SOLEDAD PARA UNO, DEMASIADO PARA OTRA.
Cuando me decía que la luna era bonita no entendía el por qué del tiempo. Ahora lo comprendo: era, por que ser no puede. No le gusta que la miren, que la regalen, que la utilicen.
Por eso desaparece entre las nubes, desea descansar de los amores tóxicos de aquellos que ofrecen la luna para calentar su cama, pensando que ésta no tiene dueño sin saber que su verdadero dueño es ella misma.
Así su luz blanca se va volviendo débil y tenue al amanecer, cansada de las noches repetitivas que pasa, deja paso al sol que a su parecer nadie vende.
Él está enamorado de la luna pero cuando está a punto de acariciarla con su ardiente calor ella hulle. No está para quemarse, ceniza ya es.
Con los amoríos nocturnos que presencia noches seguidas se vuelve cada vez más gris. El sol cada vez calienta más. Por suerte para una y desgracia para otro, ellos están destinados a ser opuestos sin tendencia a atraeerse.
Lo que el sol ignora es que la luna puede llegar a calentar noches pero él jamás podrá enfriar los días. Jamás podrá llegar a tiritar, nunca necesitará que las estrellas le abracen cuando llore.
El sol pensaba que era un solitario, que estaba destinado a pasar toda la eternidad con la compañia de la soledad, rodeado de llamas sabe que el viento jamás hará volar sus cenizas, que estará iluminando el mundo hasta que este acabe y no haya más oscuridad que alumbar.
Él creía que por muy sola que estuviera la luna en el cielo sin fondo, en la oscuridad siempre brillaban estrellas y que con su calor podrían consolar a la utilizada luna.
Sin embargo la luna deseaba compartir su vulnerable existéncia con la misma compañia que tenia el sol. Soledad.
Por que a él, pensaba la luna, no se le vende, no se le ragala, no se le utiliza para calentar amores, para llenar de luz las oscuras noches. Él solo tiene que mostrar-se tal y como és, sin ocultar partes, y llenar de luz el mundo.
Nora Blanco.
Por eso desaparece entre las nubes, desea descansar de los amores tóxicos de aquellos que ofrecen la luna para calentar su cama, pensando que ésta no tiene dueño sin saber que su verdadero dueño es ella misma.
Así su luz blanca se va volviendo débil y tenue al amanecer, cansada de las noches repetitivas que pasa, deja paso al sol que a su parecer nadie vende.
Él está enamorado de la luna pero cuando está a punto de acariciarla con su ardiente calor ella hulle. No está para quemarse, ceniza ya es.
Con los amoríos nocturnos que presencia noches seguidas se vuelve cada vez más gris. El sol cada vez calienta más. Por suerte para una y desgracia para otro, ellos están destinados a ser opuestos sin tendencia a atraeerse.
Lo que el sol ignora es que la luna puede llegar a calentar noches pero él jamás podrá enfriar los días. Jamás podrá llegar a tiritar, nunca necesitará que las estrellas le abracen cuando llore.
El sol pensaba que era un solitario, que estaba destinado a pasar toda la eternidad con la compañia de la soledad, rodeado de llamas sabe que el viento jamás hará volar sus cenizas, que estará iluminando el mundo hasta que este acabe y no haya más oscuridad que alumbar.
Él creía que por muy sola que estuviera la luna en el cielo sin fondo, en la oscuridad siempre brillaban estrellas y que con su calor podrían consolar a la utilizada luna.
Sin embargo la luna deseaba compartir su vulnerable existéncia con la misma compañia que tenia el sol. Soledad.
Por que a él, pensaba la luna, no se le vende, no se le ragala, no se le utiliza para calentar amores, para llenar de luz las oscuras noches. Él solo tiene que mostrar-se tal y como és, sin ocultar partes, y llenar de luz el mundo.
Nora Blanco.
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