Es viernes por la tarde, las responsabilidades terminaron, tuve una semana intensa, a decir verdad, pero ahora me encuentro con el tiempo libre y la cabeza llena de pensamientos, no son lindos, no parecen buenos, me hace un poco mal.
Me invade una angustia tremenda y no se que es lo que la causa, lo que se convierte en algo complicado de cerrar o mejorar, si no puedo hallar el principio siento que me pierdo un poco más.
Tal vez sea la edad, estoy en un punto super raro de mi vida, soy un adulto, pero me tratan como un adolescente, me perciben como uno y hay veces que me comporto así. No encuentro la motivación necesaria para pegar ese salto de independencia, me presento a miles de entrevistas de trabajo, pero no quedo en ninguna, mis planes de irme a vivir solo se retrasan y no se que rumbo está tomando mi vida.
O tal vez sea la percepción de mi entorno, siento una presión familiar por recibirme de la universidad, siento que mis amigos están logrando sus metas, todos tienen trabajo y ya no dependen de sus padres.
Quizás soy yo, que me siento un envase que no porta nada en su interior, me encuentro vacío mas fingiendo a los ojos de los demás. Quiero volver a mi yo de hace algunos años, un soñador nato, un chico alegre, un sediento de momentos y experiencias por vivir.
Quiero que todo mejore, quiero que todo esté bien, pero no se como hacerlo, o si, pero no lo logro ver.
En fin, así me siento un viernes con la noche cerca de mí, acompañado de un silencio mortal y con la luz de la luna alumbrando un costado de mi cara, mientras escribo esto que tal vez me anime a publicar.
Fin
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