Hago esto sin ningún fin de lucro. Fanfiction de Fifty Shades of Grey.
Aún recuerdo como tus ojos me miraron aquel día en el que nos conocimos, y como olvidarlo; si ese día cambió mi vida.
Tus ojos serian mi perdición, porque me cautivaron desde el primer momento.
Me miraron con timidez, haciéndome sentir el lobo feroz y haciéndote ver como una inocente ovejita que acababa de caer de bruces en mi oficina. Tu mirada, simplemente cautivante.
Recuerdo como me miraste aquel día en la ferretería, estabas asombrada de verme allí y créeme que yo también lo estaba. Aquel día por más que querías no podías sostenerme la mirada por mucho tiempo, tus ojos te delatan.
Recuerdo como tus mismos ojos, Me miraron disimuladamente en la sesión de fotos, con José mierda Rodríguez; me miraste con pena, con timidez, seguramente por la mala impresión que tu creías que yo tendría de ti, luego cuando te invité un café, me miraste sumamente sorprendida por mi propuesta, Nena, Tú eres preciosa. Conversamos de temas que ni me importaban, yo solamente buscaba verte, tener tu tiempo para mí. Ahí fue cuando supe que no encajarías en mi mundo, o al menos eso creía yo. Yo no era alguien bueno para ti.
Al salir de la cafetería, un imbécil casi te atropella, en parte fue por tu imprudencia, pero eso solo me permitió tenerte entre mis brazos, mirar tus ojos, que hasta ese momento no sé qué tenían, pero me cautivaron. Eran puros e inocentes, eso es lo que siempre eh admirado de ti. En aquel momento tus ojos, tu cuerpo, tus expresiones, me pedían a gritos que te besara, pero no lo hice. Yo no era bueno para ti. Pasaron los días y cuando me decía a mí mismo, que te dejara ir, que no merecías estar en esta mierda que era mi vida, tu apareciste de nuevo, no te negaré que me alegró tu llamada aquella noche, tu voz sonaba cortada, con frases a medio decir. Estabas ebria. Sin pensarlo dos veces, mandé rastrear tu llamada, y fui hacia allí con Elliot. Déjame decirte que quería azotarte por eso.
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Recuerdo la sorpresa en tus ojos cuando me viste en frente tuyo, empujando a José mierda Rodríguez, no te lo creías. Luego cuando te dije que irías conmigo me miraste divertida y alegre, como solo tú sabes hacerlo, para luego caer desmayada en mis brazos. Aquella noche no pude ver tus ojos, permanecían sellados, con tus largas y espesas pestañas sobre tus mejillas. Me quedé trabajando hasta la madrugada, sentándome justo en frente de ti, tus movimientos eran graciosos, revolcabas de lado a lado en la cama, te rascabas el cuello, resoplabas, en fín, me hacías divertir.
A la mañana siguiente como no despertabas temprano, salí a correr, dejándote un vaso con zumo de fruta y un analgésico. Cuando regresé, me miraste con una mirada temerosa y un tanto confundida, pero para tu alivio te expliqué que nada había pasado entre nosotros, eso pareció calmarte, porque en seguida, ese brillo tan natural en ti se hizo presente en tus ojos. Recuerdo lo tímido de tus ojos cuando me acerque a ti, como asechándote en la cama, pobre de ti, solía ser tan cruel. También me acuerdo cuando te llamé por primera vez "nena", me sonreíste. Luego cuando te llevé al Escala en el Charlie Tango, te veías sorprendida y alegre, no sé si te lo eh dicho, pero tienes la sonrisa más hermosa que eh visto. ¡Dios! Nunca olvidaré tu mirada cuando viste mi cuarto de juegos, era incredulidad pura, claro, ¿Quién en su sano juicio hubiese creído que el aparentemente impecable empresario, tendría una fascinación por el BDSM? Trataste de disimularlo, pero fallaste, eres una pésima mentirosa nena.
Recuerdo también tu mirada cuando me confesaste que eras virgen. ¡Dios! Era una pura mirada de disculpa, ante mi reacción, algún día te diré nena, que aquella noche no estaba enojado por el hecho de que fueras virgen, es más, agradezco que fuese así. Simplemente que venían a mi mente cada vez más señales de que yo no era bueno para ti. Que te mancharía con toda mi mierda. Pero no me importó. Te hice mía aquella noche. La noche de tu primera vez, tu apretaste mi mano fuerte; Mientras te desvestía nunca perdí tus ojos, eran lo más puro de ti, y en los que yo sabría si me mentías o no. Tu mirada era de ansiedad, determinación y confianza, estabas decidida a entregarme tu virginidad, tú querías que yo fuera tu primer hombre. Sabías que no te haría daño.
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Mientas estábamos en el acto, perdí el contacto de tus ojos, solo podía leer lo que decía tu cuerpo, pero luego cuando los volviste a abrir, solo vi en ellos, satisfacción. Según tú, había sido la decisión correcta. Cuando me miraste tocar el piano, la admiración se hizo presente, te invité a regresar a dormir, dijiste que no lo harías sin mí, te acompañe. A la mañana siguiente, desperté y no te vi, si te eh de ser sincero, creí que te habías ido. Pero pensé que Taylor me lo habría dicho de ser así. Salí con dirección a la cocina y te vi bailando una melodía que solo tu escuchabas. Te giraste y me miraste con vergüenza, con tus mejillas eternamente sonrosadas. Nena, te veías hermosa.
¡Dios! Como podría olvidar tus ojos, el día en el que te graduaste, te veías radiante, orgullosa de tus méritos, realizada, y nena, no es para menos, eres un genio amor. Te gustaba tu profesión. La luz que desprendías eran aún mayor que cuando te regalé el auto. Eso ni una pizca de luz a tus ojos aportó. Es más, ni siquiera te importo. Vi un poco de tristeza en tus ojos cuando te dije que no podría quedarme contigo esa noche. Pero lo aceptaste. Otra de las cosas que amo de ti, es que eres fácil de sorprender; Como aquel día en tu habitación, cuando por una broma tuya, yo temí perderte. Poco sabía yo que no solo era carnal, sino que había algo más.
Otro de los recuerdos que de ti tengo fue cómo abriste tus ojos como platos, cuando Taylor me informó que mi mamá quería entrar a mi habitación, estabas asustada y avergonzada de que alguien además de mí te viera así, hermosamente desnuda para mí. A mi madre le caíste muy bien, es una característica muy única tuya creo yo. Te invitó a una cena. Mi madre te miraba como si fueses Mia, como a una hija. Nena, provocas cosas buenas en la gente que te conoce. Recuerdo tu mirada cuando te dije que yo no te prometía flores ni corazones, era de aceptación. Me aceptaste de ese modo. Era suficiente para ti.
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Hay varias miradas de ti que me gustan, una de mis favoritas es cuando estuvimos en el Blanik L23, te veías emocionada, y cuando nos soltaron en el aire, tu cubriste tus ojos, tenías temor, pero al instante los descubriste. Confiabas en mí. Al bajar me miraste alegre y divertida, muy contenta por ese "paseo" tan inusual, nunca te lo esperaste ¿verdad? No entiendo hasta ahora el por qué no pude saber que me estabas mintiendo con lo de la Dra. Green. Créeme que me asusté mucho. Diablos dos semanas sin tocarte eran demasiado. Hasta que te reíste, con tu única sonrisa que me indicó que mentías. Y si yo no pude averiguarlo antes era porque...nena, tu aprendes rápido.
Recuerdo cuando bailamos, también fue mi primera vez, ahora que lo pienso bien, tu fuiste la primera en todo. Tus ojos destellaban y luego hiciste unos pasos rebuscados, nena, bailas muy bien. Aunque tú no te lo creas. Tu cabello siempre huele condenadamente bien, y creo que eso es lo que todavía hace que recuerde ese baile.
De entre las muchas miradas tuyas, recuerdo la vez en que estuvimos en la casa de mis padres, cuando metí mi mano por debajo de tu vestido, acariciando tu muslo interior, me miraste absolutamente aterrada de que mis padres o mis hermanos nos vieran. Parecíamos un par de adolescentes calientes. Fue allí también una de nuestras primeras peleas, cuando por accidente me enteré de que te irías a ver a tu madre, me enfadé, porque se supone que yo tendría que haberlo sabido antes, pero tú siempre hacías lo que querías. Eras y serás siendo muy desobediente e impredecible. Simplemente fascinante.
También recuerdo que aquel día fue uno de los primeros en los que vi lágrimas aglutinadas en tus bellos ojos, me miraste con tristeza, tus dulces ojos, en ese instante brillosos por las lágrimas que derramaste luego. Te besé para sí poder frenar tu llanto. Y te desee un buen viaje. Cuanto me hubiese gustado ver tu expresión cuando te enteraste que había cambiado tu boleto a primera clase. Seguramente debiste hacer estado sorprendida.
Tus correos siempre me obligaban a mandarte algo ingenioso, pues parecía que eso era en lo único que verdaderamente te podía sorprender, yo también me divertía con tus correos, eran tan ingeniosos, a veces debo admitir que me volaban la cabeza.
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Esa noche rumbo a Sabana. Me decía a mí mismo que había cambiado, es decir, yo Christian Grey, ¿volando solo para verte?, hubiese sido algo impensable para mí antes de ti. Nunca olvidaré el rostro de tu madre cuando me vio por primera vez, estaba estupefacta. Sonrio recordándolo, porque ahora, aunque no le pueda ver la cara estoy seguro de que está sumamente orgullosa de ti, lo digo porque solo puedo ver su espalda desde aquí, y veo que tiene puesta su mirada en ti, mientras conversa con Bob, su esposo. Y apuesto mi nombre que tiene lágrimas en los ojos, por lo hermosa que te ves.
Es nuestra boda Amor.
Con mucha similitud tu rostro era digno de una fotografía, maldigo en no haberla tomado. Abriste los ojos como platos, no esperabas verme allí. Luego cuando fuimos a mi habitación de hotel, nos entregamos mutuamente como solo tú y yo podemos hacerlo. Luego tuve que regresar a Seattle y maldecí mi perra suerte, porque quería quedarme más tiempo contigo. Ya para tu regreso nos reunimos en el Escala, no recuerdo cómo fue que inicio el pleito, pero me miraste con seriedad y determinación de no dar tu brazo a torcer. Y me pediste que te mostrara como podía llegar a ser el BDSM, en su forma más cruda.
Te llevé al cuarto de juegos; debí haber sido muy idiota para no preverlo, pero en ese momento estaba tan ensimismado en mí mismo, en mi propio placer que no me importó lo que tu cuerpo me gritaba, ya que no podía ver tus ojos. Ni siquiera noté el cambio en tu tono de voz, solamente te azoté como yo quería. Para cuando pude ver tus ojos, estos estaban rojos y lágrimas salían de ellos. Me apartaste de tu camino y me mandaste a la mierda.
Te fui a ver a tu cuarto, no me diste la cara, solo podía ver tu espalda. Estabas llorando. Y allí fue cuando me llevé la sorpresa más grande de toda mi vida. Te habías enamorado de mí. Te habías enamorado de un pobre maldito, que disfrutó al azotarte. Te habías enamorado de este maldito infeliz. Te rechacé, te dije que no podía ser. Y ¿cómo podía ser?, tú eras un ángel, y yo, tenía una vida de mierda. No era bueno para ti. Aquella vez me asusté porque ¿cómo alguien como tú te habrías enamorado de mí? Nena, eras un ángel. Un demonio y un ángel no podrían estar juntos.
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Salí de tu cuarto, porque tenía cosas en las cuales pensar, toda mi vida de mierda, estaba compuesta por trabajo y sumisas, pero ahora, llegas tú y me dices que me amas, que quieres algo más. Algo que yo, no podía darte. Merecías algo mejor. Me quedé en la sala, amaneció y te vi dejar las cosas que te había dado en el mesón de la cocina. Cuando te dije que eran tus cosas me contestaste que no lo eran, que eran mías, y me dijiste que querías el depósito por tu escarabajo. Te di un cheque, tú me miraste estupefacta, no era el valor real del auto, con lo perceptiva que eres te diste cuenta de eso enseguida, pero no me dijiste nada. Cuando ibas a salir del departamento intenté hablarte, pero me frenaste en seco y me gritaste un rotundo "No"
Nunca quiero volver a ver esa mirada en ti de nuevo, Nunca nena; Antes de que las puertas del ascensor se cerraran, vi en ti, derrota, decepción, tristeza, melancolía lo que nunca antes en tus ojos había. Entonces comprobé una vez más que yo no era bueno para ti, yo era aquel infeliz que te había robado la sonrisa y la luz que de tus ojos salía. Tú te habías ido. Pasé aquella semana tratando de convencerme de que era lo mejor. Tu encontrarías un hombre que te hiciera feliz, aunque honestamente nena, no hay nadie en este mundo que te merezca, incluyéndome a mí, creo que debo ser un maldito afortunado o que el universo cometió un error, pero me da pánico decirlo en voz alta, por miedo a que se dé cuenta, y tú desparezcas de mi vista.
Mi patético intento por verte otra vez, tuvo necesariamente que incluir a José Mierda Rodríguez. Recordé la exposición de fotografía y te mandé un correo. Me respondiste, aceptando mi propuesta. Ese día cancelé todas mis citas para esa noche. Recuerdo que estuve esperando fuera de tu edificio durante 10 minutos antes de enviarte un correo y decirte que te esperaba abajo. Me sentía feliz de volver a verte, pero esa sonrisa se me acabó, cuando te vi salir del ascensor. Estabas delgada, mucho más de lo que yo te había conocido, estabas pálida y se notaba que habías perdido peso.
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Ese día me enfadé conmigo mismo, porque yo era el responsable. Yo era aquel maldito que aun viendo todas las señales que me decían que solo traería desgracia a tu vida, continuó en tu camino, y este era el triste resultado. Mientras más te ibas acercando al auto, más me enojaba, que me decía a mí mismo ¿Qué sigues haciendo aquí? ¿por qué no te vas? ¿quieres seguir arruinando su vida? ¿acaso no ves cómo está ella por tu culpa? Muchas de las preguntas se acoplaban en mi mente, hasta que tú te deslizaste dentro del auto. Y bromeaste con que, porque no te había saludado, antes de preguntarte sobre cuándo fue la última vez que comiste. Una parte de mi cerebro me decía: "déjala ir, eres una mierda en su vida" pero enseguida la otra me decía "¿por qué estás aquí, buscándola de nuevo? No eres más que mierda." Y la respuesta que no supe de donde vino se presentó "estás aquí porque estás jodidamente enamorado de ella, la amas y esperas que ella te ame, aún si eres una mierda"
Me diste una triste sonrisa, que pretendiste que denotara alegría, pero nunca te llegó a los ojos. Recuerdo que no me hablaste durante todo el camino, parecíamos dos pasajeros en un bus que solo compartían un asiento. Cuando llegamos, había mucha gente, recuerdo que vimos cada foto de aquel mural, hasta que te vi allí, había unas fotografías preciosas de ti. Te notabas asombrada y te sonrojaste, obviamente no te lo esperabas, yo por el contrario no me sorprendía, José mierda Rodríguez hubiera sido un idiota si no hubiera captado tu belleza, muy idiota para no fotografiarte. Mientras más te veía en esas fotos, más recordaba como lucias el primer día en que te vi, cualquiera que hubiese visto esas fotos de ti desprevenida, tendría la misma percepción que yo, toda tu desprendías belleza, juventud, alegría y paz. Tus ojos se veían llenos de vida. No como los de ahora. Y todo por mí culpa. Me aparte de ti, porque quería comprar los cuadros en el que estabas tú, no quería que nadie más se enamorara de ti al verlos, y peor aún al ver a la modelo de esas fotos parada justo allí.
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Me alejé un momento y cuando regresé mis temores se confirmaron, alguien te había reconocido, te estaba coqueteando, ah, nena eres tan inocente, que ni cuenta te diste, ese gilipolla te coqueteaba y tu solo atinabas a ponerte colorada. Me acerqué y lo alejé de ti. Tenía que hacerles saber a todos ellos que eras mía. Saliendo de allí te arrinconé contra la pared del callejón, no soportaba más, tenerte a mi lado, y ni siquiera poder pasar un brazo por tu espalda, me estaba enloqueciendo. Te dije que quería que nos diéramos una oportunidad como tú querías. Abriste los ojos sorprendida por la repentina propuesta, que creo que pensaste que jamás algo cómo eso saldría de mi boca. Pero enseguida ese brillo iluminó tus ojos como una mañana de navidad para un niño, en un momento recuperaste tu alegría, tu vitalidad, de nuevo eras mía, de nuevo mi dulce Ana.
Nos besamos y fue el comienzo de una nueva relación, te divertía con mis actos, de eso no hay duda alguna, como aquella vez que jugué a "quién orina más lejos" con el maldito de Hyde. Recuerdo también cuando te dije que la empresa en la cual tu trabajabas me pertenecía, que la había comprado. ¡Dios! te enojaste demasiado, tu cara se puso roja, estabas tan enfadada como nunca antes, me gritaste que querías ser independiente, que querías sobresalir por ti misma, lograrlo por ti misma, no porque dormías conmigo. Nena, eso es algo que siempre eh admirado de ti. No te gusta que las cosas se te den tan fáciles. Quieres probar que puedes hacerlo sola. Amor, eres única.
Él sorprendido fui yo aquel día cuando saliste entre pálida y molesta del ascensor de tu edificio y yo no había hecho nada que pudiese molestarte. Me contaste que le diste una patada en las pelotas a Hyde, por acosarte. Ese día agradecí a Raymond, nena, hiciste un buen trabajo. Pero eso no me calmó, entré a la oficina y lo golpee tan fuerte que le recordaría toda su perra vida, para que nunca más deseara lo que era mío.
Toda tú eres hermosa, cuando estábamos juntos no paraba de decírtelo. En las innumerables veces en las que hicimos el amor y algunas en el que simplemente follamos. Podía ver en tu mirada pasión, lujuria, esa misma pasión que yo sentía por ti, y que fui capaz de despertar en ti. Tus ojos hablan por sí solos nena.
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Miradas de enojo fueron una de las tantas que tuviste para mí cuando peleábamos, en su mayoría, por cosas estúpidas, algunas eran porque querías vivir a tu ritmo, querías amarme sin depender para nada de mí. Sin que mi influencia te afectara en especial si se trataba de dinero, tu nunca aceptabas, querías sobrevivir con lo que ganabas. Ahora me rio de aquella vez que te cargue en la calle, parecías en verdad una niña pequeña. Según yo te lo merecías por armar un berrinche en la estética de Elena. Pero en parte te entiendo yo sentí lo mismo cuando José mierda Rodríguez te abrazó en la exposición,
¡ay nena! Si el gilipolla de José, supiera como lo estoy insultando dentro de mi mente ahora, de seguro que dejaría esa falsa sonrisa de su rostro, sé que no está feliz con que te casarás conmigo. Hoy está aquí cumpliendo con su deber de amigo, pero no está feliz. Sonríe porque le toca, sonríe porque está en presencia de tus padres y los suyos. Pero no está feliz. Como hombre sé que le enoja no haber tenido ni la más mínima oportunidad contigo, pero toda tú eres mía. Ahora eres mi esposa.
Nunca sentí tanto terror en mi vida como cuando supe que Leila, aquella loca, estaba en tu departamento apuntándote con un arma. Hice lo que pude para llegar a tiempo y calmarla, ese día saliste hecha una furia por mi repentino interés en ella. Nena, eres un poquito celosa. Pasamos por tantas cosas juntos, y aun así tú me sigues amando, aun cuando conoces todas mis mierdas, tú aún me amas.
Y como olvidar el día en el que te propuse matrimonio, antes de hacerte el amor; "hacer el amor" antes yo solo conocía la palabra "follar" pero contigo realmente, a ti, en verdad te hacía el amor. Me miraste con ternura, acariciaste mi rostro y luego pusiste tu cabeza en mi cuello, mientras me abrazabas. Estabas feliz. Ni las flores ni el anillo, te conmovieron tanto como cuanto te dije que entre más pronto posible nos casáramos sería mucho mejor. Me abrazaste aún más fuerte. Y me besaste con ternura y con pasión.
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Ahora estamos aquí en nuestra fiesta de matrimonio, espléndidamente decorada gracias a Mia, hermana eres la mejor; Querías una boda con las personas más cercanas a nosotros, me dijiste que no querías nada ostentoso. Nena, yo te daría el mundo si lo pidieras. Tú estás bailando con tu padre ahora, sonríes mientras lo haces, creo que me siento un poco celoso, creí que esa sonrisa inocente solo era para mí, pero también sé que no podré reemplazar a tu padre, también eres la luz de sus ojos. Él es muy importante para ti.
De repente me miras, me guiñas un ojo, y me das una sonrisa destellante. Amor, te ves hermosa de blanco. Y eres solo mía. Ahora eres mi esposa. Me levanto de la mesa en donde estoy sentado, nuestra mesa, la de los recién casados. Camino hacia ustedes. Le digo a tu padre si me permitiría bailar contigo, con mi esposa. Vaya, esa palabra suena tan bien, poder llamarte Mi esposa. Es tan gratificante, porque sé que no te irás, que conmigo estarás. Para siempre.
Me da tu mano. Tu sonríes.
"así que....¿quiere bailar conmigo señor Grey? – te burlas de mí, mientras bailamos en el centro de la pista, nunca eh sido romántico, eso tú lo sabes, pero ahora, no creo escuchar nadie a parte de ti.
"toda la noche señora Grey" – deslizo mi mano por tu cintura baja, te estremeces a mi tacto, siempre ha sido así. Siempre ha existido esa electricidad entre nosotros.
"¿no cree que aquí hay mucha gente señor Grey?" -lo dices solo para mis oídos.
"me temo que tendré que esperar, para arrancarte ese vestido, señora Grey" - te incito.
Pones tu cara de horror. Nena, me haces reír.
"¿está loco señor Grey? Quiero conservar este vestido" – me lo dices un tanto divertida por la situación. Y haciendo un ligero puchero.
"¿loco?...sí.... me temo que perdí la cabeza hace tiempo....pero por ti nena" – eso te saca una sonrisa de satisfacción.
"¿Christian?"
"sí" - contesto, mientras absorvo el olor de tu cabello.
"eres lo mejor de mi vida, prometo hacerte feliz, me esforzaré por ser buena para ti"- Ah, nena, que cosas dices.
"nena, no debes hacerlo, tú ya eres perfecta para mí, tal y cómo eres, Ana, mi dulce, dulce Ana" - se lo digo.
Unas lágrimas quieren escapar de tus ojos. Oh no nena, no quiero que llores. Acaricio tu rostro para tratar de calmarte.
"se supone que la novia no debería llorar, en su día"-intento hacerte sonreír.
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"lo sé, pero...esto es....tan irreal" - miras al piso.
"¿irreal?" - no comprendo.
"es decir no me lo creo, definitivamente debí haber hecho algo bien en otra vida, para haberte conocido" - oh nena, tu eres un ángel y las bendiciones siempre acompañan a los ángeles.
"creo que soy un bastardo con suerte" - en verdad lo soy.
Te ríes, al menos logré que no lloraras.
"pero serás mi bastardo esposo...- amo cuando dices groserías, en especial porque es tan raro en ti. Más solo lo usas en la intimidad.- ...para siempre"
Ambos nos reímos, tu mirada ....¡ay!... Amor, es especial. Siempre es fácil de leer.
Espero poder hacer que tu mirada nunca desaparezca, que siempre seas mi dulce Ana.
Y espero con ansías ver tu reacción cuando te diga que iremos de luna de miel a conocer Europa, Nena, lo sé. Y ¿cómo lo sé? Pues, amor, déjame decirte que tienes una rubia amiga con una lengua muy larga.
Espero que en tus ojos nunca se apague esa luz, tan única en ellos.
Porque nena. Me cautivaste desde la primera vez que te vi. Porque eres especial, porque te lo mereces. Amo todo de ti. Pero lo que más me gusta de ti.
Son tus ojos.
 
 
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