L
a noche lame silencios en la hora expectante…
   y un goteo punza, rocíos que se escurren del tejado.
 
Ladridos lejanos exasperan, en ecos, al oído que gruñen
Y afónicos los aullidos, atraviesan la distancia en un instante.
 
Un dejo de invierno, muerto, que llega tan frío como infausto
Y la humedad absorbe y ahoga, a los pasos de la prisa…
 
Una puerta con cerrojos, vibra ecos que aún me intimidan
Y se inyectan los retraídos, en tiempos que hieren al olvido.
 
Tu aroma ya insípido, adherido al cielo raso, ya grisáceo…
¡Y esa canción que brota de tierra, y espanta  tanto a mi calma!
 
Un sofá ya vacío, devora caricias íntimas de otro tiempo
Y el llamador de ángeles del umbral, que tiembla fríos invisibles…
 
Temo en estallidos, bajo la tormenta de fragores indecisos,
Y la niebla cenicienta espesa la ceguera que fuga mi horizonte
 
¿Quién se preocupará por uno, si uno ya se fue del resto?
¿Por qué las dudas se alimentan del conocimiento?
 
MARIANO DOROLA
DERECHOS RESERVADOS
(Mención de honor en el 52° Concurso Internacional del Instituto Latinoamericano de Junín - Bs.As Argentina 2016)
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