Anoche tuve un sueño.

La hoja le pedía al viento que el viento no se la llevara. El zorzal le pedía a la jaula que la jaula no lo atrapara. El niño rubio le pedía al cielo que el cielo no se lo llevara.

—¿Cuál será mi destino? —pregunta el caballo mientras galopa.

La misma pregunta guarda quien lo monta.

Adentrándose en lo profundo de las tierras, el jinete canta despacio unas coplas como venidas de un tiempo anterior:

En el cauce de la vida fui apenas una mojarra

que en cada yuyo se agarra para evitar el remolino.

Luego me desperté.

Afuera había una tempestad. La única luz era la de una farola que daba a mi ventana. En el vidrio pude divisar una hoja.

Deducí, mientras caía nuevamente en el reposo, que el niño era yo.

Preferí no volver a soñar.

100

Cargando comentarios...