Mario.
Mario es genial y le echo de menos. Si encontrara a alguien como Mario, no le dejaría ir. Pero es que no hay nadie como él.
Es majo majísimo.
Es un buenazo a la par que un cabrón. Sólo hay que saber ser el tipo de persona con el que Mario es un buenazo.
Es atento. Eso con todo el que merezca su atención. Con el que le escucha. Es absorbido por él. Aprende de él. Se empapa.
Es lo más gracioso que hay. Y es gracioso por él y por nadie más. Lo sé por el modo en que se ríe de su propia broma y mira a su alrededor.
Ve a la gente. La ve por dentro. ¿Cómo ocultarle algo? ¿Cómo esconderse de esa mirada, ese cerebro y esas patillas? ¿Y cómo saber si has burlado a sus astutas deducciones y análisis del mundo? El proceso a la inversa no funciona. (Aunque es más transparente de lo que piensa)
Me siento la persona más afortunada del universo. Es de esas cosas que quieres compartir pero no sabes con quién. Nadie puede entender algo que es irrepetible, exclusivo. Que esto de lo que hablo sea exclusivo no es exclusivo. Cada relación entre dos seres es única. Digo seres porque nadie puede entender la exclusiva relación entre mi estuche de Mickey Mouse y yo, entre mi perrita y yo. Podría seguir con ejemplos similares, pero creo que Mario es tan interesante como para que las historietas y anécdotas que se suelen anexionar a la línea principal, sean totalmente innecesarias.
Siguiendo por donde seguramente no iba, me he fijado en su manera de atusarse el pelo, de dejarlo hecho un cristo, de punta. Y no me hagáis hablar de la forma en que se agarra la nariz. Para acabar con la sección de pequeños detalles que hacen de Mario una persona aún más curiosa, me parecen dignos de mención sus guantes cortados por él mismo, estilo vagabundo, de sus largos y oscuros como esta misma noche abrigos de paño, y cómo no, de sus Ray Ban, que le quedan como a nadie.
Tras una pausa para conectar los datos y averiguar quién se ha interesado por mí en los últimos 20 minutos, como una ráfaga de aire caliente se presenta ante mí eso que me hace admirar más a Mario. ¿Cómo no me van a brillar los ojos al hablar de él si lo que tengo para comparar con él no es más que basura despreciable?
(incompleto, incapaz)
Es majo majísimo.
Es un buenazo a la par que un cabrón. Sólo hay que saber ser el tipo de persona con el que Mario es un buenazo.
Es atento. Eso con todo el que merezca su atención. Con el que le escucha. Es absorbido por él. Aprende de él. Se empapa.
Es lo más gracioso que hay. Y es gracioso por él y por nadie más. Lo sé por el modo en que se ríe de su propia broma y mira a su alrededor.
Ve a la gente. La ve por dentro. ¿Cómo ocultarle algo? ¿Cómo esconderse de esa mirada, ese cerebro y esas patillas? ¿Y cómo saber si has burlado a sus astutas deducciones y análisis del mundo? El proceso a la inversa no funciona. (Aunque es más transparente de lo que piensa)
Me siento la persona más afortunada del universo. Es de esas cosas que quieres compartir pero no sabes con quién. Nadie puede entender algo que es irrepetible, exclusivo. Que esto de lo que hablo sea exclusivo no es exclusivo. Cada relación entre dos seres es única. Digo seres porque nadie puede entender la exclusiva relación entre mi estuche de Mickey Mouse y yo, entre mi perrita y yo. Podría seguir con ejemplos similares, pero creo que Mario es tan interesante como para que las historietas y anécdotas que se suelen anexionar a la línea principal, sean totalmente innecesarias.
Siguiendo por donde seguramente no iba, me he fijado en su manera de atusarse el pelo, de dejarlo hecho un cristo, de punta. Y no me hagáis hablar de la forma en que se agarra la nariz. Para acabar con la sección de pequeños detalles que hacen de Mario una persona aún más curiosa, me parecen dignos de mención sus guantes cortados por él mismo, estilo vagabundo, de sus largos y oscuros como esta misma noche abrigos de paño, y cómo no, de sus Ray Ban, que le quedan como a nadie.
Tras una pausa para conectar los datos y averiguar quién se ha interesado por mí en los últimos 20 minutos, como una ráfaga de aire caliente se presenta ante mí eso que me hace admirar más a Mario. ¿Cómo no me van a brillar los ojos al hablar de él si lo que tengo para comparar con él no es más que basura despreciable?
(incompleto, incapaz)
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