Silencio no quiso escuchar el  ruiseñor. Creyó que era más conveniente llenar el vacío con una armónica melodía repetitiva por que nadie le enseñó cantar. 
Aún sin saber eligió pintar de colores el  blanco del silencio.  Consiguió un moral abstracto de colores vivos.  
La lluvia quiso hacer lo mismo que el ruiseñor, quiso dar armonía a los que deciden escuchar más haya de palabras,  pero solo consiguió darse golpes contra el suelo. Que pena que no supiera volar más allá de las nubes. 
Aún así sigue callendo, día tras día en el mes de abril. Al menos consigue dar forma a las amapolas que pueden llenar de rojo el amarillo de las espigas.  Creamos o no, los dos consiguen dar color a la uniformidad, salirse de las reglas.  Pero no ambos vencer a la gravedad.
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