En realidad nadie es indispensable en éste mundo ficticio que es el de lo virtual: Cada quien es aquello que proyecta aunque su esencia esconda incandescente. Los humanos tras sus interfaces pueden tener rostros variables. Existe el desapego en un Universo sub realista y cada quien puede muy bien ocultar su cara. Por eso casi nadie realmente se despide porque a nadie conoce. Todo es apariencia y un extraño pivotear de juegos lúdicos.
Una vez entre aquí con una cara, un rostro y un fonema y esos mismos cambiaron y se perdieron quinquenios. Ahora, parto con mis cruces al levante, enteramente vestido con mis velas. Me llevo lo que traje aunque no traje nada e intentaré decantarme a nuevos sitios donde vea el fuego, el sabor a gema verde, y ese paraje oculto que hay tras las sacristias.
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