TextaleTextale

Los cambios invisibles de la marea

Hernán Sanchez Barros@hersanbar
5 may 2009·6 min de lectura

Del libro inédito " Los Cambios Invisibles de la Marea"


El mar (regreso)
Separado del contacto que repentinamente obtengo al acercarme
a la ventana, el mar regresa a lo que como substancia me propone
la oscuridad y su rostro invasivo, ojos que no se doblegan, ojos sinuosos como si el sonido fuera un líquido obedeciendo las formas
menos palpables, incluso las de este pensamiento
recurriendo a una profundidad cercada por el estertor hipnótico
de las olas.
 
 
 
 
Entre-el-azar
No es del lugar donde la mano pulsa el aire
ó ya parte del fantasma del viento,
lo que asigna sentido a esta figura
que atraviesa enero
sin que signifique nada.
El viento se concentra y endurece la piel.
Ella busca un espacio transparente para ser polen y dormir
otra vez en el frío.
 
Apertura
Cosas de la luz
lo que sin ella se transforma
en previsiones imposibles;
los mástiles del frío
su acatamiento fiel
y cada tanto
una nube es bandera.

Rara espesura
Tenderá hacia otra espesura posible el rayo del amor,
en donde sobrevive la cordura
surge una voz de espejos imantados por el instante y esa es la eternidad.
No tengo nada que suponga lo contrario;
ni siquiera el contrapeso de la razón, aunque débil,
frente al arrebato indoloro del silencio.
Se clausura la opción, se deshace como un humo sin nombre,
el propósito de cualquier motivo; es en todo caso, la aparición
de los deseos lo que proviene de ese mutismo; un mineral antiguo que se posa en tus labios como si de lo que fueras a decir dependiera el universo.
En los jardines crece despacio la sombra tácita del árbol.
 
Algo transparente cae en el aire
Imagino que lanzo; con un gesto extraído del desconocimiento;
que lanzo, digo, un enorme color que usurpa la propia falta
de objetos que separan el espacio interior de lo que los pájaros identifican como la sangre en que navega la seda de sus plumas.
Nosotros vemos aire; viento; el impulso de la sed de algún dios en el ángulo transversal del frío, eso que solo las paredes altas y grises pueden aceptar. Yo, yo solo me detengo a observar los detalles deshechos, enigmáticamente, a los que también solemos llamar lluvia.
 
Dejamos
Dejamos atrás la suposición de que los gatos imantaban con su sucederse entre cornisas el retrato de lo que acompaña la soledad. Pero aun así es dable el relato de la muerte sobre el columpio
Página 2
que no regresa, sumergido tal vez en la nube de mariposas negras que te atraviesa la mirada.
Necesidad
Algunas voces hacen vibrar levemente los desprendimientos que restituyen la mañana, o son los pasos que componen bajo su existir
el suelo que es el mundo. Los pájaros rearman la realidad, y tejen con sus cantos la ilógica trama del ser que somos todos adhiriendo la emoción pertinente, los oscuros declives de nuestra mutua ignorancia, los cadalsos remotos, los brillos instaurados de la melancolía más absurda, los pulsos regulares del hastío, la precipitaciones doblegadas por la necesidad de paz, la paz recluida en los sótanos tortuoso de la ceguera, las escalinatas del discurso oprobioso donde aun caen gotas, la luminosidad ambivalente de las casas de juegos (o sea todas las casas), los ministerios, los misterios del ojo que se cierra, los misterios del agua que se va por la herida del río, por la suerte del sueño, por la nada a la que llamamos necesidad.
Deseando suprimir los lados de la realidad,
traspasan las manos el cartón mojado de la madrugada.

Una manzana
 
Una manzana, un aroma de manzana en el aire
y la piel hecha de viento suave que se ahueca en la luz
para que tenga sentido la nostalgia de un amor.

Ceremonia
 
De la respiración de los objetos sustraigo su corazón invisible.
En tanto, mariposillas embriagadas alrededor de las incandescencias hacen girar una ciudad que mira en la ventana,
la máscara reversible por cuyas cuencas cada día transitan realidades de un lado hacia el otro; la población ambigua de los deseos
y las obras que nunca se detienen.

Fundir esquinas para que lo que delate mi presencia
no sea otra historia en la que se identifique alguien
que permanece sin reconocerse.

Arriba sobrevuelan los restos de un cielo antiguo, y evoco un sitio calcinado por las guerras; un lugar de palmeras amordazadas por vientos contrarios, y la pulverizada sensación de estar allí, solo por no incrustarme su realidad insoluble, su pretendida eternidad.

Huyen por los caminos oscuros tantas realidades pasajeras
que quizás nada haya habido en el secreto de sus formas
más que el fragmento esparcido de un rayo separando la noche.


Mi mirada atraviesa un puente. Si no existiera el viejo puente
mi mirada ( y todo lo que soy detrás de ella) flotaría hacia el mar
derivando en eso que otros llaman locura.
(Lleno de puentes entre lo que llega del mar y los besos del sueño,
el poeta desciende por el cordel del asombro.)

Página 3
Bebo el único vino que no pertenece a lo que de él espero;
la grávida elocuencia del silencio descendiendo por el fluir
de su oscura condición.
Bebo la noche con solo respirar o sin hacerlo; y una embriaguez antigua me quita el corazón del medio, ese nudo atascado que no se afloja de otra forma.

Desafiar el instante que se resbala por la luz, que se multiplica
en su desaparición como si las secuencias del tiempo sugirieran
de forma predecible que estoy aniquilando la capacidad de sentir,
o volver a sentir en una única y baldía soledad frente a lo que no somos, no por no estar allí, sino por no haber nadie.

El deber de dejar un lugar, un amor, un momento; restos
de sombras asumidas como parte de todo. Y rasgo ese país cuyo intento de ser piel fracasa; las inundaciones y lo que en ellas flota,
no pueden sustraer el remedo de caos que intenta,
aun con sus despojos imantados en las ramas de los árboles muertos, aun con el cadalso hundido en la tierra de ese gigante invisible
que sucumbió hacia el centro de la tierra; aun en el polvo
que regresa al suelo y su tardanza; película de la sequía sobre
la sangre, dibujos sin sentido, cerrar los ojos.
 
Prolongación de un sueño
Trampas de sombra en el abismo de un cuello por el que me dejo caer en la  inexorabilidad de los besos.
emanando de una grieta,
el horizonte evaporándose;
....................................................
La sombra de viejas casas es como si la piedad consistiera en no moverme de eso; o como si cada minuto destinado a la búsqueda
de una definición me esquivara insistiendo
en corregir esa parte del paisaje que le corresponde a mi figura perdida en la sombra de estas viejas casas.
----------------------------
Por la puerta de atrás se fue corriendo,
tropezando con las piedras de la costa;
quizás sin advertir el cielo inverso del acantilado;
mi pensamiento.
2140
© CC BY-NC-ND 4.0 — Solo lectura
Publicado en Textale · Obra registrada bajo licencia de autor
#insomnio#lluvia#mar#poesia#romance

Escrito porHernán Sanchez Barros
Ver perfil

También en romance

  • Entre Vinos Y Una Rosa
  • Cartas para ti -III
  • Yo lanzo la metáfora y tú...

Cargando comentarios...