la meta encontró a los pávidos jueces de la carrera, y les exijió que le diesen el premio prometido, recibiendo grandes cantidades de maíz, trigo, y vino como tal. Yo no dormí bien aquella noche, después de la competencia, y no quice de hecho hablar de ello más con mi tío. Hasta el sol de hoy no he logrado sacarme el asombro a pesar de que he entendido que quizás las cañas secas ayudaron a hacer flotar la carreta sobre las aguas, improbable, pero cierto. Al despertar de mi visión premonitoria, de mis recuerdos, Crátilo se distrajo en un momento pues de la pelea que teníamos frente a nosotros, y al verme ensimismado, pronto sacudió mi hombro para llamarme y mostrarme un cometa que solitario cruzaba el azabache negro del firmamento que por un momento empezaba a despejarse. El cometa tomó lentamente formas extrañas, aumentado de tamaño más y más, parecía que en vez de seguir de largo iba pronto a impactar sobre nosotros, Faetón lanzaba un puñetazo en la cara de Juliun, que llevaba una maza, cuando éste, al recuperar la postura, vió también el cometa rojizo y anaranjado, palideciendo del asombro. Todos enmudecían, un rugido estremeció las columnas del Olimpo, un grito lleno de furia desde lejos, mis rodillas vacilaron con el estruendo. Entonces lo ví, un carruaje de hierro y fuego, tallado con infinidad de detalles, tirado por seis caballos de fuego también, azotados por el látigo de una increíble mujer, que parada sobre el carro les animaba a correr más rápido sobre el aire. Bajó en picada, con un río de luz poderosa y dorada que pronto inundó todo por encima de los árboles en un destello argénteo, obligando a los salvajes a mirar atrás para correr pero ésta vez no para luchar, sino para salvar sus vidas. Todos le abrieron paso a la mujer, que ya había descendido completamente en una carrera que dejó una larga estela de fuego a travéz de su recorrido hasta detenerse justo frente a Faetón. Todos, excepto los nuestros finalmente ya habían desaparecido, y la deiforme habló denodadamente al hijo del dios solar de ésta manera:
-Hijo mío ¿hace cuánto que mis desesperados ojos no os habían visto?- Entonces Faetón, que parecía reconocerle, en un tono de voz quebrado respondió:
-¿Vuestros ojos?, ¿maternales ojos que vigilaban con celosía éstos míos? Mucho, mucho tiempo madre, la olvidada y grande Clímene, amante de Helios, ¿qué os ha traído hasta acá?- mi sorpresa no podía medirse, Clímene presente, con el carro del sol, y el tiempo no se había detenido, ni el girar del cielo, ni el paso de la luna según ví, por fín aparecía por cierto, como una buena señal (no digamos augurio) de Dios, el Dios que todo lo ve.
-¿Qué más me atraería?- dijo pues Clímene- ¿Sino que estábais en peligro?, no puedo permitirme el hecho de perderos, no, eso no ocurrirá, aunque vuestro padre se oponga con todas sus fuerzas he venido a daros una advertencia, pero con buena intención claro, si es que me lo permitís- Emocionado en parte, asustado por otra, intervine diciendo:
-Cualquier ayuda nos vendría muy bien en éstos momentos amable oceánide, al menos, si venís a ayudarnos, adversando a los olímpicos, tal vez deberé aprender que no sólo hay maldad en vuestros corazones, hablad-
-He venido a pediros- continuó la señora del astro rey- o mejor dicho, a rogaros que os preparéis mejor, aún no estáis listos del todo para dar frente a vuestros enemigos, si yo no hubiese obedecido a mi conciencia, presentándome con determinación al final, estarías muertos, puedo advertiros de lo que sea, puesto que soy una de los que moran cerca del Olimpo, así que, unidos permaneceréis, separados caeréis siendo vencidos, y habiendo sido salvados os dejaré por el momento, pero mientras, os ruego de nuevo, que hagáis caso a mis palabras. Quizás os volveré a ver, hasta entonces, por cierto Ettos- me dijo fulminándome con su mirada de mil estrellas- vuestro Dios existe, yo también sé de él, y muchos en el Olimpo también lo saben ahora, a ése Dios os encomiendo- de ésta forma levantó la vista, animó a los caballos, y tan ligera como una mota de algodón se alzó hasta cruzar las nubes y desaparecer tras la bruma negra del cielo.
-Hubiese querido que revelase algo más sobre los dioses- dije algo ansioso, Faetón, con el rostro vuelto a la normalidad, sin la luz refulgente, me miró sonriente diciendo:
-Calma, ¿no es suficiente que mi propia madre en persona nos halla venido a amparar?, yo creo que sí, estoy feliz de ello, yo creí estar sólo, sin familia, pero como véis, no todo es malo- entre tanto hablaba la niebla había vuelto a aparecer, una silueta gris se dibujó de lejos en medio del bosque, mostrándose sólo a mí, y la figura, al ver que yo sabía de su presencia, lentamente se dio la vuelta, cojeando, caminando hacia las entrañas del bosque, desapareció. Al parecer Juliun nos había espiado. Si ya no ibamos a esperar alguna otra emboscada de nuestros enemigos, era justo que descansásemos luego de la enorme refriega en la que nos vimos involucrados, por ello no tardamos en regresar a nuestro refugio, sellándolo luego de estar todos adentro, deseábamos poder dormir seguros.
Capítulo XV
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Al día siguiente, el sol entraba por las ventanas del fortín despertándome, yo había sido el único que permanecía dormido, estaba muy agotado, al verme sólo salí tan pronto pude, para darme cuenta de que el sol que creí que veía, nuevamente permanecía oculto detrás de grises nubes, haciéndose presente con sólo un leve resplandor. Eso explicaba por qué la luz que me había despertado era gris y melancólica, abajo la niebla seguía envolviendo todo, no pude divisar a nadie, sólo a Crátilo, que con molestia se acercó a mí para saludarme.
-¿Sabéis dónde están los demás?- le pregunté.
-Ah sí- replicó – se han ido todos, dejándome aquí, fueron a cazar, pero me dijeron que me quedase para apoyaros si algo malo llegase a pasar en su ausencia, no me gustaba la idea, pero no tengo alternativa, Faetón es imposible de evadir- dos rudimentarios bancos de madera se hallaban a los lados de la amplia puerta doble del refugio (lentamente aumentábamos los objetos presentes en el lugar al elaborarlos en lo posible), ambos nos sentamos naturalmente para aguardar a los demás. Como era habitual, mi compañero acudía a las preguntas para llenar los espacios vaciós de mi personalidad cuando callaba.
-¿Qué ocurre?- indagó prontamente- ¿Por qué causa éstos últimos días no ha mejorado el clima?, sé que estamos llegando al invierno, pero meditando las palabras que me dijo airado Hermes antes de que todo esto pasase, Perséfone no descendió al inframundo, y por lo tanto ésta estación no llegará, además, al nivel del mar no debería bajar tanto la temperatura, pareciese que en cualquier momento fuese a nevar-
-Buena pregunta-contesté- hablando de Perséfone, ya sabéis que Demeter, su madre, se precia de controlar las estaciones, pero lo que ningún griego devoto conoce, es que en realidad el que trae la muerte como es natural es Hades, él es por tanto el que tiene control del invierno, sin invierno, las estaciones se descontrolan, provocando al contrario de lo que los demás piensan, (que desean un verano o una primavera eterna) una destrucción de todo lo que da fruto. Así que Hermes os a mentido. En realidad todas las estaciónes son necesarias a su debido tiempo, si no, habría desolación. Ahora, éste clima que véis es obra de Zeus, ¿Por qué?, él pretende ensombrecer como siempre la reputación de su hermano, todo hombre que viaja, acercándose lo suficiente al inframundo, es cubierto de nubes, niebla y obscuridad en lo posible-
-Ya veo- dijo Crátilo- será un verdadero dolor de cabeza si el resto de nuestro viaje se pinta deslucido, Hermes sólo a querido buscar algúna excusa para culpar al águila feroz, ahora entiendo- un pequeño rastro de sombra en su rostro apareció en un momento para llamar mi preocupación.
-Aún tenéis dudas ¿no?- tuve que indagar.
-Sí así es- me dijo- ¿Por qué causa hemos obtenido ayuda de Clímene ¿no os parece sospechoso?-
-¿Sopechoso?- respondí algo inquieto- todo lo contrario, es más, siento que estamos dando grandes progresos, muy rápidamente, y eso para mí no es nada sospechoso, sino que demuestra una vez más que el plan que tan inteligentemente elaborásteis funciona a la perfección-
-Pero yo no me siento muy bien- expresó Crátilo- debido a las advertencias de Clímene, pueden ser hechas con buenas intenciones según sus palabras, pero la mayoría de las prevenciónes que hemos recibido de los inmortales no han sido tan agradables en sus consecuencias- tal vez yo compartía en algún modo sus preocupaciónes, pero ya rayaba un poco en el pesimismo. Entre tanto conversábamos, Faetón junto a los demás se daba a la tarea, como había dicho Crátilo de adelantarse en su cacería, en medio de algunos árboles y encinas, avanzando un poco más en su camino no tardaron en llegar denuevo a la planicie de hierba alta, donde eventualmente se toparon con los caballos salvajes que habían ignorado. Hestia, entre tanto todos se agazapaban en medio de la hierba para no ser vistos por aquellos hermosos animales, los cuáles se hallaban en su estado más natural, se acercó disimuladamente a Faetón para decirle en voz baja:
-Mirad, éste es un buen regalo de la isla, ¿habéis imaginado en algún momento que nos podíamos conseguir tal ventaja sobre los caníbales, que evidentemente no montan a caballo al igual que los cimerios?, parece extraño pero es conveniente, pocos hombres saben dominar con maestría el arte de domar caballos-
-Lo sé- dijo entonces el dios solar- es difícil saber precisamente cuánto tiempo nos tomará amansarles, no hay muchas como ésta isla en realidad, pero no es del todo antinatural que hallamos conseguido éstos animales. Vamos ahora, a ellos- cuando Faetón hizo una señal, los héroes le entendieron, y suspendiendo la caza, se movieron con agilidad para rodear a los caballos; al estar listos, con los brazos en alto daban palmadas y gritaban moderadamente únicamente para asustarles, y hacer que se moviesen hacia la guarida. Hestia se fue aparte para llegar primero y avisarnos, todo lo que teníamos que hacer Crátilo y yo, era preparar algunas cuerdas que se habían robado de la aldea caníbal, para atar a los caballos, y pese a que se tardaron un poco en atraerles logramos nuestro cometido.
-Oíd- dijo Faetón a todos, interrumpiendo el alboroto que se formaba- no os encariñéis demasiado con los caballos ¿eh?, yo seré quien los amanse, para eso tengo experiencia, no es fácil ganarse la confianza de los caballos de fuego que por unos días conduje, en el carro del sol, mucho menos ganársela de unos caballos salvajes, tan jóvenes como éstos- todos asentimos ante su petición, nadie se atrevía a contradecirle. Como era ya tarde, podíamos hechar mano de lo que quedaba de reserva como desayuno, antes de aventurarnos de nuevo al bosque para hallar el sustento necesario para los siguientes días. La búsqueda hubiese sido mejor, sin embargo, no podíamos quejarnos por lo que se había conseguido luego, algunas codornices, huevos de su especie, una que otra perdiz, y cierta especie de lagartija azul, que en abundancia mora, felizmente para nosotros, cerca de las costas, teníamos pensado más adelante elaborar balsas para la pesca en cuanto el tiempo nos lo permitiese. Durante aquella mañana nos ocupamos de hacer un establo cubierto de madera, detrás de nuestra vivienda, en la que pudiésemos albergar una cantidad mayor a los caballos que teníamos, obviamente pensando en un futuro, puesto que no sabíamos con certeza cuánto tiempo tardaríamos en salir de aquellos parajes. Ocho caballos conté al traerlos del bosque por cierto. Al parecer nuestra habilidad para levantar edificaciónes aumentó, personalmente creí que duraríamos todo el día hasta el anochecer en nuestra labor, pero poco después al mediodía, sorpresivamente introdujimos a los caballos en su nuevo hábitat. Al descansar, ya la mañana se había convertido en pasado, y llenamos nuestros hambrientos vientres denuevo, nada pudo detener el interés renovado de Faetón.
-¡Uziel!- dijo- veníd acá- Uziel se le acercó, entre tanto todos le observábamos con la misma curiosidad que la del hijo del dios solar, parecía como si ya supiésemos lo que le iba a exigir- creo que ya es hora de que aprovechéis nuestro presente descanso, para que almenos con vuestras palabras alentéis nuestro espíritu luchador, matizando también con vuestra voz todo lo concerniente a la forma y técnica de vuestra manera de levantar los puños en una refriega- Uziel entonces, algo emocionado, habló en voz alta diciendo:
-Si mi señor lo demanda, vuestro siervo lo cumplirá, ahora os pido que os sentéis en la hierba, que os sirva de alfombra por favor, pienso cumplir vuestras órdenes a cabalidad- eso hicimos, el ambiente cambió, volviéndose más interesante- si los caníbales han recibido el escarnio necesario como para mantenerlos a raya por el momento, hallaremos la ocasión de practicar mi técnica, doy por muy conveniente el hecho de poder adentrarnos primero a través de la teoría. En primer lugar debéis recordar lo que os había dicho referente a la naturaleza, y lo digna que es de ser imitada, pues bien, sabed también que la naturaleza es muy complicada y a la vez simple, está compuesta de un sinfín de materiales, sustancias, y escencias que llamaremos ‘elementos’, hasta ahora desde luego, sólo conozco seis de los más abundantes, el séptimo elemento, que intuyo presente, pero aún no lo he determinado con toda certeza, es desconocido. Esos elementos son: el agua que rodea la tierra, el aire que respiramos, el fuego del sol, la tierra que pisamos toda nuestra vida hasta morir, el rayo que no sólo lanza Zeus, y que se halla invisible morando en otras formas alrededor de nosotros, y la madera, que hay donde miremos. Los seres vivos son y se mueven en ésos elementos, algúnos dependen de forma específica de ellos. Por ejemplo, el águila depende del aire más que de otra cosa para poder obtener su alimento desde las alturas con mayor efectividad, por lo que podríamos decir que es un animal del elemento aire, para describirlo de manera resumida, y así sucesivamente ocurre con los demás animales. De la misma manera como he mencionado antes, ahora os recuerdo que debemos adoptar la forma de dichos animales, según nuestro estilo de pelea. No tenemos las mismas habilidades, a eso me refiero, unos son más rápidos, otros resistentes, otros fuertes, otros son ligeros, en fin, si intentamos hacer las cosas de la manera menos artificial posible, todo lo haremos bien. Hay quien dice que quien ama lo que hace, es feliz para siempre, y yo creo en eso, creo en la felicidad. La felicidad es nuestra meta, y sólo la alcanzaremos al desarrollar la totalidad de nuestras capacidades, las que adquirimos al nacer, descubriendo nuestra vocación y propósito en la vida, por ello mi técnica debería llevar el nombre de ‘gran maestría’- A Crátilo se le iluminaron los ojos al oír hablar sobre la felicidad de forma tan acertiva, y yo pues no pude represar mi sentir, por lo que tuve que expresarme antes de estallar, diciendo:
-El mal sólo se compone de tristeza, quien hace mal no se da cuenta de ello, Uziel, habéis dado con la verdadera clave de la felicidad, desarrolad todas vuestros buenos valores, y no habrá llanto ni dolor; pero sumíos en la ociosidad, en la melancolía, y la maldad llenará vuestro corazón. ¿De verdad podréis creer que los dioses llevan algúna responsabilidad real?, no es así, sólo obran para si mismos, por ello son tristes, por ello son malignos, y aunque pase tanto tiempo que incluso el sol se extinga, no serán poseedores de la sabiduría que conlleva al contentamiento perpetuo del alma-
-Ettos- me dijo entonces Uziel- vuestras palabras son tan oportunas, que si hubiese caído ahora mismo rocío del cielo, de vuestra boca hubiesen nacido flores de loto rosados y violetas. Así es, pero el conocimiento conlleva dolor, así mismo la disciplina, todo lo bueno cuesta levantarlo, cuesta construir, pero no hay que esforzarse para derribar una torre hecha. En adelante os enseñaré la forma de entrenar, no sólo vuestros cuerpos para la batalla, sino también vuestra mente para la justicia- si alguna vez se pudo sentir la presencia de Dios, en ése momento podía sentir cómo la fuerza invisible, infinita, superior, que todo lo controla, encaminaba nuestros pensamientos. A partir de entonces, todos debíamos obedecer lo que Uziel nos mandase respecto a nuestra forma de conducirnos en el campamento, hasta en el más mínimo detalle, como barrer y limpiar las hojas secas de nuestro refugio, o el trabajo de buscar agua para cada día, incluso cuidábamos minuciosamente el menú distribuyendo lo que hubiésemos cazado para comer de forma ordenada para que nos alimentase mejor, y al mismo tiempo nos durase más. En un futuro debíamos según él, prepararnos para sembrar plantas frutales, brotes, ciertas verduras, y uno que otro grano, lo que fuese posible para mantener nuestra estadía, fortaleciendo nuestros cuerpos, como lo deseaba el babilonio, para adiestrarnos mejor. De hecho, a medida que avanzábamos en el fuerte entrenamiento, comenzamos a comer más a menudo, hasta cinco veces en el día, en cantidades moderadas, por lo que en el tiempo, prontamente construímos dos balsas de madera, que podían llevar seis remeros cada una, hasta siete pasajeros en total, (el séptimo podía manejar el rudimentario timón pero como sólo éramos trece, sólo una de las barcas gozaba de todos los remeros) así podíamos vivir también de la pesca del mero, abundante en ésas locaciónes, y otras especies, de las cuales algunas moraban en ciertas grutas y cuevas que habían escondidas en las costas, éstos peces eran de fácil reconocimiento, de color gris, y dorado verdoso. También Uziel demostraba interés por los huevos de cierto animal llamado mijol por él, que aportaba grandes nutrientes según nos enseñó, y era vital para nuestro entrenamiento. Si he de escribir acá cuáles eran las actividades que desempeñábamos para endurecer nuestros músculos, debo advertir al lector que más adelante explicaré con mayor detalle sobre ellas, y sobre quiénes lo adoptaron después, luego de miles de años, en el otro lado del mundo. Para empezar, Uziel, observó las cualidades de cada uno al imponernos una rutina común, para su propia información, y para poder elegir el animal que debiésemos imitar para ajustarle a nuestras mayores destrezas. Todos los días nos levantábamos casi a la mitad de la cuarta vigilia, antes de que saliese el sol, (que nunca más salió en su totalidad para nosotros debido a la perpetua niebla que de allí en adelante nos persiguió) inmediatamente, luego de haber bebido algo de agua, y lavado nuestros rostros, salíamos de nuestro refugio tras el babilonio trotando durante más de media hora, dando una vuelta por la costa hasta regresar al refugio. Era agotador, pero tal actividad tenía sus ventajas, pues se nos permitía, entre tanto nos movíamos, contemplar el hermoso paisaje de la isla, de ver el rostro del azul ponto, el verde techo formado por los árboles, los colores diversos de las flores exóticas, muchas cosas. Al llegar, nos formábamos ordenadamente en un lugar cercano a nuestro refugio, apartado especialmente para todo ejercicio, una planicie rocosa, extensa, cercada de matorrales, y por una hora manteníamos una posición que consistía en imitar la montura de un caballo, flexionando nuestras rodillas al separar las piernas, agachándonos, tal como habíamos visto que se agachaba Uziel durante sus peleas, todo con el fin de mejorar nuestra defensa, haciéndonos más firmes para resistir los ataques. Finalemente por una hora más, debíamos imitar todos los movimientos del babilonio, incluyendo en el repertorio cada día nuevas patadas, puños, saltos, defensas, esquives, en fin toda clase de técnicas que al principio fue difícil de memorizar, pero como lo hacíamos a diario, las aprendimos en su totalidad. Después teníamos dos horas para desayunar, y descansar, con el fin de reanudar nuestras actividades, comenzando con algo que él llamaba ‘despertar la conciencia’ y que consistía en sentarnos todos en formación, sobre el suelo, cerrando los ojos manteniendo silencio absoluto, sin distraernos ni aunque nos hablase un dios o un fantasma, y concentrando nuestros pensamientos en todo lo que nos rodeaba, cada circunstancia, cada recuerdo, cada concepto se intensificaba en nuestra mente. Entre los beneficios de aquello según el babilonio, se incluían el desarrollar compasión, amor, paciencia, generosidad y perdón, aumentando a su vez nuestra capacidad para pensar rápido, o para concentrarnos mejor, lo practicábamos durante una hora diaria. El resto del día lo teníamos libre para dedicarnos al mantenimiento de nuestra morada, a la elaboración de nuevos instrumentos para nuestras labores, y de nuevos utensilios para las cocinas, o muebles para nuestro descanso y mayor comodidad. Llegamos a elaborar mesas, estantes, bancas, entre otras cosas. Uziel había tenido razón, la disciplina era dolorosa, pero daba buenos frutos, al cabo de dos semanas y media ya nos habíamos adaptado a la exigente rutina, agregamos a nuestro arsenal nuevas armas, los largos palos que Uziel usaba para defenderse, y ya los manejábamos con pasmante “maestría” precisamente. Ya conocíamos movimientos muy complicados y difíciles de ejecutar, requerían mayor fuerza y flexibilidad, y con los nuevos ejercicios que se fueron añadiendo, parecidos a la gimnasia griega, para fortalecer las articulaciónes ampliando la gama de movimientos posibles de las extremidades, y del resto del cuerpo, adquirimos tales cualidades. Al tercer día, de la tercera semana, en la tarde, Uziel nos llamó a todos luego de nuestra tercera comida durante aquél día. Deseaba ya elegir los animales que desde entonces en adelante llevaríamos como nuestro símbolo en cada batalla. Todos accedímos excepto Tebunah que no deseaba degradarse a un animal según dijo, Vodur, que ya no quería aprender más técnicas ‘complicadas’, y Nabud cuya constitución física le impidió seguir adelante en las fuertes actividades, (era muy grande y obeso a su parecer) en fin, ninguno de ellos, a pesar de que habían seguido en algo las instrucciónes de Uziel, desearon seguir la rutina que llevábamos en adelante.
-Oíd- dijo pues Uziel al estar todos reunidos- os debo felicitar por el gran desempeño que habéis demostrado, en verdad no hay nada que no podamos hacer, ahora, ha llegado el momento de elegir vuestro estilo, acá he tallado una figura de madera para cada uno, nueve en total, todas representan dignamente cada forma que os tocará, y os diré después la nuevas técnicas especiales que os enseñaré para mejorar vuestro estilo- He inmediatamente mirando a Hestia, sacando de una bolsa en donde estaban las figurillas de madera, le mostró una leona rugiendo, alzando sus fauces amenazadoras.
-Éste es- dijo- vuestro animal, el mismo pertenece al elemento fuego, ya os explicaré lo que haréis para adoptar sus valores. La leona siempre se ha caracterizado por ser cazadora, y lo hace durante el día preferiblemente, por ello su elemento es el fuego, ya que el sol le proporciona el ambiente necesario para sus actividades (los herbívoros salen a beber agua, y a pastar), aunque hay quien dice que las leonas cazan mayormente de noche, pero el sol tiene mayor importancia en la vida salvaje- Así dijo, sin demora sacó de la bolsa un mono, y señalando que le pertecía a Calidmeo, explicó que pertenecía a la madera como elemento representativo, debido a su preferencia hacia los árboles para usarlos como hábitat, y también como medio de desplazamiento. Seguidamente sacó un tigre, otro animal del elemento fuego, y se lo entregó a Crátilo, y habló diciendo:
-Calidmeo no debe sentirse aludido por lo que le ha tocado, el mono es el más flexible de entre todos, y posee habilidades inigualables, es muy respetable, el tigre por otro lado es un animal rápido y fuerte, que ataca usando el elemento sorpresa, es voraz como el fuego, al cuál respeta y teme- Mientras hablaba había sacado una hermosa grulla con las alas abiertas, y parada sobre una pata, con el pico bajo, como apuntando a su presa. Era del elemento agua, según dijo, sabiendo que usa los pantanos, lagos, e incluso mares para obtener sus alimentos. Me la dio a mi, y dijo que yo poseía la ligeresa y la destreza del ave, y era cierto ya que el peto de Deimos me había dado tales habilidades. Hubo un silencio breve, dado que Uziel retenía el próximo animal, al mirarnos a todos con los ojos de un hábil mago cuando quiere despertar el interés del público, sacó de la bolsa otra criatura del elemento fuego, un dragón, y llamando a Faetón, se lo entregó y dijo:
-Éste es un legendario animal, no sé si extinto para ésta época, con fuertes habilidades, su fiereza, fuerza, y capacidad para quitarle el valor a cualquiera es digno de vuestra fuerza, y capacidad de liderazgo. Es el animal que mejores pericias dentro de nuestras formas de pelear posee, es temido en gran manera- Mastéhual recibió una serpiente, un animal del elemento del rayo, sus ataques aún más letales y rápidos que los del tigre, le hacían merecedor de representar tal elemento. Finalmente, a Adad le tocó al oso, del elemento tierra, y a su hermano al perro.
-¿Por qué el perro?- preguntó extrañado Hyrum.
-Es simple-respondió el babilonio- la mordida del perro es tan peligrosa, que si os alcanzase nunca os podréis soltar, del elemento tierra, puede ser muy doloroso pelear en su contra- Sólo Ramgharh quedaba correspondiéndole al aguila del elemento aire para su contento. Así todos quedaron satisfechos con cada forma recibida. Ahora llegaba la parte complicada, y final de nuestra preparación, en los días sucesivos Uziel nos dividió según el elemento que nos había tocado. A los del elemento fuego, les tocaba practicar todos los días durante una hora, (sin dejar el entrenamiento básico que todos llevábamos al principio) lanzar puños al aire frente una antorcha pequeña hasta lograr apagarla, una vez apagada se volvía a encender para continuar. Además se les pedía que durante una hora caminasen sobre brasas encendidas de carbón, para fortalecer el control mental sobre el dolor, aumentar su rapidez y su templanza. Por otro lado, a Calidmeo se le exigió que golpease un tronco de madera posicionado verticalmente, a los lados del cual se habían clavado palos cortos, para simular los brazos del oponente, de forma coordinada lanzaba pues patadas puños y palmadas. A mí se me asignó la tarea, como representante del elemento agua, de golpear con las manos la superficie de la boca de una tinaja llena hasta el tope de ése mismo elemento, haciendo salpicar todo a mi alrededor. Parecía un entrenamiento muy fácil e inofensivo pero luego de una hora ya no se puede aguantar el dolor, el agua se volvía piedra a medida que pasaba el tiempo, y el cansancio es insoportable. Ademas se me enseñó a nadar de una forma rápida, y a aguantar la respiración durante el mayor tiempo posible bajo el agua. También se me pedía que dentro del agua tratase de atrapar los peces sólo con las manos, obligándome a perseguirle prolongados ratos, ello podía mejorar mis reflejos. Mastéhual, del elemento del rayo, debía aprender a esquivar las flechas, a atraparlas en el aire, y actuar del mismo modo frente a otras armas arrojadizas. De éste modo sus movimientos se volvieron extremadamente rápidos. Adad, durante una hora, a diario, se dedicó a golpear, usando sólo de los puños, un solo punto de una enorme roca de su misma altura, acolchada con las ramas de los arbustos que había cerca, de la misma manera golpeaba constantemente las rocas más pequeñas, hasta que fue capaz de destruirlas y hacerlas añicos. Su hermano era obligado a arrastrar gran cantidad de peso, a levantar gigantes piedras y lanzarlas, y a abrazarlas, hasta ser capaz de resquebrajarlas. Al que le tocó el elemento aire, Ramgharh, se le enseñó a saltar constantemente durante una hora, su capacidad aumentó, superando los seis codos de altura sorprendentemente, se le pidió que aprendiese en suma a saltar sobre las copas de los árboles como Calidmeo, pero mucho más alto que él. Por último se le pedía al egipcio que corriese largas distancias en el menor tiempo posible, se le ponía al lado de los caballos, hasta que fue capaz de ganarles en una carrera que nos dejó abismados a todos. Igualmente se le enseñó a caminar sobre una cuerda atada en sus extremos a la copa de dos árboles, que separados a una larga distancia elaboraban un precipicio artificial, sobre el cuál caminaba Ramgharh. Otra cosa que aprendió en el tiempo fue a saltar desde grandes alturas resistiendo la caída, podía hacerlo desde más de doce codos. Además de todo ello se nos mostró nuevos movimientos individuales, para cada estilo, nuevas capacidades que abrieron nuestro horizonte y nos capacitó para luchar con extremo poder. Cuatro semanas después, estábamos listos para lo que se nos presentase, ya éramos auténticos luchadores. Uziel quedó contento con nuestro alcance en las prácticas. Entre tanto que nosotros aprendíamos, Tebunah, Vodur, y Nabud, se dedicaban a espiar a los caníbales para conocerles mejor, el objetivo era dibujar un mapa de la isla con la posición y el territorio que ocupábamos nosotros y nuestros enemigos. Dentro del refugio, Uziel, que ya había exhibido sus dotes de tallador con los muñecos de madera, se hizo tal mapa en uno de los lados de las tablas de madera que hacía de pared, coloreándole con pigmentos rojos verdes y azules. El otro objetivo que se pretendía cumplir con tales exploraciónes era el de indagar sobre las costumbres y rutinas de los salvajes para hallar sus puntos débiles. Pero por encima de nuestros esfuerzos, por la estricta vigilancia que los salvajes colocaron en su territorio no pudimos acercarnos lo suficiente como para obtener valiosos documentos, además del hecho de que no podíamos entender ni su escritura ni su extraña lengua, no hablaban griego, excepto cuando estaban frente a su dios jefe, pero éste andaba muy cercado de los que ahora eran suyos, y moraba en el centro de las aldeas, muy adentrado en su propio terreno. Pasaron ocho días más, y dejamos de espiar a los salvajes por un tiempo. Deseábamos con ansias lograr alguna pista de nuestra triacóntera, a la que Faetón ultimadamente había llamado ‘la hija perdida’, en verdad la extrañaba, pero era imposible nuestro cometido hasta tanto no lográsemos entender la lengua de los nativos, o encontrásemos un intérprete. Después de aquellos ocho días, finalmente se me ocurrió una brillante idea-a mi parecer-y era que existía la posibilidad, de alguna manera, de ganarnos el corazón de los salvajes, ya que no era justo que atrapásemos a algúno de ellos forzandole a hablar. Si lográbamos atraer a varios de ellos incluso podíamos formar nuestro propio ejército, enseñándoles los principios de “la gran maestría”, para hacerlos iguales que nosotros. Eso sí, debíamos tener mucho tacto a la hora de convencerles, ése era un problema más ¿Cómo podíamos ganarnos la confianza de aquellos indómitos seres? Hestia era la única que parecía conocer todos los idiomas del mundo, excepto el cimerio como pudimos ver, pero no recordaba bien el de las tribus caníbales, nos dijo que era cuestión de tiempo para que pudiese volver a hablar en aquella lengua, así que debíamos ser pacientes. Por aquellos días, algo singular sucedió delante nuestro sin que pudiésemos entreverlo con facilidad, algo entre Hestia y Faetón. Se miraban muy tiernamente el uno al otro, él le sonreía con mucho gusto, y ella le correspondía a sus señales. En adelante se llevaban tan bien que el amor pasional era inminente. Algo nuevo nació de los dos, luego de un tiempo lo supe pero guardé discresión por prudencia, algo como eso tal vez distraería el empeño de Hestia de refrescar su memoria, no quería ocasionarle tal cosa, procuré en lo posible mantener a Faetón lejos de ella, cuando lo obligaba a salir de cacería conmigo o a montar a caballo para patrullar, o a pescar. Claro que no pude mantener aquel margen por mucho tiempo. Durante algunas noches Crátilo volvió a tener pesadillas, pero parecía no poder despertar, a menudo yo debía sacarle de su delirio para que nos dejase dormir, en verdad me tuvo turbado, ya uno de sus sueños se había cumplido, no obstante él accedió a revelármelo en su momento, ahora no deseaba hablarme de ello, y cada vez que intentaba conseguir información sobre lo que veía en visiónes, se negaba a contarme todo, molestándose conmigo sobremanera tanto que incluso llegaba a dejarme de hablar por todo aquel día en que le reconvenía por mantener secretos con su mejor amigo hasta donde yo creía que era. Una noche, un fuerte golpe en la puerta de mi habitación nos quitó el sueño a mí y a Hestia, al levantarnos nos encontramos en el pasillo del fortín, y obsevamos a Crátilo abriendo las puertas de la entrada, caminando dormido, con las manos en alto como si tratase de alcanzar algo que revoloteaba de un lado a otro, no podíamos ver el objeto claro está, era evidente: estaba en uno de sus sueños. La diosa y yo le seguimos guardando cierta distancia por temor a despertarle, más adelante le vimos detenerse, bajando las manos se arrodilló, y una vez más llamó a gritos a la ninfa, a la cuál hace tiempo debíamos rescatar. Corrí por ende hacia él, le tapé la boca y la nariz para callarle y evitar así despertar a los demás una vez más, de verdad estaban molestos, incluso Uziel quien amenudo era pacífico, dijo que como Crátilo amenazaba a la integridad de nuestro entrenamiento (éste proseguía indefinidamente), si se despertaba de nuevo en medio de la noche, dijo, le agarraría del pelo, y le arrastraría hasta el mar para lanzarlo allí, así tal vez deseaba curarle por siempre de su mal. Crátilo pues al ser despertado, me miró sumamente asustado, y abrazó a Hestia buscando consuelo. Hestia le recibió tratando de calmarle, entre tanto le acariciaba el cuello con sus delicadas manos.
-Tranquilizaos-le decía- algún dios os atormenta, no sois débil de ninguna manera, los inmortales están buscando algo de vuestro espíritu- en eso, Faetón también había sido despertado, y desafortunadamente al asomarse por las puertas del refugio frunció el ceño, yo le ví, y la diosa, cuando vió que yo desviaba la mirada, observó el encendido rostro del dios solar, encendido en celos por supuesto. Faetón sencillamente gruñó, y entró denuevo al fortín, Hestia preocupada soltó a Crátilo, yendo tras él.
-No les prestéis atención-le dije después a Crátilo- ya veía venir esto, ¿cómo os sentís querido amigo?, ya no podré dormir tampoco por vuestra causa, debéis estar sano para poder salvar a Leuce si es lo que ansiáis- Crátilo contuvo unas lágrimas al escucharme, lo que me hizo sentir compasión.
-No lo sé Ettos- me dijo al fin- esto está matandome por dentro, tengo miedo de lo que pueda pasar, hoy he soñado algo muy extraño, ví cómo una estrella pequeña volaba siempre por los cielos, hasta que de pronto una mano de bronce, que destellaba muchos rayos la tomaba y la lanzaba lejos al ponto, la estrella no regresó, se hundió en el mar, allí me habéis despertado-
-Bien Crátilo, no debéis temer a todo lo que vuestra mente quiera mostraros, tal vez ha sido sólo vuestra imaginación, ahora a dormir que ya se acerca la hora de empezar nuestra rutina- Así le dije, y en seguida un pesado nudo se formó en mi garganta sin saber por qué causa.
Capítulo XVI
<<< ¿Habrán Siempre Pruebas? >>>
Por la mañana habíamos salido Crátilo, Faetón y yo al bosque nublado en tres caballos, con el fin de patrullar los alrededores de nuestra morada, aunque aquel era un empeño más de mi parte por mantener separados a Faetón y a Hestia, y pese a que conocíamos bien la isla por alguna razón perdimos el rumbo, nos hallamos en medio de la espesura sin dirección. El silencio reinante era tan poderoso en aquel momento que alcanzábamos a escuchar los latidos de nuestro propio corazón en nuestros oídos. A menudo el silencio formaba parte de malas señales en nuestro andar, y desde que Faetón me enseñó, o nos enseñó a dudar de las aguas calmadas, siempre me daba cuenta del peligro circundante. Nos detuvimos para oir nuestra respiración, las ramas secas comenzaron a resquebrajarse a nuestros lados al ser pisadas por uno o varios hombres, pero por uno en especial que apareció de en medio de los árboles con los ojos rojizos, los mismos ojos rojizos que me habían espantado la primera vez que conocí un caníbal. Allí estaba, el mismo líder que habíamos visto danzar en derredor de una fogata cercana a las costas, con un grupo de los suyos, no era Juliun por cierto. Éste miró a Faetón y habló en griego lo siguiente:
-¿Sois el jefe de éstos hombres pálidos?-
-Así es, lo soy- replicó el dios solar sin vacilar- ¿Qué venís a hacer por acá?- entonces el líder salvaje alzó su brazo derecho, el cual sostenía un palo con punta afilada de piedra, hacia la verde bruma, y salieron de allí más hombres, que nos rodearon.
-Bajad vuestras armas- pidió el jefe salvaje- no os pediré que las soltéis, pero mostrad algo de respeto delante de mí, deseo llegar a un acuerdo con vosotros- Faetón dudoso volteó a verme como consultándome, entonces le asentí bajando mi arma, Crátilo lo hizo después de mi, finalmente el dios solar también accedió a bajar su arco.
-¿Qué queréis?- le preguntó al caníbal.
-Mis hombres y yo nos hemos revelado al que llamábamos nuestro dios, ése hombre nos ordenó que anduviésemos tras vuestro rastro por muchos días, sin importarle si teníamos alimento, o si estábamos de buena salud, amenazándonos con quitarnos a nuestras esposas, y matar a nuestros hijos comiéndose sus cuerpos. Ya lo ha hecho, delante de todos quemó vivo a un bebé, no tiene corazón, aunque nos alimentamos de carne humana, nunca seríamos capaces de comernos a nuestra propia sangre, en breve escuchamos vuestras palabras, sobre todo cuando hablásteis de la verdad absoluta, de pelear por la justicia, de amar la felicidad, hace años sentíamos nuestra vida vacía hasta hoy-
-Valla- le interrumpí- ése es el efecto que provocan los dioses vacíos amenudo-
-Deacuerdo-dijo Faetón- deseo creer en vuestras palabras, sin embargo deberé advertiros que soy muy desconfiado, y mientras moréis entre nosotros no os quitaré los ojos de encima, ya he cometido algún error, y no pretendo repetirlo, podréis pues venir con nosotros, pero si lo hacéis, debéis seguir todo lo que os mandemos- El salvaje se inclinó en una solemne reverencia seguido de sus hombres diciendo:
-Os prometemos obedeceros en todo sin quitar ni una tilde o un punto de lo que digáis, sólo os pido que no me quitéis la autoridad que tengo sobre mis hermanos, y todo saldrá bien-
-Trato hecho- respondió Faetón, apartir de aquella hora habíamos admitido alrededor de diecinueve hombres, y cinco mujeres caníbales, les reconvenimos de inmediato acerca de sus hábitos, mencionándoles el desagradable hecho de comer carne humana, y sin chistar aceptaron todas las condiciónes impuestas. El líder nativo nos dijo su nombre a petición de Faetón, Kamal se llamaba según le logramos entender, nos presentó a su esposa, llamada Myuyutsu, hermosa en extremo, también orgulloso nos presentó a uno de sus más queridos subordinados como no señaló, de nombre Dayita. Les exigimos que colaborasen en proveer de alimento a su propia gente, además les mandamos a elaborar sus propias casas en donde pudiesen morar separados pero no muy alejados de nosotros. Lo hicieron todo efectivamente con presteza, poco a poco ya parecíamos una aldea en formación, nuestros planes iban muy bien, así que luego de que consiguieron la preciada confianza de Faetón, él les llamó a una reunión privada entre los cuáles se hallaban Crátilo, Hestia, Calidmeo, Kamal, su esposa, su mejor siervo y yo. Allí Faetón pensaba sobre el deber de sacarles la información que tuviesen sobre el paradero de ‘la hija perdida’, también debían señalarnos de qué forma exactamente Juliun logró hacerse su dios, entre otras cosas que nos servirían de gran ayuda para poder vencer a nuestros enemigos. En realidad Kamal y los suyos se hallaban dispuestos a cooperar en lo que fuese necesario, de modo que no costó nada hacer que desvelase los secretos de su gente, para el bien de nuestra nueva campaña. Juliun encontró un obstáculo en su camino, no le fue tan fácil como había dicho con jactancia, resulta que los caníbales no eran tan fáciles de sorprender, por ende ya poseían antes de la llegada del ruiseñor infame a su propio gran líder, su propio dios. Es normal que tuviesen como jefe al más poderoso y fuerte de entre ellos. Juliun al verle, supo de inmediato lo que debía de hacer para obtener el mismo cetro que llevaba al conseguir el máximo liderazgo, y que le pertenecía a su competidor. Un duelo a muerte fue su siguiente reto, hecho con toda malicia, ya que para vencerle iba a tener que usar más que armas peligrosas, o brazos fuertes, debía de usar la astucia. Claro, en ése momento hacía un calor insoportable, un niño muy pequeño, pero rápido para lo que se le había encomendado fue a pregonar por toda su aldea el gran enfrentamiento inminente. Todos acudieron a ver el espectáculo, sus corazones confiaban en su jefe, pero lo que les asustaba era la confianza arrogante que se pintaba en el descarado rostro del de barba rojiza. Kamal fue testigo de lo sucedido, puesto que había sido nombrado juez de la pelea, así que cuando salió de su chacra, seguido de su fiel esposa, la cuál cargaba a su bebé en brazos, una niña a la cual se le había puesto el nombre de Lipika, fue a cumplir con su tarea. La multitud estaba ya dispuesta en torno al lugar donde comenzaría el evento, sentada en gradas que dispuestas de forma paralela cercaban un espacio limitado pero suficiente, algo parecido a los teatros de Dodona, Tesalia, en donde aún se representan obras de teatro. Los contrincantes ya estaban cara a cara, Kamal, en medio de ellos estaba dispuesto a dar la señal. Pero luego su conciencia le recriminaría por lo que pasó, a pesar de que yo no le culpo por ello, hasta el sol de hoy él sí se culpa. Juliun tomó su cuero, en el cuál aún había suficiente agua de la fuente de la morada de Hestia y a través de Kamal, le ofreció un trago a su enemigo para mitigar en algo el calor. El juez desafortunado del duelo mortal, tomó el cuero, se lo entregó a su jefe, y el mismo quedó convertido en un halcón, sí, el mismo que luego Juliun llevaría siempre en sus hombros, y que usaría siempre como su propia guía ¿Por qué causa el halcón permaneció con él?, fue la primera pregunta que surgió en mi inconsciente, pero Kamal sólo nos dijo que su anterior jefe era más astuto que el de barba rojiza. De ésta forma fue que todo sucedió, posteriormente, cuando Kamal fue enviado a espiarnos, fue que perdió a su hija, ella había sido el sacrficio realizado por Juliun para demostrar su autoridad de forma cobarde. Su historia revolvió mis entrañas al final ¿Cómo es posible que en éste mundo existiera tanta crueldad? Faetón quizo de inmediato pues indagar sobre lo que tanto anhelábamos saber, pero Dayita fue el que habló, nos supo decir únicamente que la última vez que había visto un barco tan grande fue cuando el de torva faz envió a que zarpasen varios guerreros desde el lado oeste con el mismo, justamente donde le habíamos visto desaparecer también nosotros al llegar a la isla. En verdad él no sabía exactamente dónde pudiese estar el barco. La única ventaja que teníamos era que Juliun aún creía y confiaba en sus ‘fieles’ siervos, pues debían estar aún atareados en espiarnos, por eso podíamos hacerles volver, a algunos de ellos, puesto que cuando Myuyutsu escuchó nuestra propuesta se negó a volver a ver el rostro del asesino de su única hija y con toda razón. Sólo nos quedaba enviar a Kamal, quién expreso su deseo de ser el único en regresar, entonces Dayita se negó ante las órdenes de su señor, cuando éste le pidió que se quedase a cuidar a su esposa. Dayita era de piel morena, tostada por el sol, de ojos negros cual la noche, que extrañamente para mí inspiraban confianza, de estatura mediana, delgado.
-De ninguna manera amo mío- decía a Kamal- iré a donde valláis y mi cuerpo será sepultado en donde la vida os abandone-
-De ninguna manera- le respondía su señor- sino que respetaréis mi desición, y os quedaréis, si muero, vuestro consuelo será suficiente para mi querida Myuyutsu, tendré que prescindir de vuestros servicios si no obedecéis- Así se hablaban en griego para que escuchásemos, pero luego la esposa de Kamal miró a Dayita, como suplicándole que dejase de discutir con su marido, hablándole en su propio idioma, provocando que los tres discutieran durante un rato hasta que en un momento de tranquilidad Dayita alzó la mano derecha diciendo de nuevo en griego para todos:
-Yo juro pues por mi vida que me quedaré con Myuyutsu, pero en cuanto sepa que mi amo está en peligro, dejaré lo que esté haciendo para salvarle- Inmediatamente un furor potente recorrió mi sangre haciéndome levantar de mi silla airado.
-¡Ah!- golpeé la mesa- un juramento, tenía tiempo sin escuchar uno, desde entonces estaba tranquilo. Sí, sabed que Prometeo, quien decía ser mi padre hizo uno delante de mí, y hasta hoy no ha cumplido. Debo decir que no está bien jurar, ni sobre nuestra propia vida, pues no sabemos con certeza cuándo moriremos, ni por la tierra, pues es el sitio debajo de nuestros pies, y pienso que es el estrado de mi Dios, que es mil veces más grande que los olímpicos, no está bien jurar por nada, ¡sólo los inseguros lo hacen!-
-Basta, sosegaos todos un poco- dijo Faetón- acepto lo que ha propuesto Kamal, y aunque habéis jurado por vuestra vida, no nos hacemos responsables de vuestros actos, eso es todo lo que hablaremos hoy, se da por terminada ésta reunión- nos habíamos reunido en el pasillo del refugio principal, donde habíamos preparado una ancha mesa, cerrando las puertas para que nadie más nos escuchase, de hecho los demás se hallaban ocupados en otras cosas afuera. Yo salí algo decepcionado, Crátilo detrás de mí, algo nervioso al verme agitado, cuando estuvimos sólos me volví a él y le dije:
-Sí, sí, ya sé, antes de que preguntéis estoy en desacuerdo con todo juramento, no es lo mío, imaginaos Crátilo si todos jurásemos por nuestras acciónes, teniendo que pagar obligatoriamente por cada falla, ¡la humanidad estuviese extinta!, nadie ha podido cumplir su palabra perfectamente, todos cometiendo errores, a veces acabamos en otras sendas, o nunca terminamos lo que empezamos- Crátilo permaneció en silencio, como mostrando respeto ante el silencio que luego también guardé, a partir de entonces, dejé de confiar en Dayita, le dije a Faetón que hiciese lo mismo, pero no quizo escucharme. Por algúna razón he sido dotado de un ojo especializado en observar el mal en las personas, aunque admito que en una que otra ocasión fallé en mis observaciónes, pero ahora estaba seguro de lo que veía ocurrir. Kamal se fue al día siguiente por la mañana, despidiéndose de su esposa, Faetón le acompañaría, e irían ambos a caballo, así tardarían menos. Cuando llegaron cerca de las casas de los salvajes, ambos se detuvieron a conversar en voz muy baja.
-No me ha gustado la actitud de aquél- decía Kamal refiriéndose a mí.
-Lo sé- respondió Faetón- ignoradle, vuestra mujer estará segura y en buenas manos-
-Eso espero- suspiró Kamal entre tanto bajaba del caballo- si ella llegase a morir, mi alma sufrirá hasta llegar al Erebo, ojalá todo nos salga bien, no desamparéis tampoco a Dayita, es otro de mis preciados tesoros, ha sido mi siervo desde que fuimos niños, mi madre le había recibido en nuestra casa como parte de la prole de uno de sus esclavos, no sólo cazábamos a los hombres, sino que manteníamos a algunos forasteros bajo nuestro yugo-
-Está bien- dijo a esto el hijo de Helios- no os lo juraré por si Ettos se halla cerca, pero os aseguro que nada le pasará a vuestro siervo tampoco- luego Kamal despidióse de Faetón, y caminó hacia la aldea. Durante el tiempo que Kamal permanecía con Juliun, aprovechamos la ocasión de adiestrar a sus hombres en “la gran maestría”, pero sólo tuvimos una semana para que alcanzasen un mínimo de capacidad, de manera que les exigimos que siguiesen nuestra filosofía, y que no intentasen asesinar a nuestros enemigos. Luego de ése tiempo recibimos una desagradable sorpresa, una noche, muy avanzada la segunda vigilia, el gorgeo del halcón del de barba rojiza nos despertó. Era claro que denuevo nos espiaban, o nos advertían, Dayita se alarmó con aquello, y previno a Faetón pidiéndole que tomásemos las armas por precaución, así que despertamos a todos para que estuviesen bien alertas. Su advertencia fue oportuna, los hombres de Juliun preparaban una sorpresa, lo supimos al escuchar a lo lejos sus voces, y oír su paso a través de la vegetación. Quizás pensaban que permanecíamos aún dormidos, pero obviamente no habían sido lo suficientemente sigilosos, o habían sido delatados por el halcón. En un punto, la niebla se iluminó con pequeñas luces, que de lejos parecían estrellas fugaces, pero eran flechas encendidas que calleron sorpresivamente sobre nuestro refugio, y sobre las demás chozas que se habían elaborado recientemente. Una parte de nosotros -más de la mitad- debía ocuparse de que no se levantase un incendio, y al otra parte debía prepararse para la defensa de nuestro territorio, cuidando a los que estaban atosigados en evitar el desastre, gracias a Dios ya habíamos demostrado ser capaces de repeler los ataques de los salvajes sin entrenamiento, ¿cómo no íbamos a vencerlos si estábamos ahora preparados para vencer?, además de que no estábamos sólos. Al ver el movimiento en nuestro campamento los caníbales lanzaron un grito de guerra que nos apabulló, pero no nos hizo retroceder. Como cuando una bandada de langostas infinitas se abalanza sobre el trigo para devastarlo, así de numerosos se lanzaron en nuestra contra, dejándonos poco espacio para movernos. Comenzó entonces nuestra prueba, nuestro exámen definitivo para probar nuestro valor. Dentro de la pelea Calidmeo usaba de movimientos muy flexibles y graciosos, usando los árboles como escudo, al igual que él, todos llevábamos palos como únicas armas, él saltaba de un lado a otro dejando desorientados a todos, se subía a las ramas de vez en cuando para librarse de que lo rodeasen con facilidad, y entre tanto hacía todo ello se reía, manteniendo un rostro demasiado alegre como para admitirlo dentro de una situación tan seria, era muy indudable que estaba confiado, eso confundía aún más a sus contrarios. Ramgharh andaba a su lado, ayudándole a subir a las maquias altas, y siendo empujado por Calidmeo hacia las copas de los árboles, así el egipcio se permitía el momento oportuno para dar uso del elemento sorpresa desde las alturas, por lo que se mantenía con la vista alerta si veía a algunos de nosotros en peligro, si estaba en el suelo parecía una exhalación cuando se trasladaba de un lado a otro, nadie podía alcanzarlo, era más rápido incluso que el caido Deimos, caminaba graciosamente sobre todos pisando las cabezas y yelmos rudimentarios de los salvajes si era necesario, y lograba así evitar tener que pelear con demasiados hombres si deseaba ir a un sitio determinado que necesitase de su presencia, de ésta forma los caníbales se veían divididos. Hestia había reservado el convertirse en su forma animal cuando fuese verdaderamente requerible, por ello luchaba con los puños igual que los demás héroes. Faetón no necesitaba mucho de los puños, sus manos adoptaban la forma de las garras del dragón, de un solo manotazo dejaba inconscientes a los que se le enfrentasen, y parecía que sus ojos de por sí despedían fuego. Uziel, con su vasta experiencia se había perdido de mi vista, y sólo aparecía detrás de tres o cinco salvajes derrotados. Hyrum y Adad, como siempre luchaban en equipo, el primero sostenía a un caníbal, para que su hermano lo durmiese con uno de sus potentes puños, nadie podía soltarse de los potentes brazos de Hyrum, incluso se desmayaban por falta de aire antes de ser golpeados por Adad, que poseía la habilidad de resistir cualquier clase de golpe, las espadas no podían sajarle, las lanzas se quebraban ante él, y las flechas rebotaban en su cuerpo sin herirle, sólo con el especial entrenamiento que le dio el babilonio fue posible alcanzar tal capacidad. Crátilo aturdía a sus oponentes lanzando poderosos gritos de guerra, y sus puños eran tan veloces que no le daba oportunidad a nadie de poder protegerse. Mastéhual extendía los brazos, después sus manos tomaban forma de cuchillas, con puños y fuertes punzadas se abría paso entre todos, eligiendo los puntos específicos de los cuerpos de sus enemigos que les hacían retorcerse en el suelo, y les quitaba toda la fuerza, nadie podía atinarle un solo golpe, pues los esquivaba de tal manera, que parecía un fantasma incorpóreo, incluso algunos llegaron a temerle por su legendaria rapidez, y como debía hacer según su especial forma de defenderse, detenía las flechas, añadiéndole a ello el hecho de que podía lanzarlas clavándolas en el tronco de los árboles, asustando a todo el que le mirase moverse de ésa manera. Tebunah trataba de mantenerse al margen ya que no poseía muchas habilidades, pero sólo uno que otro movimiento le servía para que no le hiriésen, así mismo Vodur y Nabud, aunque éste último tenía a su favor el hecho de que podía usar su corpulencia y su pesado martillo para dormir a unos cuántos. Yo por otro lado daba uso de movimientos muy estilizados, no muy rápidos, pero extremadamente firmes, tanto, que ningúno pudo hacerme caer al suelo, mi flexibilidad llegaba al extremo de igualar a la de Calidmeo, –aunque los míos eran un tanto más rígidos- los hombres de Kamal no nos decepcionaron, por encima de que Uziel no tuvo el tiempo que hubiese querido para elegir cada una de las formas que le correspondiésen, pudieron dar la talla, apagaron los pequeños fuegos que estaban a punto de convertirse en verdaderos incendios, y lograron dar una buena lección de maestría y disciplina a los hombres de Juliun. En ésta ocasión no importó el número de caníbales que nos enfrentasen, (nos superaban en número de manera tal que cada uno de nosotros tuvo que pelear con hasta cincuenta hombres) al final logramos hacer que se cansasen de pelear, luego de cinco horas contínuas de acción. Al vencer y al ver a los salvajes dar saltos corriendo como cabras, todos prorrumpimos en un grito de victoria, que si no lo oyó Juliun, fue por puros designios de Dios, el Dios verdadero. Una victoria más hizo que olvidásemos todo mal, reconfortando nuestro espíritu. Para nuestra sorpresa de en medio de aquellos que habíamos logrado alejar, se hallaba Kamal con el rostro ensangrentado, había luchado a nuestro favor sin que nosotros lo supiésemos hasta ése momento. De igual forma la gran mayoría de nosotros había sufrido los gajes de la guerra, una guerra que de ningún modo hubiésemos deseado. Debíamos por tanto recuperar nuestras fuerzas, curar heridas, entre tanto otras se abrían. Lo digo por lo que sucedió después, cosa que narraré ya mismo sin salirme ni un punto de la verdad. Debo aclarar antes que no sólo se estaba poniendo a prueba nuestro valor, para entonces se estaba probando también nuestra lealtad. Hestia, luego de ver a Kamal, perdió totalmente el brillo de su sonrisa, ya no levantaba el rostro frente a él, lo apartó para hablarle en secreto, todos los vimos extrañados, mis presentimientos afloraban dentro de mi mente, Dayita comenzaba a inquietarse. Lo que oí luego fue demasiado desgarrador para ser soportado: el grito mezclado con llanto de Kamal, quien no exclamó una sola vez al cielo sino dos y hasta tres veces, hacia el despiadado cielo que ahora le miraba sin titubear, al cielo que no le daba respuesta. Saliendo de detrás de los árboles, hasta donde Hestia lo había llevado, fue directamente hacia Dayita que había intentado distraerse hablando con Faetón, le agarró del cuello, y parecía que iba a desprendérselo de su cuerpo, de no ser porque el dios solar se apresuró a separarles, lo hubiese logrado.
-¡Traidor!-exclamó con voz hiriente entonces el juez de duelos en medio de su gente.
-¿Qué ocurre ésta vez Kamal? ¡Mantened la compostura!- le increpó Faetón.
-Ése hombre que véis- dijo Kamal señalando acusadoramente al que era su fiel y más amado servidor- es digno de una hoguera, o de ser colgado- Myuyutsu, que había osadamente peleado entre nosotros, se llevó ambas manos a su boca conteniendo un grito, rompiendo a llorar, parecía que le habían descubierto en alguna fechoría.
-Calmaos Kamal, explicad ahora mismo lo que sucede- le exigió Faetón de nuevo.
-Éste hombre- replicó Kamal- al que confié mi propia esposa, ¡mi esposa querida!, cuidaba de ella, pero no de la manera que lo había rogado, sino aprovechándose de mi ausencia- ya todos los que estábamos escuchando el alboroto nos imaginábamos lo que sucedía.
-¡No mi amo!- habló Dayita como tratando de fingir sorpresa ante su señor- no debéis escuchar todo lo que dice vuestra respetable esposa, que sólo por vida vuestra la respeto, ella gusta de las rencillas y peleas, bien la conocéis-
-¡No me provoquéis!- le advirtió kamal- no ha sido ella quien me ha revelado todo. Ha sido la diosa Hestia- El rostro de Dayita palideció de pronto cuando se dio cuenta de ello- por el honor de nuestra gente, ahora os exijo que salgáis de aquí, y no volváis nunca más, ni para ver mi rostro, ni el rostro de mi esposa, que permanecerá conmigo por si logro recuperar algo de lo que ya he perdido. Id, lo más lejos que podáis, sois tan indigno que deberíais ir a gatas hasta que vuestras rodillas sangren como las mías sangran ahora, a causa del frenesí con el que luché pensando en mi amada Myuyutsu- Al oírle, precisamente Myuyutsu perdió el control.
-¡No!, ¡esto es mi culpa!, ¡culpadme a mí si lo deseáis!- Kamal ignorándola, tomó la lanza de uno de los hermanos fenicios, amenazando a Dayita, señalándole el vasto bosque para que se fuese, entonces su esposa corrió hacia él, le quitó la lanza, y se la clavó en un costado, agarrando de la mano a su amante, y huyendo con él, perdiéndose en la neblina; para entonces ya amanecía y el melancólico y gris resplandor de aquel día nos llenó de tristeza a todos. Hestia corrió a sacarle la lanza a Kamal, Faetón le sostenía los hombros para que no mordiese el polvo deshonrosamente, y Kamal lloraba sin freno. Entre tanto intentaban curarle, Crátilo se me acercó y me preguntó:
-¿Por qué ahora ha de suceder todo esto, cuando hemos alcanzado algo de gloria?
-Tal vez sea otra prueba Crátilo, debíamos estar dispuestos a superarlas desde le principio, hemos pasado por muchas de ellas, lo sabéis bien- Luego me miró asustado, y en voz baja, como para que otros no supiesen lo que decía me preguntó (el que preguntaba no era el Crátilo ya hombre, sino el de siete años que resurgió sólo por un instante):
-¿Habrán siempre pruebas?- y mi alma se resquebrajó.
Capítulo XVII
<<< El Pago >>>
Me hallaba apartado de todos, en la costa, observando el azul del ponto, deseaba respirar aire puro, que no estuviese viciado de problemas, debía de darme un tiempo para hallarme absorto en mis propias meditaciones, durante mucho tiempo había estado sólo, ya sabía que incluso estando acompañado se puede llegar a sentir tal soledad. No sabía nada del porvenir pero entretenía mi mente en preocuparme de las cosas que no habían sucedido, en los problemas que aún no habían surgido y que no tenía la certeza de que apareciesen. Un puñado de salvajes me observaba, con detenimiento, de hecho empezaba ya a sentir que tenían los ojos puestos sobre mi espalda, aunque no supiese quién fuese. Una vez más, mis presentimientos atinaron a la realidad, al menos cien hombres me rodeaban, creí ver mi hora llegar finalmente, pero no era así. Más de los hombres de Juliun decidieron desertar, no eran demasiados, pero eran más de los que yo esperaba, les llevé a nuestro campamento con el fin de presentárselos a Faetón quien al verme bien pudo haber creído que ésta vez era yo quien les traicionaba, si antes yo no explicaba la situación de entonces. Faetón ignorando el desánimo por el que Kamal atravesaba, le interrogó, le apremiaba el deseo de encontrarse otra vez con el barco de las amuras azules. Kamal le previno de manera tajante, le dijo dónde se hallaba el barco, y cómo se podía llegar a él, sólo debía evitar entrar a hurtadillas no iba a conseguir nada con ello, todo estaba muy bien vigilado, sabía de cierto cargamento muy valioso, contenido en barriles de vino, los cuales Juliun cuidaba muy celosamente. El dios solar entró en pánico al recordar el cargamento de ambrosía sobre el cuál debíamos tener mucho cuidado, si Juliun tenía en su poder tales ventajas, tal vez podía volverse inmortal, aunque fuese sólo un semidios ¿Quién podía negar además la posibilidad de que se supiese lo que el de barba rojiza escondía?, al suceder esto, la ambrosía corría el riesgo de caer en manos peor encaminadas. Debíamos esperar al crecimiento de nuestras fuerzas, hablando de números, desde la llegada de Kamal yo estaba seguro, confiaba en la eficacia de nuestro deseo, convertir más corazones salvajes en corazones más humanizados. Kamal también hablaba de un aproximado de tres mil guerreros en el lado contrario, pero no estaba totalmente informado, podrían ser más, si queríamos entrar a su territorio, recuperar la triacóntera, y salir ilesos al menos debíamos superar los mil guerreros de nuestro lado al obtenerlos, o eso almenos opinaba yo. Revisamos los alrededores de nuestro campamento, en búsqueda de rastros de Dayita, hallamos perdida una de las barcas elaboradas para nuestra pesca, por ello dedujimos el paradero de él y de Myuyutsu, de alguna forma debían estar navegando en medio del vasto mar con el fin de hallar otras tierras donde refugiarse, nada más podíamos adivinar. El resto del día lo ocupamos en revisar los daños causados por el ataque recibido, lastimosamente encontramos los cuerpos sin vida de algunos de los hombres de Kamal, fue algo inherente a nuestra capacidad, escapó ya de nuestras manos, habíamos recibido un sabotaje desproporcionado comparado con el recibido al principio de nuestra estadía. Pasados los días, salvajes desesperados acudían a nuestro territorio deseando añadirse a nuestra causa poco a poco hasta llegar a un número de trescientos hombres y mujeres, nos vimos en la obligación de en la medida de nuestras posibilidades entrenarles lo suficiente como para lograr un nivel parecido al nuestro. Pero sólo se sucedieron dos semanas más, y denuevo fué elaborada una maniobra ofensiva en contra nuestra, no obstante les derrotamos, demostrándoles quién tenía el control sobre las batallas. Durante tres ocasiónes más tuvimos que soportar los constantes intentos de borrarnos de la isla, intentos totalmente frustrados, ya ellos no podían detenernos, habían transcurrido once semanas más, durante aquel tiempo sufrimos incontables escaramuzas, y por encima de ello ya poseíamos un total de novescientos bien entrenados aliados, todos y cada uno con su correspondiente forma animal adaptada a la “gran maestría”. Kamal (quien ya había sanado lo suficiente de la peligrosa lanzada recibida de manos de su amada) tomó también las enseñanzas del babilonio, adoptando la forma menos conocida y más complicada, la de mantis religiosa, Uziel ni siquiera quizo enseñarnos tal forma debido a su importancia, según él no cualquiera poseía las aptitudes para poseer tal forma como estandarte. Nos hallábamos finalmente, luego de todo lo soportado, bien preparados para llevar a cabo nuestra única misión, recuperar a la ‘hija perdida’. Sólo debíamos pensar en algunas ideas para lograr entrar en territorio enemigo sin sufrir muchos daños, y en efecto puse a trabajar mi ingeniosa mente, hasta el momento oportuno dentro de cuál me llegaba un acertado pensamiento. Propuse a Faetón el buscar hacerles de la misma manera como intentaron obrar en nuestra contra con flechas de fuego, pero en su lugar usaríamos de montones de paja encendida y antorchas para aumentar la efectividad de la acción, eso lo haríamos en una parte alejada del territorio contrario con el fin de llamar la atención de una buena parte de salvajes que estén vigilando en medio de las casas de madera. Sólo quedaba un problema, y era la presencia permanente de centinelas en los límites de su morada, los cuáles no se moverían de su sitio ni un negro de uña para dar alarma ante cualquier sospecha de nuestra presencia. Ésta vez el de la buena idea fue Mastéhual, cosa muy adecuada a su personalidad adquirida durante sus fuertes entrenamientos, debido a lo exhótico de la solución, según él debíamos de hacernos cestas de mimbre, tejiéndolas y haciéndolas lo más grandes posibles, elaborándo con ellas tapas redondas y herméticas. Luego debíamos darnos a la tarea de atrapar serpientes, hasta donde se pudiese, guardándolas para el momento indicado, y soltarlas en medio de la batalla con el propósito de espantar no sólo a los vigías, sino a los enemigos restantes. Kamal aprobó la idea evidentemente emocionado, diciendo lo perfecto de la estrategia, enseñandonos con diversas historias graciosas el miedo a las serpientes profesado por sus hermanos. Una mañana nos levantamos muy temprano como de costumbre, pero en lugar de seguir nuestra rutina de entrenamiento nos dedicamos a trabajar en las cestas, en atrapar a las serpientes, posteriormente en elaborar y preparar las antorchas y en recoger la paja necesaria. Nos propusimos para el día siguiente el salir muy temprano con todo listo, hacia nuestra batalla. Logramos pues hacer todos los preparativos, y después nos hallamos muy prontamente en medio de la neblina del bosque antes del amanecer. Faetón, Hestia, Tebunah, Kamal, tres de sus hombres y yo andábamos a caballo, haciendo patrulla alrededor de la formación de los ochocientos hombres dispuestos a pelear (como cien de los nuestros habían obedecido a Faetón quien les ordenaba cuidar nuestro campamento) con el objetivo de repeler a los espías de Juliun. De hecho sólo hallamos uno, al atraparlo le asfixiamos hasta hacerle perder el conocimiento a fin de acallarle evitando alertar a los demás, para inmovilizarle se le ató fuertemente de los pies a los hombros con cuerdas resistentes, colocando además dos o tres serpientes alrededor por si pasaba cerca un amigo suyo. Al llegar a nuestro destino nos bajamos de nuestras monturas rápidamente, dejándolas regresar por su propia cuenta a nuestro refugio como le habíamos enseñado, inmediatamente pusimos manos a la obra acercándonos lo suficiente a los caníbales, ellos nos miraron extrañados al vernos con las cestas, aunque luego corrieron horrorizados al ver las serpientes, pasamos más adelante, del lado oeste de la aldea, espantando en nuestro camino a más salvajes, pronto encendimos el fuego planeado, un fuego grande, incluso llegó a asustarnos, marchamos al ver aproximándose a algunos de los hombres más valientes y determinados de entre los caníbales, que no habían huído, se nos acabaron las serpientes, y nos vimos obligados a empuñar nuestras armas, en su mayoría palos y lanzas, todos exceptuando a los hombres de Kamal nos movimos, hacia el centro de nuestro grupo, si queríamos penetrar hacia la costa para tomar alguna barca debíamos de ser protegidos, en efecto pronto nos rodearon un sinfín de caníbales enterados de nuestra presencia, quienes protegían las cercanías al mar, por órdenes de su dios jefe, no obstante logramos sobreponernos a ellos. De pronto Juliun apareció de en medio de todos, demostrando una fuerza sobrehumana, tal vez producto de haber bebido de la ambrosía guardada anteriormente en nuestra triacóntera, no usaba de ninguna otra arma, sólo sus puños, lanzaba al aire a gran altura a nuestros guerreros. Faetón me miró y dijo:
-Id, acercaos a Kamal, hacedle recordar la técnica secreta, decidle de la montaña, animad también a sus hombres, él debe de hacer lo mismo- así lo hice sin tardar, Kamal volteó hacia sus hombres y gritó algo en su lengua, para sorpresa mía uno de ellos tumbó a Juliun, lanzándose encima de él, los demás siguieron su ejemplo, se hicieron una montaña de hombres precisamente, dejándo al de barba rojiza sin posibilidades. Ya le íbamos a vencer, pero como siempre tenía una treta guardada, durante el tiempo transcurrido en torno a nuestra presencia en la isla, el halcón, el cuál andaba siempre cerca de él, había ido a buscar su cuero, el mismo se hallaba como anteriormente mencioné, en una de las costas estrechas, habiendo sido abandonado tras la posterior transformación de su dueño, el de barba rojiza bebió pues de lo restante en su cuero, del agua mágica, tomando forma de ruiseñor, logrando escapar de la asfixia inminente. Todos quedamos estupefactos al verle ascender fuera de nuestro alcance hacia los cielos, pero Dios, el único Dios le tenía preparada una sorpresa, el gorjeo del halcón nos hizo voltear a verle, venía desde bien arriba, cayendo en picada, lo que le hizo recordar a Crátilo al águila feroz, el halcón cazaba al ruiseñor, persiguiólo frente a nuestra vista hasta alcanzarle, y tomando con su pico el débil buche del mismo le hizo vomitar el restante del agua mágica guardada para su posterior y lógico uso, imposibilitándole volver a su forma humana. Finalmente se posó sobre una maquia, soteniendo al ruiseñor hasta matarle, despedazándole de forma terrible, comiéndose sus sangrientas entrañas. Juliun había finalmente recibido el pago por sus acciónes, había querido intimidarnos al mostrar sus horribles dientes con el deseo de comer nuestras carnes, en su lugar él había sido comido, aunque no me alegro de ello por su puesto. A partir de ése momento el halcón, con el pico ensangrentado, posaba sobre los hombros de Kamal. Teníamos por fin la costa libre, pero debíamos apresurarnos si no queríamos ser alcanzados por el resto de las tropas salvajes, incluso no importaba si dejábamos de buscar la ambrosía escondida por Juliun en la aldea caníbal, no había chance, ni margen para tomar un respiro, tomando tres barcas pequeñas que se hallaban allí partimos todos, excepto los hombres de Kamal, para iniciar la búsqueda de nuestra antigua nave, guiados por él. Tenía una corazonada acerca del paradero de la misma. Cuando estábamos bien alejados de las costas, vimos a lo lejos un punto azúl oscuro entre los escollos, pronto nos dimos cuenta con sobresalto, la triacóntera venía hacia nosotros, tripulada por treinta o más caníbales, y mostrándose en la proa, Myuyutsu.
-¡Vengo en son de paz amado!- gritó ella de lejos, Kamal no sabía qué pensar, o sentir, si rabia, o compasión.
-Kamal, ¿debemos confiar en ella? ¿Ahora?- le preguntó Faetón.
-Hagámoslo sólo por ahora, de todos modos si podemos con tres mil caníbales ¿no podremos vencer a éstos pocos?- así dijo Kamal, por ello decidimos acercarnos hasta ellos, siendo subidos a bordo a través de varias jarcias. Al estar en cubierta, Kamal se acercó a su esposa, y al verle rompió a llorar. Ella mostraba horribles señas de haber sido maltratada, tenía grandes moretones, y el rostro desfigurado por golpes que debieron ser violentos.
-¿Quién os hizo esto?- le preguntó Kamal dejando de llorar, con la sangre ahora encendida en furor- no, no me digáis nada, ya me lo imagino, ha sido Dayita ¿No es así?- como respuesta Myuyutsu sólo clavó los ojos en el suelo- ¡Hay! ¡Mi cerbatillo herido!, ¿cómo os descuidé?, ahora no debéis separaros de mí nunca más – la acercó a sí aprisionando su cabeza sobre su hombro, acariciábale el cabello, después ella le miró a los ojos y le dijo:
-Amor mío, perdonadme por lo terca que he sido, no os volveré a traicionar-
-¿Qué os perdone?- respondió su esposo- olvidadlo, ya lo he hecho, os amo tanto que jamás os guardaría rencor en mi vida-
-Mi señor- dijo ella, señalando a uno de los salvajes- allí está el hombre que me salvó de las manos de Dayita, merece que lo pongáis como segundo sobre todos los vuestros- Aquel hombre, al verse señalado, caminó hacia Kamal al ser llamado por él, y al estar delante suyo, hizo una reverencia. Tomándole de los hombros, Kamal le enderezó, y hablándole le preguntó así:
-¿Cuál es vuestro nombre?-
-Señor- le respondió aquel- no soy digno de mencionar siquiera mi nombre en vuestra presencia, pero en respeto al honor os obedeceré, mi nombre es Aghanashinif, para servirle hasta la muerte-
-¿Cómo habéis hecho para salvar a mi amada esposa?- le preguntó Kamal a Aghanashinif, él señalando a sus compañeros le respondió.
-Ellos venían con el barco por órdenes de Juliun, para llevar cierta cantidad de guerreros para poblar la isla oeste, la de los grandes acantilados, cuando las sirenas nos habían enseñado a no ocupar más espacio del que habíamos recibido como parte de nuestro hogar, así, al ver a vuestra mujer en peligro la reconocí, y también a Dayita, por ello decidí tratar de convencer a algunos para que se uniesen a vuestro bando, un buen número, pues, se unió, pero el resto permaneció fiel a su dios jefe, de ése modo subyugué a Dayita obligándole a entregar a mi gran señora, vuestra esposa- Kamal miró a todos los caníbales presentes, y en tono triunfal dijo así:
-Miradle, de ahora en adelante Aghanashinif será vuestro señor después de mí, en mi ausencia haréis todo lo que él os diga, obedeciéndole con lealtad, hay de aquel que se subordine y se atreva a ser rebelde, iré tras él así me halle en las puertas del Erebo, y le haré pagar personalmente por su sedición- Nuestro plan era dejar a los novecientos guerreros en la enorme ciudadela habitada anteriormente por nosotros (puesto que no volveríamos), debido a su renuencia a viajar a otros lugares abandonando parte de sus familias, las cuáles aún permanecían retenidas con los otros caníbales, además no estaban acostumbrados a movilizarse a ningúna parte, amaban a su tierra como una madre a sus hijos. Navegamos en dirección de un sitio seguro para hacer desambarcar a todos los salvajes traídos por el salvador de Myuyutsu, excepto a un hijo de el, deseó presentárnoslo, expresando su deseo de entregárnoslo a nuestro cuidado. Kamal le miró, y hablándole al tímido jóven, cuya edad no traspasaba las dieciseis primaveras, le dijo:
-Vuestro semblante es muy parecido al de vuestro padre, pero sois más hermoso que él, cómo os han llamado ¿Tenéis madre?-
-Mi señor, mi nombre no es digno de ser mencionado delante de vuestra magnánima presencia, pero por vuestra majestad os lo diré, me llamo Harshvardhan, y estoy a vuestro servicio, hasta al muerte- así le respondió el preclaro hijo de Aghanashinif.
-Excelente- dijo agradablemente sorprendido Kamal- éste jóven es igual de educado que su padre, digno ejemplo de una buena crianza, bien lo aceptaremos en la embarcación, si Faetón no se opone- Faetón sólo se limitó a asentir, dando la autorización para aceptar al muchacho a bordo. Kamal al despedirse de los nuevos guerreros, y de Aghanashinif, dejándole a él también despedirse de su hijo, zarpamos pronto en dirección por fin al inframundo. Kamal, mirando tiernamente a Harshavardhan dijo:
-En lugar de mi hija se me ha dado éste, os amaré como si fuese vuestro padre- y debía de ser así según dijo, ya que Aghanashinif se lo había encomendado con ruegos, súplicas, y llanto mezclado con brillante honor en su rostro, honor de ser siervo de un hombre como Kamal, éste último, el esposo de Myuyutsu, la que gustaba de las contiendas, ciertamente era digno de respetar, el maestro de la bondad, del perdón, casi nadie es capaz de perdonar una traición como la surgida en medio de aquella pareja, y si alguien es capaz de olvidar el agravio, tal persona es muy valiosa. Se reanudó nuestro camino a uno de sus más importantes destinos, Crátilo ya se hallaba demasiado ansioso, de hecho, llevaba ya días, muchos de ellos en ése estado por salvar a Leuce, la preciada ninfa de su corazón.
Capítulo XVIII
<<< Retorno Triunfal >>>
Entre la puerta del inframundo y nosotros había alrededor de trece horas según palabras de Hestia, ello significaba una cosa, alcanzaríamos llegar a la mitad de la cuarta vigilia del día siguiente, eso si remábamos sin detenernos, “la hija pródiga” como ahora Faetón llamaba a la nave, necesitaba de un buen impulso debido al viento de levante constante, el mismo se volvía contrario al navío, no teníamos la ventaja esperada en ésta ocasión, pero de cualquier forma llegaríamos, o esa era mi esperanza, nuestra creencia. Si en cierto modo el sol nos servía de orientación a nuestro camino a pesar de permanecer tras los nimbos, tras la perpetua niebla, la lluvia comenzó a caer como añadidura al terrible frío y a la ya conocida visibilidad limitada. El cielo parecía resquebrajarse en sus alturas, al hacer retumbar la esfera de la tierra con un potente tronar, aviso de la presencia cercana de Zeus, recibimos las órdenes de Faetón para superar la próxima borrasca, con el propósito de resistir en el momento la fuerza de Poseidón, quien con ayuda del dios Eolo ahora levantaba olas gigantes a lo lejos. Calidmeo se acercó al hijo del dios solar asustado, y le preguntó:
-Señor ¿Cómo haremos para soportar los fuertes rayos?, en ésta ocasión no creo que haya ninguna salida, ¡mirad el cielo sobremanera encapotado!, el carbón de las tormentas tiñe el firmamento, forjan los truenos de Zeus denuevo ¡Habrá fuego!- en eso un rayo potente rasgó el aire de arriba a abajo cayendo directamente sobre la lanza de Phigia, sosteniéndola yo en ése momento, ésta absorbió el deslumbrante golpe, evitando siguiese de largo hacia la cubierta. Quedamos sorprendidos en el momento, Mastéhual me quitó la lanza sin decir palabra, alzando la vista al cielo se colocó en posición de lucha, y justo al caer otro rayo, él fue más rápido, alcanzóle, y con la lanza de Phigia, le detuvo. De la bóveda celeste cayeron más y más hijos del relámpago, pero el etíope como uno más de ellos se movía de un lado a otro, engulléndolos, ni uno sólo llegó a caer sobre las tablas de la nave, al tiempo, las centellas insistentes del que acumula nubes no caían recto, sino desviándose, llegaban a reducirse en la jabalina de la hechicera, ella nunca nos había dicho de tales propiedades en su arma, por ello me sentí algo ofuscado, aún más cuando el que sacude el ponto levantaba junto al rey de los vientos una ola peligrosísima, capaz de voltear a la “hija pródiga”, porque Mastéhual empuñó el mango de la lanza, golpeando el aire con ella, haciendo despedir de la misma un blanco y poderoso destello hacia la enorme cresta, rompiéndola totalmente hasta reducirla, haciéndola inofensiva. La lanza no sólo era capaz de resistir los rayos de Zeus, sino también de canalizar su poder hacia donde se le aplicase. De ése modo continuamos bogando insistentemente, al son del tambor tocado como siempre por Faetón, lanzando gritos fuertes en cada braceada, inspirados en el deseo de como siempre salir victoriosos de aquella nueva prueba. La furia más desmedida que nunca de los dioses se dejó sentir, daban la impresión de estar muy frustrados por nuestra causa, por ello no fue fácil soportar el mar agitado, pues por encima de los esfuerzos del etíope el ponto se había vuelto sumamente inestable. Afortunadamente pues, Mastéhual no tuvo que correr más tras los rayos si ya iban a él, sólo se movía para detener las olas cercanas, desde todos lados. Como seis horas después al parecer los dioses perdieron su poder, o se hallaron sus fuerzas disminuídas, los rayos cesaron de caer, y el mar se tranquilizó, sólo el viento seguía soplando recio, pero no lo suficiente como para alzar olas tempestuosas, el mismo ahora era un viento contralisio, aún poco favorable. Hestia se hechó a los brazos del hijo del dios solar besándole en los labios, Faetón correspondióle, devolvió cada beso, luego tomó a la diosa y le hizo reposar en su hombro, obviamente todos exceptuando a Crátilo y a mí les miraban sin haber anticipado tal escena, sintiéndose un tanto extrañados. Al tranquilizarse el ambiente Faetón ordenaba por el momento soltar los remos, y pescar algo para nuestro alimento a pesar de la tempestad pasada, tal situación disminuía la posibilidad de hallar a los peces, no obstante logramos sacar una buena cantidad de los mismos, de toda clase por cierto, hallamos incluso uno que otro pulpo de buen tamaño. El halcón antes del lado de Juliun, ahora del de Kamal, se había ido en dirección de las islas de las sirenas, entre tanto comíamos, descansando del pesado agite, apareció en medio de la obscuridad repentinamente, dándonos un pequeño sobresalto, iluminado por la luz de la nueva lumbre encendida cerca del palo mayor, llegó a posarse sobre los hombros de su nuevo dueño, con una tabla de madera pequeña inscrita por ambos lados entre sus garras, Kamal tomó pues el mensaje, y leyendo en voz alta dijo:
-Señor nuestro, os escribo para informaros que todos vuestros hermanos han aceptado vuestras disposiciónes, presentando de buena gana sus respetos a mi persona. Los que luchaban con vosotros en contra de Juliun lograron escapar, sin embargo llegamos a enterarnos que Dayita planeó de forma exitosa las palabras que usaría delante de nuestros contrarios, asumiendo ahora el liderazgo como su nuevo dios jefe. Nos vemos en la obligación de, a pesar de todo, no abandonar nuestros hogares, ahora todas nuestras familias, las que habían estado bajo el anterior yugo enemigo, escaparon en el momento en el que vuestros guerreros corrían justo después de la caída de Juliun, y se unieron a nosotros. Lucharemos pues hasta el fin, siguiendo vuestro ejemplo sólo defenderemos lo que es nuestro, nunca atacaremos de forma violenta a los que aún poseen nuestra sangre, nuestros padres, nuestras madres, nuestros hermanos, aunque se consideren nuestros enemigos. Vuestro siervo hasta la muerte Aghanashinif.- Todos recibimos gran contento al escuchar la carta excepto Harshvardhan, en lugar de ello se veía preocupado por el futuro de su padre, y Kamal tampoco se hallaba muy eufórico, Dayita como líder enemigo ahora representaba un peligroso obstáculo. No podíamos hacer nada, ahora nos ocupaba nuestro viaje, luego de haber compartido el refrigerio, pronto nos abocamos a trabajar junto a los escálamos. Aquella noche no dormimos con el fin de evitar otra sorpresa de los dioses, al día siguiente avistamos tierra, por fín, teníamos bien cerca nuestro destino. Tardamos un poco más de lo esperado, lo supe al ver el débil resplandor que se asomaba detrás del bosque consagrado a Perséfone, señalándo la salida del sol, además de la densa niebla, un sinfín de brazos alargados, con manos grotescas, deformes, oscuras cual negro azabache, servían de cortinas sombrías, un preámbulo tenebroso para nuestros ojos, querían tal vez hacernos creer en la resurrección de los muertos, en la posibilidad de hallar abierta la boca del tártaro, con el deseo de engullir a la “hija pródiga”, pero la mente juega de formas pasmantes con la realidad de las cosas cuando estamos en extremo nerviosos, sòlo eran àlamos y sauces totalmente muertos, sin un ápice de esperanaza para volver a florecer en el albor del regreso de una vida perdida. Si el otoño estaba tan alargado según era lògico debido a la ausencia del invierno, también era lógico el hecho de la existencia de tal aparición. Claro, no podía llegar a ser simple, el regreso al inframundo (el de Crátilo y el mío) debía de ser espeluznantemente triunfal, yo creo, con toda seguridad en la posibilidad detestable de ver incluso hablando a la morada del invisible Hades (invisible ante los ojos de los mortales pero no para Dios), mientras dice “¡Ah, he allí mi adversario!, y va con su nuevo compañero, ¡Venid pues, aquí os espero!, si antes os asustaba, ahora estando de nuevo en mis confines, os amedrantaré hasta la misma muerte, ¡Ya os conozco!”. Hubiese podido ser tan cierto ésta última parte de dicho discurso, que en verdad acertaría a afirmar la verdad: no sólo nos conoció de habernos visto llegar a él, sino también conoció cada debilidad de nuestros espíritus. Nos preparamos para encallar en la playa, si alzaba la vista, podía observar detrás de todo, cómo la luna hacía también su parte dentro de las claras señales celestes, dibujando un débil círculo blanco, dorado, completo, perfecto, sobre las frías gotas suspendidas, imperceptibles, de la otra cortina melancólica, producto del crónida vanidoso, con razón olvidé escuchar pasivamente el rumor marino, escena tan distante, no estábamos siendo arropados ya por él, porque el seco bulto de la tierra empezaba a absorber todo sonido agradable al oído, engullendo con ello a la luz, por si no nos lograba tragar. La naríz del navío si rugiò entre la arena, rompiendo un poco la costa, con diminuta abertura, me atrevo a compararla con la brecha abierta de la herida en los labios causado por una copa sajada. La sangre corre profusamente en ésas ocasiónes, el pobre no puede hacerse de una copa de oro bien hecha y cuidada. Los miserables fuímos en ése preciso momento, y cuando descendimos a la arena, algo pudimos avistar, no hubiese deseado estar allí si hubiese sabido sobre la multitud de fantasmas. Un sin número de ellos habían ido a recibirnos, no supe si eran espíritus reales, o si era una visión producida por los dioses con el fin de amedrentar nuestro ánimo. Las sombras etéreas, (las que se movían) las blancas, grises y negras apariciónes andaban flotando entre los secos troncos de los àrboles, tanto de los caídos como de los que aún mantenían su alma suspendida entre raices y aire. De ellos rugía un llanto desesperante, me tapaba para no escucharle, pero se metía dentro de mi cabeza la negra moria, junto al amargo lamento, preferí entonces enfrentarlo todo, si pude descansar de un ambiente como ése, sólo fue durante corto periodo, ya debía de estar acostumbrado, diez años no pasan rápidamente, ni aún en el presente, en el cuál plasmo ésta historia por medio del infinito del pensamiento, o imaginación ordenada diría. Todos los héroes se hallaban atónitos, paralizados frente a la triacóntera, la cuál reposaba ya sobre su puntal, dadas las condiciónes yo debía de animarles, por ello me adelanté, me dí la vuelta hacia ellos, y poniéndome enfrente hablé desde lo profundo de mis entrañas diciendo:
-Si no apartáis los ojos de la imagen negativa que se os dibuja tan a propósito para arrancarles el valor del pecho, los sacudiré, uno por uno, no importa si luego sangráis por las narices, ¡Oíd, afirmad vuestros pies, levantad vuestro rostro, y caminad de frente, sin mirar atrás!, hasta que estemos en medio del campo de batalla, ¡en medio de la nueva lid! – sólo Crátilo pues, desprendióse del suelo arenoso para ir en búsca de Quimera, de Bridela, de todo el ejército de almas errantes. Le siguió Faetón, tras él, muy cerca, Hestia, y seguidamente todos los demás, para entrar al bosque muerto. De hecho no había nada de vida dentro del mismo, ni siquiera el suelo poseía algúna verdosa brizna, se había endurecido a la medida de nuestro andar, mostrándose resquebrajado en su superficie, un desierto extenso mostrábase en su faz. A nuestros lados, frente a nuestros rostros, como buscando atención pasaban los espectros, no obstante así como no volteamos a atrás, tampoco osamos cruzar la mirada con algúno de ellos, teníamos los ojos clavados en la delantera, estando allí por cierto la misma no era ya muy sombría, la mañana iba avanzando por encima de todo. La claridad no era motivo de alegría, ésta nos descubrió una multitud de huesos secos regados por todo el estéril tramo, un número tan álto de ellos, que me atreví a pensar en la probabilidad de que perteneciesen a toda la fauna, anteriormente moradora del lugar, y a un montón de seres pertenecientes al dios de las sombras, según empecé a dilucidar. Al estar rodeados de los ignominiosos restos, comenzaron a cobrar vida, vibraban como movidos por un temblor superficial, pero no había ningún movimiento bajo la planta de nuestros pies, giraron entorno a sí mismos, danzaban entre ellos, en todas direcciónes se desplazaron y formaron figuras incompletas, después parecían unirse unos con otros, encajando perfectamente en grupos específicos, formando entonces criaturas esqueléticas, en su aspecto mostrábanse perros, lobos, grandes leones, y muchos otros animales, algunos irreconocibles, los cuáles ya no flotaban, se mantenían en pié encarándonos, levantaban un ejército muerto sobre nosotros. Una de las criaturas de tamaño mediano, se acercó a Nabud haciendo crujir los afilados colmillos de su cráneo como parte de su amenazante gruñido, el sumerio sólo se limitó a alzar el potente martillo para descargarlo furiosamente sobre la bestia, haciéndola pedazos sin necesitar ayuda de otro golpe. Ya otra figura terrible saltaba detrás de Uziel, el cuál empuñó su katana para, en un tajo horizontal, partirla en dos, cortando su mandíbula, su cuerpo, e inutilizándola hasta la cola. Hyrum y su hermano se protejían juntos, espalda con espalda, con los escudos de madera en alto, embistiendo con las lanzas en lo posible a todas las criaturas cercanas, pero como se vieran en apuros, soltaban los escudos, y con ambas manos usaban sus armas como las usaron en territorio caníbal, ya que enristrarlas no les favorecía demasiado, ¿qué corazónes, o qué entrañas podían atravesar con ellas?, era como luchar contra el viento. Así también se veía imposibilitada Tebunah, si no usaba de los puños para defenderse, su venablo era nulo ante las formas monstruosas de la negra moria. De ése modo dábamos inicio a la primera escaramuza cercana a la boca de la morada de los espíritus, los cuáles aún se mantenían en medio de todos, por ende tropezábamos muy a menudo con ellos, claro que sin sentir nada más que un escalofrío tenebroso al traspasar sus cuerpos traslúcidos, de pronto Kamal se distrajo, alejándose un poco al ver en una parte el rostro pálido del de barba rojiza, ahora también transformado en un espíritu errante. Juliun, en su forma espectral se acercaba a Kamal con algo albo entre sus brazos, un pequeño cuerpo tapado de lináceas telas incorpóreas. Myuyutsu, pudo ver a su esposo de lejos, cuando se dio cuenta de que ya no estaba a su lado, corrió pues para ver qué le sucedía, en ése instante Kamal vislumbró un bebé llorando (su llanto transformado en incontables e insufribles ecos desde lados imprecisos) entre aquellos brazos iridescentes de Juliun, cuando el bebé alzo su manita izquierda, mostró en su muñeca la pulsera que había sido regalo de su padre. Al reconocer a su hija, el juez de las peleas entre su gente quedó totalmente paralizado, su esposa ya iba cerca de él, cuando una de las fieras de hueso se abalanzaba para herir a Kamal en un brazo con sus fauces. Myuyutsu corrió entonces hacia Nabud, quien no se hallaba tan lejos ni tan atareado, quitándole luego el martillo, dirigiéndose con el mismo hasta su esposo, para, no con fuerzas en sus brazos, pero sí con todo celo causado por el amor que le tenía al dueño de su corazón, golpear a la criatura desprendiéndole gran parte de su lomo, y de sus patas traseras; ésta última quedó tendida en el suelo sin mostrar más movimientos. Crátilo estaba junto a mí, ayudándome a cubrirme detrás del escudo de Orión, estábamos venciendo a las variadas formas esqueléticas de nuestro lado, pero mi amigo se vió confundido al avistar un poco más lejos de nosotros un resplandor dorado, entre los secos árboles, tal vez no debió fijar su atención, vió a su madre, a su padre a al lado de ella, y caminando mientras le tomaba la mano a éste, su hermana. Cuando Crátilo se dio cuenta del propósito de los dioses, no les hizo caso, y siguió peleando sin dejarse embelesar. Yo también ví a su familia, no pude seguir adelante en mi defensa, algo se apoderó de mí, un sopor tras aquella visión, caí sobre mis rodillas, entonces Crátilo no se apartó de mí un momento, y mucho menos cuando vió a mi progenitora extendiendo su mano para acariciarme el rostro. Una vez terminada la refriega, el suelo se hallaba una vez más cubierto de huesos, pero éstos, ésta vez, se hallaban hechos añicos. Crátilo me sacudía, lográndome sacar de la pesadumbre y diciendo:
-Arriba Ettos, agradeced que quien os sacude ahora soy yo- allí ví a Faetón, mientras yo me levantaba, con el rostro ensombrecido, más de lo normal, a causa de haber visto a Clímene flotando sobre nuestras cabezas, allí fue que lo supe: todos aquellos fantasmas formaban parte de la realidad, aunque aún no estaba totalmente seguro. Sólo habíamos visto espíritus, los cuáles no hablan, ni razónan, sólo lloran, según aprendí estando en el Erebo, no obstante, quedé consternado al ver a mi madre como si me hubiese reconocido, sólo eso no pude explicar, ‘puede ser que lejos del tártaro los muertos adquieren algo de conciencia’, pensé. Ahora, ¿quién más no iba a desear la muerte de Clímene sino Helios?. El hijo del dios solar alzó los brazos a ella y dijo:
-¿Quién os ha segado la vida?, madre, si en verdad estáis acá, no tardaré en averiguarlo, ¡hay padre! ¡Si sois el culpable de esto no esperéis que os agradezca claro! – tuve que acercarme a él , seguía lanzando improperios al aire, así que le interrumpí con éstas palabras:
-Dejad la ira a un lado Faetón, eso no os harà nada bien, ¿Quién no va a asegurar que Hades a decidido dejar abierto el pórtico del inframundo para hacernos ver todo esto con el fin de desanimarnos, desmoralizandonos, hasta que no tengamos ganas de ir por la justicia?- Faetón quitó la vista del espíritu de su madre, mirándome al entender mis palabras, y recobrando el sentido, habló así:
- Pues no hemos de detenernos sólo por lo que hemos visto, vamos, sigamos pues adelante- pero Kamal aún seguía a los pies de Juliun, el cuál con su hija aún en sus manos, le miraba con expresión perversa en su rostro, Myuyutsu le llamaba, trataba de hacerle volver a su estado conciente, no siendo posible Faetón me llamó para que tomásemos a Kamal de los hombros, levantándole, siendo necesario arrastrarle para alejarlo del sufrimiento, y de ésta forma seguir nuestro camino. Myuyutsu, se acercó al fantasma del de barba rojiza, y colocando sus brazos alrededor del espíritu de su hija, se la quitó sin vacilar, yendo tras nuestro paso posteriormente, me sorpendió haber visto aquello. Tras ella los demás espíritus nos siguieron, a la par de los que nos encontramos más adelante. Habían demasiados, alguna vez había llegado a imaginarme la gran cantidad de humanos que había muerto desde su existencia sobre la tierra, no obstante haberlo visto con mis propios ojos no fue nada parecido. El camino mostrábase ahora cada vez más limpio, sin señales de la muerte, sin más fronda, con ello avisorábamos la cercanía de la entrada al mundo subterráneo, marcado según la diosa de los fuegos hogareños por una enorme roca, detrás de la cuál se podía pasar por un ancho pasadizo conectado a la rivera donde el río Flegetonte iba a encontrarse con las aguas del río Aqueronte, y donde Caronte seguro nos aguardaba con deseos de manejar nuestro rumbo. Kamal, apaciguado en su agitación, volviendo en sí, sólo se limitó a quedarse cerca de su esposa y del fantasma de su hija, sin dar más cabida al llanto. Faetón se adelantó para ponerse en medio de nuestro andar, alzando las manos, señalándo que nos detuviésemos, para hablar de ésta manera:
-Oíd, ya es hora de colegir quién será el que entrará al inframundo, recordad que no hay garantía algúna de salir de un lugar tan peligroso con vida y salud…-
-No gran Faetón- le interrumpí- opino que no es necesario que discutamos mucho el asunto, yo he visto lo que la negra morada de las almas esconde, y puedo afirmar con toda propiedad que ningún mortal debería entrar allá, ya he pensado quiénes debemos ser los que acompañen a Crátilo en su deseo de salvar a Leuce, sólo quien es hijo de Helios puede tener las virtudes para tal misión, y yo, que tengo vasta experiencia de cómo sobrevivir entre las sombras eternas, puedo volver a ellas sin ningún problema. Hestia podría acompañarnos, pero su autoridad maternal es muy necesaria para proteger la moral de los que han viajado entre nosotros hasta hoy-
-Estoy de acuerdo- dijo la diosa de los fuegos hogareños- no pretendo ser testigo del reino de Hades, ni de lo que hay allá- Faetón miró a los demás héroes y preguntó:
-¿Quién había puesto en su corazón el entrar al inframundo?- pero nadie contestó- bien – continuó el hijo del dios solar- es claro que ningún mortal, o dios, ama a las tinieblas, o almenos vivir en ellas, en verdad a la mayoría de los seres les desagrada tal idea, lo cierto es que luego no encontraréis un lugar cercano donde podáis refugiaros entre tanto salvamos a la ninfa-
-Ah eso no es problema- dijo Hestia- si vamos mucho más al sur, al salir del bosque consagrado a Perséfone, de seguro nos rodeará un ambiente totalmente diferente- así habló, al haber llegado a un acuerdo sobre nuestros próximos movimientos, nos separamos en ése punto, de modo que sólo quedamos al final Faetón, Crátilo y yo, con la gran responsabilidad de representar a la luz sobre las tinieblas. Pero Tebunah, no sé cómo, utilizó a los fantasmas para mezclarse entre ellos y como era experta en camuflarse, desapareció ante la vista de todos, ocultándose detrás de la niebla, para seguir nuestros pasos. Si las cosas previstas por Dios fuesen fáciles de entender, de seguro yo hubiese podido anticipar los acontecimientos ocurridos posteriormente en torno a Calidmeo, debo decir por cierto que éste fue tras la cazadora legendaria al apenas percibir su ausencia, haciendo lo mismo que ella para no ser hallado. Faetón siguió la ruta dada por Hestia, como ya no habían secos sauces impidiéndonos ver más allá, alcanzamos a ubicar a la distancia la entrada de gran tamaño esculpida en la roca descrita por la diosa. Cuando estuvimos frente a aquella puerta del inframundo, en su interior sólo se podía ver un gris fondo, como si la claridad del día se detuviese secamente desde el dintel de la morada sombría y no lograse traspasarle, por ello, al cruzarla, nos vimos transportados al interior de un pasadizo casi inteligible, que a la medida de nuestro andar se achicaba, ya no pudimos ver nada, pero el bullicio de los espíritus que hace rato nos seguían, se intensificó sobremanera, mientras se prolongaba nuestro torpe andar a través de las voces las cuáles parecían sumarse, aumentando hasta superar la multitud de los que ya escuchábamos. En medio de la opacidad extrema, una gran llamarada nos cegó, pasando frente a nuestro camino, de izquierda a derecha, iluminando el final del mismo, el cuál se cortaba en un precipicio no muy pronunciado, como de trece codos, bordeado a su derecha por el río Aqueronte -sobre éste flotaban errantes un incontable ejército de almas suplicantes- y a la izquierda por el río Flegetonte, el mismo se hallaba prendido en llamas muy altas, cosa que no nos habían advertido, ni yo había visto anteriormente. Ambas corrientes se habían vuelto opuestas, una de agua, la otra de largas llamaradas, chocaban entre sí, anulándose constantemente, el vapor ascendía en medio de ellas, formando una columna altísima, aquello debía ser obra de Hades, no quería que pasásemos fácilmente hacia su trono. Queríamos llegar hasta aquel punto, pues así podríamos alcanzar alguna manera de apagar su fuego, para cruzar el Flegetonte por un lado en el que se pudiesen superar las llamas de su cauce antes tendríamos que pasar por el valle de los lamentos, y yo quería evitarle aquel trance a Crátilo. Si nos atrevíamos a tocar la rápida afluente del Aqueronte estábamos en riesgo de ser arrastrados hacia el Flegetonte, por eso no pudimos tomar aquel camino que nos hubiese llevado directamente hasta Leuce en ése momento. Si intentábamos cruzar el Flegetonte, teníamos seguro que pronto nuestras cenizas volarían en medio del consiguiente humo. Teníamos miedo a arriesgarnos, excepto Crátilo, quien al percibir dicho sentimiento en nuestro semblante sencillamente se lanzó a la columna de vapor. Se sintió golpeado por aquella bruma inestable, pero luego se halló flotando suavemente, empujado por un aire caliente pero soportable, hacia adelante. Obviamente no soltó el escudo de Orión, ni dejó caer la espada del hado. Lentamente se sintó bajando de altitud, acercándose hacia una sombra, con el tiempo ésta llegó a moldearse tomando un color verdoso. La sombra parecía estar de pié sobre un bulto negro, con una luminiscencia naranja del lado izquierdo, Crátilo se dirigía a ella, sus ojos se nublaron impidiéndole ver con claridad momentáneamente. El viento cesó tras él, parecía que había un límie para su avance, entonces cayó sobre algo de madera, a los pies de la sombra. Cuando se puso de pie, pudo recuperar la vista, hallándose en frente de un descarnado anciano, vestido de una túnica verde oscura, que despedía un resplandor del mismo color, con un báculo en su mano izquierda, cuya punta ardía, en una barca que levitaba sobre la corriente del río Cocito.
Tebunah nos había perdido de vista desde el momento en que entramos, pero al seguir nuestro rastro, vió que el mismo terminaba súbitamente al pie de una colina, en donde debía de estar la gran roca, pero no había nada. Hades de algún modo ocultó aquella puerta para que nadie pudiese entrar o salir. Calidmeo, al no poder ocultarse más, se descubrió ante Tebunah, que buscaba desesperada la forma de seguir hacia la morada subterránea, al ver al siervo de Faetón, se asustó, y le detuvo sin permitir que se acercase más.
- ¿Porqué me habéis seguido?- le preguntó la cazadora- ¿Habéis guiado a los demás?, seguro me habéis acusado de algo-
-No, no es así Tebunah-replicó Calidmeo- tranquilizaos, nadie viene tras nosotros, yo sólo me he preocupado por vuestra seguridad- Tebunah frunció el ceño al escuchar esto último, y luego dijo:
-¿Desde cuándo os preocupa lo que ha de sucederme?, yo puedo cuidarme sola- así discutían, pero no se daban cuenta de que estaban siendo vigilados, pese a que la mañana ya envejecía, aclarando más y más el panorama, aún permanecían espíritus vagando por todos lados, claro que no sólo ellos les observaban.
- Tebunah sois amiga nuestra- decía Calidmeo- por ello me preocupo, pero está bien, podéis seguir sola si así lo deseáis- ya el siervo de Faetón se daba la vuelta para marcharse cuando algo que vió lo detuvo, Tebunah le decía allí:
-Esperad, no importa, ya estáis aquí, si os volvéis, los demás querrán interrogaros sobre mí, y sobre lo que hacíais- pero Calidmeo no respondía. La cazadora corrió a su lado, para tratar de descubrir lo que él veía, entonces avistó el alma de Faetón, y la mía, quietos, con nuestra atención puesta en ellos, en plena conciencia, sin todavía saber lo que nos había ocurrido. El hijo de Helios, en su forma incorpórea se acercó a ambos, y pudiendo hablar dijo así:
-Escuchad- un potente eco de su voz retumbó en torno el lugar- aún no sabemos si hemos muerto, o si hemos sido suspendidos en un sueño extraño, lo que me queda deciros es que he escuchado a alguien hablándole a mi conciencia y diciéndome que tenéis una misión: para que Crátilo pueda cruzar el río Cocito, rodeando el gran pantano hasta llegar al pórtico de Hades, Caronte exige que busquéis una de las hojas del olmo de los falsos sueños, y la traigáis ante nuestros espírius, si no lo hacéis, Crátilo fallecerá de tanto esperar para emprender su viaje, tampoco podrá moverse para escapar de su espera, pero si lo hacéis, os ganaréis el favor del portero de la moria oscura, y el nos ayudara en lo que le pidamos- Calidmeo, no podía salir de su asombro, la temeraria de Tebunah incluso, se hallaba perpleja, pero luego, recobrando el temple se dirigió a mi diciendo:
-Ettos, ¿acaso podréis guiarnos hasta el olmo?- entonces colocándome al lado de Faetón, le hablé precedido por un fuerte eco, de ésta manera:
-Tebunah, no puedo, pues no nos es permitido movernos libremente, sólo os puedo decir que si camináis siempre hacia el sur desde acá, hallaréis el camino, ¡debéis apresuraros, no hay tiempo que perder!- la amazona giró su rostro, y Calidmeo también, ambos se miraron por un pequeño instante, luego Tebunah tomó del brazo al siervo de Faetón, para que comenzase a caminar junto a ella, dirigiéndose a la extendida e hinóspita faz de ése lado de la tierra que les esperaba sin inmutarse, dejándonos al hijo de Helios y a mi en un suspenso forzado, la luna, a pleno día, totalmente enfrente de los que habían partido.
Capítulo XIX
<<< Corrientes Adversas >>>
La niebla se hizo ésa vez extremadamente densa para Tebunah y Calidmeo, debieron permanecer muy juntos para no perderse, la luz plateada de la señora de la noche, que junto al sol reinaba aquel día, podía servirles de guía, pero nada más, no podían ver a la distancia, todos los campos se hallaban cubiertos. Un olor fétido llegó a ellos, un olor de cadáveres, insoportable, que les hizo querer taparse las narices, el respirar se les dificultó, algo por allí se pudría aceleradamente, pues las moscas les empezaron a rodear, apareciendo de todos lados, pero no era la única señal de veradera vida hasta entonces. Escucharon las voces lejanas de los cuervos , los cuales entre tanto avanzaban más, llegaron a aparecer sobre sus cabezas, tratando de picotearles los brazos, o el cuello, viéndose recibidos de ésa manera comenzaron a correr tomados de las manos, pero Calidmeo tropezó y cayó sobre el cadáver de un guerrero. Tebunah se alarmó cuando al voltear vió cientos de cadáveres más por el suelo, parecía como si una cruel batalla se hubiese librado en aquel campo. El siervo de Faetón se asustó, apretó la empuñadura de su espada, adoptando una posición de alerta, la amazona comenzo a mover los cuerpos sin vida, espantando a los cuervos que se alimentaban vorazmente, entre tanto Calidmeo observaba extrañado.
¿Qué hacéis?- le preguntó Calidmeo.
-¡Calla!- le increpó la cazadora legendaria- tomad- le dijo entre tanto levantaba una espada aún mayor que la de Calidmeo, también le entregó un gran pavés, y un hermoso casco de oro, con crines de caballo coloreados en un rojo carmesí, el siervo de Faetón se veía imponene al colocarse finalmente junto a ello, una coraza broncínea reluciente, aunque un poco manchada de sangre. Tebunah por su parte se hizo de un plateado casco sin cimera, también llevó unas hombreras, y un par de coderas, sin colocarse un peto por su deseo de estar ligera y respirar libremente; colocó su venablo en su espalda, tomó un escudo pequeño, ajustable al antebrazo izquierdo, y tomó un par de gladius, con ello se armaron para continuar caminando. Más adelante se detuvieron al ver a través de la espesa bruma, un ejército de grebas plateadas avanzando hacia ellos, pero se espantaron aún más al ver mejor, cuando la niebla se hubo retirado un poco, a un centenar de guerreros, descarnados, con el rostro destrozado, mostrando los ligamentos de sus mandíbulas en ellos, algunos sin ojos, o sin un brazo, o con parte de sus costillas expuestas. Eran muertos vivientes, era una formación ordenada de ellos, frente a la cual, uno, con un porte superior, marchaba tomando liderazgo de la tropa. La mitad de su cara acabada, uno de sus hombros expuesto hasta el hueso, del cuál bullían gusanos asquerosos, y de gran estatura, éste capitan de la moria se detuvo, alzó su jabalina, y con ella detuvo a todos los soldados tras sí. Luego caminando hacia nuestros héroes se aproximó, manteniendo la distancia necesaria como para ser escuchado, y esto fue lo que dijo, con una voz desgarrada:
-¿Quién se atreve a acercarse a la horda de los muertos?, ¿habéis sido enviados por Hades para formar parte de nuestras huestes?, ¿quién sois? – entonces Calidmeo tomando valor respondió varonilmente:
-¡Mi nombre es Calidmeo!, siervo del hijo de Helios, quién me acompaña, una avesada Amazona, es Tebunah, y no somos enviados de Hades sino que venimos por nuestra propia voluntad, buscamos camino hacia el olmo de los falsos sueños, les exijo que abráis paso o si no seréis obstáculo de la justicia-
-De ningún modo- respondió la asquerosa visión de la muerte- sólo oíd ¿de dónde creéis que hades saca el alimento de Cerbero, el de Quimera, o el de la Hidra que ahora está en sus posesiónes?, nosotros, los que veis con tanta impresión, somos su diaria comida, somos guerreros que, al haber fallecido en medio de la batalla, sin haber sido sepultados sin poseer famlia sobre la tierra, somos traídos aquí, revividos para que la frescura de nuestras carnes no se pierda demasiado rápido, estamos muertos, pero nuestro espíritu aún es capaz de mover nuestros huesos, obviamente todo es artificio del rey de las tinieblas, el cuál si ve que entre algunos de nosotros alguien se opone a su voluntad, ése es llevado ante alguna de sus criaturas, al principio se nos da el chance de defendernos ante ellas, pero si nos vencen, somos devorados sin piedad. Ahora no podemos permitir que valláis al olmo de los falsos sueños, si tenéis algún plan en contra de los dioses, y menos ahora, si es en contra del inframundo. Hades nos hará sufrir eternamente en nuestras almas si lo traicionamos- así dijo, de ésa forma se dio la vuelta, uniéndose de nuevo a sus iguales, Calidmeo se vió allí confundido:
-¿Qué haremos ahora?- le preguntó a la amazona- recordad que no podemos ser asesinos-
-¿Asesinos de la muerte?- replicó Tebunah - ¿no habéis prestado atención?, ellos ya están muertos, Hades ha hecho mal con detenerles aferrándoles a sus cuerpos putrefactos, si los hacemos caer en verdad los habremos liberado, y no seríamos crueles asesinos- ya el mísero capitán se disponía a lanzar un grito de guerra potente, alebrestando a todos los demás muertos vivientes, que prontamente corrieron hacia los dos únicos contrarios, parecía una pelea injusta, imposible de ganar, pero no por eso Tebunah se apartó dándole la espalda al ignominioso ejército, ni calidmeo se apartó de su lado. En realidad tenían una gran ventaja de su parte, los guerreros descarnados eran torpes en su andar, no eran muy ágiles al estar debilitados por la moria, podían ser tumbados y desarmados con facilidad, Tebunah, esquivando lanzadas, achazos, y golpes se movía a diferencia de ellos con mucha rapidez, se limitaba a degollarles para aprovechar el tiempo, pues eran muchos, casi incontables, el siervo de Faetón la seguía, protegiéndole en lo posible, mientras sajaba y cortaba a todo guerrero argivo que se le acercase. La gran cantidad de enemigos les hizo caer en agotamiento, sus fuerzas empezaron a disminuir, ya estaban muy cerca de rendirse pero no podían escapar a ningúna parte porque estando cercados por la multitud de guerreros no podían casi moverse, Calidmeo no podía utilizar de sus habilidades en la “gran maestría” pues además de que estaba agotado, en aquél sitio no habían árboles para su apoyo que le permitiese almenos buscar refugio pronto, o un escape seguro junto a la amazona. En un punto Tebunah se separó de él, y se vió acorralada, el capitán descarnado luego se puso enfrente de la amazona, siendo el más fuerte y peligroso enemigo de todos, éste en un asalto empuñó su espada para clavarsela en el vientre, Calidmeo al ver a su compañera en peligro, se abrió paso como pudo, empujando con el escudo, y lanzando cuchilladas de un lado a otro, hasta poder ponerse en medio, deteniendo en seco el golpe que hubiese segado la vida de la amazona con otro golpe proveniente de su espada. De hecho, en un momento tan difícil nuestros héroes hubiesen caído a los pies de la derrota, si no fuese porque un grito lejano llamó la atención del ejército de los muertos vivientes, un grito acompañado de las exclamaciónes amenazantes de otros guerreros que rodeaban el campo apareciendo desde los cuatro puntos cardinales. El capitán de la moria huyó, una sonrisa nerviosa por la inesperada victoria se dibujaba en la faz de Tebunah, y el siervo de Faetón se hallaba muy confundido al ver a los nuevos guerreros que llegaban, éstos totalmente vivos, sin estar expuestos sus huesos, ni decaídas las piernas, más bien fornidos y de relucientes grebas. Daban señas de pertenecer a Atenas, usaban capas, poseían falanges en sus filas, se veían bien ordenados, hicieron correr a los muertos vivientes. De en medio de todos ellos, cuando ya no quedaban enemigos que combatir, apareció un hombre, de reluciente montura, su escudo mostraba una empresa vistosa, cuyo símbolo era un águila en vuelo ofensivo, llevaba un broncíneo casco de crines doradas. Se acercó a Calidmeo y a la amazona, y les habló diciendo:
-No debéis temer, somos amigos de la justicia, delante de ustedes, Diomedes, deseo informaros sobre cosas importantes, desde siempre se cuenta sobre la triste suerte de los guerreros insepultos, solitarios, son llevados por un ser despreciable, escondidos luego y amontonados en éstos campos, pero esperamos que ya no suceda. Con más razón cuando hemos sido víctimas de tal ladrón, un día por cierto le sorprendimos haciendo lo propio en mis tierras, le seguimos hasta acá y planeamos un asalto como éste, pero al olvidarlo tardamos mucho en hacerlo realidad. Hace poco deseé vivir en la gran ciudad de Atenas, y escuché sobre los pregones de una amazona, quién aliada a un grupo de supuestos cimerios, y acompañada de las de su raza, decía que poseía la verdad sobre los dioses. Cuando pude encontrarla, le interrogué, y me convenció de tal verdad, no penséis por ello que he venido sólo a vengarme, no lo hagáis, también he venido a buscar a uno llamado Crátilo, el autor implicado de la idea que destruirá al olimpo, y a un guerrero cuyo nombre es Ettos, a quien ya conozco, insigne héroe durante duros tiempos, escuché que además de ser poseedor de la verdad, es un hijo renegado de Prometeo- Calidmeo hallábase pensativo, y quizo respondele al renombado guerrero con éstas palabras:
-Si buscáis a Ettos, o a Crátilo, no va a ser fácil encontrarles, mucho menos si os digo que se hallan en el inframundo, el primero tristemente ya convertido en un espíritu iridescente, el segundo no sabemos si atrapado en la boca del tártaro, nosotros veníamos de allá, y no podremos volver para llevaros a conocer a tan importantes personajes, si no cumplimos primero con una misión que nos confió Cerbero para hallar de su parte ayuda pronta, no tendremos otra libertad.-
-Ya imagino quién os ha informado de todo lo que necesitabais saber para veros motivados a venir- señaló Tebunah dirigiéndose al astuto cazador- pero ¿Para qué buscáis al gran Ettos, o al asesino de Cerbero?-
-Para ayudarles- respondió Diomedes- a ellos y a quienes sean sus amigos, por su puesto no estoy sólo, conmigo algúnos hombres de entre toda Grecia que son irreprochables, siervos de la ciudad de Atenas, que ahora mismo se halla profundamente dividida a causa de sus eruditos más reconocidos, puesto que unos están a favor de vosotros, y otros se han declarado fieles servidores de los dioses, diciendo que nunca dejarán de obedecerles, y es claro que los moradores del Olimpo les favorecen-
-Sin duda- afirmó Tebunah- habéis demostrado vuestro deseo de participar con nosotros en la justicia de la que hablábais, podéis ir con nosotros si lo ansiáis, pero si en verdad decidís ser de utilidad, imagino que iréis al inframundo, junto a vuestros hombres- al oir ello, los de relucientes grebas se estremecieron, y Deimos dijo así:
-Ya lo veremos, ahora, iremos juntos primero al olmo de los falsos sueños, y luego haremos lo que nos pidáis para terminar de ganar vuestra confianza- la legendaria amazona accedió ante la voluntad del astuto cazador, Calidmeo tampoco se opuso, cualquier ayuda en aquel difícil momento debía ser aceptada. La amada eterna del sol en los poéticos cantos de los aedos se ocultaba ya, por ende debían apresurarse si no querían perder la orientación, cuando avanzaron, el suelo comenzó a cambiar de faz, volviéndose cada vez más fértil, menos seco, los arbustos hicieron aparición en medio de la hierba corta, junto a zarzales espinosos, lo que dificultó un poco la marcha de la gran escuadra de guerreros, la cuál se vió en la necesidad de detenerse cuando se vieron rodeados de la peligrosa maleza. Sólo su caudillo, y nuestros héroes, continuaron adentrándose. Flores azules comenzaban a emerger de los espinos, aunque pareciece extraño, y el paisaje se clarificó al quitarse un poco de en medio la niebla. Pero las flores no se mantuvieron en sus corolas, pues cayeron poco a poco, hasta formar una lluvia pequeña sobre los tres guerreros, a causa de la altura que ya alcanzaban las zarsas. Debido a que habían cobrado vida propia, al mover sus largas ramas, como si fuesen cientos de serpientes en acecho, hacían que el espacio fuese cada vez más estrecho, se entrelazaban y amenazaban ahogar a quienes les visitaban. Al verlo, ellos comenzaron a correr, el suelo se hallaba plagado después de raíces en movimiento, formando nudos, lazos, e intrincadas formas pretendiendo enredarles.
-¡No os detengáis!- gritó Calidmeo, quien iba adelante seguido de Tebunah- ¡Seguid mi voz, por acá! ¡Agachaos!- así decía, ya casi no podían correr, usaban de las espadas para abrirse paso al cortar todo lo que se atravesase. El interminable zarzal llegó a su fin de forma brusca en torno a un campo despejado, en el centro del mismo estaba el olmo de los falsos sueños. El siervo de Faetón se dio la vuelta, pero sólo vió a Diomedes, un grito ahogado llegó a él.
-¡Tebunah!- exclamó Calidmeo adentrándose de nuevo en la espesura mortal, al gritar el nombre de la amazona le vió siendo ahorcada por una o dos ramas vivientes, y su instinto se sobresaltó de tal manera que en tres tajos extrajo a Tebunah del oscuro vientre de espinos que ya se formaba en torno a ella, tomándole luego de la mano para en una carrera desesperada, llevarla fuera de su influencia. Cuando salieron del peligro la amazona se soltó de Calidmeo, arrodillándose en el suelo mientras tosía y se desembarazaba su garganta. Luego se levantó, y abrazó al siervo de Faetón.
-Me habéis salvado la vida-le dijo ella.
-Era mi deber- le dijo Calidmeo- mirad – le señaló el olmo, un hermoso y gigantesco árbol, cuyas hojas resplandecían hermosamene.
-¡Al fin podremos volver!- exclamó esperanzada la legendaria cazadora animada por la idea de apoyar a Crátilo, imaginando alguna salida para Faetón, y para mi.
-Esperad- dijo Calidmeo- yo iré a tomar lo que nos han encargado- aún hablaba cuando emergieron del árbol un sinfín de fantasmas, pero éstos eran las imágenes etéreas de los animales mitológicos que habían muerto, muchos de ellos desconocidos y muy antiguos, otros famosos como el temible minotauro de Creta, algúnas harpías también se movían pasivamente en torno al árbol (algo no muy de las mismas el ser pasivas), en una parte se mostró Cerbero saltando sobre Calidmeo, asustándole sobremanera, pero sólo fue para él como la tenebrosa caricia de la moria, cuando su espíritu le atravesó sin hacerle daño, detrás del monstruo apareció Escila, se movía por el aire agitando sus tentáculos, como si pudiese trasladarse sobre él como un ave lo haría, tras todos corrían los centauros, otras de las criaturas y aberraciónes creadas por artífice y poder de los dioses, así siguieron exhibiéndose en un desfile terrible. Calidmeo continuó pues aproximándose al olmo de los falsos sueños, ya estando lo suficientemente cerca de sus hojas extendió la mano, al tocar una de ellas se detuvo. Parecía hipnotizado, sus ojos comenzaron a perder su claridad y vida, su brazo permaneció extendida por un largo rato.
-No os detengáis a contemplar tanto el árbol- le decía Tebunah- sin saber lo que le ocurría- no podemos tardarnos más- pero el siervo de Faetón permanecía inmóvil, hasta que arrancando la hoja del olmo, se la llevó a la boca para comérsela.
-¡No!- exclamó la cazadora, quien corrió hacia él, pero ya era demasiado tarde, se hallaba en trance, sufriendo algún sueño tormentoso he indefinido.
Cráilo, después de haberse encontrado cara a cara con Caronte, y de haber sido llevado por él hacia un pantano en medio de los ríos Cocito y Estigia, habiendo sido dejado en aquel sitio, estaba maquinando ardides en su mente. El pantano estaba rodeado de enormes juncos que formando un círculo ocultaban algo espantoso en su centro, según el portero de la muerte allí se hallaba una Hidra, acechando, vigilando el pórtico de Hades con la misión de no dejar entrada libre a cualquiera. Parecía no haber alguna forma de vencer un obstáculo como aquél. Crátilo estaba de pié, contemplando el gran muro del carrizal que se alzaba para camuflar al temible monstruo de las nueve cabezas, una de las cuales, según los aedos que cantaron las aventuras de Heracles y de otros hombres de renombre, era inmortal, recubierta de placas de plata, y el resto se multiplicaba al ser cortadas, saliendo dos más por cada una que era afectada. Un lobo salió topándose con Crátilo, sin duda Apolo reaparecía, sin aviso previo y cortés, con fines nada positivos. El lobo tomó pronto la forma del arquero solar, el cuál para hacer dramática su presencia optó por proferir algúnas palabras vengativas, soberbias he hirientes:
-Una cuestión he de plantear – dijo el dios –todo el mundo debe juzgar, sea digno o no, ¿porqué buscar felicidad si ya nadie la encontró?, despertad muchacho, nadie vive lo suficiente para poder hallarla, nuestro camino es ancho, no hay camino recto que buscar, la justicia no se ha de amar, si os unís al olimpo, os daremos cobijo, en las entrañas de la tierra habréis de morar, no tendréis que huir, pero si os mantenéis en rebeldía, detrás de una justicia que sólo es posible en los sueños de los hombres, no volveréis a vivir- de su aljaba incendiaria lanzó una saeta fogosa al centro de la que era entonces madriguera de la hidra, el humo salió despedido hacia todas direcciónes cuando se alzó un fuego hambriento. El dios solar se reía a carcajadas al ver aquello, se fue hacia Caronte, quien se hallaba de nuevo en la entrada al río cocito. Crátilo se quedó viéndole mientras se alejaba hasta perderse en el telón obscuro del inframundo. Un tumulto de cenizas se formó, como dos horas más tarde flotando por todos lados, Crátilo entre tanto seguía meditando en la manera de vencer y no ser vencido, entre tanto se mantenía para ése instante más alerta que nunca, con las armas por encima de sus hombros para no ser sorprendido. Las llamas acabaron con todo descubriendo el ahora anegado pantano, dentro del cuál, sobre el montículo de cenizas, se mostró la Hidra. Crátilo no se detuvo más, había ido hasta allí ahora para ser un cazador, y no la presa. En un trote moderado inició su primer asalto, delante de su cara el escudo de Orión, arriba la espada del hado, su voz grave haciendo retumbar todo el lugar, el eco de la misma molestó a la bestia, un horrible chillar agudo y distorsionado de sus nueve fauces aturdía a Crátilo, pero él no perdió el equilibrio, seguía adelante, sus hombros bailaban en torno a su paso, subían y bajaban en actitud desafiante, mostrando músculo, fuerza, fiereza indómita, sus ojos refulgentes para entonces, totalmente abiertos no por la sorpresa, sino por la valentía que brotaba de ellos, sus pies ligeros, daban largas y firmes zancadas, una imagen digna de ver no por lo externo de las apariencias que surgían, sino por lo interno del corazón de mi mejor amigo. Aquí reflexiono sobre los grandes errores que se cometen al narrar historias, pues no importa lo bien que se vea en la batalla un héroe, aquí traigo las palabras de Arquíloco, quien dijo rechazar la idea frecuente, amada por los “sabios”, de un héroe de buen parecer, bien rasurado, o de hermosa cabellera, que marcha ufano de sus rizos, y su preferencia al héroe de piernas torcidas, pero de pie firme, no muy agraciado, pero de gran corazón. De allí extraigo la realidad de cómo lo interno es reflejado en lo externo, en éste caso nuestro gran héroe se veía por ende más reluciente de lo normal en su porte, la criatura por otro lado se veía rodeada de un vapor amarillento, Crátilo recordó las historias que había oído sobre su aliento venenoso, por eso cubrió mejor su rostro con el escudo de Orión, y a partir de ése momento debió respirar detrás de él, sin apartarlo ni un momento, se detuvo cuando sintió un golpe fuerte, pero no podía ver que ya estaba cerca del monstruo, el cual empezaba a atacarle, pero él no podía responder de forma ofensiva para no verse expuesto ante su veneno, ya estaba siendo flanqueado, pero la espada del hado en su mano se revolvía a los extremos del escudo defendiendo su posición, las cabezas cortadas caían acumulándose, la Hidra intentaba embestir a Crátilo para desarmarle, pero el poder del escudo le rechazaba cada vez con mayor impulso, así nuestro héroe avanzaba lentamente, así como las ordenadas falanges, mientras están defendiendo una muralla, comienzan a empujar sus filas sobre el enemigo con el fin de hacerlo retroceder. Los ataques que recibía Crátilo no cesaban, más bien como era de esperarse aumentaban, su brazo llegó a cansarse, corría el peligro de soltar la espada, pero tomó de su fuero para resistir un momento más apretando la empuñadura, entonces se dio cuenta de que mientras más fuerte sostenía la espada, mayor resistencia adquiría en su brazo, la espada del hado tomaba vida propia, se movía en su mano girando, retrocediendo y volviendo a caer sobre las fauces temibles de la Hidra, pero sus cabezas no terminaban de emerger. Crátilo llevaba al animal cada vez más atrás, hacia la rivera del río Estigia, ya no podía soportar el agudo rugir de la Hidra, que cada vez más aumentaba su intensidad, llevando los brazos a sus oídos se vió desprotejido, contuvo la respiración para no ser envenenado, pero su piel al estar descubierta le ardió sobremanera, y en un punto en el que casi es devorado por la Hidra, que deseaba aprovechar aquel momento para sorprenderle indefenso, golpeó su escudo con el alfanje, librando así el grito de guerra de la espada del hado. La criatura se estremeció, se retorcía al escuchar su sonido, entonces Crátilo, también aturdido, se vió en la necesidad de sacar fuerzas de donde no las tenía para no desmayarse, y levantándose se dirigió a la Hidra para seguirle cortando sus cabezas, que ya no eran nueve, sino más de mil, buscando en su nuevo asalto la cabeza inmortal, la cuál se hallaba en medio de todas, pero que yacía expuesta a causa del potente ruido de la espada de Phigia, así que, acercándose lo más que pudo, Crátilo empuñó el hierro alzandolo para después en un tajo cortarla desde su nacimiento. La Hidra, ahora convertida en una maraña de serpientes, debido a la confusión en sí misma, y a la exagerada cantidad de amenazadoras fauces, comenzó a atacarse a sí misma despedazándose, pero aumentando de tamaño, ahora estaba fuera de control, si una de sus cabezas atacaba a otra quitándola de en medio, surgían dos más que atacaban en respuesta, y así sucesivamente, en medio de un incesante destajo. La Hidra calló al río Estigia, donde permaneció hasta tiempos desconocidos destrozándose a sí mismo. De ésta forma fue vencido aquel animal mitológico. Crátilo no celebró su victoria, ahora estaba cubierto del veneno ardiente de la bestia, no podía soportar el dolor, era muy tormentoso, de pronto se le ocurrió lanzarse a las aguas del río Estigia, al hacerlo de inmediato se vió aliviado, no obstante tuvo que salir pronto pues el veneno se había disuelto allí, en el vapor de aquel río, y si no quería morir anegado en el mismo, debía nadar hasta el río Cocito, luego de cruzar el pantano, para buscar a Caronte. El agua del Etigia se había calentado hasta hervir, por ésa razón, al nunca disiparse su calor, terminó evaporandose posteriormente, aunque ello ocurrió alrededor de cien años después. Como su vapor era venenoso, ya nadie pudo acercarse con facilidad a sus orillas. Tebunah volvía al lugar donde junto a Calidmeo había encontrado el espíritu del hijo del dios solar, y el mío, pero no estaba sola, Diomedes había decidido acompañarle, y con él estaban todos los guerreros atenienses, los más valientes entre los mortales, quienes accedieron incluso a apoyarle así fuese necesario entrar al Erebo con él. El siervo de Faetón se había quedado con Hestia y los demás héroes, éstos se hallaban en las costas, mucho más al sur, en un oasis sin igual. Al ver a la amazona llegar cerca de la gran roca, guardiana de la entrada al inframundo, que había reaparecido, llamé la atención de Faetón para que me acompañase a recibirle, pues nos hallábamos vagando cerca, observando a los demás espíritus presentes.
-¡Tebunah!- exclamé luego al aproximarme, mi voz resonaba largamente- ya me preguntaba qué cosa os había ocurrido, ¿Calidmeo no iba a acompañaros?, ¿quiénes son éstos que vienen a vuestro lado?- pero luego mi pregunta fue respondida cuando Diomedes se mostró desde las filas de sus hombres- Ah, ya veo- dije a eso- reconozco las armas de Atenas, pero tampoco podía ignorar vuestro rostro, Diomedes, el amante cazador de Zeus, ¿o me equivoco?- por supuesto aún ignoraba que él fuese el asesino de la familia de Crátilo, así que el guerrero de fama, al alzar su vista y observarme mejor, quedó consternado.
-¡No es posible, gran Ettos!- exclamó -¿Habéis fallecido al fin?, ¿o es que estoy soñando? Por otro lado, no soy cazador de Zeus, no me gustaría ya trabajar en su favor, pues no es muy gratificante, pero esto lo debéis conocer mejor que yo, ¿no es así?-
-No entiendo a qué os referís- respondí
-Sí, fuisteis mi compañero en el pasado- afirmó Diomedes con algo de nostalgia en su voz- en nuestras batallas de antaño, pero nunca llegué a saber de vuestro linaje, ni que fuese de tal altura, que rasguña el Olimpo-
-¿Así que ya sabéis de dónde provengo exactamente?- repliqué - ¿Y qué más sabéis?-
-He estado en Atenas- comenzó a relatarme el ágil cazador- allí escuché de ideas nuevas que nunca habían subido al corazón de un griego, cegado por la devoción a los dioses, fui convencido, y desde entonces sé la verdad, soy ahora un aliado más de todo aquel que se proclame en contra de los Olímpicos, y en contra de todos aquellos que sean de su misma raza-
-Deacuerdo, yo aceptaré vuestra ayuda- dije - en otra ocasión discutiremos mejor nuestras posiciónes, ahora no queda tiempo, si Tebunah ha traido consigo la hoja del olmo de los falsos sueños, debe acompañarnos a Faetón y a mí hasta donde Caronte aguarda nuestra aparición, con él debe estar Crátilo-En un momento Calidmeo saludaba a Faetón, y en eso pronto nos vimos rodeados por un sinnúmero de muertos vivientes, allí tambien se descubrió su capitán, todos alzaron las armas asustados al verles, pero habían sido tomados por sorpresa, por eso muchos ateneos cayeron muertos al principio, ahora el ejército de la moria era tan numeroso, que al verlo quedé convencido de que estando dispersa, la totalidad de guerreros que habían muerto sin familia, ni sepultura, no sólo griegos, sino de todas partes del mundo, llegaron a ser concentrados en aquel momento.
-¡Tebunah, Diomedes!- grité en medio de la nueva refriega mientras me daba la vuelta- entrad pronto al inframundo, si deseáis conservar la vida aún- en seguida la amazona corrió detrás de mi espíritu, y Diomedes, llamando a sus hombres, entró con ella, seguidos de Faetón. La entrada se cerró tras todos los guerreros que habían logrado escapar de la trampa. Seguimos adelante, apresurándonos, cuando vimos de lejos las llamas del Flegetonte, hallamos a Apolo, alzando del mismo enormes bolas de fuego, con su poder. Habían dos pedestales de piedra, en uno, sobre aquel río, se hallaba el cuerpo inerte de Faetón, incinerado con las llamas, y en el otro, sobre el río Aqueronte, reposaba mi cuerpo a salvo. El dios solar, al vernos, lanzó una última flama al cuerpo del que era su hijo, y luego desapareció de nuestra vista, sin dejar otro rastro. Faetón, en su forma espectral, vió su cuerpo para siempre reducido, yo no sabía lo que Dios me tuviese preparado, pero no tenía esperanza. Tebunah, airada por lo que veía, colocándose frente a donde todavía chocaban los ríos haciendo la persistente columna de vapor, alzó la voz y dijo:
-¡Caronte!, aquí os traigo una hoja del olmo de los falsos sueños, como habéis demandado- alzaba su mano, en ella el mencionado encargo- ahora espero que hagáis valer la pena todo el esfuerzo que ha implicado conseguirla, de otro modo, veréis que nuestro ánimo no decaerá por ello- al momento una ráfaga de aire arrebató de su mano la hoja, arrastrando a la misma hasta hacerle atravesar la humareda, después me rodeó una luz muy intensa, me sentí algo mareado, mi peso aumentó súbitamente, ya no me sentía tan ligero, me volví ciego después, no podía moverme, sentí que era trasladado a otro lugar, luego que un calor se irradió desde mi pecho a todo mi ser, abrí los ojos para entonces en mi cuerpo material, desde el río Aqueronte. Al recuperar mis sentidos miré hacia el río Flegetonte, pensando en que quizás, de alguna forma Caronte salvaría también el cuerpo del hijo del dios solar, pero al contrario de ello, el fuego de aquel río se volvía ahora más impetuoso, prevaleciendo contra las corrientes del río aqueronte, avanzando, tomando mayor terreno, acercándose hacia donde yo estaba, quería inmediatamente moverme hacia donde estaban Tebunah y los demás, pero no tenía tiempo, sólo me quedaba una opción: saltar al río Aqueronte, nadando con todas mis fuerzas para tratar de sortear sus corrientes.
-Si podéis en algún momento- dije a Tebunah antes de tomar la única salida que tenía- cruzar el Flegetonte, buscad a Crátilo, Caronte nos ha engañado ¡Ojalá nunca hubiese confiado en él!, al menos os hubiera podido prevenir de todo esto, me iré directamente hacia Leuce, nos veremos de nuevo en algún momento, ¡Lo sé!, ¡hasta entonces!- de ésa forma me dejé caer al agua, cuya superficie empujaba demasiado fuerte, no obstante hallé la solución al sentir que en su parte más honda su potencia disminuía, y cuanto más bajé, la corriente más cedía, hasta correr del lado contrario. El fondo del río quedaba ahora iluminado por el fuego que se lograba colar hasta allí. Recordé que debía estar alerta, pues en una bifurcación se hallaba el cauce que conduciría al álamo hechizado, y finalmente al lago Mnemósine, así que viéndome en la necesidad de respirar debía subir a la superficie nadando aún hacia el lado contrario al fuego, cuidandome de las llamas tomaba aire, miraba si estaba cerca del camino correcto, seguidamente volvía a bajar para descansar, para dejarme llevar por la corriente inferior, y de ésta forma mantenía una lucha constante por sobrevivir del Flegetonte y del Aqueronte. Entonces allí reflexioné, en ése otro punto de la historia, y me dije ‘así son las corrientes de la vida, estamos en medio de dos corrientes, una que nos enfrenta, nos hunde, nos mata, nos ahoga, y se halla en la superficie de los acontecimientos, cuando se desea tomar un respiro se encuentra; otra que nos empuja, nos levanta, nos quiere dar aire, pero se halla abajo, en la profundidad de las cosas, cuando no se respira, se halla. Son corrientes adversas, nos obligan a luchar constantemente.’ Así meditaba mientras nadaba furiosamente.
J.P. Continuara...
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