Lucila soñó con su viejo amor, al despertar las ganas de hablarle eran poderosas. Buscaba excusas para no hacerlo, así que limpió su casa de arriba a abajo durante tres días, el cuarto, ya no podía más. Llamaron a la puerta y entregaron un paquete. Cuando regresó a ver su teléfono, él había enviado un pequeño: hola. 
Esa palabra los conectaba a miles de kilómetros de distancia y a ella, le confirmaba, que él la seguía pensando y quizás no sólo eso... 
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