¿Sabes qué pasa? Que todo lo que pasa no está pasando. Nada es verdadero, son gestos fruto del momento la situación lo pide. Los besos, las caricias. Las miradas. Nada de esto es real. Y los dos lo saben. ¿Sabes? Y no duele. Es un teatro improvisado dónde Romeo no quiere a Julieta y Julieta no quiere a Romeo. Pero Julieta quiere querer a un Romeo. Que los besos, las caricias. Las miradas. Todo sea verdadero. Poder besar y susurrarle entre los labios un “te quiero” puro, sincero. No puede. Sería dar un salto al vació, sobrepasar el límite de la interpretación que juntos llevan a cabo, salirse del papel, saltarse las regles. Sin embargo, lo hizo.   
Dejó de besarla, aturdido. Frunció el ceño y abrió los ojos. Un momento de silencio. 
-Cómo? – Dijo él volviendo en si mismo. La miro fijamente con gesto sorprendido y a su vez con una cierta desconfianza. 
 -Te quiero. Y se aproximó a él buscando de nuevo el beso que habían interrumpido. Pero él estaba rígido, tenso. La calidez que los envolvía se había desvanecido al instante. Al pronunciar esas dos palabras que la llevarían hasta el desespero.
 -¿Alguna vez has querido a alguien, Eva? – Pregunto él retomando la inesperada conversación. 
-Sí, claro. –Contesto ella un tanto confundida. –Por qué? 
Él recorrió la vista por toda la habitación durante unos instantes, como si intentara hallar ahí la respuesta a tal afirmación.
 - ¿Y fue parecido a esto? 
-Diferente.
 La miró fijamente y luego desvió la mirada hacia el reloj.
–Creo que debo irme, ahora que oscurece más rápido ami madre le da la sensación de que llego a casa más tarde de lo que es.
Le dirigió una sonrisa fugaz. Le dio un beso apresurado en los labios, diferente de las otras despedidas dónde se fundían en cálidos besos. Cogió el casco de su moto y se marchó.
 Ella se quedó mirando fijamente la puerta por dónde Carlos había desaparecido. Se había escabullido de entre sus manos y había escapado. Ya no había marcha atrás, había pronunciado esas dos palabras malditas, cargadas de veneno que hacían huir hasta el más valiente de los hombres que sólo busca cobijo en la fría noche en brazos de una mujer hasta que el primer rayo de sol se filtra por la ventana.
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