Lo instantáneo de hoy en día
Hoy estoy súpercabreada. He vuelto a jurarme aprovechar el día y como con mis diecinueve años pasados, lo he tirado a la basura. Vuelvo a indicios de depresión, autodiagnósticos de personalidad: narcicista, insoportable, dependiente. Me parece hoy que nadie me aguanta ni lo hará nunca, que por mucho que intento relacionarme, construir una vida social de persona sana sin limitarme a ser agradable, tratando de aportar diversidad, a mi alrededor la gente me aborrece. No sé si es que nadie comprende, no sé si soy yo la que no comprendo. Siempre he buscado, y lo sigo haciendo, alguien que escuchara mis carencias y las llenara con su comprensión y presencia, que me diagnosticara que todo lo que me pasa es normal, que soy una persona como todas, con manías, carencias, delirios, deseos, convicciones. Será porque busco esa persona a toda costa que todos me huyen, lo notan. Nadie tiene alguien así, y tampoco va a ser nadie el gilipollas que deja su vida a un lado en pos de otra. Como siempre, llego al mismo puerto: nadie me va a salvar si no soy yo. Pero en serio, a veces me vuelvo loca, necesito salir de mí, hablar con gente, reírme, sentirme integrada. Y se me cae la noche encima, pero no me da la gana hablarlo con la almohada y despertar otra vez a mediodía ya con la cabeza cacha, sintiendo que mi existencia es vacía, que cómo hago para llenar la próxima hora y llegar ya a mi entierro. Y me mece mientras tanto el humo de cualquier cosa, mi mente volando imaginando mi futura vida preciosa que me merezco por sufrir tanto, por ser más consciente y tener el alma azul marino. Pero el cielo espera que yo vaya por él, he de ganármelo a pulso. Y eso hago, lucho, me repito, bajo a por impulso y me subo a hacer lo mío, aquello que cogí sin pensar demasiado si me pertenecía. Puede que fuese por eliminación y yo lo camufle llamándolo pasión. Pero... sí que descubrí joven cuál era mi razón; la que todos dicen anhelar pero por lo que aún no les he visto luchar. La libertad del alma. Soy una pingaja que ni estudia ni trabaja porque vive de los guapos de los papas e ideo mi vidita de soberana entre pollos, patos, cabras, tomates y marihuanas. Pero una muchacha no vive del aire y me corro pensando que así fuera. Que con media berenjena al día y una guitarra medio partía mi alma bailaría agradecida por conocer mejor que nadie de qué se forma la noche y el día, adónde vuelan qué pajaros en primavera, cómo la Luna afecta a las mareas, en que dirección vuela el aire de poniente. Así lo vislumbro en mi mente, mas en la de gentes ajenas, lo que me comería con berenjena es la friolera invernal, la solana estival y los cantes de mi panza y no de mi guitarra serían lo que me haría bailar, moverme y escurrirme a buscar fuerza y sudor de un buen samaritano al que poder engañar con mi historia de artista bohemia. Me sabría más que nunca artista del cuento, del enjuagarme en lamento para ver si así convenzo, pa que me saquen un cacito de agua y un pan con mermelada que me endulce al menos el momento. Pero ni el mejor samaritano vería hondo en mis ojos y me daría la bondad que tal vez necesite: el descansar de mi cuerpo, que yazca inerte para que mi espíritu puediera marcharse a otra existencia que le hiciera justicia, una personalidad de fuerza y alegría. Y que en otras carnes se materializara lo idílico de los sueños del alma que contengo.
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