Te enjugas lágrimas
pero ¿miras hacia atrás?
Con plumas en nuestras manos sonreíamos.
Pero ves también, en ciertas humillaciones,
desconsoladores gestos de venganza.
Luego llegó el tiempo donde se presentó
la muerte, esa macabra,
con el sudario que se extendió a tus pies
la dejaste ir y ella pasó de largo, irritada.
Luego pasaron años,
¿te acuerdas del paseo de tarde firme?
Con los últimos rayos del sol
entramos al aeroparque
y fuimos felices corriendo por la pista.
Después vi el pánico en tu mirada y escapamos.
Aquella visita selló nuestro último encuentro.
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