Lamen las aguas gélidas,

con afilada y cortante lengua,

sus pétreas y vastas orillas.

Sus playas recortadas

formadas por guijarros y gravilla.

Imponentes cantiles

de mil formas tallados

por los constantes

embates de la marejadilla.

Lechosas olas

de crestas espumosas

socavan sus entrañas,

su alma rocosa mancillan.

Mientras en la distancia rugen

humeantes y bravías

las montañas de fuego.

Vapor y magma

que rojizos bajo el cielo

con ardientes fulgores brillan.

Se elevan al fondo de

llanuras envueltas

en níveos velos,

coronadas por punzantes astillas

que se alzan sobre el manto

de resplandeciente hielo.

Así son estas tierras de ensueño,

de belleza sin igual,

sin parangón, maravilla.

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