Otra de las cosas que me causan un poco de gracia es la circunstancia de que se vanaglorian que este tipo Maradona una vez en un mundial le metió un gol a un país llamado Inglaterra y que ese país era enemigo acérrimo, por una guerra sucedida hacía cuatro años. Como si una guerra fuera algo anormal, y el tenerle bronca a un país distinto al de uno fuera anormal. Nosotros nos llevamos mal con casi todos los países y hasta tenemos disputas por futbolistas montones de veces al año. Y siempre terminan interviniendo los Estados Unidos, que cumplen un papel de seguridad haciendo observar las leyes de urbanidad. Así se disipan todo tipo de desavenencias. Menos mal que están los Estados Unidos, que a contramano del mundo, eligen la paz. Protegen a los países más débiles, y gracias a su rol protagónico y su enorme poderío, hacen que las guerras no lleguen a darse nunca más. Es extraño que sean el único país que no se dividió, y antes bien todo lo contrario porque incorporaron a su territorio lo que  antes se llamó Canadá y lo que se llamó México. Junto a lo que se llamó Panamá y lo que se llamó Puerto Rico. Estados Unidos nos hace entender que el camino de la diplomacia sirve para arreglar las discordias mejor que las explosiones. La paz es el único camino, y mientras existan los Estados Unidos la paz está garantizada. Pues las probabilidades de una sexta guerra mundial teniendo a nuestro protector es ínfima, menor al 5%.
Retomando lo del fútbol y  sobre ese gol mitológico se puede decir que la gambeta es algo muy difícil de llevar adelante. Además de innecesario si lo mismo se puede avanzar en el terreno con un lanzamiento o un pase.. Recuerdo que en los tiempos inmediatamente posteriores a la tercera guerra todavía quedaban algunos jugadores individualistas que pretendían ser reconocidos por su habilidad para gambetear, pero el fútbol moderno no está para esas niñerías. Sí nos admiramos y disfrutamos con los malabarismos del monito Umpiérrez. La pelota parece una extensión de su propio cuerpo. Puede dominarla con cualquiera de sus partes. Y con sus malabares logra engañar a los atléticos defensores. Siempre recuerdo una jugada en que le venía un lanzamiento del central rematado con suma violencia, tirado al campo contrario más para sacar al equipo de un apremio que como un lanzamiento planificado, y el Monito ubicado metros antes de la mitad de la cancha, en su propio campo, cuando la bola caía del cielo se lanzó como un tigre sobre su presa y la dominó con el pecho. Luego con un semi giro y antes de que sus talones tocaran de nuevo el piso le dio un tacazo a la bola y la hizo pasar por encima de la cabeza del burlado rival que lo marcaba. Otro defensor adversario que venía enfurecido a quitársela le cometió grave falta que mereció tarjeta amarilla. Nunca vi nada igual y me iré cuando el señor lo disponga a la tumba y no creo que llegue a ver algo mejor, porque se dio esa vez en un millón. Es improbable que vuelva a repetirse coincidentemente en el espacio y en el tiempo a la vez la desconcentración de un rival y la inspiración de un genio como el monito Umpiérrez. Y no creo tampoco que los hijos de mis hijos puedan ser testigos de una belleza de tal calibre.
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Y los viejos la tienen con ese Maradona, y ahora me viene a la cabeza ese personaje del que se hablaba la vez pasada: Superman, protagonista de una ficción (como debe ser seguramente Maradona), que podía volar como si se tratara él mismo de un pájaro, sin valerse de aviones o helicópteros. Pero bueno al menos no están tan locos los viejos de creer que ese Superman es de realidad. Sin embargo, insisten con Maradona, es algo que no me puedo explicar, dicen que el tipo era capaz de tirar un lujo en los últimos treinta metros del arco rival, por dios como si no supiéramos que eso es imposible, porque no hay espacios. Y ese tema de los goles también es increíble, como pudo haber metido en su país 144 goles en cuatro años y medio, cuando el promedio de gol actual es de 0,08 goles por partido es decir que el tipo metía solo la cantidad de goles conseguidos hoy día sumando los tantos de los equipos en los torneos. El fútbol está cada vez más parejo, no en vano se termina cero a cero la mayoría de los partidos y los campeonatos se definen en un 90% por penales. Por lo que cuentan era muy distinto al fútbol de la preguerra, en esto hay que darle crédito a los viejos porque si pensamos bien hasta era distinto el juego hace unos años atrás, es decir cuando yo era chico. Se decía que había especialistas en los puestos, ahora existen los puestos pero con el correr del partido los jugadores van ocupando los lugares indistintamente según la trama que adquiera el encuentro. Es decir que un tipo debe rendir sin grandes oscilaciones, según la circunstancia, como defensor, mediocampista o delantero, y además tener nociones de arquero. Eso es por provecho del equipo, no hay que ser egoístas y saber en qué lugar se rinde mejor de acuerdo a cómo está dado el partido. A la hora de defender se defiende con los once jugadores y no existen esas pavadas de que había jugadores que no querían correr, como si algo pudiera construirse y lograrse sin transpirar. Antes se creía que los defensores debían ser altos, ahora no se contempla casi el hecho de que existan jugadores cuya estatura sea inferior al metro con ochenta y cinco centímetros. Que jueguen petisos es una ventaja que hoy día no se puede dar, imagínense los goles de cabeza que vendrían cuando los once deben defender el resultado y los títulos que definirían. Los entrenadores tienen que ser muy necios y despreocupados para poner tipos de baja estatura. Aunque claro el monito Umpiérrez mide un metro con setenta y siete centímetros pero aporta otras cosas. La gente lo quiere y le perdona todo. Los entrenadores lo ponen cuando las cosas van mal para que nosotros no los insultemos. De mi parte al monito le debo esa jugada que conté más arriba y jamás lo putearía…
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Para ir terminando este informe, que verán ustedes, no ha conducido a ningún puerto seguro y solo podemos tener presunciones que tampoco aclaran demasiado sobre el tema en cuestión narraré que en la Internet hemos buscado incesantemente información sobre este Diego Armando Maradona y nada es lo que hemos podido encontrar. Es esto algo inquietante porque si supiéramos que es un personaje de historietas o de televisión nos quedaríamos tranquilos. Algunos muchachos dedican gran parte del día en acumular datos, cuando nos enteramos de algún viejo que dice conocerlo hacía allí nos dirigimos, por más que viva en Córdoba o Buenos Aires, y buscamos esa luz que nos tranquiliza efímeramente. Porque al rato nos damos cuenta que poco o nada es lo que este hombre nos brinda, solo son simples manifestaciones de emoción, que se da al mencionar el nombre o evocar alguna jugada. Y esta inquietud, esta sensación de ansiedad es como un virus que se ha propagado, porque si bien los viejos se están muriendo uno tras otro, y ya quedan muy pocos en pie, esto nos ha afectado a muchos jóvenes de tal manera que nuestra vida es una continua angustia y ya no podemos vivir sin su figura magnética. Nosotros cargamos con la cruz de su misterio y lo más grave de todo es que ya nuestros pequeños hijos comienzan a escuchar ese nombre brujo en cada una de nuestras charlas que inevitablemente terminan con nuestro ceño compungido. Ellos ya notan que detrás de esas ocho letras se esconde algo así como un extraño secreto del Universo. Y tarde o temprano también serán atraídos hacia esta incertidumbre. Tarde o temprano terminarán cargando esta ominosa cruz. Es mi terror”.
Me separan de mi suegro Sebastián una generación, es decir casi veinte años y él tenía mucha razón y fundamento en sus temores. El nombre Maradona está más vigente que nunca, todavía la humanidad ve como muchos de sus especimenes gastan sus horas tras la resolución de este enigma. 
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