Infierno y paraíso.
Se conocieron un sábado por la noche. Era uno de esos días lluviosos, con truenos y relámpagos. Ilse no tenía muchas ganas de salir, se encontraba viendo un documental sobre Mark Zuckerberg y su invento de la famosa red social que ya todos conocemos. Por otro lado, Damián ya se encontraba en ese feo lugar de micheladas y camarones donde se conocieron. Dónde se conocieron, ¿quiénes? Dónde se conocieron Ilse y Damián.
Una amiga ocasional de Ilse, de esas amigas que alientan a dejar lo que sea que estés haciendo, se encontraba también en el mismo lugar que Damián junto con otro chico, el cuál no mencionaré su nombre. Benita, la amiga de Ilse, tenía que encontrar la excusa perfecta para no tener que soportar a un par de hombres foráneos, con uno le bastaba. El sobrante era Damián. Probablemente pensó que Ilse y Damián podrían pasarla bien esa noche. ¡Oh! que acertado pensamiento de nuestra cupido.
Pasaron los días y este nuevo amor de juventud fue creciendo más y más. Y es que la noche que se conocieron, fue la mejor noche de los dos. No solo la pasaron bien ese sábado, se enamoraron. Ilse era una muchacha que rebasaba el promedio de altura de la mujer mexicana, delgada y de ojos grandes. Damián también muy alto, era moreno y tenía muchas ganas de triunfar. Eran el complemento del otro.
Pasaron los meses y el amor de Ilse por Damián iba creciendo. Ilse a su corta edad, iba conociendo sentimientos que jamás había experimentado. Había tenido muchos “noviecillos”, pero solo por compañía y no por amor. Damián era diferente, con el sentía más que atracción y locura. Un día Ilse pudo llegar a pensar en matrimoniarse con él. Se había imaginado siendo una pareja joven, exitosa y enamorada. Ilse pensaba que Damián era el amor de su vida, su único y verdadero amor.
Cierto fin de semana ambos escaparon al paraíso. Este paraíso se encontraba a cuatro horas del infierno y es que el infierno se vive a 38°C con sensación térmica de 42°. Era >>puente<< y sin mucho que planear y empacar, tomaron ruta hacia San Miguel de Allende. Ese fin de semana fue el mejor que Ilse haya experimentado. No solo por la compañía de Damián, sino también por el lugar tan romántico y mágico donde se encontraban. Ese mismo fin de semana Ilse se dio cuenta, una vez más, cuánto lo amaba. Salieron de rumba por los bellos callejones de San Miguel y entraron a un lugar a bailar. Damián era un alma fiestera, Ilse no tanto, pero se acoplaba. En ese lugar existía una barra de bebidas, que infortunadamente ese día no se ocupó solo para eso. El bar ofreció un concurso de baile de mujeres, cosa “normal” de cualquier lugar nocturno. Ilse sintió por primera vez una sensación de querer robarse a Damián y encerrarlo sólo para ella. El hombre por naturaleza es incapaz de notar ciertas sensaciones de la mujer. Esos celos de Ilse hicieron que se molestara porque Damián observaba a las mujeres que concursaban, sin embargo, ella sabía que Damián la respetaba, era sólo para ella y en cuánto regresaron al cuarto de hotel Ilse lo comprobó.
Pasaban los meses maravillosos y un problema más de Ilse salió a la luz. Ya no solo fueron los celos. Resulta que nuestra anfitriona era poco expresiva de palabras. Ella era la única que sabía cuánto amaba a Damián y le bastaba con eso. Para Ilse decir las cosas no bastaban. Ella creía fielmente que el amor se demuestra con hechos y realidades. Sabía que Damián era foráneo y vivía prácticamente solo. Ella se quedaba varias noches con él y hacían de cenar, a veces de desayunar y casi siempre hacían el amor. Para Ilse el acto de amar era lo mejor que podría tener en la vida, pero también le demostraba a Damián cuánto lo quería cuando le cocinaba.
Damián percibió que Ilse no le decía palabras de amor y cariño, y a pesar que Ilse le explicaba que para ella amar se basaba en realidades, él no podía entenderlo. A Damián le encantaba escuchar palabras lindas, sentir caricias y algunos masajes. Ilse trataba de decirlo, pero le era difícil. Existían momentos donde Ilse pensaba que lo demostraba, pero él no se daba cuenta.
Este gran amor pronto se vería en la lucha final por resistir y no dejar que se terminara, pero las dificultades y problemas fueron creciendo. En el cumpleaños número 24 de Ilse habían planeado volver a dejar el infierno y escaparse a un nuevo paraíso. Ilse estaba tan contenta por este corto viaje, regalo de cumpleaños. Pero algo mal salió esa noche. Definitivamente el alcohol no es buen aliado de las parejas y en el festejo de su cumpleaños, Ilse se emborrachó. Ella estaba tan feliz de pasar su cumpleaños con Damián, el amor de su vida, que tomó muchas copas y la noche la fue llevando a no pensar y actuar por instinto. No piensen en infidelidad o traición, a menos no lo fue para Ilse. La traición fue para Damián cuando el vio la acción de su amada, esa acción de decir que era una soltera más, juego del DJ que sólo animaba el lugar. Esta traición, no carnal ni sexual, fue la llama que hacía falta para desatar el mismo infierno, a pesar que ya se encontraban en él. Imagínense el sufrimiento de los dos, uno por sentirse traicionado y el otro por actuar sin pensar. No hubo de nuevo paraíso y el infierno se hacía cada vez más grande.
Un buen día a Damián le llamaron de su trabajo comunicándole que tenía que volver a la gran ciudad de dónde venía, y fue así que, con tantos problemas, Ilse no pudo resistir la soledad que le dejaba Damián. Ella realmente lo amaba y no pensaba en estar sin él, pero con las dificultades de la distancia este amor llegó a su fin.
Ilse se quedó en el infierno, Damián regresó a su paraíso y no se volvieron a ver jamás.
Una amiga ocasional de Ilse, de esas amigas que alientan a dejar lo que sea que estés haciendo, se encontraba también en el mismo lugar que Damián junto con otro chico, el cuál no mencionaré su nombre. Benita, la amiga de Ilse, tenía que encontrar la excusa perfecta para no tener que soportar a un par de hombres foráneos, con uno le bastaba. El sobrante era Damián. Probablemente pensó que Ilse y Damián podrían pasarla bien esa noche. ¡Oh! que acertado pensamiento de nuestra cupido.
Pasaron los días y este nuevo amor de juventud fue creciendo más y más. Y es que la noche que se conocieron, fue la mejor noche de los dos. No solo la pasaron bien ese sábado, se enamoraron. Ilse era una muchacha que rebasaba el promedio de altura de la mujer mexicana, delgada y de ojos grandes. Damián también muy alto, era moreno y tenía muchas ganas de triunfar. Eran el complemento del otro.
Pasaron los meses y el amor de Ilse por Damián iba creciendo. Ilse a su corta edad, iba conociendo sentimientos que jamás había experimentado. Había tenido muchos “noviecillos”, pero solo por compañía y no por amor. Damián era diferente, con el sentía más que atracción y locura. Un día Ilse pudo llegar a pensar en matrimoniarse con él. Se había imaginado siendo una pareja joven, exitosa y enamorada. Ilse pensaba que Damián era el amor de su vida, su único y verdadero amor.
Cierto fin de semana ambos escaparon al paraíso. Este paraíso se encontraba a cuatro horas del infierno y es que el infierno se vive a 38°C con sensación térmica de 42°. Era >>puente<< y sin mucho que planear y empacar, tomaron ruta hacia San Miguel de Allende. Ese fin de semana fue el mejor que Ilse haya experimentado. No solo por la compañía de Damián, sino también por el lugar tan romántico y mágico donde se encontraban. Ese mismo fin de semana Ilse se dio cuenta, una vez más, cuánto lo amaba. Salieron de rumba por los bellos callejones de San Miguel y entraron a un lugar a bailar. Damián era un alma fiestera, Ilse no tanto, pero se acoplaba. En ese lugar existía una barra de bebidas, que infortunadamente ese día no se ocupó solo para eso. El bar ofreció un concurso de baile de mujeres, cosa “normal” de cualquier lugar nocturno. Ilse sintió por primera vez una sensación de querer robarse a Damián y encerrarlo sólo para ella. El hombre por naturaleza es incapaz de notar ciertas sensaciones de la mujer. Esos celos de Ilse hicieron que se molestara porque Damián observaba a las mujeres que concursaban, sin embargo, ella sabía que Damián la respetaba, era sólo para ella y en cuánto regresaron al cuarto de hotel Ilse lo comprobó.
Pasaban los meses maravillosos y un problema más de Ilse salió a la luz. Ya no solo fueron los celos. Resulta que nuestra anfitriona era poco expresiva de palabras. Ella era la única que sabía cuánto amaba a Damián y le bastaba con eso. Para Ilse decir las cosas no bastaban. Ella creía fielmente que el amor se demuestra con hechos y realidades. Sabía que Damián era foráneo y vivía prácticamente solo. Ella se quedaba varias noches con él y hacían de cenar, a veces de desayunar y casi siempre hacían el amor. Para Ilse el acto de amar era lo mejor que podría tener en la vida, pero también le demostraba a Damián cuánto lo quería cuando le cocinaba.
Damián percibió que Ilse no le decía palabras de amor y cariño, y a pesar que Ilse le explicaba que para ella amar se basaba en realidades, él no podía entenderlo. A Damián le encantaba escuchar palabras lindas, sentir caricias y algunos masajes. Ilse trataba de decirlo, pero le era difícil. Existían momentos donde Ilse pensaba que lo demostraba, pero él no se daba cuenta.
Este gran amor pronto se vería en la lucha final por resistir y no dejar que se terminara, pero las dificultades y problemas fueron creciendo. En el cumpleaños número 24 de Ilse habían planeado volver a dejar el infierno y escaparse a un nuevo paraíso. Ilse estaba tan contenta por este corto viaje, regalo de cumpleaños. Pero algo mal salió esa noche. Definitivamente el alcohol no es buen aliado de las parejas y en el festejo de su cumpleaños, Ilse se emborrachó. Ella estaba tan feliz de pasar su cumpleaños con Damián, el amor de su vida, que tomó muchas copas y la noche la fue llevando a no pensar y actuar por instinto. No piensen en infidelidad o traición, a menos no lo fue para Ilse. La traición fue para Damián cuando el vio la acción de su amada, esa acción de decir que era una soltera más, juego del DJ que sólo animaba el lugar. Esta traición, no carnal ni sexual, fue la llama que hacía falta para desatar el mismo infierno, a pesar que ya se encontraban en él. Imagínense el sufrimiento de los dos, uno por sentirse traicionado y el otro por actuar sin pensar. No hubo de nuevo paraíso y el infierno se hacía cada vez más grande.
Un buen día a Damián le llamaron de su trabajo comunicándole que tenía que volver a la gran ciudad de dónde venía, y fue así que, con tantos problemas, Ilse no pudo resistir la soledad que le dejaba Damián. Ella realmente lo amaba y no pensaba en estar sin él, pero con las dificultades de la distancia este amor llegó a su fin.
Ilse se quedó en el infierno, Damián regresó a su paraíso y no se volvieron a ver jamás.
350


Cargando comentarios...