Almas con hilachas (Parte IX)
_ Están de parabienes digo porque hace unas 3 horas en Como hubo una reunión importante de un grupo empresario relacionado a las inversiones dentro del fútbol y salió a la luz el nombre de su hijo.
Le hablaba directamente al papá. Pese a que Maschio era el mayor de todos los futbolistas fracasados y agolpados en esa sala de espera. Tal vez el funcionario tuvo piedad del joven, al verlo así desahuciado y sin fe casi. Cosa extraña fue que el resto de los presentes se fueron acercando a la ventanilla, y no podía ser seguramente para escuchar mejor, pues el megáfono sonaba casi ensordecedor. Era el morbo de oír alguna vez un discurso distinto. Casi en la totalidad de los relatos se hablaban de proezas, aumentadas y agrandadas por las inexactas y fabulosas memorias de gente que ni siquiera estaba presente en situaciones que contaba con lujo de detalle. Lo habían escuchado alguna vez. En ocasiones, sí eran testigos reales y directos aquellos que daban minucias de goles y jugadas de algunos de estos jugadores. Por eso era chocante y casi morboso este caso donde le contaban a este fracasado que dos entrenadores se reían de sus condiciones futbolísticas. Y los padres y los chicos miraban escrupulosos al joven que hubiera preferido no pertenecer a esta sala de espera y regresarse a donde le correspondiera.
En una coqueta oficina –comenzó a relatar ya sin el megáfono en mano- de la ciudad de cómo, en una larga mesa de negociación, cuatro socios evaluaban la posibilidad de continuar en la busca de jóvenes talentos en lugares estratégicos y pródigos como lo son Brasil, Uruguay y Argentina en el Sur del continente americano o en el continente africano.
Los cuatro vestían impecablemente sus trajes de alta moda y los cuatro traían el rostro meticulosamente recién rasurado. Sus cabellos concienzudamente peinados. Sus cuerpos perfumados. Los cuatro entre esas costosas cuatro paredes y delante de sí cuatro cafés humeantes. La conversación interesante la trajo aquel que sobresalía por una nariz excesivamente larga, una bien puesta sonrisa maligna y por ser también el más viejo:
_ Yo estoy de acuerdo en que ambos sitios son prósperos. Más cuando nos enumeran las decenas de casos en que proyectos como el nuestro han prosperado y se gana mucho dinero. El negocio, sabemos, cierra en teoría de mil maravillas, buscamos a los jugadores niños, los captamos y traemos para Europa, salvamos todos los detalles legales trayendo a los padres si es necesario y los ponemos a jugar en los clubes de aquí de Europa. Es como poner dinero en el banco, o plantar una semilla, es cuestión de tiempo y el negocio germina… eso es en teoría porque después muchos casos funcionan mal y eso no sale en los diarios y aquellos que apostaron por diversos jugadores pierden dinero pero sobre todo tiempo. Porque esto no es una cosa de un día para el otro. Hay que esperar años para saber si el jugador que hemos sacado de su hábitat natural puede desarrollar sus capacidades en el máximo nivel para que después podamos negociar su pase en cifras millonarias. Después hay algunos que si bien llegan a debutar en la primera tampoco colman las expectativas iniciales, no es tan fácil el tema como aparece en un primer momento. Muchas veces se habla con desconocimiento sobre este tema.
El negocio es redondo: materia prima a bajo precio traída del tercer mundo, trabajada en nuestros países y convertida en un producto de consumo a precio millonario para vender a Milán, Juventus, Real Madrid, Bayer Munich o Manchester. Hallar a un Messi o a un Kaká y traerlo a los 12 años junto con su familia y que ya sea nuestro. Y venderlo al mejor postor.
Le hablaba directamente al papá. Pese a que Maschio era el mayor de todos los futbolistas fracasados y agolpados en esa sala de espera. Tal vez el funcionario tuvo piedad del joven, al verlo así desahuciado y sin fe casi. Cosa extraña fue que el resto de los presentes se fueron acercando a la ventanilla, y no podía ser seguramente para escuchar mejor, pues el megáfono sonaba casi ensordecedor. Era el morbo de oír alguna vez un discurso distinto. Casi en la totalidad de los relatos se hablaban de proezas, aumentadas y agrandadas por las inexactas y fabulosas memorias de gente que ni siquiera estaba presente en situaciones que contaba con lujo de detalle. Lo habían escuchado alguna vez. En ocasiones, sí eran testigos reales y directos aquellos que daban minucias de goles y jugadas de algunos de estos jugadores. Por eso era chocante y casi morboso este caso donde le contaban a este fracasado que dos entrenadores se reían de sus condiciones futbolísticas. Y los padres y los chicos miraban escrupulosos al joven que hubiera preferido no pertenecer a esta sala de espera y regresarse a donde le correspondiera.
En una coqueta oficina –comenzó a relatar ya sin el megáfono en mano- de la ciudad de cómo, en una larga mesa de negociación, cuatro socios evaluaban la posibilidad de continuar en la busca de jóvenes talentos en lugares estratégicos y pródigos como lo son Brasil, Uruguay y Argentina en el Sur del continente americano o en el continente africano.
Los cuatro vestían impecablemente sus trajes de alta moda y los cuatro traían el rostro meticulosamente recién rasurado. Sus cabellos concienzudamente peinados. Sus cuerpos perfumados. Los cuatro entre esas costosas cuatro paredes y delante de sí cuatro cafés humeantes. La conversación interesante la trajo aquel que sobresalía por una nariz excesivamente larga, una bien puesta sonrisa maligna y por ser también el más viejo:
_ Yo estoy de acuerdo en que ambos sitios son prósperos. Más cuando nos enumeran las decenas de casos en que proyectos como el nuestro han prosperado y se gana mucho dinero. El negocio, sabemos, cierra en teoría de mil maravillas, buscamos a los jugadores niños, los captamos y traemos para Europa, salvamos todos los detalles legales trayendo a los padres si es necesario y los ponemos a jugar en los clubes de aquí de Europa. Es como poner dinero en el banco, o plantar una semilla, es cuestión de tiempo y el negocio germina… eso es en teoría porque después muchos casos funcionan mal y eso no sale en los diarios y aquellos que apostaron por diversos jugadores pierden dinero pero sobre todo tiempo. Porque esto no es una cosa de un día para el otro. Hay que esperar años para saber si el jugador que hemos sacado de su hábitat natural puede desarrollar sus capacidades en el máximo nivel para que después podamos negociar su pase en cifras millonarias. Después hay algunos que si bien llegan a debutar en la primera tampoco colman las expectativas iniciales, no es tan fácil el tema como aparece en un primer momento. Muchas veces se habla con desconocimiento sobre este tema.
El negocio es redondo: materia prima a bajo precio traída del tercer mundo, trabajada en nuestros países y convertida en un producto de consumo a precio millonario para vender a Milán, Juventus, Real Madrid, Bayer Munich o Manchester. Hallar a un Messi o a un Kaká y traerlo a los 12 años junto con su familia y que ya sea nuestro. Y venderlo al mejor postor.
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