Y es que, tal vez, la vida trate de eso. De un vaivén de cosas momentáneas, efímeras, pasajeras. Pero quizás no debamos esperar más que eso. A menudo solemos recordar el pasado como algo perfecto, idealizado, un retorno imposible a esos recuerdos que aún siguen vivos en nuestro corazón. Y es que la vida, al fin y al cabo, son esos momentos que recordamos con ternura, esos que nos dibujan una pequeña sonrisa en el rostro y aquellos que nos provocan un nudo en la garganta con unas tremendas ganas de llorar. La vida es como una hucha en la que cada moneda introducida es una vivencia, una incesante suma. Más bien la vida es un equilibrio de todas nuestras emociones, una carretera con curvas, subidas y bajadas, el oleaje del mar, días de esplendido sol y días lluviosos y grises. 
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