Mi nombre es Sofía y vengo a contarles un poco sobre mis hombres, sí, mis hombres, a los que pongo de ejemplo y que son simples personajes de la vida cotidiana, ninguno es famoso, ni rico o tan guapo como Chris Evans. Son solo hombres que por alguna característica diferente a las mencionadas, me han dejado huella en la corta vida que tengo.
Así empiezo contando un poco sobre mi primer hombre en la vida, mi papá. Un hombre alto y delgado, moreno y no muy simpático, y aunque no lo conozco muy bien emocionalmente, presiento que es callado como yo. Seguramente tendría algo bueno que contar sobre él, alguna historia chistosa, una lección de vida, alguna inspiración que me motive, algo que me recordase a él, pero no la tengo. Es triste, lo sé, pero no lo juzgo ni le reprocho. Sé que su vida es única por tenerme y por tener a mi hermana. Su vida no hubiese sido esta que conoce sin nosotras, y yo no estaría escribiendo sobre lo poco que sé de él si no me hubiese tenido. Así que lo siento, no tengo nada más que comentar sobre mi padre, sólo que le agradezco la vida.
No recuerdo a otro hombre durante mi infancia. Fue hasta la secundaria cuando tuve mi primer beso, horrible primer beso. Me hice novia de un fulano muy feo y de dientes que parecían mazorca. Ni siquiera daré detalles.  Después, a los trece años tuve mi primer encuentro a solas con un chico. Un amigo mío y de mi familia. Este encuentro aclaro que no fue nada más que primera base. Aunque en realidad no sé qué significa “primera base”. Según yo, primera base es algo más que un beso, pero menos que un faje, es algo así como una caricia. Esa caricia diré que fue en una parte de mi cuerpo que suele ser mostrada mediante escotes profundos. ¿Se podrán imaginar la cara de este chico cuando sintió mi seno en su mano? Su mano se sentía tan fría en la montañita que me cargaba, que llegué a pensar todo lo que habrá pasado por su mente en ese momento. El al igual que yo, unos adolescentes inexpertos, sintiendo cosas por primera vez, actuando sólo por instinto y dejándonos llevar. Esto no pasó a más, aunque el sigue siendo mi amigo, y aún lo veo en ocasiones, jamás volvimos a mencionar lo ocurrido.
Página 2
Tres años más tarde tuve mi primer amor. Este chico resulta ser muy atractivo físicamente, aunque no muy inteligente. Aún recuerdo el festejo con las carnes asadas en mi casa, celebrando el 16 de septiembre. Él ya me gustaba y solo faltaba que mi chico se animara. Para mi buena suerte esa fecha quedó marcada para mí porque justo ese día me abrazó como parte de “un juego” y nos enamoramos. Un año duró este primer amor. Este amor fue un enredo entre amigos, ya que terminé siendo la manzana en discordia. Yo no hubiese querido eso, sin embargo sucedió. He de confesar que mi segundo novio era feo, pero me hacía reír. Para mí el sentido del humor es indispensable, yo siendo una mujer seria y sin algún tipo de gracia humorística, no puedo dejar pasar este gran don en los hombres. Mi segundo novio fue la persona que pudo llegar a meter un “Home Run”. Así es, todo feo y gracioso, pero lo logró. Debo decir que años después me arrepentí.
Y así pasaron otros chicos, pero ninguno como el contador. Ya era grandecita en todos los aspectos cuando me enamoré realmente por primera vez. Es diferente el primer amor a estar enamorada realmente por primera vez. Estaba tan enamorada, que llegué a tener una pequeña obsesión con el contador. Él era muy atractivo con su porte y altura. Tenía la voz más masculina que haya podido escuchar y sus ojos profundos y remarcados eran mi locura, no se diga de la barba que tenía y sus bellos del brazo que me excitaban. A pesar de no ser el primer hombre sexualmente en mi vida, puedo asegurar que fue el primer orgasmo que tuve. Sabía cosas que yo no sabía que podría sentir, pero al mismo tiempo, entre tanto bienestar mío, nunca percibí dos cosas: La primer cosa que no logré percibir fue que me estaba enamorando obsesionada y locamente de él y la segunda que el contador sólo me utilizó para pasar un buen rato. Agradecida hubiese estado si desde el principio este sujeto me hubiera mencionado sus intenciones y pocas posibilidades de tener una relación formal. Claro está que la culpa no fue completa y enteramente de mi contador. Así estuve inmersa ante su mirada y su voz por mucho tiempo, sin contar el tiempo que le dejé ver, según yo por “dignidad”. Esta dignidad duró apenas un año y regresó el mismo diablo en forma de ojos profundo y voz masculina. Volví a caer en su juego, en este terrible juego de no saber ¿hacia dónde vamos?, ¿qué somos?, ¿qué rayos hacemos?
Página 3

Me encantaba el contador porque sabía muchas cosas, no solo en la sexualidad, sino, según yo, de la vida en general. Hablaba de música, de temas del mundo, de libros, de su profesión, pero nunca habló de nuestra relación. Este chico también sabía jugar basquetbol. ¿Acaso no suena bien todo esto? Guapo, profesionista, encantador, varonil, jugador de basquetbol, alto, moreno, barbón, casi Dios.  
Un buen día se me ocurre ir a verlo por sorpresa a un juego, importante para él. Yo de mujer astuta me llevé a mi prima por compañía. Llegamos mi prima y yo al juego y esta acción no causó nada en mi contador. Para mí era un acto de apoyo y solidaridad ante la derrota del juego. Sin seguir viendo las señales de indiferencia, otro día, o más bien noche, estaba yo esperándole en mi casa, simplemente no llegó. Desapareció de mi vida, así nada más, sin explicación alguna. Lloré tanto que mi madre no podría consolar mi dolor.
Pasaron los años y a pesar de saber que ha perdido su galantería y que ya no juega, sé que mi contador se encuentra feliz en algún lugar y que ha dado al mundo, sin saberlo, al ser más maravilloso que ha de tener. Pero no me desanimo ante la desgracia de no tener al contador, ya que finalmente puedo decir que ha existido otro hombre que me ha marcado, y este realmente es mi primer amor y el único. Es mi amor eterno, nuestro hijo.
1540

Cargando comentarios...