Cuadrada, algo atrofiada y lo que algún día fue azul es la ventana fiel de un alma soñadora, por ella pasa la suave brisa y en verano los rayos del sol, inerte y sin vida lleva con ella un gran valor.
El alma soñadora en ella confío le entregó sus suspiros, le entregó su dolor y entre cuatro paredes ella era el ojo al exterior.
No hablaba, más sí escuchaba...
Escuchaba los sueños que emergían de lo profundo del alma soñadora del alma que soñaba ser LA VENTANA AZUL. 
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