RECUERDO DE INFANCIA
RECUERDO DE INFANCIA
Hay etapas de la vida que quedan grabadas como una matriz de aprendizaje. No siempre se comprenden en el momento, pero con los años se revelan como marcas profundas que terminan delineando quiénes somos.
Me fui muy pequeña de mi familia. No fue una elección mía, sino una decisión tomada por otros, con la convicción de que era lo mejor para mi bienestar. No hubo abandono, hubo cuidado; aunque entonces no lo entendiera, pero costo años comprender y aún quedan rastros. Viví diez años alejada de ellos, diez años construyendo una infancia lejos de mis padres.
Durante ese tiempo crecí en otro hogar, con una familia que me eligió, sin compartir la sangre. Allí fui feliz. Fui cuidada, escuchada, querida. Sin embargo, durante mucho tiempo pensé que mi infancia había sido carenciada, simplemente porque no había crecido con mi familia biológica. Creí que algo me había faltado.
La adolescencia marcó el regreso y genero revolución. Volví con mi familia esperando, quizás sin saberlo, recuperar lo que el tiempo había dejado atrás. Pero nada fue igual. No porque faltara amor, sino porque el tiempo no se repite. No se recupera. Es otro tiempo, otro momento, y no responde a nuestras expectativas ni a nuestros anhelos.
Fue entonces cuando entendí que estaba confundida. Que aquello que llamé carencia no lo había sido. Que quienes más se preocuparon por mí, quienes velaron por mi bienestar cotidiano, fueron la familia de corazón que me acompañó durante mis primeros años. Allí fui importante. Allí fui feliz.
Hoy, sé que la felicidad no depende necesariamente de la familia biológica, sino de los vínculos que se construyen desde el cuidado y la presencia. Existen familias que no llevan nuestro apellido, pero que nos enseñan a vivir, a sentir y a crecer. Familias que, sin prometerlo, terminan siendo las más verdaderas.
Maria Galian


Cargando comentarios...