Sumergirse en las aguas cristalinas de un mar de desilusión y flotar, mientras la memoria que conserva los recuerdos de una vida ficticia toca el fondo construyendo un reino de mentira, soledad y dolor.
Es cobijar al espíritu muerto que renace con los amaneceres y se fortalece con cada atardecer pues el tiempo lo engendro y la sabiduría lo alimento y al dar el primer aliento a flote salió dejando en el olvido al mar de desilusión.
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