Nuestro hogar
Sally dice que su vida antes de conocerme era muy aburrida. Monótona. Tenía horarios fijos, todo medido a cronometro para no perder ni un solo minuto. Cocinaba las porciones justas, para una persona y nada más. Veía los mismos canales de televisión, los cuales repetían las mismas películas antiguas una y otra vez. Tenía atuendos preparados para cada día de la semana; vestidos, pantalones, camisas, abrigos, sombreros, zapatos, una variedad justa. Para ir al trabajo tomaba el mismo bus, intentaba dormir en el camino ya que era un largo trayecto. Usaba su abrigo como almohada, colocándolo en la ventana. Casi nunca dormía, pero descansaba los ojos para no tentarse a cerrarlos el resto del día. Mientras realizaba sus tareas, escuchaba a su amiga hablar de la vida en pareja. Ella se quejaba constantemente, resaltaba cosas malas de la relación. Se lo tomaba con humor, hacia muchos chistes de mujer celosa, insatisfecha y molesta. Para Sally siempre había sido como un sueño encontrar alguien especial, un hombre que no sea un completo idiota, sin necesidad de ser un príncipe azul. En su entorno veía todo tipo de sujetos: hombres con carácter, hombres tímidos, hombres inteligentes, hombres fuertes. Su propia actitud hacia lo desconocido hacía imposible cualquier relación, ella lo sabía, y lo lamentaba.
No odiaba su vida, era aceptable, pero Sally pensó que algo le faltaba. Cuando estaba en su baño, relajada en la tina llena de agua, sentía una extraña sensación. ¿Y si algo rompe la puerta y entra? Destruyendo su paz, invadiendo su lugar, arruinando todo lo que construyó.
“Estaba desnuda, indefensa, y ahora estamos aquí; igual de desnudos, igual de indefensos” me dice. Aprieto su mano sin saber que decir, la cubro con mis brazos, quiero protegerla para que no sienta más inseguridad.
Ella me rescató de mí mismo, y yo era la pieza faltante. Sally se define como una mujer incompleta, hasta que nuestro amor la completó. Fui un monstruo, igual de apartado que ella, por eso estábamos destinados a estar juntos. Yo no soy un hombre perfecto, ella no es la mujer perfecta, somos hermosos en nuestros defectos. Su cama grande para uno, su sofá de uno, su mesa pequeña. Su hogar se convirtió en nuestro hogar, de a poco me introdujo en su mundo y yo caí preso en sus ideas. Es fantástico vivir con la responsabilidad de provocar sus sonrisas espontáneas, sus placeres femeninos, incluso sus molestias matutinas. Ya es tarde para volver atrás, no podría vivir en un mundo sin Sally.
No somos nada especial, ¿Y porque somos tan especiales?
La lluvia cae y nos inunda, gotas que golpean nuestros rostros, alguien debería arreglar el techo. Sally no hablaba mucho, pero todas las noches me contaba una historia antes de dormir. Hacíamos el amor, ya sea suave o de forma salvaje, y sin importar lo cansado que esté, tenía prohibido dormir. Tampoco es que quisiera hacerlo, pues era un privilegio escuchar su voz, un privilegio que me pertenecía de forma egoísta.
El cuarto estaba inundado, el agua hasta el techo. Podíamos respirar perfectamente, quizá éramos peces, o yo una sirena y tú un tritón. En la casa de al lado la gente se quejaba, pues eran humanos. Tenían miedo de terminar ahogados si nuestro hogar se propagaba. Estábamos aterrados, pero estábamos juntos, si llegaban a derribar nuestra casa podíamos morir. Sabiendo esto, avancé hacia la cocina y preparé un té, nos sentamos en el sofá a ver una película. Deberías elegir una, pero que sea de romance o drama familiar. Te dejaría sentarte primero, me abalanzaría encima de ti para abrazarte fuerte. Quizá tú quieras ver la película, pero yo solo quería verte, tocarte, sentir que eras real. Nos quedamos dormidos, y puede que hayamos muerto sin darnos cuenta. La casa desapareció. Alguien abrió la puerta y fue abatido por una ola gigantesca. Los humanos de fuera se alegraron, a nosotros no nos importaba, pues estábamos felices en nuestro hogar.
Era un cuento triste, se lo dije. Sally me pidió entonces que le contara un cuento feliz. No era mi talento, así que fui incapaz. Ella se durmió rápidamente, yo me quedé varias horas pensando en ese cuento feliz.
Al despertar estaba solo en la cama, me levanté con mucha pereza. En la mesa de la cocina había tostadas y una taza de café, mi asiento listo. Sally me sonríe indicándome el lugar con la mano. Desayunamos tranquilamente, como cualquier día, pero esa vez mi imaginación voló hacia cualquier parte.
Llevabas un vestido blanco hermoso, cantabas y sentía que estaba escuchando a Dios, o al mejor de sus ángeles. Te acercaste estirando la mano, como pidiendo un baile, me dejé llevar por cada uno de tus gestos. No entendía ninguna de tus palabras, ni del ritmo, ni la locura montada a nuestro alrededor, pero tu movías los pies indicándome la coordinación perfecta. El sueño termina con el fin de la canción, nos rodean personas que aplauden sin contexto. Nos están deseando un futuro maravilloso. Agradecemos y volvemos aquí, donde estamos realmente. No me salen las palabras, por eso me guardo el “te amo” para el día más importante de nuestras vidas. Miras el televisor, dejas de verme, pero nunca de cuidarme.
No sé nada de cuentos, Sally, pero aprenderé. Doy gracias y me levanto, tengo que trabajar. Sin embargo, algo me detiene. Es Sally. Sus pequeños brazos rodean mi cintura
- ¿Qué sucede?
No responde, insisto hasta rescatar unas palabras.
- ¿No quieres que salgamos a pasear? Es un día hermoso.
No necesito escuchar más. Me doy vuelta y beso su cabeza. Vamos al cuarto para cambiarnos y salir.
No odiaba su vida, era aceptable, pero Sally pensó que algo le faltaba. Cuando estaba en su baño, relajada en la tina llena de agua, sentía una extraña sensación. ¿Y si algo rompe la puerta y entra? Destruyendo su paz, invadiendo su lugar, arruinando todo lo que construyó.
“Estaba desnuda, indefensa, y ahora estamos aquí; igual de desnudos, igual de indefensos” me dice. Aprieto su mano sin saber que decir, la cubro con mis brazos, quiero protegerla para que no sienta más inseguridad.
Ella me rescató de mí mismo, y yo era la pieza faltante. Sally se define como una mujer incompleta, hasta que nuestro amor la completó. Fui un monstruo, igual de apartado que ella, por eso estábamos destinados a estar juntos. Yo no soy un hombre perfecto, ella no es la mujer perfecta, somos hermosos en nuestros defectos. Su cama grande para uno, su sofá de uno, su mesa pequeña. Su hogar se convirtió en nuestro hogar, de a poco me introdujo en su mundo y yo caí preso en sus ideas. Es fantástico vivir con la responsabilidad de provocar sus sonrisas espontáneas, sus placeres femeninos, incluso sus molestias matutinas. Ya es tarde para volver atrás, no podría vivir en un mundo sin Sally.
No somos nada especial, ¿Y porque somos tan especiales?
La lluvia cae y nos inunda, gotas que golpean nuestros rostros, alguien debería arreglar el techo. Sally no hablaba mucho, pero todas las noches me contaba una historia antes de dormir. Hacíamos el amor, ya sea suave o de forma salvaje, y sin importar lo cansado que esté, tenía prohibido dormir. Tampoco es que quisiera hacerlo, pues era un privilegio escuchar su voz, un privilegio que me pertenecía de forma egoísta.
El cuarto estaba inundado, el agua hasta el techo. Podíamos respirar perfectamente, quizá éramos peces, o yo una sirena y tú un tritón. En la casa de al lado la gente se quejaba, pues eran humanos. Tenían miedo de terminar ahogados si nuestro hogar se propagaba. Estábamos aterrados, pero estábamos juntos, si llegaban a derribar nuestra casa podíamos morir. Sabiendo esto, avancé hacia la cocina y preparé un té, nos sentamos en el sofá a ver una película. Deberías elegir una, pero que sea de romance o drama familiar. Te dejaría sentarte primero, me abalanzaría encima de ti para abrazarte fuerte. Quizá tú quieras ver la película, pero yo solo quería verte, tocarte, sentir que eras real. Nos quedamos dormidos, y puede que hayamos muerto sin darnos cuenta. La casa desapareció. Alguien abrió la puerta y fue abatido por una ola gigantesca. Los humanos de fuera se alegraron, a nosotros no nos importaba, pues estábamos felices en nuestro hogar.
Era un cuento triste, se lo dije. Sally me pidió entonces que le contara un cuento feliz. No era mi talento, así que fui incapaz. Ella se durmió rápidamente, yo me quedé varias horas pensando en ese cuento feliz.
Al despertar estaba solo en la cama, me levanté con mucha pereza. En la mesa de la cocina había tostadas y una taza de café, mi asiento listo. Sally me sonríe indicándome el lugar con la mano. Desayunamos tranquilamente, como cualquier día, pero esa vez mi imaginación voló hacia cualquier parte.
Llevabas un vestido blanco hermoso, cantabas y sentía que estaba escuchando a Dios, o al mejor de sus ángeles. Te acercaste estirando la mano, como pidiendo un baile, me dejé llevar por cada uno de tus gestos. No entendía ninguna de tus palabras, ni del ritmo, ni la locura montada a nuestro alrededor, pero tu movías los pies indicándome la coordinación perfecta. El sueño termina con el fin de la canción, nos rodean personas que aplauden sin contexto. Nos están deseando un futuro maravilloso. Agradecemos y volvemos aquí, donde estamos realmente. No me salen las palabras, por eso me guardo el “te amo” para el día más importante de nuestras vidas. Miras el televisor, dejas de verme, pero nunca de cuidarme.
No sé nada de cuentos, Sally, pero aprenderé. Doy gracias y me levanto, tengo que trabajar. Sin embargo, algo me detiene. Es Sally. Sus pequeños brazos rodean mi cintura
- ¿Qué sucede?
No responde, insisto hasta rescatar unas palabras.
- ¿No quieres que salgamos a pasear? Es un día hermoso.
No necesito escuchar más. Me doy vuelta y beso su cabeza. Vamos al cuarto para cambiarnos y salir.
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