Acechan ráfagas invernales
sobre heridas punitivas invisibles,
y sobre la inmensidad del campo, 
poblado de raros fantasmas,
acechan despreciables gritos tercos,
cuyo desamor cae a cachetadas,
hundido en volcanes secos,
quimera letal, quimera lastimada.
Acechan los dolores sin memoria,
en lamentos de heridas fraguadas
deshechas en cruces patriarcales
y sobre la cruz ansata monogramada.
Acecha el flujo y el reflujo del tiempo,
que protege del viento y del frío,
extendiéndose en el sol naciente donde vive
Aquarius, quien ruega y con sus alas asciende,
acechando obsesivamente la cruz Gammadia.
 
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