¿Qué es eso? ¿Un sangriento suicidio (o al menos con mucho kétchup) al son de Cat Stevens? ¡’Don’t Be Shy’! Esta película hay que verla. Todo el mundo lo sabe. Todo el mundo sabe que las muertes con mucho kétchup siempre esconden algo bueno. Todo el mundo sabe también que si en ello participa Cat Stevens, no puede ser otra cosa que una maravilla. Y por último, todo el mundo sabe que nunca hay que perderse lo que laSexta3 nos esté ofreciendo un martes a las dos de la mañana.
El argumento de la película gira en torno a la peculiar vida del joven Harold, y de cómo esta se ve trastocada cuando una no menos peculiar octogenaria se introduce en ella sin preguntar. Y esta maravillosa persona es Maude, cuyo corazón bombea más vida que el del mundo que la rodea. Ambos personajes son cuanto menos raros, extraños, y más extraño es aún que sea la madre de Harold lo que aporta una mayor normalidad a esta escena. Pero, en fin, ¿qué madre no desea que su hijo normal se eche una novia normal y estudie una carrera normal? Sé de una que lo ansía desesperadamente: la madre de un chaval cuyos pasatiempos favoritos son fingir su propio suicidio e ir de picnic a funerales (de conocidos o desconocidos). Sobre este fértil terreno se extiende una magnífica historia, y lo tiene todo: es tierna, desternillante de un modo oscuro, y filosófica, pero de un modo sutil, nada denso.
El responsable de tal fenómeno es el director Hal Ashby, que más tarde se encargaría de la dirección de ‘Shampoo’. A la excéntrica Maude da vida Ruth Gordon, recordada por su magnífica actuación en ‘La semilla del diablo’ y por ser guionista de la siempre divertida ‘La costilla de Adán’. Por último, la interpretación del joven Harold corre a cargo de Bud Cort, cuya actuación en la película es, junto a su papel como BrewsterMcCloud en la película ‘MASH’, lo más memorable de su carrera. En cuanto a la banda sonora, magnífica, maravillosa, estupenda, bellísima, es Cat Stevens el encargado de dar ritmo a cada situación, de darle vida.Aunque es cierto que en esta película hay ciertas ocasiones en las que una imagen se da tanta vida a sí misma…cada gota de sangre, cada mueca de Maude, cada flor, inspira una singular belleza que me atrapa.
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El género de la película es indiscutiblemente la comedia, pero en absoluto convencional. Es una comedia, como ya he dicho, oscura, negra más bien. Esto es evidente desde la primera hasta la última escena. En un 90% de los casos, mi cabeza se transformaría en un signo de interrogación si fuera yo misma un dibujo animado. Me asombro, hasta me escandalizo, pero no puedo evitar reír hasta que mis padres, en la otra punta de la casa, se pregunten si padezco un caso grave de locura. Al mismo tiempo, Hal Ashby consigue hacer de la película una verdadera emanación de ternura. Sí, admito que he visto esta película mil y una veces, y cada una de ellas suponía (o supone) una oportunidad para fijarme en un nuevo detalle que me obligue a parar la cinta, agarrarme la cabeza con ambas manos, y preguntarme con ojos casi llorosos cómo algo tan bello, tan delicado y a la vez agresivo, puede caber en una pantalla de 50x30. Mentiría si dijera que, la primera vez que la vi, no llené el sofá de notas adhesivas con los detalles que me iban enamorando por el camino.
El ritmo del filme es perfecto y se adapta a la historia que se desarrolla ante mis ojos. No hay nada innecesario, ni noto que falte ningún elemento en la trama, tiene de todo: amor, odio, vida (en su significado más amplio), muerte… Y los actores consiguen que sea extrañamente consciente de todo lo que rodea al argumento, hacen que me contradiga. ‘Si esto hubiera ocurrido en otra película, me escandalizaría, pero tratándose de Harold y Maude, ¡odiaría que no lo hicieran!’ Además, a lo largo de la película voy sintiendo una empatía irremediable hacia la buena de Maude, de la que me cuesta desembarazarme cuando todo acaba y me separo fascinada y pasmada de la pantalla. Sin embargo, con Harold todo es diferente, él es diferente, y siniestro, y aun así asombroso. No siento ninguna empatía hacia él, y a pesar de ello le admiro, me fascina.
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Harold y Maude es en definitiva una película que cualquier… cualquiera que se precie, a secas, debe ver. O la amas o la odias, eso es algo que no negaré. Pero si estás en el grupo de los afortunados, sentirás nacer cosas en ti, y también las sentirás morir, y fuegos artificiales te estallarán dentro, iluminándote. Y no olvidemos lo más importante: ¡Cat Stevens bendice la película con su música! ¿A quién no le gusta eso? If you want to be free, be free; there’s a million things to be.
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