Esa pregunta comenzó a silbar por mi cabeza.
Tengo imágenes difusas de lo que se sentía.
A lo lejos, una cabaña rodeada de un inmenso campo.
Dentro de ella se escucha el susurro de voces danzando entre melodías risueñas.
Las manos juegan, esbozando recorridos irregulares, ardiendo por caminos sin frontera.
Solo sé que era mi lugar.
Luego de eso, ya no recuerdo más.
La visión se vuelve borrosa y ya no escucho las voces.
Ahora, su compañía me abraza…
¿Volveré a amar?
Cargando comentarios...