Pensamiento soleado

Pensamientos

¡Qué espléndidos son los días de sol y de soledad!

Días en los que la mente descansa de pensamientos invasivos y el alma encuentra un pequeño refugio en la tranquilidad.

Es inicio de semana, y parece que el tiempo mismo nos cobija con una forma suave de felicidad.
¿Por qué? No lo sé…
Hay sensaciones que simplemente llegan, se instalan en el cuerpo y nos recuerdan que estamos vivos.

Sabemos, sin embargo, que hay que disfrutarlas mientras duren. Porque también sabemos que esa paz, esa calma tan ligera, en algún momento puede distorsionarse con la angustia, la soledad u otras emociones que a veces nos atraviesan.

¡Qué espléndido día de sol y soledad!

Un día que despierta la necesidad de hablar con otro, de acercarse y preguntar algo tan simple como:
—¿Cómo estás?

Aun cuando muchas veces nosotros mismos no estemos bien.
Pero hoy… hoy sí lo estamos.

¡Qué hermosa manera de comenzar la semana!

Me detengo un instante a pensar por qué me siento así.
Y comprendo que cuestionarse es necesario: preguntarse desde la luz y también desde la sombra. Reconocer nuestras emociones, mirarlas de frente. No solo interrogarnos cuando el dolor aparece, sino también cuando la calma nos visita.

¡Qué espléndidos son los días de sol y soledad!

Entonces me pregunto, y me respondo a mí misma, en un diálogo íntimo y silencioso.

Estoy sorprendida de esta etapa de mi vida.
Estoy junto a una persona a la que admiro profundamente. Coincidimos en metas y, aun con nuestras diferencias, lo sigo eligiendo. Lo esencial es que no entorpece mi salud mental, y eso, para mí, es vital.

Me gradué.
Estoy a punto de graduarme por segunda vez.
Y también estoy a punto de regalarme un aplauso.

¡Qué sensación tan inmensa!

Me frustré, me angustié, atravesé mis propias tormentas… pero trabajé sobre ellas. Y por eso también me aplaudo. Porque sigo caminando.

Seguimos en el camino de encontrarnos, de reconstruirnos, de reinventarnos.
Aprendiendo que incluso los días de oscuridad son pasajeros.

Después de todo, el sol y la oscuridad no pueden caminar de la mano eternamente.

¡Qué espléndidos son los días de sol y soledad!
Y qué grandioso es poder mirarme hoy…
y sentir orgullo de mí misma.

  Autora: Maria Galian

 

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