Lunes 17 de enero del 2022, noche de verano, atípica pero compasiva.
El calor cesa y una intermitente, pero a su vez espesa, lluvia nos baña.
La luna y las estrellas juegan a esconderse entre nubes negras que en la noche no se logran distinguir.
La temperatura es agradable, no hace frío ni calorUna fuerte brisa se cuela por los recovecos de una ventana mal cerrada.
Papeles se levantan, hasta donde el peso de la titnta que los recorren dejan hacerlo.
Dentro, dentro una pequeña habitación.
Escuchando la playlist más triste que pueda haber y de fondo el ruido de un viejo ventilador. 
Ahí esta él, un chabón que acaba de pasar una semana aislado de todo el mundo y no sabe como volver.
¿Tan rápido se había acostumbrado a esa nefasta rutina?
El piensa y piensa, el silencio lo hace pensar.
Momentos de infima duración en donde el cree que hizo el ridículo.
Pese a haber leído muchisimas veces que esas son construcciones mentales propias.
¡A nadie le importa lo que tu hagas!
El no se resigna, no sabe soltar, se aferra a esos fracasos espontaneos y en ellos se ahoga.
Por fuera seguro, sociable y cara dura.
Por dentro muerto de miedo de volver a repetir alguna situación en donde quede mal parado.
Pero, ¿cómo logra balancear esa fluctuante línea de subidas abruptas y bajadas mortales?
Es decir, ¿lo logra?..
No hay una respuesta correcta, lo cierto es que prefiere no exponerse a tal situación.
Entonces se aisla, cae en una rutina que cada vez lo consume más, lo seduce, lo aleja.
Vuelve a releer estas líneas y se separa de su cuerpo para mirarse desde otra perspectiva 
¡Ufa, macho! estamos en la mierda. ¿Cómo vamos a hacer?
El sabe que algo anda mal pero por ahora no sabe como cambiarlo.
Vuelve en sí y termina esta confesión, aburrida, algo triste pero que desahoga.
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