Los polluelos vuelan antes que las aves
Si pudiera regresar el tiempo, jamás dejaría a mis hijas en su lecho de agonía pero principalmente me quitaría la mentalidad de que son inmortales y que la ley de que los padres mueren primero es falsa, los hijos también se pueden ir junto con tu corazón despedazado a la tumba.
Aquellos ojos qué piden que ya desean nunca abrirse para irse a un lugar sin dolor, las lágrimas no lo son todo sino como esas pupilas se mueven, y cuando la mano toca esas pequeñas cabezas en forma de consuelo que es como acariciar un cactus, al menos así se siente el alma ya que no hay forma de ayudar físicamente.
Haría qué mi voz jamás se hubiera elevado de tono cuando hacían travesuras de niñas, o aplicar estúpidos castigos de adultos por no entender que solo buscaban divertirse.
Si tuviera otra oportunidad sería más maduro y menos rígido, me haría un manual de como ser padre presente y no ausente, dejar mi carrera a un lado e ir a abrazarlas, decirles cuanto las amo a pesar de que la vida muchas veces es cruel, dormiría hasta tarde con ellas contemplando como sus respiraciones se van haciendo lentas mientras las cubro con una sábana porque pienso que deben de tener frío y cuando despertemos van a levantarse de un solo brinco para que les de un desayuno.
Esperé que ese día no llegara, no tener un calendario o reloj que me dijeran es hoy, que eso que se llama crecer solo les pasara a otros seres y no a los míos.
El corazón se siente como si solo latiera dos partes de las cuatro, es despertar y saber que ya se fueron, no es verlas, no es abrazarlas, olerlas o decirles que qué son mi motivación para salir adelante. Es incluso difícil respirar, comer o vivir porque vienen a la mente y con ello las peores lágrimas qué son de cobardía, tristeza y dolor, hice lo que consideré correcto pero pensando en mi y no en lo que ellas quisieran, tal vez me faltó empatía.
Descubrí que el trabajo no importa más que lo que uno ama, es cruel verme hoy y saber que no valió la pena construir ese "futuro mejor" pero que ahora faltan ellas y que ese futuro mejor nunca llegó. Edifique sobre el dolor de ellas, pase encima de lo que jure amar y lo pise, ahora la vida me recuerda en cada foto o pequeño recuerdo de ellas que soy un fracaso rodeado de conocimiento inválido, no puedo dormir sin que ellas visiten mi cabeza, si veo a mis otras hijas es ver que faltan y que es porque la naturaleza puso pausa en esas almas pero que yo pude tener más días cargandolas o saliendo a pasear, comer juntas o de manera simple compartiendo mi vida de forma sana entre lo personal y laboral. Se que no me sirven los reproches porque no cambian mis errores, no las volveré a ver mañana aunque me quiebre en llanto, aunque las almohadas estén cubiertas de agua y me frote los ojos para secarlos.
No fui el más fuerte al preferir el trabajo, al pensar que son inmortales y que la vida me daría un trato preferencial, el reflejo del hoy es dolor del pasado.
Desearía despedirme, tal vez la muerte no la cambiaría pero si decirles adiós y que un pedazo de mi corazón se va gustoso con ellas, que se los doy y no sentir lo que hoy siento, que se me arrancó, que duele más respirar. Fue peor que un robo, fue una mutilación hacía mí alma, las promesas se quedan vacías junto con el miedo de decirles que no podría hacer nada y que debíamos aceptar que el reloj biológico se pararía junto con el dolor.
Arrancaría cada cobardía provocada por la ansiedad, sería la ayuda que pensé que necesitaban y no ser un manojo de temor, la sabiduría de que servía si nadie te dice que los errores son humanos pero cuando esos se cometen y afectan a tus hijos, son pecados con crueldad o que no aplican en ellos o que debes ser perfecto, debería saber que la vida no es así, que los remordimientos son peor que pulverizar tus huesos.
En la actualidad es estar en ese modo automático, no sentir alegría por lo que antes era una felicidad emocionarse, repasar cada página y llamarle "día". La primer fase es la negación pero es complicado salir de ahí, el deseo de despertarlas y sacarlas de ese hueco es infinito, pensar que ese sueño eterno es temporal, que es mentira que se detuvieron sus corazones frágiles y poder borrar todo lo que fue malo para disfrutar una vida muy utópica, dónde yo les diría que me iré antes que ellas y que deben prepararse para cuando falte, que la vida sigue sin mí y que deben amarse aún sin mi presencia.
No es así, ahora veo al cielo y se que es bello porque me consuela qué lo más preciado lo tengo allá, que como humano idealizo qué mis hijas son ángeles y mi filosofía cuando hablo de ellas es con dogma religioso, que no hay maldad y que la naturaleza con la religión me dan cielos hermosos, que ellas son eso.

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