Uno pierde un tren todos los días.Hoy dije no me lo pierdo.Me lo tomo así. Caminando. En plena marcha.No se puede pensar mucho para tomarse un tren en marcha.Antes, mientras está viniendo, sí, pero durante no. Uno acompasa el cuerpo a la velocidad que los ojos miran. Se siente la vibración del piso cada vez más fuerte en el cuerpo. Te devora el ruido. Uno camina, los ojos abiertos. Corre. Primero más lento, después va acelerando. La vista siempre puesta en la agarradera ahí al costado de la puerta y un poco también en el escalón. Mira las dos cosas uno, intermitentemente y no sabe cómo sabe que el cuándo es ahora. Los ojos se quieren cerrar. Uno salta en el momento justo y parte del cuerpo parece haberse quedado abajo como una sombra o un recuerdo que ya se empieza a olvidar. Se sienten la sacudida en la mano y en el brazo y en hombro y el golpe en la planta del pie. Y uno no puede creer que ya esté ahí arriba en ese no retorno, porque bajarse ahora que tomó velocidad es más difícil que subirse, casi imposible.Así que hay que seguir, aunque uno no sepa qué le espera en ese vagón ni para qué subió, ni adónde va, ni si va a algún lugar, ni si importa saberlo, ni si hubiera sido lo mismo no haber dado el salto.__________________________________Imagen: “Tren en marcha”, de Sara Capurro, Taller Torres García.
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