Sabe lo que significa esa mirada...
Sabe lo que significa esa mirada. Lo sabe, aunque no quiere pensarlo. Sería un retroceso, una traición. Hoy ya no importa, hoy no le dice nada. Nada que no sepa, nada que quiera tener ahora. Si hubiera sido hace muchos años, tal vez. Pero ahora no. Así no. Ahora... que él ya no significa nada, ni bueno ni malo... nada. Antes, que creía no ser nada sin él, hubiera dado cualquier cosa por recibir esa mirada. Antes, que él la tenía embaucada. Ahora no, ahora está desengañada. Ahora vive feliz, él no forma parte de su vida interior. Ahora le ve, y es capaz de ignorarle. Como si fuera uno más, como si siempre lo hubiera sido, aunque sólo ella sabe que antes lo fue todo, todo lo que hubiera deseado. Antes, que vivía pensando en cómo actuar cuando se vieran, qué decir, qué callar, qué no mostrar. Ahora, que no tiene nada nuevo que contar, y que él no tiene nada, ni una simple palabra, que le aporte algo. Ahora, cuando ella ha comprendido y asimilado que los sentimientos cambian, es cuando, sin querer, se ha tropezado con su mirada. Y no ha hecho falta nada más. Un segundo, tal vez menos, intenso, ha sido suficiente para remover todo aquello que creía olvidado, enterrado, incinerado y lejos de sí. De repente, el tiempo ha retrocedido, su interior ha vuelto a sentir que esa mirada le pertenecía, y que ha llegado tarde, demasiado tarde. Aprendió muy bien la lección, sin que nadie le dijera qué pasos tenía que dar. Sólo tuvo que seguir sus huellas, dejándose arrastrar por esa corriente de rechazo que él le mostraba cada día. Así, con el tiempo, acabó lejos de él, tan lejos como él la llevó. Tanto, que sus sentimientos no pudieron seguirla, no estaban preparados para llegar tan lejos, en sentido opuesto a su naturaleza. Y por eso no le odia, nunca lo ha hecho. Por eso entiende que, en el fondo, le admira.
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