Parecía un buen poeta
uno muy bueno dicen
aunque no escribió nada
nunca todavía
es que  tuvo muy pronto que ocuparse
en decorar la casa por las dudas
colgar muchas estampas y cuadritos
agujerear paredes y clavarles  
historias más o menos coherentes
para ahogar las palabras despintadas
que salen del revoque algunas noches
y vuelven a inventarse en la  mañana
con la mente enfundada en dos  pantuflas
buenas historias suaves sin sorpresas
la radio en efeeme no muy fuerte
y la casa tan  limpia que no deje
darse cuenta de nada en lo  posible.
Y en lo posible también si se pudiera
no lastimar a nadie si es posible.

Porque era  un buen poeta

aquel buen tipo
de esos que no escriben poesía
para no revolver mucho la mierda
dicen que era el mejor
mejor que todos
por eso se olvidaba del cuaderno
y perdía el lápiz en rincones turbios
de esquinas olvidadas y en ranuras
apretadas de calles de adoquines  
y levantaba filtros de cigarros
con la punta mordida y amarilla
mojada todavía de pastosas
solitarias salivas 
y papeles sucios y condones rotos
y mierda oscura de gato callejero
y a veces con la uña
un poco larga del pulgar derecho
rascaba las escamas de algún hierro oxidado
las echaba al bolsillo
y miraba de frente los ojos  sin pupilas
de los que miran nada porque ya vieron algo
que no se puede clavar en las paredes
juntaba la basura de  bocas de tormenta
pedazos de madera ya podrida
traídos y llevados por las horas
y viejos negativos muy rayados
por si algún día se pudiera
con todo eso hacer algo

como si se pudiera.

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