Escribí porque no quise que el afecto falleciera por efecto.
Escribí porque no quise olvidar lo que era dar un abrazo, incluso recibir un beso.
Entre textos inmortalicé los que di y los que necesité en muchos momentos.
Pizarnik dijo que las palabras no harán la realidad.
No, no la hacen.
Pero en ciertas ocasiones funcionan como un buen ungüento.
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