Luz incesante
De la ventana surgía una luz amarilla que llenaba todo el cuarto y de paso, su rostro. Odiaba esa luz porque le parecía rancia, débil y muy persistente. Estaba ahí todas las mañanas de 9 a 11:23 y cuando desaparecía solo dejaba el cuarto blanco y lleno de añoranzas.
Cuando él la dejó solo tuvo que fingir que no le importaba para que en verdad no le importara, pero años después, cada mañana y esa luz se lo traían a la sala, sentado con ella y riéndose como si nada hubiera pasado.
Cuando él la dejó solo tuvo que fingir que no le importaba para que en verdad no le importara, pero años después, cada mañana y esa luz se lo traían a la sala, sentado con ella y riéndose como si nada hubiera pasado.
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