LEVANTAMIENTO.
LEVANTAMIENTO
Parece increíble que en circunstancias especiales se unan la tristeza y la felicidad, hay que vivirlo para sentirlo, desde el comienzo de la vida nace una ilusión, una esperanza, cuando los padres deseamos tener un hijo y es posible, la espera durante nueve meses o menos es tremenda y peor el dolor del parto es tremendo, pero, recibir al hijo es la máxima felicidad, es compartir con una nueva vida con el ser o seres más amados del mundo, no hay amor más cierto que el de los padres cuando deseamos formar una familia, (salvo quienes no aman a los niños ni a las mujeres)
No siempre se dan las posibilidades de tener hijos, en algunas parejas a pesar de tratamientos, sufren la tristeza de no lograr un embarazo, entonces resuelven tener el hijo por adopción, después de cumplir con tantos requisitos logran ser padres, llega el hijo, hija, ¡cuánta felicidad! comprarle todo lo necesario al niño, niña, educarlo en casa y buen colegio, amar y ser amados, desde luego, no todo es color de rosa en el camino de la vida se va presentando muchas veces ese fenómeno de “LA TRISTEZA Y LA FELICIDAD VAN DE LA MANO”, en cualquiera de las dos familias de adopción o no, los hijo se enferman, se hospitalizan, los padres se angustian, sufren, se entristecen por el diagnóstico a veces de gravedad, días después el buen tratamiento de los médicos hacia el niño o niña va mejorando, igual los padres se van alegrando y cuando los médicos dan de alta se despide la tristeza y da la mano a la felicidad, todos están felices.
La vida sigue, se presentan momentos de tristeza en lo que va ocurriendo durante el estudio de los hijos, sigue el deseo de darles buena educación, cumplir con todo lo necesario también momentos de felicidad en la vida, cuando asoma el progreso de los hijos, igual los hijos viven alegrías y sufrimientos, cambios de vida, esfuerzos y progresos, ilusiones y desilusiones en colegios y universidades. En fin, son demasiados los reflejos de la tristeza o la felicidad en el trayecto de la vida.
Para confirmar aquello de que “hay que vivirlo para sentirlo”, comparto un reciente episodio vivido en mi vida.
Hace poco cumplí cita de control con el médico que me trata, sólo sufro de hipotiroidismo, osteoporosis y disminución de memoria, fui trasladada al neurólogo, me examinó y advirtió que por problema de memoria debía visitar a una Neuropsicóloga, pedí la cita, cumplí con dos sesiones de pruebas. La profesional me trató muy bien, fue muy amable, pero llamó a mi esposo y propuso una reunión familiar virtual para dar resultados de las pruebas, pero prohibía mi presencia, protesté, igual que mi familia, tengo derecho a saber mi estado de salud, pero ella insistió, rotundamente prohibida la presencia de Lucy. Quedé muy intrigada y sorprendida, mi familia prometía decirme la verdad, después de la reunión. Mientras llegaba la fecha de la reunión yo no dormía, pensaba… ¡que extraño! Si esa doctora repetía, “eres una mujer extraordinaria, le conté que me gustaba escribir en Textale, fue ella tan amable que entró a la página y leyó algunos de mis escritos, me felicitó, entonces, ¿de qué estaré sufriendo? ¿seré loca?, ¿autista?, ¿cáncer…?
Se llegó la fecha de la reunión, una nieta me invitó a un restaurante a almorzar, mientras se realizaba la respuesta de mi salud, mi nieta buscaba la forma de tranquilizarme.
Terminó la reunión, llegué a mi casa, reunión familiar virtual, sin la neuropsicóloga, el primero en explicar la reunión fue mi hijo que vive en México: Dijo la doctora que eres inteligente maravillosa, contó algunas respuestas tuyas de las pruebas, lo increíble fue dar como resultado que sufres de Alzheimer, mi esposo se opuso no quería creer discutió, mis hijos se preocuparon mucho, les costaba trabajo creer. Luego de la reunión me comentaron, yo me sentí triste, no lo podía entender, al día siguiente me llovían cuadernos de sopas de letras, sudoku, libros, películas, pero nada me distraía, estuve muy angustiada, pensando en ser una carga para mi familia y para la sociedad, ¡Qué tristeza para mis hijos, mi esposo y mi familia! cuando ya yo no los reconozca, me pierda, me tengan que cuidar, pasaban días sin consuelo, imaginando cómo sería esa situación, prefería morir antes de la enfermedad avanzada. Una amiga psicóloga sugirió que yo fuera a otra neuropsicóloga reconocida como famosa y fui, hizo la primera sesión, pero al día siguiente yo tenía cita con el médico neurólogo, asistí, empecé comentándole mi angustia y cual sería mi sorpresa cuando el médico dijo: No tienes nada de Alzheimer, no necesitas de más pruebas, sólo tienes leve trastorno cognitivo, es normal a tu edad, debes socializar, leer, escribir, hacer ejercicios de recuperación de memoria, eres lúcida, nada te formulo, sólo que en seis meses me visites y me digas cómo te sientes, sentí tanta felicidad, que no pude disimular mis lágrimas, abracé al doctor y le di las gracias.
Mi familia también se emocionó, me abrazaban, besaban y me felicitaban. “La tristeza se retiró y me dejó de la mano con la felicidad”
Mi familia quiere demandar a la profesional que inventó la tremenda enfermedad, por hacerme sufrir a mí y a toda la familia, pero no quiero, siempre me fijo en la intención, pienso que la profesional se equivocó o que le falta más estudio y experiencia.
En estos últimos meses se me ha presentado una cadena de sufrimientos accidentales, pero poco a poco todo va pasando y el diagnóstico del doctor neurólogo me ha dejado superando problemas.
No importa que no comenten mi texto, el doctor dijo: escribe mucho ya que te gusta, no importa tener respuestas, lo importante es ocupar tu cabeza con cosas importantes como leer, escribir, pintar y lo que te guste hacer.
Parece increíble que en circunstancias especiales se unan la tristeza y la felicidad, hay que vivirlo para sentirlo, desde el comienzo de la vida nace una ilusión, una esperanza, cuando los padres deseamos tener un hijo y es posible, la espera durante nueve meses o menos es tremenda y peor el dolor del parto es tremendo, pero, recibir al hijo es la máxima felicidad, es compartir con una nueva vida con el ser o seres más amados del mundo, no hay amor más cierto que el de los padres cuando deseamos formar una familia, (salvo quienes no aman a los niños ni a las mujeres)
No siempre se dan las posibilidades de tener hijos, en algunas parejas a pesar de tratamientos, sufren la tristeza de no lograr un embarazo, entonces resuelven tener el hijo por adopción, después de cumplir con tantos requisitos logran ser padres, llega el hijo, hija, ¡cuánta felicidad! comprarle todo lo necesario al niño, niña, educarlo en casa y buen colegio, amar y ser amados, desde luego, no todo es color de rosa en el camino de la vida se va presentando muchas veces ese fenómeno de “LA TRISTEZA Y LA FELICIDAD VAN DE LA MANO”, en cualquiera de las dos familias de adopción o no, los hijo se enferman, se hospitalizan, los padres se angustian, sufren, se entristecen por el diagnóstico a veces de gravedad, días después el buen tratamiento de los médicos hacia el niño o niña va mejorando, igual los padres se van alegrando y cuando los médicos dan de alta se despide la tristeza y da la mano a la felicidad, todos están felices.
La vida sigue, se presentan momentos de tristeza en lo que va ocurriendo durante el estudio de los hijos, sigue el deseo de darles buena educación, cumplir con todo lo necesario también momentos de felicidad en la vida, cuando asoma el progreso de los hijos, igual los hijos viven alegrías y sufrimientos, cambios de vida, esfuerzos y progresos, ilusiones y desilusiones en colegios y universidades. En fin, son demasiados los reflejos de la tristeza o la felicidad en el trayecto de la vida.
Para confirmar aquello de que “hay que vivirlo para sentirlo”, comparto un reciente episodio vivido en mi vida.
Hace poco cumplí cita de control con el médico que me trata, sólo sufro de hipotiroidismo, osteoporosis y disminución de memoria, fui trasladada al neurólogo, me examinó y advirtió que por problema de memoria debía visitar a una Neuropsicóloga, pedí la cita, cumplí con dos sesiones de pruebas. La profesional me trató muy bien, fue muy amable, pero llamó a mi esposo y propuso una reunión familiar virtual para dar resultados de las pruebas, pero prohibía mi presencia, protesté, igual que mi familia, tengo derecho a saber mi estado de salud, pero ella insistió, rotundamente prohibida la presencia de Lucy. Quedé muy intrigada y sorprendida, mi familia prometía decirme la verdad, después de la reunión. Mientras llegaba la fecha de la reunión yo no dormía, pensaba… ¡que extraño! Si esa doctora repetía, “eres una mujer extraordinaria, le conté que me gustaba escribir en Textale, fue ella tan amable que entró a la página y leyó algunos de mis escritos, me felicitó, entonces, ¿de qué estaré sufriendo? ¿seré loca?, ¿autista?, ¿cáncer…?
Se llegó la fecha de la reunión, una nieta me invitó a un restaurante a almorzar, mientras se realizaba la respuesta de mi salud, mi nieta buscaba la forma de tranquilizarme.
Terminó la reunión, llegué a mi casa, reunión familiar virtual, sin la neuropsicóloga, el primero en explicar la reunión fue mi hijo que vive en México: Dijo la doctora que eres inteligente maravillosa, contó algunas respuestas tuyas de las pruebas, lo increíble fue dar como resultado que sufres de Alzheimer, mi esposo se opuso no quería creer discutió, mis hijos se preocuparon mucho, les costaba trabajo creer. Luego de la reunión me comentaron, yo me sentí triste, no lo podía entender, al día siguiente me llovían cuadernos de sopas de letras, sudoku, libros, películas, pero nada me distraía, estuve muy angustiada, pensando en ser una carga para mi familia y para la sociedad, ¡Qué tristeza para mis hijos, mi esposo y mi familia! cuando ya yo no los reconozca, me pierda, me tengan que cuidar, pasaban días sin consuelo, imaginando cómo sería esa situación, prefería morir antes de la enfermedad avanzada. Una amiga psicóloga sugirió que yo fuera a otra neuropsicóloga reconocida como famosa y fui, hizo la primera sesión, pero al día siguiente yo tenía cita con el médico neurólogo, asistí, empecé comentándole mi angustia y cual sería mi sorpresa cuando el médico dijo: No tienes nada de Alzheimer, no necesitas de más pruebas, sólo tienes leve trastorno cognitivo, es normal a tu edad, debes socializar, leer, escribir, hacer ejercicios de recuperación de memoria, eres lúcida, nada te formulo, sólo que en seis meses me visites y me digas cómo te sientes, sentí tanta felicidad, que no pude disimular mis lágrimas, abracé al doctor y le di las gracias.
Mi familia también se emocionó, me abrazaban, besaban y me felicitaban. “La tristeza se retiró y me dejó de la mano con la felicidad”
Mi familia quiere demandar a la profesional que inventó la tremenda enfermedad, por hacerme sufrir a mí y a toda la familia, pero no quiero, siempre me fijo en la intención, pienso que la profesional se equivocó o que le falta más estudio y experiencia.
En estos últimos meses se me ha presentado una cadena de sufrimientos accidentales, pero poco a poco todo va pasando y el diagnóstico del doctor neurólogo me ha dejado superando problemas.
No importa que no comenten mi texto, el doctor dijo: escribe mucho ya que te gusta, no importa tener respuestas, lo importante es ocupar tu cabeza con cosas importantes como leer, escribir, pintar y lo que te guste hacer.
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