Ya está bien,

un trago largo y seco
un reflejo violeta
un sabor viejo 
y una esquina de a ratos olvidada
 no pueden ser tan fuertes que me nublen
de golpe una mañana que me suena
a calores espesos y a gorriones mojados.

Ya está,
no es necesario ahora
quedarse a esperar nubes de raras geometrías
que nunca pasarán por esta calle.

No debería tener los pies clavados
en adoquines rojos, pero nadie
le pone cascabeles a los gatos
que acechan más allá en las oficinas
en cajas de cartones corrugados.

Así que ya está bien de inventar mundos
y pasear avenidas con la cara en cenizas
si yo de aquella esquina no me olvido
y tengo la mirada encadenada.
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