Pasa el tiempo y estó se vuelve algo que siempre soñé. Pienso en lo bueno, bonito que hemos vivido y lo feliz que me siento a su lado, pasan los días y soy la mujer más feliz...
La noche, la noche en la que se le atraviesan los malos deseos, deseos viciosos y esa forma tan dura de ser, quién soy yo para juzgar la forma en que arregla los problemas de su mente y corazón. 
 Lo que no ve es lo que me lastima, lo malo que me hace sentir, esa forma tan dura de ser, de hablar, de estar, las veces que me hace llorar y toda esa alegría de lo vivido, borrar. 
La noche y la luna, complices perfectas para escuchar todas esas promesas que jura cumplir, los te amos que no sabe sentir y esa manera absurda de verme para caer en su brazos, otra vez. 
Al día siguiente, la rutina de esa noche comvaleciente, las disculpas rodeadas de costumbres y acompañados de corazones, cómo si el mío no hubiera sido hecho pedazos la noche anterior. 
Siempre diré que no ha pasado nadda, que la costumbré ha sido una curita al corazón al tener esas actitudes de mierda conmigo, las palabras falsas y sentimientos que quizás no rozan ni una pizca a su corazón. 
Me duele pero cada vez duele menos, porque la costumbré me ayudo... 
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